Yarokamena, el árbol y el gusano formidable

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Yarokamena, el árbol y el gusano formidable

Del corazón de Kïtobeni nace un árbol; su fuerza se vuelve gusano exterminador hasta que los dos Jitoma consiguen detenerlo.

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El relato

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El viejo Kïtobeo enterró lo que había podido recobrar de su hijo al pie de un totumo, abajo del bañadero del jefe Kanikone, y sembró otro totumo encima. A los ocho meses había allí un arbusto desarrollado, y ese árbol era el corazón. Adherido al tronco había un gusano enorme, de cuya jeta salía baba y cuya cola llegaba hasta la tierra: en eso se había convertido el sexo del joven despedazado. Al árbol se le dice Yarokamena, palo poderoso, y al gusano Yarokaigïro.

Por esos días las hijas de Kanikone bajaron a la quebrada con cernidores, nombrando cada bicho que apañaban, hasta llegar al pie del árbol. Vieron el gusano, lo hallaron bellísimo y quisieron desprenderlo con el cernidor. Él golpeó con la cola el pecho de la mayor, y ahí fue cuando le brotaron los senos; a la otra, que trató de pegarle, le hizo lo mismo. De regreso quisieron cercar entre las dos un pez-perro que brincaba en el agua, y el animal saltó de improviso y las desfloró. Volvieron avergonzadas, cubriéndose con el cernidor, y le avisaron al padre.

Kanikone no creyó que un simple gusano pudiera hacer tal cosa, pero repartió el ambil de invitación. Se juntaron los dueños del machete, los honderos, los garroteros, los flecheros y los lanceros, y subieron contra él. Los mazos rebotaban y golpeaban a quienes los blandían; los mandobles se devolvían y los macheteros terminaban cortándose entre ellos. Cuadrilla tras cuadrilla quedó exterminada.

Los pocos sobrevivientes gritaron pidiendo auxilio a los dos Jitoma, que escarbaban un hueco por donde habían visto meterse un sapo al que confundían con su madre. Lamieron ambil y el espíritu del tabaco les dijo que eso era Yarokaigïro y que fueran donde su tía, Dueña del sueño. La hallaron fingiendo dormir entre la hojarasca y le sacaron su poder envuelto en una hoja, pero lo destaparon antes de tiempo y cayeron dormidos; a Fïzido lo carcomieron las lombrices, y las que no alcanzó a tirar al agua le quedaron de venas. Tuvieron que volver, cazarle un pájaro y levantar un huracán sobre los cumares para que ella les devolviera el sueño y les indicara la maloca de Améore.

Durmieron al criado de Améore y a su hija, cambiaron el mazo macho por un palo de yarumo y salieron con el mazo y el espejo. Los probaron en un palo de keretena: Fïzido hizo relampaguear el espejo, Jitoma golpeó el mazo contra la tierra y el rayo deshizo el palo y también al hermano, que fue recompuesto sobre la hoja de las gentes.

Llegaron entonces al árbol. En la copa vigilaba el pájaro ardita; le mostraron el sueño desde lejos y él y el gusano quedaron dormidos. El rayo partió a Yarokaigïro por mitad y dejó el tronco en mil pedazos. Jitoma tiró el mazo al agua y quedó de temblón, tiró el espejo y quedó de raya; la cabeza cayó en la selva y fue danta, la cola cayó al agua y fue vaca marina. Fïzido había desaparecido otra vez con el golpe.

Jitoma caminó solo muchos días, hasta que en un bosquecillo de coquillos encontró un nido de picaflor con un huevecillo. Lo calentó junto al fogón y de ahí salió su hermano, que desde entonces se llamó Fïzido Jïzuma. Siguieron juntos y entraron en la maloca de Gïbokï, donde los cucarrones devoraron otra vez a Fïzido hasta dejarlo en huesos. Jitoma levantó entonces una maloca acolchada de algodón, con el piso nombrado de cera, convidó a los gïbokïaï al baile de inauguración y encargó a Ardilla alumbrar. Bastó una chispa. De los cucarrones solo se salvó uno, metido en el agujero que dejó el bastón de Chucha, y quedó condenado a comer excrementos y a vagar por la selva. Jitoma curó al Ratón, le donó la antorcha a la Ardilla de cola, y se instaló definitivamente en lo alto.

Yarokamena, el árbol y el gusano formidable: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un poder liberado para vengar un agravio deja de distinguir después entre culpables e inocentes.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Quien narró esta parte del ciclo fue Eudocio Becerra (Bigïdïma), nieto del Abuelo Belisario Hichamón y también de Pablo Bigïdïma, hablante de las variedades búe y mika y hoy lingüista de la Universidad Nacional. La versión llegó a Fernando Urbina Rangel en La Samaritana, Puerto Leguízamo, Putumayo, y Becerra sirvió a la vez de informante y, junto con Octavio García, de traductor del texto que él mismo había dado en lengua.

