El cacique Salomón

Andina · Mestizo

El cacique Salomón

Dos viñetas de Otero D’Costa usan la agudeza de Sugamuxi y Guatesique para satirizar la justicia colonial y sus desigualdades.

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El relato

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Sugamuxi, el sacerdote de Iraca que con el tiempo se hizo cristiano y recibió el nombre de don Alonso, llevaba años quejándose de la justicia de su pueblo. La Real Audiencia le mandaba jueces tras jueces y corregidores tras corregidores, y los encomenderos seguían impunes. Un día le avisaron que por fin iba a quedar satisfecho: un juez nuevo venía camino de Sogamoso, muy bien instruido para poner paz y justicia.

El cacique, aburrido y ya escéptico, sonrió y se volvió hacia su gente.

—Andad, hijos, y reparad si las aguas del río corren hacia arriba o hacia abajo.

Fueron y volvieron a la carrera con la noticia de que el agua iba de pa'bajo.

—Entonces tened por cierto que el nuevo juez no va a correr distinto camino que los otros.

Desde aquel día, los descendientes de los zaques miran con atención cada río que encuentran, por si alguna vez lo ven correr hacia arriba.

Mejor le habría ido de seguir el ejemplo de don Andrés Guatesique, cacique de Dubigara, la comarca en cuyas tierras se asienta hoy Barichara. A fines del siglo XVII Dubigara estaba bajo el poder de don Juan Bautista de Olarte, provincial de la Santa Hermandad de la ciudad de Vélez, y Guatesique había nacido y vivido bajo su tutela.

Un mestizo, criado del encomendero, le compró a un indio de Dubigara llamado Pirinoche un labrantío de maíz. Se comprometió a pagarle veinte pesos de buen oro para la Pascua de Resurrección. Pero tenía una máxima de manga ancha: el peor negocio es el de pagar. Las pascuas venían y se iban, y los veinte pesos pataleaban, ahogándose sin remedio.

—¿Cuándo me pagaréis? —le preguntaba Pirinoche cada vez que lo encontraba en Vélez.

—Tened por cierto, mi buen Pirinoche, que estoy de viaje para la ciudad de Paga, donde vivían antiguamente los paganos, y que a mi regreso os pagaré rata por cantidad.

Pirinoche se consolaba repitiendo que su Dios era más grande que una ceiba y cobijaba a todas sus criaturas por parejo.

Un día Olarte mandó al mestizo a Dubigara a recoger el tributo del año. Guatesique le entregó la tasa y, cuando el criado ya se iba, le habló con mucha gravedad:

—Señor mío, mejor fuera que le satisficierais la deuda al pobre Pirinoche.

El mestizo lo insultó y le dijo que no se metiera en rancho ajeno. Como seguía tomándolo a burla, el cacique ordenó a los suyos que lo prendieran y lo sujetaran bien.

—Dos azotes bien administrados os irán por cada peso. Muchachos, por ahora contad sólo veinte.

Al llegar a veinte, el mestizo soltó el cordón de la bolsa y le pagó a Pirinoche diez de los veinte pesos.

En Vélez se armó la zafacoca cuando lo vieron llegar derrengado y mohíno. El licenciado Morantes clamaba que no faltaba más, que ahora los indios azotaran a los criados de los blancos. Olarte, furioso, hizo llamar al cacique para darle un castigo ejemplar. Guatesique se presentó risueño, mostrando sus dos hileras de dientes blanquísimos.

—Considerad, señor, que el mestizo le tenía embolatados veinte pesos a Pirinoche.

—¡Pero vuestra justicia alcanzaba sólo a los indios, a los meros indios!

—Talmente. El mestizo es la mitad indio y la otra mitad blanco, y yo solamente le hice dar la mitad de los azotes y le demandé la mitad de la deuda. Ahora, señor, como blanco que sois, haced justicia, si así os place, en la otra mitad de vuestro criado.

Los presentes se rieron de buena gana. Y el gusto fue mayor cuando vieron que el propio Olarte le hizo pagar al mestizo los diez pesos que faltaban y le mandó dar los otros veinte azotes, en la mitad que el cacique había dejado intacta.

El cacique Salomón: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien tiene la justicia recortada puede usar la regla del poderoso para cobrarle la parte que falta.”

Territorio

Andina · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.5° · -73.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

Villa Posse la reproduce en los folios 33 a 36 de su tomo II de 1993, tomada de las «Leyendas» que Otero D'Costa publicó con Minerva en 1936 en la colección aldeana del Ministerio. Es de las piezas del autor que más veces pasaron por la imprenta. Daniel Mauricio Preciado Camargo la cita por la edición de Manizales de 1934, «Historietas. Leyendas y tradiciones colombianas», entre sus páginas 181 y 183. Y la Revista de la Universidad Pontificia Bolivariana la escogió para cerrar, en sus páginas 70 a 73, el número 95 de 1964, donde reunió seis leyendas del escritor a raíz de su muerte.

