
Andina · Mixto
El cucacuy
El Cucacuy cambia entre el hombre silbador del Valle de Tenza y el cerdo con duende de Lengupá; ninguna versión agota la figura.
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El relato
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En el Valle de Tenza, cuando la noche enfría las veredas, dicen que sale un hombre desnudo. Busca el calor. Se arrima a las parrillas donde todavía queda brasa y allí se queda, calentándose, mientras el resto del mundo duerme. Lo llaman el Cucacuy.
Nunca anda con las manos vacías. Lleva siempre en la mano un bordón largo, y de la punta le cuelga un calabazo. Adentro, encerrados, van varios demonios. Más al norte, por las tierras del río Suárez, hay quien asegura que lo que cuelga del bordón no es un calabazo sino una calavera, y que los demonios que guarda allí son para atormentar.
Antes de verlo, se le oye. Se ha dejado crecer la uña del pulgar y le ha abierto un agujero, y por ese agujero silba de un modo especial, un silbido que en el campo nadie confunde.
Las gentes creen que es un varón al que nunca bautizaron y que tiene pacto con el diablo. En San Eduardo saben también cuál fue el precio del trato. El Cucacuy se comprometió a llevar una vida miserable aunque tenga dinero: se viste con harapos, anda siempre a pie y siempre descalzo. Tiene con qué, y aun así vive como el más pobre.
El dinero, sin embargo, no le es ajeno. Uno de sus oficios es cuidar, algunas noches, los lugares donde hay plata enterrada. Y en las noches de luna llena, cuentan, deja allí una moneda.
Es de los que asustan a los caminantes en la oscuridad y a los campesinos que regresan a sus casas después de los velorios y de los alumbrados. Hace mucho, en tiempos de la Colonia, en Boyacá se llamaba cucacuyes a los brujos, a los que la gente buscaba en la enfermedad, en la muerte o en el hambre. Hoy el nombre es de este hombre desnudo con su bordón y su silbido. Y si alguien en el valle pregunta si de verdad existe, la respuesta es la misma que se da para todos los espantos del campo: porque los hay, los hay.

La enseñanza
“Quien pacta con el diablo puede tener dinero y seguir viviendo en la miseria.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 5.0786° · -73.4206°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Boyacá · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- El pueblo boyacense y su folclor
babel.banrepcultural.org
Registro del Cucacuy del Valle de Tenza: el hombre con pacto que guarda el dinero enterrado y se aparece en caminos y fogones (p. 121), los «cucacuyes» como nombre colonial de los brujos (p. 126) y Fu, el espíritu de Fúquene, que abre el capítulo.
- Esquema de Ordenamiento Territorial de San Eduardo (Boyacá)
repositoriocdim.esap.edu.co
El esquema municipal recoge el Cucacuy, parafraseando a Ocampo, como guarda del dinero enterrado en luna llena en Lengupá, y en la misma página el Biato que compara Similitudes (p. 31).
- POMCA del río Alto Suárez (2401-01), vol. III: caracterización socioeconómica y cultural
corpoboyaca.gov.co
La caracterización cultural de la cuenca del Alto Suárez registra el Cucacuy con bordón y calavera (§4.1.5.7).
Contraste y contexto · 2 referencias
- Influencia léxica del muisca en el español actual clasificada en campos semánticos
scielo.org.co
Registra «cocacuy» entre los préstamos del muisca en el español del Valle de Tenza y del oriente de Cundinamarca.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae el Cucacuy en sus pp. 35-36, con ficha técnica y un fragmento de una novela ficticia.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El cucacuy» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El cucacuy» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El cucacuy» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