La fecha hay que corregirla. Las palabras del origen (2010) encabeza el capítulo once con «La Samaritana, Puerto Leguízamo, Putumayo, 1971» y repite en el introito que el primer contacto con Becerra se hizo en 1971. Pero el mismo capítulo se había publicado veinticuatro años antes, y mucho más largo, en Maguaré como «Un mito de la gente de Murui: de cómo se crió Yarocamena» (1986, pp. 47-65), y allí el encabezado dice «La Samaritana, Puerto Leguízamo, Junio de 1972», y la nota 7 insiste: «El contacto con Eudoxio se hizo en 1972 en la Samaritana». Esa publicación es la más cercana al registro, da el mes y acredita a los dos traductores que la edición de 2010 no menciona. Junio de 1972 es la fecha que debe leerse, y 1971 el año del primer encuentro con Becerra, no necesariamente el de esta grabación. La nota 1 de 1986 añade que el relato y sus comentarios formaban parte de un informe entregado en 1981 a la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República.

Ambas publicaciones lo clasifican como ïïgaï, historia de castigo, dentro de las bakakï o historias de antigua, y las dos recuerdan que el Abuelo Belisario Hichamón prohibió contarlo en su comunidad porque el episodio inicial podía servir de estímulo a la brujería amatoria. Urbina añade que el nombre Yarokamena lo tomó un jefe uitoto que encabezó la rebelión contra los caucheros, y que retomarlo equivalía a destapar la olla donde estaba guardada la violencia; esa lectura es suya y de sus interlocutores, no una glosa del propio relato.

Lo histórico lo documentan otras fuentes. Roberto Pineda Camacho reconstruyó en 1989, con testimonios witoto, murui, andoque y muinane, el combate de Atenas de 1917: la maloca blindada con bultos de caucho, el sitio y el incendio del techo. Fany Kuiru Castro, autora uitoto, dedica a esa rebelión el pasaje de las páginas 152-156 de La fuerza de la manicuera (2024), sitúa al jefe en el clan bofaizaɨ, reproduce el canto con que celebraban la muerte de un cauchero y recoge del jefe del clan jitomagaro que los bofaizaɨ «se valieron de la brujería para secar el río». Ninguna de las dos comenta el árbol ni el gusano: explican la historia a la que Urbina ata el nombre, no el mito.

Lo que falta: no hay edición bilingüe de esta versión. Las dos publicaciones son castellano, y la de 1986 solo puede leerse hoy en un escaneo con reconocimiento óptico que deforma los nombres propios.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está dentro del mismo pueblo y es medio siglo anterior. El mito noveno del corpus que Preuss dictó en 1914 en el Igará-Paraná, el de Mayari Buineima, tiene el mismo esqueleto: un árbol poderoso que mata a quienes lo atacan, unos gusanos prendidos del tronco, dos hermanos que van a buscar una fuerza prestada, uno de ellos deshecho por el rayo y devuelto a la vida desde un huevo de colibrí, y una casa de cucarrones incendiada al final. La diferencia importa: allí el árbol es asunto de los Muinani, no nace de un corazón enterrado bajo un totumo, y el poder se pide a Juziñamui en vez de arrancárselo por engaño a un dueño dormido.

La segunda comparación viene de una región más ancha. Pineda documenta en 1989 que la tradición circula con variantes entre witoto, muinane, andoque y bora, y en la forma que él resume el árbol vengador brota del hueso del brazo de Yarokanime, sacrificado después de que dos mujeres le robaran la piedra de cuarzo a Juragi-roke. El gusano y el reflejo de las armas son los mismos; el agravio que lo pone en marcha es un robo de poder y no un desprecio amoroso.

La tercera no es mítica sino de memoria histórica. En La historia jamás contada sobre la época del caucho, el bora Ramiro Coregoitsi narra «La batalla sangrienta en Atenas»: el jefe Gurai, del clan Illobei, convoca sin éxito a otros jefes, se atrinchera en una maloca cerca de Atenas y muere con los suyos cuando los caucheros incendian el techo. Stefano Pau señala que ese testimonio y el de Yarokamena comparten varios puntos de contacto y que la memoria del levantamiento se difundió más allá de los uitoto. Es un eco, no una variante: allí no hay árbol, ni gusano, ni Soles.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay una sola voz detrás de estas dos publicaciones, la de Eudocio Becerra, pero las dos no dicen lo mismo. La grafía es lo más visible: donde la edición de 2010 escribe Kïtobeni para el hijo y Kïtobeo para el padre, el artículo de 1986 escribe Jitobeo para el hijo y Jitobene para el padre, de modo que además del cambio de consonante inicial los sufijos cambian de dueño; y la nota 2 de ese mismo artículo lo llama «Quitobeo», una tercera forma. Lo mismo pasa con el gusano, Yarokaigïro en 2010 y Yarocaigüiro en 1986, con el hermano, Fïzido y Fisido, con el dueño del rayo, Améore y Ameore o Ameoiri, y con el cucarrón, Gïbokï y Guïbokï. Conviene no unificarlas: el artículo de 1986 solo se consulta en escaneo óptico y su reconocimiento deforma justamente la sexta vocal del uitoto.

