El descubrimiento del agua y los peces

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El descubrimiento del agua y los peces

En una reescritura Tanimuka de Fernando Solarte, La Tía guarda agua y peces en cuatro recipientes hasta que un joven descubre el secreto.

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El relato

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Los cuatro Imarikakana se aburrieron de donde estaban y se fueron a visitar a la tía. Le dijeron que andaban paseando, y ella los dejó quedarse. En esa casa no había agua. No había quebrada ni quebradón cerca. Cada mañana la tía les ponía un poco en un platón de cerámica, apenas para mojarse las manos y enjuagarse la boca, y les advertía que no la botaran. Le costaba mucho trabajo, decía: le tocaba salir temprano a recogerla de hoja en hoja.

Lo que no decía era adónde iba de verdad. A las tres de la mañana prendía un popay, una tira de madera resinosa que alumbra como antorcha, miraba que los cuatro sobrinos durmieran y salía con su platón. Cerca había cuatro estantillos con llaves de agua y ventanitas tapadas. Abría una llave, le caía un chorro y se bañaba bien. Abría una ventanilla y sacaba pescado. Volvía, cocinaba y comía sola. A los muchachos les servía caldo con caguana, la bebida de almidón de yuca, y nada más.

Imárika Kayafikí, el menor, se sentó una vez junto al fogón a calentarse y, removiendo la ceniza, encontró un huesito de pescado. ¿De dónde sacaba pescado una mujer que vivía donde no corría agua? Decidió averiguarlo.

A la madrugada siguiente cerró los ojos y se puso a roncar, despierto. Cuando la tía salió con su popay, fue tras ella y la vio llegar a los estantillos y sacar agua y pescado. Para mirarla se volvió chimbe, el murciélago vampiro. Ella lo vio y dijo que por allí no había chimbes, que ése tenía que ser alguno de sus sobrinos, que siempre venían a espiarla. Él pensó con fuerza: no piense más, no piense más. Y se volvió a la casa. Cuando la tía entró, los cuatro dormían, y se convenció de que había visto otro animal.

Esa mañana los tres mayores se lavaron con la poquita agua de siempre. Kayafikí se levantó tarde, agarró el platón y se echó el agua a manotadas, regándola. La tía le reclamó. Él le contestó que no se preocupara, que él le iba a encontrar agua: los palos tienen agua, y cortaría palos hasta dar con ella. Luego, al probar el caldo, dijo que le sabía a pescado. Ella le preguntó de dónde iba a sacar pescado, si lo que él comía era pura caguana.

Terminó de comer, tomó un hacha y salió con sus hermanos, no hacia los estantillos sino hacia el lado contrario. Fue tumbando monte y dando la vuelta hasta llegar a ellos, y empezó por el que usaba la tía. Ella llegó corriendo: sobrino, no lo tumbe así no más, ponga unos palos donde va a caer, para que se forme la cama del río. Él le hizo caso, creyendo que así saldría un río. Pero ese estantillo, lleno de toda clase de peces y sin guío, ni temblón, ni raya, pasó derecho, se hundió, y la tierra se cerró encima sin dejar nada. La vieja lo había engañado con los palos.

Kayafikí se asomó a la ventana de otro estantillo: pura raya, guío y temblón. Ése no servía, y lo cerró. El siguiente era igual. El último tenía peces de todos los tipos, y también guío, raya y temblón. Ése sí servía. Lo cortó, y al caer se hizo el río. Aquel palo no era sólo un estantillo: era una boa, y por eso el río parece el camino de una boa.

El descubrimiento del agua y los peces: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El agua que sostiene la vida trae también sus peligros, y la que parecía perfecta se hundió bajo tierra.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
-1.2° · -71.8°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este episodio es el capítulo IV de «Origen del mundo según los Ufaina», que Martín von Hildebrand publicó en 1975 en el volumen 18 de la Revista Colombiana de Antropología (pp. 323-382). Ocupa las pp. 337 a 339. Los mitos se recogieron en noviembre de 1972, en un viaje entre los ríos Vaupés, Apaporis y Caquetá, entre indígenas tanimuka que se llaman a sí mismos ufaina. El recopilador dice que los transcribió a medida que los narraban, en castellano, y que sólo corrigió la gramática en casos obvios. El narrador principal fue Guaraná Tanimuka, a quien su gente considera un hombre que «piensa bien»; en su relato se insertó un extracto del finado Ñaki Tanimuka, sin marcar dónde. La numeración en capítulos es del autor: los ufaina cuentan el ciclo de corrido y lo llaman «el cuento de los Imarikakana».