Nadie se llama Salomón en el texto. El título es un juicio de valor: califica de salomónica la sentencia de un cacique guane que parte en dos, con exactitud de aritmético, una deuda y un castigo. La pieza, además, es doble. La viñeta de apertura es muisca y boyacense, con Sugamuxi, el sacerdote de Iraca bautizado don Alonso, en Sogamoso. El cuerpo, cuatro quintas partes del texto, pasa a Santander: Dubigara, donde hoy está Barichara, y la ciudad de Vélez, sede del encomendero. La materia es colonial por los cuatro costados, y el nudo depende de que el deudor sea mestizo y de que la jurisdicción se reparta por castas.

Otero abre discutiendo con los conquistadores y con «historiadores como Simón», que pusieron en duda si los indios tenían alma, y anuncia que va a probar lo contrario con dos casos de agudeza. Arriesga una sola afirmación histórica y en seguida la suelta: que Guatesique fuera guane de pura cepa y antepasado de los comuneros de 1781, «así me atrevo a declararlo; más no a jurarlo».

La antología advierte, para el conjunto y sin lista, que parte de este material procede de lo que el autor escuchó a campesinos. En esta la única voz oral que aparece con atribución es la del cierre: el narrador ataja su propio comentario con un refrán que, dice, repetía «un indio de mi pueblo», «la mejor cencia es mi mama Prudencia». Esa firma de tertulia es todo el respaldo que la pieza declara.

Resonancias con otros mitos

El título remite al juicio de Salomón en el primer libro de los Reyes, capítulo 3. Dos mujeres se disputan un niño, y el rey pide una espada y ordena partirlo por medio para dar la mitad a cada una; la madre verdadera se delata al preferir perderlo. Guatesique hace una operación parecida, y la hace en serio: divide por mitades la deuda y los azotes, y la división no revela un sentimiento sino la incoherencia de un orden que reparte a las personas por castas. Salomón amenaza con partir para no partir; el cacique parte de verdad y le deja al encomendero la otra mitad.

El paralelo de lengua española más cercano está en la segunda parte del Quijote, capítulo 45, entre los juicios de Sancho en la ínsula Barataria. Un hombre reclama diez escudos de oro prestados y el deudor, un viejo con una cañaheja por báculo, jura haberlos devuelto; antes de jurar le entrega el báculo al acreedor para tener las manos libres. Sancho, gobernador de ocasión y labrador de origen, adivina que el dinero va dentro de la caña, la manda romper y los escudos aparecen. Como en Dubigara, el que no tenía autoridad letrada resuelve un caso de deuda burlada con ingenio y ante testigos que salen admirados. La diferencia está en la dirección de la risa: en Barataria se celebra al juez rústico, en Vélez se celebra que el poderoso termine ejecutando la sentencia del indio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las tres impresiones cotejables dicen casi lo mismo, y sus diferencias son de detalle pero no de adorno.

  2. Entre la de 1993, que reproduce la de 1936, y la revista bolivariana de 1964 no hay cambios de fondo. La revista escribe «Sogomoso» por Sogamoso y termina en el refrán de la prudencia; la antología añade después una línea más, «Lo certifico», que convierte el final en una parodia de acta notarial. Las dos comparten un tropiezo: en la réplica del encomendero falta una palabra, «en vuestra no estaba la punición». Preciado Camargo, citando la edición de 1934, trae la frase entera, «en vuestra mano no estaba la punición», de modo que la versión más antigua es aquí la más limpia.

  3. El mismo Preciado lee la pieza de otra manera en un punto que importa. Presenta la copla «Líbrame Dios de la peste; de los mestizos y blancos; de los negros y las negras; de los zambos y mulatos» como «un canto indígena» que expresaría una conciencia de grupo frente a las demás castas. En Otero la copla no tiene dueño indígena: la atribuye a un poeta «desengañado de todo el género humano» y la trae para ilustrar que la máxima del deudor, «el peor negocio es el de pagar», la practican por igual blancos, mestizos, indios y negros.

