
Andina · Mixto
El cazador
Un venado aparta a un cazador de la capilla y lo conduce hasta una montaña donde su grito queda flotando con el ladrido del perro.
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El relato
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Hubo una vez un cazador empedernido que todo lo dejaba por la cacería. Perseguía los venados por los breñales a la hora en que el sol se pone, que en el campo llaman el sol de los venados; buscaba los cafuches entre los guayabales, la boruga por el guadual y a la orilla de los ríos, los conejos en los pajonales, y en los montes de las riberas las chilacoas, las chorolas y las guacharacas. Vivía en un pueblito colonial cerca de Río Grande, rodeado de llanos de pajonales y matojos, de lomas altas cubiertas de arboledas y de quebradas limpias, y en esas colinas y cañadas la caza bullía por todas partes. No tenía otro oficio ni otra renta.
Al final de la calle más concurrida del pueblo había una capilla blanca y espaciosa, con ventanales grandes abiertos hacia los sotos y los bosques. Allí se celebraban con recogimiento todas las fiestas, y con más devoción que ninguna la Semana Santa.
Eran las tres de la tarde. El párroco llegaba al final del sermón de las siete palabras y casi todos lloraban. El cazador estaba de rodillas, con los ojos en el altar, rezando en voz baja, y por la ventana le daban en la cara ráfagas de brisa con olor a rastrojo. En un momento bajó los ojos, y en otro los levantó hacia afuera, buscando el viento. Esa fue su perdición: allí mismo, junto a la ventana, pastaba tranquilo un venado hermoso, grande como un ternero, al alcance de la mano.
No lo pensó dos veces. Se escurrió entre la gente y corrió a su casa por la chilacoa, la escopeta que colgaba de un cuerno detrás de la puerta, cargada con tiro venadero. Así dejó la iglesia en un día tan grande y a una hora tan santa, cuando la cacería estaba vedada. No pensó en castigo del cielo ni de la tierra: sólo en la pieza.
A pocos metros de donde lo había visto lo encontró otra vez, en una cañada. El venado lo miró, paró las orejas y se quedó quieto. El hombre levantó el arma, apuntó, y cuando iba a apretar el gatillo el animal se perdió en el rastrojo. Desde ahí fue siempre igual: el venado lo esperaba cerca, él apuntaba, y en el instante del disparo se le escapaba. Sin darse cuenta del tiempo ni de los parajes cruzó valles, mesetas, farallones, ríos y malezales, con su perro detrás, hasta llegar a una montaña desconocida, oscura y sombría, que se los tragó a los dos.
Desde entonces su grito se oye en el monte cuando azuza al perro, sobre todo a las tres de la tarde, y después el perro ladra, lastimero. Entonces las aves callan, hasta los insectos se detienen, y un viento repentino azota los árboles. Las mulas paran las orejas, revientan las sogas, botan la carga y salen corriendo, y los perros se pegan a las pantorrillas del amo. Ese espanto persigue a quien caza en días santos, en el Corpus o el día del Sagrado Corazón, a quien caza por vicio, a quien maldice en la montaña o persigue con saña una pieza, y más que a nadie a quien deja la misa por irse al monte. A muchos el mismo venado los ha engañado igual, y se han perdido para siempre o han vuelto locos.
Quien sale a cazar lleva algo bendito y muchos perros, reza a la hora de alzar, se persigna, carga municiones rayadas en cruz, y si ve una pieza de porte extraño deja la cacería y reza. En un apuro, se mete entre los animales de la casa.

La enseñanza
“Quien abandona lo sagrado por un deseo termina perdido en aquello mismo que perseguía.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 4.5° · -75°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Folclor tolimense
repositorio.unibague.edu.co
Registro del relato: el cazador empedernido de un pueblito cerca de Río Grande que deja la capilla durante el sermón de las siete palabras para seguir a un venado, y la montaña desconocida que lo traga con su perro; los efectos del hechizo, a quiénes persigue y los remedios (pp. 69-71 de la edición de 2013).
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II
flacso.edu.ec
Segundo registro del texto de Devia en la sección 20, «El cazador» (pp. 154-156).
- Coyaimas y Natagaimas
babel.banrepcultural.org
Registra en la cosmología de coyaimas y natagaimas la Patasola que devora a los cazadores que no respetan los días sagrados (pp. 134-137), la misma falta castigada desde otra tradición.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae al Cazador en una carta fechada en Roncesvalles en 1960: la cacería de boruga un Viernes Santo, el silencio de las tres de la tarde, el grito, el aullido y el escapulario (pp. 19-20).
- El cazador fantasma
culturarecreacionydeporte.gov.co
Divulgación del «cazador fantasma» cuya alma está en el purgatorio y grita de pena.
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
Nombra a El Cazador entre los mitos campesinos del interior que la migración llevó al piedemonte llanero, con el Tunjo, el Sombrerón, el Fraile y el Guando.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El cazador» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El cazador» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El cazador» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