  2. El final es el otro punto. Las dos publicaciones siguen más allá de la muerte del gusano: el huevo de picaflor del que renace el hermano con el nombre Fïzido Jïzuma, la maloca de Gïbokï donde los cucarrones vuelven a devorarlo, y la maloca de algodón y cera que Jitoma incendia para vengarlo antes de instalarse en lo alto. Ese remate va aquí en el relato, no aparte, porque es el cierre del mismo dictado y porque explica por qué la historia termina con el sol en el cielo y con un cucarrón maldito y solitario. Cortarla en la partición del gusano dejaría el ciclo sin desenlace.

  3. Hay además otras versiones del mismo argumento con otros narradores. En el corpus que Konrad Theodor Preuss recogió en 1914, el mito noveno, el de Mayari Buineima, trae el árbol yaroka contra el que luchan los Muinani, los gusanos prendidos del tronco, el rayo que destroza la cabeza del hermano, el huevo de colibrí del que renace y la gente cucarrón que lo devora en su maloca antes del incendio final. No hay allí ni Kïtobeni ni el corazón sembrado bajo el totumo: el poder se pide a Juziñamui. Preuss leyó todo eso como simbolismo lunar, tesis suya de aquellos años y no de quienes le dictaron.

  4. Pineda registra en 1989 una tercera forma, extendida con variantes entre witoto, muinane, andoque y bora: dos mujeres roban la yaroka a Juragi-roke y se la entregan a Yarokanime, que es sacrificado; el hueso de su brazo derecho, puesto en el puerto de una maloca, se vuelve árbol, y de ahí sale el gusano al que un Sol vence con el rayo robado al Trueno.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. Un mito de la gente Murui: de cómo se crió Yarocamena

    revistas.unal.edu.co

    Publicación del mismo capítulo veinticuatro años antes que «Las palabras del origen», y más larga: además del árbol y del gusano Yarocaigüiro llega a la derrota a manos de Jitoma y al destino de sus partes —el mazo arrojado al agua se vuelve temblón, el espejo raya, la cabeza danta y la cola vaca marina—, al huevo de picaflor del que renace el hermano con el nombre Fïsido Jizuma, y a un episodio final con Guïbokï y la maloca de algodón incendiada que la ficha publicada no recoge. Trae además veintitrés notas de Urbina que clasifican el relato como ïïgaï, «historia de castigo», y explican por qué el abuelo Belisario Jichamón prohibió contarlo: por ser estímulo para la brujería amatoria.

  4. Historia oral de una maloca sitiada en el Amazonas: aspectos de la rebelión de Yarocamena contra la Casa Arana, en 1917

    revistas.unal.edu.co

    Reconstruye con fuentes mayoritariamente orales el combate de Atenas de 1917: el jefe que tomó el nombre Yarokamena, la convocatoria a otros jefes, el sitio de la maloca blindada con bultos de caucho y su incendio por tropa peruana y caucheros. Es el suceso histórico al que Urbina ata el relato del árbol y el gusano, y lo que permite a la ficha sostener, sin inventarlo, que pronunciar ese nombre equivalía a «destapar la olla» de la violencia.

  5. La fuerza de la manicuera. Resistencia de las mujeres uitoto en la época del caucho

    mincultura.gov.co

    El capítulo «La rebelión de Yarokamena» (pp. 152-156), escrito por una autora uitoto, sitúa al jefe en el clan Bofaizaɨ con maloca en la sección de Atenas, reproduce en lengua el canto que entonaban al matar a un cauchero, describe el ambil preparado para convocar a otros jefes y recoge del jefe del clan Jitomagaro que los bofaizaɨ «se valieron de la brujería para secar el río». Cierra diciendo que los abuelos siguen analizando hoy en el mambeadero por qué fracasó. Es la lectura interna de por qué esa fuerza no debía liberarse, que la ficha atribuye hoy sólo a Urbina.

  6. Reseña de Rojas Paredes, R. y Acuña, Á.; Chirif, A. (ed.), «La historia jamás contada sobre la época del caucho. Dos testimonios indígenas»

    revistas.pucp.edu.pe

    Compara el testimonio del bora Ramiro Coregoitsi sobre la rebelión de Gurai con «el conocido relato de la rebelión de Yarocamena, la historia del levantamiento de un jefe huitoto que mezcla la realidad histórica con el mito», y señala que su memoria se difundió no sólo entre los uitoto sino también entre boras y andoques. Sirve para que la ficha diga que el ciclo desbordó los límites de una comunidad.

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«Yarokamena, el árbol y el gusano formidable» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Yarokamena, el árbol y el gusano formidable» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Yarokamena, el árbol y el gusano formidable» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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