  4. Hay también una diferencia de fechas entre el relato y el archivo. Otero sitúa a Juan Bautista de Olarte, provincial de la Santa Hermandad de Vélez, a fines del siglo XVII. María Consuelo Moreno González, en su historia de la provincia de Guane de 2023, registra a un Juan Bautista de Olarte como encomendero de Curití y de media Lubiguara en la visita del oidor Vargas Campuzano, entre 1642 y 1645. Puede ser el mismo nombre en dos generaciones o una fecha aproximada del escritor; los dos datos se dejan uno al lado del otro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II, sección 17 «Varias regiones. Leyendas»: «El cacique Salomón», de Enrique Otero D'Costa

    flacso.edu.ec

    Texto íntegro en los folios 33 a 36. Contiene las dos partes: la viñeta de Sugamuxi, sacerdote de Iraca bautizado don Alonso, que manda mirar hacia dónde corre el río ante el anuncio de un juez nuevo para Sogamoso; y el caso de Dubigara, en tierras de la actual Barichara, con el encomendero Juan Bautista de Olarte, provincial de la Santa Hermandad de Vélez, el labrantío de maíz vendido por Pirinoche a un criado mestizo por veinte pesos pagaderos en Pascua, el chiste de la ciudad de Paga, los dos azotes por peso, los diez pesos cobrados, la zafacoca de Vélez con el licenciado Morantes y la defensa por mitades. Es la única de las impresiones que cierra con «Lo certifico».

  2. Leyendas

    revistas.upb.edu.co

    Revista de la Universidad Pontificia Bolivariana, número 95, 1964: «El cacique Salomón» ocupa las páginas 70 a 73 y cierra la serie de seis leyendas (De frente al sol, In illo tempore, El castellano de San Juan, Las clavellinas, Genus irritabile vatum y ésta). Es un segundo testimonio impreso, independiente de Villa Posse, que permite cotejar: el texto coincide casi palabra por palabra, escribe «Sogomoso», acentúa distinto algunas formas y termina en el refrán de la prudencia, sin el «Lo certifico» de la antología.

  3. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    En sus páginas 57 y 58 analiza «El cacique Salomón» a partir de la edición de «Historietas» (Manizales, 1934), que cita en sus páginas 181 a 183: es la prueba de una impresión anterior a 1936. Lee la apertura como defensa de la agudeza indígena frente a los cronistas que dudaban de su alma, y la queja de Sugamuxi como testimonio de la inconformidad con la justicia colonial. Transcribe el diálogo de las mitades con la palabra «mano» que falta en las impresiones de 1964 y 1993. Presenta la copla de la peste como «un canto indígena», lectura suya que el texto de Otero no sostiene.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Historia de la provincia de Guane: origen, poblamiento y configuraciones sociales (1540-1795)

    noesis.uis.edu.co

    Da el fondo documental del cuerpo santandereano del relato. En la reconstrucción de las encomiendas de la provincia de Guane tras la visita del oidor Jacinto de Vargas Campuzano (1642-1645), registra a un Juan Bautista de Olarte como encomendero de Curití y de la mitad de Lubiguara, en la jurisdicción de Vélez (p. 203). Documenta también la mano de obra mestiza que sustituyó a los tributarios en la región, que es el mundo social del criado deudor, y la historia posterior de la parroquia de Barichara.

  2. Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, partes segunda y tercera

    archive.org

    Es el «Simón» con quien Otero discute en la primera línea. En la séptima noticia describe el valle de Sogamoso como tierra santa para los muiscas, que no osaban cruzarla sin reverencia por el templo que allí veneraban y por su cacique-sacerdote, y cuenta lo difícil de su conversión. Es el trasfondo de la figura de Sugamuxi, el sacerdote de Iraca que en el relato ya es cristiano, se llama don Alonso y sólo le queda la ironía frente a los jueces.

  3. 1 Reyes 3:16-28 (Reina-Valera 1960)

    biblegateway.com

    Es la referencia del título: el rey ordena «Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra». La sentencia de Guatesique repite la operación de partir por mitades para resolver un caso, pero la invierte: Salomón no llega a dividir, el cacique divide en serio y deja la otra mitad al encomendero.

  4. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo XLV

    gutenberg.org

    En el primer día de gobierno en Barataria, Sancho resuelve el caso del hombre que reclama diez escudos de oro prestados y del viejo que jura haberlos devuelto tras entregarle su cañaheja al acreedor: Sancho manda romper la caña y aparecen los escudos. Es el paralelo más cercano en español del juez rústico que desarma a un deudor burlón con ingenio, frente a la justicia letrada.

  5. La edición de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana. Bibliotecas, editoriales e imprentas en la década de 1930

    redalyc.org

    Explica por qué una sátira colonial sobre castas y azotes circuló como lectura oficial: la Biblioteca Aldeana de Colombia, que es el sello del «Leyendas» de 1936, fue la edición en cartilla que el Ministerio de Educación Nacional contrató en 1935 con la Editorial Minerva, por dos mil colecciones destinadas a bibliotecas. Registra además que la Biblioteca Santander de Gustavo Otero Muñoz, iniciada en Bucaramanga en 1932, publicó trabajos de Enrique Otero D'Costa, de modo que el autor circulaba ya en una colección regional.

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«El cacique Salomón» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El cacique Salomón» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El cacique Salomón» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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