El algodón entregado a Mamagakue

Caribe · Kogui (Kággaba)

El algodón entregado a Mamagakue

Magri entrega el algodón a Mamagakue por medio de Námsiku, y un primer semillero permite distribuirlo entre la gente.

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El relato

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La Magri tiene muchos niñitos que son como las plantas que dan alimento. Ella es la primera mujer y la madre de todo ser viviente, y también la llaman Luitsama. Uno de esos hijos suyos es el algodón.

Un buen día la Magri le dio el algodón a Mamagakue. El algodón era un indio. Mamagakue es un mama, y desciende también de la Magri.

Pero ella no se lo llevó en persona: se lo mandó a entregar con Námsiku, que es hijo suyo y hermano mayor de Nuánashe y de Kashindukue. Námsiku fue quien trajo el algodón a la tierra para beneficio de los indios.

Y lo repartió a todos los indios, porque hizo un semillero de algodón y regaló a todos los indios que había, para que lo cultivaran. Mamagakue recibió el algodón y lo cultivó.

Námsiku está ahora con Sintana, que es su hermano.

El algodón entregado a Mamagakue: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una semilla repartida alimenta a más gente que un regalo ya terminado.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo narró Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y es el relato número dieciocho de los veintidós que Milcíades Chaves Ch. recogió allí en noviembre de 1946 y publicó al año siguiente en «Mitología kágaba», dentro del Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6. La narración ocupa setenta y cinco palabras: es la más breve de todo el artículo, y por eso este relato es corto. Casi todo lo que se sabe de los personajes no está en esas setenta y cinco palabras sino en las dos glosas que Chaves añade: la lista de personajes bajo el texto, donde Námsiku es «hijo de la Magri (Luitsama)» y Namagakue un «mama (sacerdote) descendiente de la Magri», y el índice de su capítulo de mitología, donde escribe que Námsiku «fue quien trajo el algodón a la tierra para beneficio de los indios».

Lo que el relato resume en la palabra «semillero» está descrito paso a paso en el tomo I de Reichel-Dolmatoff, que ninguna ficha de este sitio citaba y que ahora está en acceso abierto en el ICANH. Allí se lee que los kogui cultivan el algodón y lo elaboran como hilos y telas para vestidos y mochilas, que lo limpian con la mano sacando la semilla, y sobre todo dos cosas que la ficha anterior no decía. La primera: «Tanto los hombres como las mujeres hilan, pero el trabajo de tejer es privilegio exclusivo de los hombres». La segunda: que la torsión del hilo depende del sexo de quien hila, porque los hombres tuercen hacia la izquierda, de la rodilla hacia el cuerpo, y las mujeres hacia la derecha, del cuerpo hacia la rodilla. El mismo volumen añade que el hilo de coser es siempre doble y se tuerce sólo dentro de la casa ceremonial.

Ese volumen trae además un dato que ata el cultivo a un linaje con nombre. En la descripción del Túxe de los Hukuméiji dice que ellos «poseen» los cantos y bailes relacionados con la fruta kandjí y con el jaguar, y también con el cultivo del algodón. Los cantos del algodón no son de cualquiera: pertenecen a un grupo determinado, y el propio texto anota que hoy quedan muy pocos individuos de ese grupo. Las grafías kogui de ese volumen no se citan aquí porque el reconocimiento óptico del escaneo pierde tildes con frecuencia.

De lo que el algodón hace hoy hay testimonio reciente. Falk Parra Witte, en Tabula Rasa número 36 de 2020, documenta que los kogui descargan mentalmente pensamientos, emociones, sueños, acciones y recuerdos en trozos de algodón sostenidos entre dos dedos, que el mama los sacude y habla a esas esencias, y que después el algodón se deposita en un sitio sagrado: es la práctica que llaman aluna ishguashi. El mismo artículo recoge, de boca del mama Luntana, del eizuama alto de Takina, que hay que pedir permiso y pagar a Húgukui, «dueño y organizador de todos los alimentos y semillas del mundo», antes de cortar y comer una cosecha. Nada de eso nombra a Magri, a Mamagakue ni a Námsiku: explica qué hace el algodón, no de dónde vino.

Chaves advierte al abrir el artículo que trabajó por interrogatorios en castellano y que los conceptos pudieron quedar deformados, y el Plan Especial de Salvaguardia firmado por el Consejo Territorial de Cabildos declara que este sistema de conocimiento «no concibe la necesidad de su divulgación externa». Lo que aquí se publica llegó por esa vía y conviene leerlo sabiéndolo.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano de este archivo es ette ennaka y es casi una imagen invertida. En «Cómo los Chimila regalaron el algodón a los Aruacos», décimo de los veintiún relatos que el cacique Tangrutaya Mutsu le narró a Gerardo Reichel-Dolmatoff y que se publicaron en 1945, el algodón también baja con la gente: Papá Grande le dio al primer Ette una mochilita con semilla. Pero lo que el relato cuenta después es una transacción entre enemigos: un Aruaco llega a la casa de un Ette, pide semilla, recibe la advertencia de que si siembra algodón los suyos sabrán que estuvo allí y lo matarán, insiste, y se lleva un poco. Allí la semilla cruza una frontera hostil, beneficia a un solo hombre y no funda nada; aquí sale de la madre, pasa por un hijo y llega de una vez a todos los indios que había, convertida en semillero.

