
Andina · Mixto
El ermitaño iracundo
Un asceta envidió el perdón de un pecador y se volvió una presencia que alimenta la ira; una joven lo enfrentó sin aceptar su odio.
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El relato
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Ana Guevara llevaba dos días en Ocaña y ya estaba desesperada. Se quedaba en casa de una tía, con unos primitos de siete y nueve años, en una ciudad sin grandes centros comerciales y con un cine que le parecía del año de la panela. Le escribió a Edgar, su novio: lo extrañaba, quería estar con él en el bar de siempre, oyendo música. Sólo una cosa le gustaba de aquel lugar, las montañas de las afueras, llenas de cuevas con murciélagos. Al día siguiente pensaba recorrerlas.
Edgar le contestó asustado. Le rogó que no fuera. Su abuelo, el único adulto inteligente que conocía, le había contado desde niño la historia del ermitaño que vivía en esa zona. Parecía una locura, le escribió, pero era verdad.
Esa historia era así. En una cueva de una montaña cercana a Ocaña vivió un ermitaño que llevó una vida santa y llena de privaciones. Tenía un vecino que pasó la suya en pecado y se arrepintió unas horas antes de morir, y Dios lo premió con el cielo. El ermitaño lo encontró injusto y se rebeló contra el Todopoderoso. Los demonios se llevaron su alma, y un rayo cayó sobre la cueva donde vivía.
Desde entonces anda furioso. Es un hombre de cincuenta o sesenta años, de pelo largo y descuidado, barba canosa, ojos enrojecidos y manos largas y huesudas, vestido con un hábito gris desteñido. No come ni bebe. Mueve con la voz la roca que cierra su cueva, y los insectos, las serpientes y los murciélagos le obedecen. Busca a la gente de mal genio y a los envidiosos, los ayuda a vengarse y después les hace pasar los mismos tormentos que ellos eligieron para sus víctimas. Con cada encuentro se nutre de más ira. Su sola presencia puede paralizar el corazón.
El aviso llegó tarde. Ana ya había ido a las cuevas. Al otro día escribió que todavía le temblaban las manos. Lo había visto: pelo como de limosnero, barba pegajosa. La tuvo más de una hora paralizada, diciéndole que la iba a matar. Quería que ella sintiera mucha ira, mucho odio. Pero Ana pensaba en Edgar, en que él había dejado el cigarrillo tres meses para cumplirle una promesa, en que le había dicho que en dos años se casarían. Pensó en todo lo lindo que había en su vida y rezó un padrenuestro, el único que se sabía. De repente el ermitaño se fue, y ella quedó sola, rodeada de murciélagos.
Su fuerza está en el odio y en el rencor de los demás; por eso el amor lo hace desaparecer. Ana decidió volver a su casa al día siguiente, así a la tía le diera un yeyo.

La enseñanza
“La ira que alimenta al rencoroso pierde su fuerza ante quien recuerda lo que ama.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 6° · -73°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Santander · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
«El Ermitaño Iracundo», pp. 93-94: lámina técnica (espíritu maligno de una cueva cercana a Ocaña, rebelde contra Dios por la salvación de un vecino pecador) y los tres correos de Ana y Edgar de marzo de 2004.
- Diseño y producción del libro: Leyendas de tradición rural y urbana de Ocaña, Norte de Santander
repositorioinstitucional.ufpso.edu.co
Proyecto de libro para preservar las leyendas rurales y urbanas de Ocaña, la ciudad donde el libro de 2004 sitúa al ermitaño.
- Desarrollo de un software educativo de mitos y leyendas para los estudiantes de tercero primaria del Instituto Técnico Industrial Lucio Pabón Núñez, sede Marabel, en Ocaña
repositorioinstitucional.ufpso.edu.co
Uso escolar de los mitos y leyendas de Ocaña en un programa multimedia para tercero de primaria: contexto local del relato.
Contraste y contexto · 2 referencias
- El condenado por desconfiado
people.duke.edu
El ermitaño Paulo, que se condena por no aceptar que el rufián Enrico se salve arrepintiéndose al final: el paralelo más cercano del origen del ermitaño en Similitudes.
- El libro del Pueblo de Dios: Evangelio según san Mateo, capítulo 20
vatican.va
La parábola de los obreros de la viña y la queja de los que trabajaron toda la jornada contra los de la última hora, citada en Similitudes.
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¿Así te la contaron?
«El ermitaño iracundo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El ermitaño iracundo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El ermitaño iracundo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