Es, por tanto, un relato de un pueblo con nombre, no una mezcla de tradiciones. Los ufaina o tanimuka vivían en los caños Yapiyá y Kurubarí, afluentes del Apaporis, y en el último medio siglo antes del registro se habían desplazado hacia el caño Guacayá y el Mirití-Paraná. Los anexos del mismo artículo aclaran tres palabras del episodio. «Tía» designa a cualquier mujer mayor y no un parentesco definido. El chimbe es el murciélago vampiro. Y los cuatro estantillos de una maloca delimitan el «pecho del tigre», centro del universo, y representan en contexto ritual a los cuatro Imarikakana. Un dato de la descripción general da otro relieve a la historia: los ufaina se declaran cazadores y no pescadores, y dicen no tener el conocimiento chamánico para la pesca, que practican sobre todo los viejos y las mujeres.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano es yukuna, del Mirití-Paraná, vecinos y parientes por matrimonio de los ufaina. María Clara van der Hammen lo recogió en «El manejo del mundo» (1992, pp. 87-88). Allí los Karipulakena viven con una tía, Amerú, que les da un poquito de agua y les dice que la junta de las hojas del monte. El menor, Lamuchí, se hace el dormido y la sigue convertido en murciélago. La ve sacar agua y pescado del tronco de un árbol. La tía les aconseja poner una pasera de balso, y el primer árbol pasa derecho al mundo de abajo con el pescado bueno y el agua sin enfermedad. Después eligen, entre uno sin pescado y otro con puño, temblón y boas, el que tiene «pescado bueno como malo», y ése es el río de este mundo. La secuencia es casi la misma. Cambian el recipiente, que es un árbol y no un estantillo, y la glosa: para los yukuna aquel primer árbol se volvió el río cósmico.

Entre los ticuna, el «Origen de Metare» que Dolores Noé, de Ventura, y Jorge Santamaría Fidelis, de Caña Brava, contaron para las «Historias de los abuelos de Moruapü» (2000, pp. 61-64) dice que una tía guarda el agua purificada en un estantillo tapado con cera. Metare finge que unas hormigas le picaron los ojos para saber dónde la esconde, y después vuelve volando, transformado en pájaro, y se la lleva en el pico. El depósito oculto en un poste y el sobrino que espía convertido en animal alado se repiten, pero allí el agua cura los ojos y no forma ríos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El mismo autor advierte que lo que le contaron venía tergiversado a propósito. El cuento del nacimiento del mundo no se narra «bien derecho» a quien no es del grupo, porque saberlo da control sobre la comunidad, y los narradores saltaban episodios o cambiaban el orden. Reunió cuatro versiones, en tanimuka y en español, de cuatro yaikös, y publicó una sola. Del episodio de la tía, por tanto, sólo hay un texto de campo impreso.

  2. El capítulo siguiente del mismo registro empieza con otra tía que saca cacería prohibida de un hueco de la chagra, y el recopilador anota entre paréntesis que puede ser «esta misma u otra». El personaje no tiene contornos fijos ni para quien lo transcribió.

  3. Años más tarde, en sus «Notas etnográficas sobre el cosmos Ufaina y su relación con la maloca» (Maguaré, n.º 2, pp. 187-189), el mismo investigador resume el episodio de otra manera. No hay tía ni estantillos: los Imarimákana tumban un árbol que Ñamatu, la tierra madre, tenía escondido con el agua y los animales acuáticos. Al caer, el árbol se vuelve una boa que recorre el mundo abriendo los ríos con sus surcos y se acomoda en la base del cosmos. Allí Ñamatu es la dueña del agua, la pesca y la cacería, que consumía en secreto, y lo masculino libera esos bienes para los hombres.

  4. En 1980, Fernando Solarte Lindo incluyó en «El hombre con cola de león», un libro de reelaboraciones para niños, un relato titulado «La Tía» que la tesis de Ilene Rojas García y Giohanny Olave Arias (Universidad Tecnológica de Pereira, 2007) clasifica como «Tainimuka» y agrupa bajo el tema del castigo por las faltas de los dioses. Ese texto no está en abierto. Tampoco se sabe si Solarte trabajó sobre el artículo de 1975, con el que coincide en pueblo, personaje y asunto, o sobre otra fuente.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Origen del mundo según los Ufaina

    revistas.icanh.gov.co

    Es el primario. El capítulo IV (pp. 337-339) cuenta el episodio completo. La tía da a los cuatro Imarikakana un poco de agua en un platón y dice que la recoge de hoja en hoja. En realidad saca agua y pescado de cuatro estantillos con llaves y ventanitas. El menor, Imárika Kayafikí, halla un huesito de pescado en la ceniza, la espía convertido en chimbe y tumba los estantillos con hacha. El primero se hunde en la tierra por el consejo tramposo de los palos, dos solo tienen raya, guío y temblón, y el cuarto se vuelve el río, que era boa. La introducción da la fecha (noviembre de 1972), la ruta entre el Vaupés, el Apaporis y el Caquetá y el narrador. Los anexos glosan tía, estantillos, platón, popay, caguana y chimbe (murciélago vampiro).

