
Andina · Mestizo
José Raimundo Russi, el abogado en disputa
Un abogado ligado a la causa artesana enfrenta un proceso por asesinato; después de su ejecución, Bogotá continúa discutiendo el veredicto.
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El relato
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Entre 1850 y 1851 Santafé se volvió una ciudad de puertas cerradas. Cada casa se convirtió en una fortaleza, y de noche se oían por todas partes las detonaciones de armas disparadas para ahuyentar a los salteadores. A esa temporada la llamaron del terror, y quien la contó después dijo que el nombre no exageraba.
La banda que la tenía así se había roto por dentro. En el reparto del botín de un robo grande, a Manuel Ferro, herrero, lo contaron como socio honorario y le dieron diez onzas de oro. Diez onzas por un trabajo entero.
La tarde del 24 de abril de 1851, cuatro hombres vestidos como gente del pueblo conversaban en la esquina sur del Molino del Cubo, frente a una chichería. Ferro fue a esa cita y salió de ella herido de muerte.
El aviso llegó a una botica donde estaba un abogado. La mujer que lo trajo dijo que a Ferro lo habían herido los ladrones del Molino del Cubo, y el abogado contestó antes de pensarlo: ¿Luego habló? Los dos hombres que estaban ahí, Roel y Ortiz, se fijaron en la pregunta y no la olvidaron.
Frente al cadáver, Russi palideció y lo reconoció en voz alta como su amigo Manuelito Ferro, y dijo que ojalá supiera quién lo sacrificó, para denunciarlo a la justicia.
En su casa de la Calle de San Bruno encontraron el diario minucioso que llevaba de su vida, con algunas partidas escritas en cifra fácil de traducir: puntos, de uno a cinco, en lugar de las vocales. La acusación sostuvo que siendo juez había prevaricado para favorecer a sus cómplices, que les prestaba sus auxilios de abogado y los amparaba con su fianza personal.
Se defendió solo. Abrió con una peroración: señores jurados, estamos en el recinto sagrado en donde los apoderados del pueblo granadino se reunieron. En su contra no hubo prueba plena; hubo un cúmulo de indicios, coincidencias y sospechas, y con eso bastó. El veredicto lo declaró responsable en primer grado del asesinato premeditado de Manuel Ferro, junto con Nicolás Castillo, Gregorio Carranza y Vicente Alarcón. Los demás pidieron el indulto al presidente. Russi no lo pidió.
El 15 de julio, a las cinco de la tarde, los pusieron en capilla en la cárcel vecina al Capitolio. Dos días después los sentaron en banquillos frente a las columnas, cada uno con un cartel encima que decía su nombre, su origen y su delito. Antes de sentarse, Russi entregó unos papeles impresos, se volvió hacia el norte y le gritó a la muchedumbre que delante de Dios y de los hombres moría inocente.
La descarga no acabó con ellos. Se movían en el banquillo, y la plaza gritaba que el doctor Russi estaba vivo. Los cuerpos se los llevaron al anfiteatro del Hospital de San Juan de Dios.
Desde entonces la cuadra donde vivió se llama Calle de Russi. Y en el barrio dicen que si uno ve de noche a un hombre de pantalón negro, camisa impecablemente blanca, capa negra y sombrero de copa, con la cara ensangrentada, ése es él.

La enseñanza
“Un proceso sin prueba plena deja dos condenas: la del reo y la de quienes lo juzgaron.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.597384° · -74.068552°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Reminiscencias de Santafé y Bogotá, Serie primera (3.ª ed. corregida y aumentada)
babel.banrepcultural.org
Es el registro que fija el relato y de aquí sale casi todo lo que la ficha afirma. Dentro del bloque «Crímenes célebres», que abre en la p. 112, tres capítulos siguen el expediente: «Asalto al convento de San Agustín por la Compañía de Russi» (pp. 123-130), «Asesinato de Manuel Ferro» (pp. 154-172) y «Juicio y ejecución de José Raimundo Russi y sus compañeros» (pp. 173-203; la copia digitalizada lo abre en la 173, no en la 178 que daba el informe previo). De ahí vienen la ciudad atrincherada de 1850-1851 —«cada casa de la ciudad se convirtió en una fortaleza»—, la cita de Ferro en la esquina del Molino del Cubo la tarde del 24 de abril de 1851 frente a una chichería, las diez onzas de oro que le tocaron como «socio honorario» en el reparto del robo a Alcina, la pregunta que lo pierde —«¿Luégo habló?»—, el reconocimiento del cadáver, el diario cifrado con puntos en lugar de vocales, la autodefensa ante el jurado, la capilla del 15 de julio a las cinco de la tarde, los banquillos frente a las columnas del Capitolio con el cartel de nombre, origen y delito, los papeles impresos que reparte antes de sentarse, la descarga que no mata y la autopsia en el anfiteatro del Hospital de San Juan de Dios. Y es esta obra, no una posterior, la que admite que «si no se obtuvo la plena prueba exigida en Derecho respecto de Russi, fue tal el cúmulo de indicios, coincidencias y sospechas […] que el Jurado no pudo menos de condenarlo»: la duda que la ficha convierte en eje está en el propio testigo de cargo.
