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Chiminigagua

Chiminigagua, creador supremo, envía aves negras que esparcen luz, reflejando un monoteísmo abstracto y una conexión con el culto solar.

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Ilustración de Chiminigagua

En el principio de los tiempos, cuando el universo no era más que un vasto abismo de sombras, el poder de Chiminigagua flotaba en el vacío, como una presencia inasible, pero absolutamente real. Los chibchas, herederos de un conocimiento milenario que susurraba en las montañas y ríos de su tierra, cantaban la historia de este dios supremo, creador de todo lo que irradiaba luz y calor en el cosmos.

Chiminigagua era, más que un ser, una esencia divina: un gran resplandor contenido en sí mismo. No tenía forma humana ni figura discernible. Era la fuente, el origen, el aliento primordial del que surgió toda creación. Y tal como nace la aurora de la noche, así un día decidió expandir su luz, escondida como un secreto brillante pero aún no revelado.

La leyenda cuenta que de las profundidades de esta entidad luminosa surgieron dos majestuosas aves negras, mensajeras aladas con plumas del color de la noche. Con un batir de alas, tomaron vuelo hacia el infinito, y mientras revoloteaban por las vastas extensiones del cosmos, de sus picos brotaba un aire incandescente, un vapor lúcido que, al entrar en contacto con la oscuridad, se transformaba en radiante fulgor. Así se hizo la luz sobre la tierra, y el universo se llenó de claridad.

Con esta luz, Chiminigagua dio forma al sol, ese astro que colma los días de calor y esperanza, y que entre los chibchas tomaba el nombre de Suhá. El sol era más que un astro; era el reflejo visible de la magnificencia de Chiminigagua. A su lado, Chía, la luna, compañera eterna, bailaba a lo largo de la noche. En ambos, el pueblo veía la manifestación tangible de aquel ser supremo, y así, en un acto de adoración, los chibchas honraban al sol y la luna, sabiendo bien que en ellos se manifestaba Chiminigagua.

Sin embargo, este dios, a pesar de su grandeza y del esplendor de su creación, no anhelaba ofrendas ni sacrificios. Los chibchas, en su sabiduría, entendieron que era un dios que existía sobre todo culto, por encima de las deidades menores que requerían templos y ceremonias. Se erigieron lugares sagrados en honor al sol, como en la soleada Sogamoso, en cuya gran explanada se elevaba un templo consagrado donde se celebraban rituales al amanecer. Sin embargo, Chiminigagua permanecía en el corazón de los hombres como un ideal abstracto, una presencia inamovible y silenciosa que no demandaba más devoción que la del reconocimiento en cada chispa de luz.

Algunos cronistas venidos de tierras lejanas percibieron en Chiminigagua un eco de sus propios dioses supremos, como si todas las culturas del vasto mundo compartieran un mismo hilo sutil en el tapiz de la creación, donde cada sol naciente era una promesa de vida renovada.

Y así, bajo el sol y la luna, en los valles y cumbres de su mundo, el pueblo chibcha vivía con la certeza de que toda claridad eran las huellas de Chiminigagua plasmadas sobre la tierra. Aunque invisible, él estaba en el aliento del viento sobre las cosechas, en el destello del oro líquido que corría por sus manantiales, y en el cálido abrazo de cada día nuevo.

Chiminigagua, el inmóvil hacedor, el dios que con su sola emanación de luz rompió la oscuridad primigenia, continuó su eterna contemplación del universo. Un dios que no era solo parte de la mitología, sino un símbolo del misterio de la existencia misma, aquel que desde las alturas, en un silencio cósmico, velaba sobre todas las cosas con serenidad y amor.

Historia

El mito de Chiminigagua se origina en las lenguas chibchas de los muiscas, quienes lo conciben como un dios supremo y creador desde sus tiempos remotos. Según los relatos recogidos por los cronistas como Fray Pedro Simón y Alonso de Zamora, Chiminigagua es la deidad omnipotente responsable de la creación del universo. Él creó la luz cuando el mundo estaba en tinieblas, enviando dos grandes aves negras que esparcían un vapor o aire incandescente por sus picos, iluminando todo el cosmos. A pesar de su importancia como creador, Chiminigagua no era objeto central de culto en la vida diaria de los chibchas, quienes veneraban principalmente al Sol y la Luna como su representante. Asimismo, aunque Chiminigagua era considerado el dios creador, el culto estaba más orientado hacia las manifestaciones visibles de la luz, reflejadas en estos astros.

Versiones

Las versiones del mito de Chiminigagua presentan diferencias en cuanto al papel y la interacción de esta deidad con el mundo. En la primera versión, Chiminigagua es el dios supremo y creador que ilumina el universo enviando dos aves negras para esparcir luz a través de un vapor incandescente. Esta versión presenta a Chiminigagua como un dios estático, supremo pero distante, a quien no se le rinde culto directo, en contraste con otras deidades más activamente adoradas, como Bochica. Este relato enfatiza la dimensión abstracta y el rol de Chiminigagua como la fuente última de creatividad y luz, similar a deidades supremas en otras culturas, pero sin influencia directa en la vida cotidiana ni culto formal en las prácticas religiosas de los chibchas.

La segunda y tercera versiones, recopiladas por cronistas como Fray Pedro Simón, mantienen la historia de las aves negras que llevan luz, pero expanden sobre cómo esta creencia conecta más directamente con el culto al Sol y a la Luna, dioses visibles y adorados intensamente por los chibchas. Mientras que la esencia de Chiminigagua como el creador permanece, estas versiones destacan cómo su figura se fusiona con la adoración a cuerpos celestes tangibles, reflejando un monoteísmo abstracto ligado a elementos naturales visibles. Además, subrayan las similitudes con las prácticas de otras culturas indígenas americanas, que también ven en el Sol una manifestación del poder creador divino, demostrando una sinopsis más amplia de la dinámica entre lo supremo y lo venerado cotidianamente. Estas versiones, aunque similares al primer relato en esencia, integran y contextualizan la adoración solar dentro de un marco más detallado de ritualidad y simbolismo cultural.

Lección

La luz surge del caos y da forma al universo.

Similitudes

Se asemeja a mitos de deidades creadoras supremas como Ra en la mitología egipcia y Izanagi en la mitología japonesa, quienes también traen luz y orden al cosmos.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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