  2. Notas etnográficas sobre el cosmos Ufaina y su relación con la maloca

    revistas.unal.edu.co

    Resume el mismo episodio de otra manera (pp. 187-189). Antes de que hubiera ríos, los Imarimákana tumbaron un árbol que Ñamatu, la tierra madre, tenía escondido con el agua y los animales acuáticos. Al caer, el árbol se volvió una boa que abrió los ríos con sus surcos y se colocó en la base del cosmos. Define a Ñamatu como dueña del agua, la pesca y la cacería, que no compartía lo que poseía y lo consumía en secreto. Explica además que los estantillos de la maloca son el pecho del jaguar.

  3. El manejo del mundo. Naturaleza y sociedad entre los Yukuna de la Amazonia colombiana

    tropenboscol.org

    Trae el paralelo yukuna casi episodio por episodio (pp. 87-88). Amerú, la tía de los Karipulakena, les da un poquito de agua y dice que la junta de las hojas del monte. Lamuchí, el menor, se hace el dormido y la sigue convertido en murciélago hasta el árbol del que saca agua y pescado. La tía les aconseja una pasera de balso y el primer árbol se va derecho al mundo de abajo con el pescado bueno. Luego eligen, entre varios, el que tiene «pescado bueno como malo», y ése se vuelve el río de este mundo. La autora lo lee como el origen del sistema fluvial y del tiempo.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Historias de los abuelos de Moruapü (versión libre en castellano)

    babel.banrepcultural.org

    Sostiene el paralelo ticuna. En el «Origen de Metare» (pp. 61-64), que contaron Dolores Noé (Ventura, 1993) y Jorge Santamaría Fidelis (Caña Brava, 1996), una tía guarda el agua purificada en un estantillo tapado con cera. El sobrino finge que unas hormigas le picaron los ojos para ver dónde la esconde, y luego vuelve convertido en pájaro y se la lleva en el pico. Comparte con el relato ufaina el depósito escondido en un poste y el sobrino que espía transformado en animal que vuela.

  2. Los caminos de los hijos del cielo. Estudio socio-territorial de los Kawillary del Cananarí y del Apaporis

    revistas.icanh.gov.co

    Resume la versión kawiyarí (pp. 129-130). En la cepa del árbol Itchuna, Kamanatana, la dueña del árbol y mujer de Mapitare, niega a los Munully el agua, los peces y la cacería, y los alimenta con minguao. El más joven la espía transformado en lagarto y luego en chupaflor, descubre los peces que ella come y, tras cegarla, los hermanos tumban árboles que forman ríos hasta llegar al Apaporis.

  3. Caracterización temática de la narrativa infantil colombiana (1980-2005)

    repositorio.utp.edu.co

    Documenta que Fernando Solarte Lindo incluyó en «El hombre con cola de león» (1980) un relato titulado «La Tía», clasificado como «Tainimuka» en su tabla 6 (pp. 38-39), bajo el tema del castigo por las faltas de los dioses. En el mismo libro hay otros relatos tanimuka, como «La creación de la noche». Describe además el marco didáctico del libro: un narrador adulto que cuenta los mitos a unos niños (p. 37).

  4. A origem da noite e por que o sol é chamado de «folha de caraná»

    scielo.br

    Sitúa el ciclo ufaina de von Hildebrand (1975) entre las versiones regionales del Vaupés y el Apaporis. Nombra a sus creadores (Imararimakana) junto a los Munully kawiyarí y los Karipú Lakena yukuna. Anota que en esa versión el dueño de lo que se pide puede ser un tío y no el abuelo. Advierte que estas historias de origen se encadenan con otras sobre el agua, las hojas o la mortalidad, y que hablar de un mito de un solo pueblo es problemático en esa región de intercambio.

  5. Tanimuca (perfil de la lengua y el pueblo)

    mng.mincultura.gov.co

    Registra «ufaina» y «ufanía» entre las denominaciones del pueblo y de la lengua tanimuca, junto a retuarã y letuama. Ubica la lengua en la subfamilia tucano oriental y describe los resguardos donde viven las familias. Sirve para atribuir el relato al pueblo que lo contó.

  6. Parque Nacional Natural Yaigojé Apaporis

    parquesnacionales.gov.co

    Cuenta a los Yairi marâ (Tanimuka) entre los pueblos del territorio del bajo Apaporis, con los Letuama, Macuna, Yauna, Cabiyari y otros. Confirma que el pueblo del relato tiene hoy un nombre propio distinto de «Ufaina» y que comparte el territorio con los vecinos cuyos paralelos se citan.

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«El descubrimiento del agua y los peces» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El descubrimiento del agua y los peces» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El descubrimiento del agua y los peces» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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