El brujo de la Costa del Pauto

Orinoquía · Mestizo

El brujo de la Costa del Pauto

Piriachi pasa de sanador respetado a centro de una tragedia sobre diagnóstico, confianza y represalias.

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El relato

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Acababa de terminar la guerra entre los partidos cuando llegó a la finca de Saúl, en Paz de Ariporo, entre el Ariporo y el Tate, un hombre casi viejo que andaba prófugo. Se llamaba don Agapito y no podía asomarse al pueblo, así que le encargó unos remedios. Le dolía la garganta al tragar, y si las drogas no servían, dijo, iría donde Piriachi, un brujo famoso que vivía cerca de San Luis de Palenque.

De don Abelardo se contaban curas casi milagrosas. La más sonada era la de don Lisandro, un hacendado rico al que ningún yerbatero había podido quitarle el desgano, el dolor de vientre y los desmayos. El brujo lo encerró en un cuarto oscuro, quemó yerbas en un platón, entró en trance y salió temblando: alguien de mucha confianza le había hecho una brujería. Lo sanaría por diez toros de cuatro años. Le dio leche de higuerón serenada y un cocimiento de ipecacuana, le vació una botella de brandy en la cabeza y lo frotó hasta cubrirle de espuma el poco pelo, mientras cantaba en lengua indígena y los parientes se santiguaban. A la semana el enfermo estaba sano, y salió a la sabana a entregarle los toros.

Saúl se rió de aquello. Le explicó a don Agapito que eran parásitos, que el higuerón purga y que la espuma sería jabón revuelto con el licor. El viejo lo miró sin creerle y se fue.

A los pocos días se supo el resto. Piriachi le había dicho que su mal se lo mandaba un vecino que sabía mucho de brujería. Don Agapito, rápido para el gatillo, fue a buscarlo, lo encontró volviendo del jagüey con una tinaja en la cabeza y lo mató sin decir palabra. Poco después murió él mismo, de un cáncer en la garganta, según el doctor Jorge Camilo Abril.

Con Rojas Pinilla en el poder y la paz recién llegada a Casanare, Saúl anduvo por San Luis de Palenque con los hermanos Ortega, dueños del hato Las Tigras, y de ahí siguieron a un baile de angelitos en Macarabure, vereda de Maporal del Pauto. Cuando en el Llano muere un niño se baila durante días, sin luto, porque el angelito sube derecho al cielo y allá intercederá por sus padres. Corría el guarapo de una canoa de ocho metros, sonaban las coplas y don Temístocles, el dueño de casa, gritaba vivas.

Sin invitación llegó un viejo con la piel manchada de carate, montado en un burrito. Era Abelardo Piriachi. En el baile, una mujer contaba que su niño, con disentería y vómito, había muerto después de que el brujo lo declarara escuajado y lo colgara de los pies para subirle el cuajo.

El brujo le pidió un trago a Saúl, que iba de seda azul, pantalón blanco y dos revólveres ingleses al cinto. Mientras Saúl dormía, Piriachi se adueñó del parrando, buscó pelea con todos y se ensució en plena sala. Saúl lo sacó con la promesa de un ron escondido en la platanera.

—Yo soy Mata jugando. He matado a más de veinte, y cuando me pican las manos tengo que matar a alguien.

Lo golpeó con la cacha del revólver y lo amarró a una mata de plátano hasta la puesta del sol. El brujo lloraba: él no le hacía mal a nadie, sólo formulaba yerbitas. Saúl le recordó a don Agapito.

A las seis, cuando la gente fue a buscarlo, Piriachi se soltó, corrió y se tiró al río. Nadie lo vio salir. Al amanecer apareció haciendo señas desde un mangal y le preguntó a un muchacho si seguía allí Mata jugando, el de camisa azul.

—Ése es don Saúl, el Niño Mentiroso —le contestó el muchacho—. Es una persona muy buena.

El brujo le dio cinco pesos para que le trajera el burrito, y le mandó decir a ese hombre malo que nunca más haría brujerías.

El brujo de la Costa del Pauto: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un diagnóstico que señala culpables puede matar más rápido que la enfermedad que pretende curar.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.88148° · -71.89167°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el décimo texto de «Cuentos, mitos y leyendas del llano», el libro que Getulio Vargas Barón publicó en 1996 con el Corpes Orinoquia y que hoy se lee en la Biblioteca Virtual del Banco de la República. Ocupa las páginas 105 a 111, entre «Las chanzas de don Felipe» y «Leal hasta la muerte», en unos treinta párrafos. En el índice el título sale con minúscula, «costa del pauto»; en la cabecera, «Costa del Pauto».