- El abogado de la criminalidad: José Raimundo Russi
sociales.uexternado.edu.co
Es el único trabajo abierto que vuelve sobre el caso con aparato y no lo repite: declara que su propósito es «reanudar la narración de José María Cordovez Moure» y explicarla «no solamente como una reminiscencia, sino como un hecho histórico». Trabaja sobre el juicio de Russi y de la banda del Molino del Cubo, sobre el escrito de defensa y sobre las notas de prensa, y de ahí salen dos cosas que la ficha usa: que la culpabilidad se construyó con indicios y coincidencias, y que el escrito de defensa sólo circuló impreso después de la ejecución, de modo que su texto no puede cotejarse con lo que se dijo en la sala. Sitúa el terror de Santafé entre septiembre de 1850 y junio de 1851, pone el asalto a San Agustín bajo el padre Salavarrieta —hermano de Policarpa— y cierra conectando el proceso con el aparecido que después recorre La Candelaria, que es exactamente la costura entre las dos capas de esta ficha.
- Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938
babel.banrepcultural.org
Ancla el caso en el plano y es la única vía por la que hoy se alcanza el folleto judicial de Ibáñez. En la p. 38 fija el fusilamiento el 17 de julio de 1851 en la actual Plaza de Bolívar, frente a las gradas del Capitolio, y explica que desde entonces la cuadra donde vivía el condenado se llamó popularmente Calle de Russi; en la misma página sitúa su casa en la Calle de San Bruno, hoy carrera 2.ª n.º 10-39, citando textualmente la p. 158 de «Causa y ejecución de José Raimundo Russi» de Pedro María Ibáñez (1894), y en la p. 114 pone la guarida de parte de la banda junto al Molino del Cubo, con el nombre que le dio la tradición bogotana: la «Compañía de Russi». Es también la fuente que permite decir que la dirección que da el repertorio oral de 2008 —carrera 2.ª n.º 10-43— está a dos números de la que consta en el proceso.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Fantasmas de ciudad: fantasmas en La Candelaria (colección «Memorias de la Ciudad», n.º 1)
repositorio.biblored.gov.co
Documenta la segunda vida del personaje: lo que el barrio cuenta del abogado sesenta años y siglo y medio después del fusilamiento. En la p. 53 describe al aparecido con pantalón negro, camisa blanca, capa negra, sombrero de copa y la cara ensangrentada, en la casa de la carrera 2.ª, y organiza el relato no como aparición errante sino como persecución a la familia que lo denunció, los Caicedo, que huyen a España y allá lo reconocen (p. 55). En las pp. 55-56, un pie de imagen consigna que el cráneo baleado se conserva con número de registro en el Museo Nacional de Colombia. Y es la fuente de las tres afirmaciones que la ficha manda a «versiones» con nombre: el abogado de los pobres «una especie de Robin Hood», el nacimiento en 1814 en Guatoque —hoy Santa Sofía, Boyacá— y el fusilamiento el 16 de julio de 1861.