El segundo paralelo es wayuu y sirve para marcar quién trabaja la fibra. «Waleker, el origen del tejido», en la versión del autor wayuu Ramón Paz Ipuana, cuenta que de la boca de la tejedora nocturna salían hilos de colores, que Irunúu rompió la promesa y la perdió, y que los tejidos quedaron para que las mujeres los miraran de cerca, contaran los hilos, imitaran los dibujos y se los enseñaran unas a otras: el saber queda en manos de ellas. Entre los kogui, según el registro que Reichel-Dolmatoff levantó en los mismos años en que Chaves recogía este relato, ambos sexos hilan pero tejer es privilegio exclusivo de los hombres, y hasta la torsión del hilo se hace en sentido contrario según quién lo tuerza. La misma fibra reparte el trabajo en direcciones opuestas a un lado y otro de la Sierra.

La diferencia de fondo con los dos está en el mediador. En el relato ette el bien pasa de mano en mano y el riesgo lo corre quien pide; en el wayuu el don se pierde por una indiscreción y sobrevive copiado; aquí no hay pérdida ni riesgo, sino un encargo que se cumple: la madre manda, el hijo entrega y siembra, y el mama recibe y cultiva.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este episodio hay un solo testimonio, el de Benito Sontinkama en 1946, y la reimpresión de Eugenia Villa Posse de 1993 lo reproduce sin añadir narrador nuevo. Un testimonio único de setenta y cinco palabras deja sin respuesta casi todo: no se dice dónde queda el semillero, ni cuánto tardó, ni qué pasó con el algodón que era un indio después de ser entregado.

  2. Dentro de esas mismas dos páginas impresas hay dos lecturas que no coinciden y que conviene no resolver. La narración dice que la Magri le dio el algodón a Mamagakue pero se lo mandó a entregar con Námsiku, «quien lo repartió a todos los indios porque hizo un semillero de algodón»: ahí el semillero es obra de Námsiku. La síntesis que Chaves escribe debajo dice en cambio que «Mamagakue recibe el algodón y lo cultiva», y es esa segunda lectura la que esta página venía publicando, con el semillero en manos de Mamagakue. Las dos frases están en la misma fuente y a una página de distancia. La redacción de arriba conserva las dos seguidas, como están.

  3. El nombre del que recibe cambia de grafía entre una frase y otra: Mamagakue en la narración, Namagakue en la lista de personajes. El lugar de Námsiku también se mueve de relato a relato dentro del mismo artículo: aquí es hijo de la Magri y hermano de Sintana, y en el relato del canibalismo es hermano mayor de Nuánashe y Kashindukue que acompaña al Mama a adivinar. La Magri es llamada además Luitsama en este texto y Magri Regina en el del maíz, narrado por el mismo hombre.

  4. Ninguno de los tres nombres de este relato aparece en el tomo I de Reichel-Dolmatoff. Lo comprobé buscándolos en el texto completo: Námsiku, Mamagakue y Namagakue dan cero coincidencias en ese volumen, igual que Magri y Luitsama. El corpus del que sale esta página es el de Chaves, no el de Reichel-Dolmatoff, y el volumen que sí traería sus versiones, el tomo II, sigue sin acceso abierto.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. The Great Mother and the Kogi Universe: A Concise Overview

    ehrafworldcultures.yale.edu

    Describe a la Gran Madre, la estructura de nueve mundos, los siete puntos del universo, el templo como modelo cósmico y varias versiones de la creación.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

  2. The Loom of Life: A Kogi Principle of Integration

    loc.gov

    Analiza el telar como modelo del cosmos y relaciona tejido, género, vida social, canto y pensamiento Kogui.

  3. The structure that sustains life: nourishment and exchange among the Kogi

    revistatabularasa.org

    Da el marco contemporáneo exacto del episodio: existe Jugukui, descrito por los propios kogi como dueño y organizador de todos los alimentos y las semillas del mundo, y los sitios sagrados funcionan como jaba (madres) y jate (padres) de cada especie. El artículo insiste en que no se puede tomar una cosecha sin pedir permiso y pagar —cita al Mama Luntana diciendo que cuando las cosechas están listas no se puede ir, cortar y comer sin más—, que es la misma lógica de la ficha: recibir la semilla no basta, hay que cuidarla y responder por ella. Además documenta el uso material del algodón en las confesiones (aluna ishguashi): se descargan los pensamientos en trozos de algodón sostenidos entre dos dedos y se depositan en sitios sagrados como pago. El algodón aparece así como materia ritual viva, no solo como fibra textil.

  4. The mochila and the weaving of the universe in Sierra Nevada de Gonawindúa

    unesco.org

    Aporta la voz propia y actual sobre lo que la ficha deliberadamente no desarrolla: por qué la fibra tiene una dimensión mayor que la de un recurso. Explica parte por parte (hilo, chipire o base, cuerpo, boca, asa) cómo la mochila es lectura del origen del universo, y sitúa esa organización en Jaba Sénenulang, la madre espiritual, desde el estado espiritual Sé/She. Sirve para sostener, con fuente declarada y contemporánea, la frase de la ficha sobre que la materia «llega con una historia y una responsabilidad», sin tener que importar la teoría del telar cósmico.

  5. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Es el primario del paralelo ette ennaka que la ficha nombra en «Similitudes». El relato 10, «Como los Chimila regalaron el algodón a los Aruacos», dice que «Cuando los Chimilas bajaron a la tierra, ya tenían el algodón porque Papá Grande había dado al primer Chimila una mochilita con semilla»; un Aruaco pide semilla, el Chimila le advierte que si siembra algodón los otros Aruacos sabrán que estuvo allí y lo matarán, él insiste, se lleva la semilla, la siembra «y no lo mataron». Sostiene literalmente todo lo que la ficha compara: la semilla que baja con la gente, la transacción entre enemigos y el don a un solo hombre.

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«El algodón entregado a Mamagakue» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El algodón entregado a Mamagakue» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El algodón entregado a Mamagakue» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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