La presentación del volumen, que firma Leonel Pérez Bareño, avisa qué clase de libro es: vivencias recreadas por alguien que se mezcló en ellas «como testigo presencial y actor de los hechos», reunidas entre charlas, reuniones de familia e indagación propia. No hay transcripción de informantes. Aquí eso se nota en la primera línea, donde el autor cede la palabra a un narrador de oficio, «Saúl, el Niño Mentiroso», que habla en primera persona hasta el final y que presta la voz a casi todos los textos del tomo.

Lo que este caso tiene de propio es su anclaje. Nombra un mapa verificable de Casanare: Paz de Ariporo, el cajón del Ariporo y el Tate, San Luis de Palenque, la vereda de Maporal del Pauto, el hato Las Tigras. Fecha la segunda mitad en la pacificación del general Rojas Pinilla, con la hija del presidente repartiendo créditos de la Caja Agraria. Y cita por nombre y con elogio fúnebre a un médico, Jorge Camilo Abril, «el mejor y primer médico casanareño». El brujo, en cambio, no tiene más respaldo que la palabra de Saúl.

Es materia del Llano criollo: hacendados, peones, un curandero con clientela de hato, un baile de angelitos católico y la posguerra partidista de los cincuenta. El canto en lengua indígena del curandero no basta para cambiarlo de cajón, porque el texto no lo adscribe a pueblo alguno.

Resonancias con otros mitos

El baile que ocupa la segunda mitad pertenece a una costumbre extendida por la América hispana, el velorio de angelito: la muerte de un niño bautizado se acompaña con música, comida y bebida porque se le supone en el cielo sin pecado. En los llanos de la cuenca media del Orinoco, que comparten Colombia y Venezuela, los estudios de etnomusicología lo registran junto a los velorios de santo y de cruz, con sus tonos cantados. El texto da casi las mismas razones que esos estudios: no hay tristeza, porque el angelito intercederá por sus padres.

El niño «escuajado» remite a una dolencia popular colombiana, el descuaje, que se atribuye a un golpe o a una caída que saca de su sitio el cuajo, el estómago. Los estudios de medicina tradicional hechos en Bogotá describen el mismo tratamiento que el texto atribuye a Piriachi: poner al niño cabeza abajo, con los pies hacia el cielo, y sobarle el vientre.

La consulta de don Agapito sigue un guion que la antropología médica colombiana ha documentado en la ciudad y en el campo. El enfermo acude al curandero convencido de que su mal es un daño hecho por envidia, y el curandero le pone nombre y vecindad al culpable. En esos estudios la acusación de brujería es una forma de leer los conflictos entre parientes y vecinos, y aquí termina con un disparo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Sólo hay un registro, pero dentro de él chocan cuatro juicios sobre el mismo hombre, y el texto no elige entre ellos. Don Agapito cree en Piriachi hasta la muerte: le cree la brujería del vecino y también el frío de los difuntos, que según él mata a los niños llevados a un velorio. Saúl lo desmonta con farmacia casera —parásitos, un purgante, ipeca contra la amebiasis, jabón en el brandy— y al mismo tiempo admite que el brujo acertó con la cura del hacendado. La madre del niño escuajado, que habla en el baile, lo culpa de la muerte de su hijo, aunque el médico de San Luis de Palenque la atribuye a una gastroenteritis. Y el propio brujo, amarrado a la mata de plátano, se describe como alguien que formula yerbitas y no le hace mal a nadie.

