En el corazón de un pueblo donde los árboles susurraban secretos de tiempos pasados y el río cantaba una melodía que solo los ancianos podían entender, vivía un indio singular. Este hombre, cuya piel llevaba la historia del sol y cuyas manos conocían la caricia de la tierra, se había vuelto una figura conocida en la iglesia del pueblo. Para él, no había sonido más matutino que el resonar de las campanas que anunciaban el inicio de la misa. Pero lo que al principio había sido devoción, pronto se transformó en un ritual más terrenal: el anhelo del desayuno que, con una sonrisa indulgente, solía ofrecerle el padre.
Cada día, el indio llegaba antes que nadie, sus pies descalzos apenas tocando el suelo. Era algo digno de ver, cómo deslizaba su figura dentro de la iglesia, como una sombra que busca cobijo en el fresco abrazo de sus muros de piedra. Los feligreses lo miraban con mezcla de curiosidad y admiración; su devoción era casi una leyenda local. Sin embargo, no todos sabían del verdadero objetivo de su diligente asistencia: el deseo invariable de un simple alimento, una humildad que no conocía tiempo ni legado.
El padre, un hombre cuyo corazón oscilaba entre la bondad infinita y el pequeño juego, había comenzado a notar este pequeño truco del indio. Con picardía, decidió una mañana confeccionar un plan junto al sacristán. Al amanecer, cuando las nubes todavía navegaban con pereza por el cielo, se llevó al sacristán a un lado y le dijo: "Hoy pondremos a prueba su ingenio. Dile al indio que la despensa amaneció vacía, que lo único que queda es un mero huevito, y que aquel que muestre el mejor manejo del inglés será quien lo deguste."
El sacristán, cuya risa se mimetizaba con el murmullo del viento, comprendió al instante la broma. Estaba claro que aquel huevo no era un simple desayuno, sino un pequeño juego lleno de ingenio y palabras. Así que, cuando el sol desde la ventana comenzó a pintar las bancas con oro, y cuando el indio hizo su entrada silenciosa como de costumbre, el padre puso en marcha su pequeño espectáculo.
"Buen hombre," le saludó el padre con un brillo juguetón en sus ojos, "hoy carecemos de los manjares de otros días. Solo hay un humilde huevo, y habrá que ganárselo con la lengua de Shakespeare."
El indio, cuya sabiduría residía más en los silencios que en las palabras, aceptó el desafío con una leve inclinación de cabeza. Entonces el padre, en un acto ceremonial, tomó el huevo en sus manos como si fuera el símbolo de un viejo pacto. Lo escoronó con cuidado, un gesto casi teatral, y miró al sacristán, diciendo: "Lo escoronodo."
El sacristán, siguiendo el guion, tomó el pequeño tesoro y dejó caer sobre él unos granos de sal, como si fueran estrellas titilando en una blanca noche. "Lo saloré," dijo, su voz reverberando en las paredes vacías de la iglesia.
Finalmente, el huevo fue depositado en las manos del indio, cuya sonrisa permanecía imperturbable, como si ya hubiera adivinado el desenlace de la comedia. Con voz firme y segura, aquel hombre de pocas palabras y sabiduría antigua dijo: "El cura lo escoronolo, usted salorolo y yo... comerolo."
El silencio que siguió no fue más que la respiración contenida de todos los presentes, una pausa en la que la risa comenzó a romper como las primeras luces del amanecer. El padre, sabiendo que había perdido su pequeño juego, se unió en la carcajada colectiva. Y así, el indio, con una sonrisa sabia y el preciado huevo en su mano, demostró que su ingenio y simpleza podían transformar un día cualquiera en una historia digna de contarse junto a las leyendas del pueblo.
En ese rincón donde la realidad y la fantasía se cruzaban en cada esquina, donde lo cotidiano se vestía de maravillas, el indio y su triunfo convirtieron aquella anécdota en un mito que, como el río y los árboles, nunca dejaría de ser contado.
Historia
El mito parece originarse de una anécdota que involucra a un indio y un sacerdote. El indio es conocido por asistir regularmente a misa con la intención de que el sacerdote le diera desayuno. Un día, el sacerdote planea una táctica con el sacristán para no tener que compartir su comida con el indio, haciendo un juego sobre quién hablara más inglés se ganaría el huevo que tienen. Sin embargo, al final, el indio termina diciendo una frase en la que imita el lenguaje en inglés de los otros, "El cura lo escoronolo, usted salorolo y yo comerolo", y se queda con el huevo. Este mito refleja la astucia del indio frente al plan del sacerdote y el sacristán.
Versiones
El mito presentado revela una interacción humorística y sagaz entre un sacerdote, su sacristán y un indio en un contexto eclesiástico. En esta versión, se narra cómo el sacerdote, para evitar alimentar al indio, idea un plan basado en un juego lingüístico que involucra la supuesta necesidad de hablar inglés para merecer el desayuno. El origen humorístico se enmarca en un diálogo basado en la repetición y transformación verbal de una raíz inventada, "escolonar" y "salar", que genera una serie de pseudo-palabras que culminan con el indio respondiendo con destreza lingüística inesperada, "comerolo".
Al analizar las versiones posibles de este mito, la variabilidad podría centrarse en diferentes aspectos culturales y lingüísticos, como el contexto de la interacción o la naturaleza del intercambio. El mito podría cambiar, por ejemplo, en el tipo de autoridad religiosa involucrada o en el contexto cultural —como una ceremonia diferente o un escenario variado—, pero esta versión única específicamente explora el ingenio verbal en un entorno religioso. La constancia temática en tal versión es la subversión del estereotipo de ingenuidad asociado al indio, revelando, a través del juego de palabras, un desenlace inesperado que destaca su astucia y comprensión. En otras versiones del mito, esa astucia podría manifestarse de manera diferente, dependiendo de los objetivos narrativos y didácticos subyacentes.
Lección
La verdadera sabiduría reside en la simplicidad y la astucia.
Similitudes
Se asemeja a mitos donde el ingenio del personaje central supera las expectativas, como las historias de Loki en la mitología nórdica.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