- Pieza del mes, octubre de 2005: cráneo del «doctor Russi», registro 942
museonacional.gov.co
Convierte en dato institucional lo que en el barrio se cuenta de oídas: el cráneo existe, tiene número —registro 942—, pertenece a la colección de Historia, área de objetos testimoniales, y se exhibió en la sala Federalismo y centralismo (1830-1886), en el segundo piso. Es también la única ficha oficial que traza una biografía del personaje: lo da nacido hacia 1815 en Villa de Leyva, abogado conocido como «doctor Russi», defensor de gente pobre, juez de parroquia y secretario de la Sociedad de Artesanos, acusado por las autoridades de encabezar una banda de ladrones y de matar a un herrero. Y aporta lo que ninguna otra fuente tiene: la trazabilidad del hueso, que «ingresó en algún momento del siglo XX, probablemente en la segunda mitad» y desde entonces permanece en reserva. Es la pieza que permite hablar del cráneo sin citar a nadie de oídas.
- Leyendas (Biblioteca Aldeana de Colombia, Minerva, 1936), reproducidas en Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 17
flacso.edu.ec
Es el paralelo colombiano del ajusticiado que grita su inocencia, y el único que tiene el documento que aquí falta. En las pp. 44-49 del tomo II está «El hombre del farol»: un hombre fusilado por un crimen que no cometió, con las declaraciones de Manuel Llanos y un auto de 1828 que, al aparecer la prueba que lo desmentía todo, ordena «publíquese su inocencia»; desde entonces, según el relato, alumbra de noche las calles por donde lo llevaron. La estructura es la misma que la del abogado de 1851 —sentencia sin prueba plena, protesta pública en el patíbulo, aparecido que devuelve el caso al lugar del agravio—, y la diferencia es exactamente la que la ficha señala: allá la rehabilitación quedó escrita en un auto y aquí sigue en disputa.
- Museo di Antropologia Criminale «Cesare Lombroso» (Sistema Museale di Ateneo, Università di Torino)
museolombroso.unito.it
Documenta la idea de época que explica por qué se guarda la cabeza de un condenado. El museo que Cesare Lombroso fundó en 1876 y que la Universidad de Turín reabrió al público en 2009 conserva unas 7.200 piezas, entre ellas 684 cráneos, 183 cerebros humanos, 27 restos esqueléticos y 502 objetos relacionados con delitos, además de máscaras mortuorias, fotografías y maquetas de cárceles, expuestos en las vitrinas originales del siglo XIX. Esa colección se reunió para demostrar que el delito se leía en el hueso: es el marco científico en el que el cráneo baleado de un ajusticiado deja de ser un resto y pasa a ser prueba con número de inventario. El museo exhibe hoy la colección junto con el relato de su propio error, que es el detalle que la ficha usa.
- El anfiteatro de la Facultad de Medicina. Una visita guiada
revistas.unal.edu.co
Documenta el otro extremo de la misma cadena: qué se hacía en Bogotá con el cuerpo de un muerto sin dolientes. Describe la ceremonia por la que el estudiante de anatomía iba con una carta al administrador del Cementerio Central para que le entregaran un esqueleto —sacado de fosa común de NN o de contratos vencidos— y el proceso de hervido en agua de cal hasta dejar el hueso limpio. Explica por qué la autopsia de los fusilados en el anfiteatro del Hospital de San Juan de Dios, que la crónica de época menciona al pasar, no era un trámite excepcional sino la puerta ordinaria por la que los cuerpos de los ajusticiados pasaban a la enseñanza y a las colecciones. Es el sustrato material de que un cráneo con el agujero del tiro acabara en un museo.
- Fantasmagorías bogotanas: invención y producción de fantasmas en la Candelaria
colombianistas.org
Explica por qué de todos los ajusticiados del siglo XIX sólo este volvió. Estudia el mapa fantasmal de La Candelaria como una construcción hecha de inclusiones y exclusiones, y trata al doctor Russi entre sus casos: el fantasma como forma de persistencia de una memoria y, a la vez, como representación capturada y puesta a circular, que desplaza a los sucesos y las personas que quedan fuera del recorrido. Es lo que permite afirmar en la ficha que el aparecido no es un residuo del proceso sino una producción posterior con reglas propias, y sostener la distancia entre el expediente de 1851 y el personaje de capa y sombrero de copa que hoy se señala en la carrera 2.ª.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«José Raimundo Russi, el abogado en disputa» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «José Raimundo Russi, el abogado en disputa» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «José Raimundo Russi, el abogado en disputa» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