  2. El remate desplaza la sospecha hacia el narrador. El muchacho de la vereda no conoce a ningún Mata jugando: para él, el pistolero de camisa azul que dice haber matado a veinte es don Saúl, «una persona muy buena», al que todos llaman el Niño Mentiroso. El lector se queda con dos embusteros frente a frente, el que cura con espuma de jabón y el que asusta con muertos que nunca mató, y sin un árbitro que diga cuál engaña más. Así funciona el apodo en todo el libro: avisa que lo contado puede ser exageración y deja que el lector decida cuánto creer.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Décimo texto del libro, pp. 105-111, «El brujo de la Costa del Pauto», narrado por Saúl, el Niño Mentiroso. Trae el caso entero: don Agapito, prófugo con dolor de garganta; la cura de don Lisandro por diez toros con leche de higuerón, ipecacuana y brandy; el diagnóstico de un vecino brujo que acaba en asesinato; la muerte de don Agapito por cáncer según el doctor Jorge Camilo Abril; y, ya en la paz de Rojas Pinilla, el baile de angelitos en Macarabure (Maporal del Pauto), la madre del niño escuajado y el castigo de Abelardo Piriachi atado a una mata de plátano por el falso Mata jugando.

  2. Cuentos y mitos

    eltiempo.com

    Nota del 24 de septiembre de 1996 sobre la salida del libro con patrocinio del Corpes de la Orinoquia y su lanzamiento en Yopal. Dice que el autor es de Támara (Casanare), que fue político y funcionario en Boyacá y Casanare y que presidía la Academia de Historia de Casanare: el mismo Casanare de Paz de Ariporo, San Luis de Palenque y Maporal del Pauto donde transcurre este caso.

  3. Los mitos del Llano

    eltiempo.com

    Reseña de la segunda edición (Impreandes). Presenta al autor como casanareño y líder cívico de la segregación de Casanare respecto de Boyacá, y lee el libro como un retrato del «decir y el sentir» del Llano. Sirve para situar la voz criolla y regionalista desde la que se cuenta el caso del brujo.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Del tono y los tonos de velorio

    revistas.ucm.es

    Estudia los velorios de los llanos de la cuenca media del Orinoco, compartidos por Colombia y Venezuela, y cita a José Peñín para definir el velorio como reunión en que la comunidad acompaña a un difunto adulto o niño, el «velorio de angelito», con rezo, comida, bebida y baile. Documenta el marco del baile de los Santos Angelitos de Macarabure.

  2. Racionalidades médicas de los sistemas tradicional colombiano, biomédico y osteopático: una aproximación a la conceptualización de la dolencia del descuaje en Bogotá

    repositorio.unal.edu.co

    Describe el descuaje como dolencia de la medicina tradicional colombiana, atribuida a golpes o caídas, y el tratamiento con el paciente en posición vertical invertida, pies arriba y cabeza abajo, junto con la sobada del vientre. Es el mismo procedimiento que la madre del niño «escuajado» atribuye a Piriachi.

  3. Violencia y brujería en Bogotá

    publicaciones.banrepcultural.org

    Resultado de doce años de trabajo con curanderos y pacientes: muchos enfermos llegaban convencidos de que su mal era una «brujería» o «mal postizo» hecho por envidia, y el curandero interpretaba los conflictos con vecinos y parientes como ataques de hechicería. Es el esquema de la consulta de don Agapito, a quien Piriachi le dice que su mal se lo manda un vecino.

  4. Magia, brujería y violencia en Colombia

    revistas.uniandes.edu.co

    Sostiene que en Colombia el conflicto y el caos social son un escenario privilegiado para la brujería, y que la acusación mágica circula por lazos de parentesco y vecindario regidos por la envidia y la venganza. Da el marco para leer cómo un diagnóstico de brujería termina, en este caso, en el asesinato de un vecino en plena posguerra partidista.

  5. La paz con las guerrillas liberales, setenta años después

    senalmemoria.co

    Reconstruye la entrega de armas de las guerrillas liberales de Guadalupe Salcedo a Rojas Pinilla, el 15 de septiembre de 1953 en Monterrey (Casanare), y el regreso de los campesinos a sus veredas. Es el momento que el texto llama «recién llegada la paz a Casanare», cuando Saúl viaja a San Luis de Palenque y al baile de Maporal del Pauto.

  6. Estudio sobre la efectividad antielmítica de la leche del higuerón en el tratamiento de la tricocefalosis, y su efectividad contra la infección de los ascárides

    revistamedicahondurena.hn

    Ensayo de la División de Sanidad Internacional de la Fundación Rockefeller sobre la leche de higuerón como antihelmíntico contra tricocéfalos y ascárides. Respalda la explicación de Saúl a don Agapito: lo que curó a don Lisandro fue un purgante contra parásitos, no la limpia con brandy.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«El brujo de la Costa del Pauto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El brujo de la Costa del Pauto» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El brujo de la Costa del Pauto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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