Viva la libertad

Caribe · Mestizo

Viva la libertad

Henriqueta y Luis Felipe atraviesan la movilización independentista; el cuento hace coincidir el triunfo político de Cartagena con su desenlace amoroso.

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Viva la libertad: la entrada del relato

El relato

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El grito resonaba por todos los ámbitos de la ciudad, potente y alegre. El pueblo estaba volcado en las calles y corría de un extremo a otro para que nadie se quedara sin saberlo.

Pedro Romero se había lucido con la muchedumbre de Gimaní. Cumplió lo que había prometido: a eso de las diez, en la plaza de la Trinidad no cabía un alma, y de allí salió con el batallón de Los Lanceros en recorrido triunfal, por la plaza de San Francisco y atravesando calles y plazas hasta el palacio donde estaba reunido el Cabildo.

En los balcones los esperaban los caudillos. Oyeron a los dos tribunos del pueblo, Ignacio Muñoz y el presbítero Nicolás Mauricio Omaña, dieron su adhesión a todo lo pedido y leyeron el Acta: que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado Libre, soberano e independiente, absuelto de toda obediencia a la corona y al gobierno de España.

—¡Viva Cartagena de Indias!

Henriqueta gritaba con los demás, y el grito se le agarraba a las entrañas, pero tenía una espina clavada. Estaba mezclada en el grupo de mujeres bajo los portales y no veía que abrieran la cárcel donde tenían a su prometido.

A Luis Felipe lo habían acusado diez días atrás, la víspera misma de su matrimonio, los hermanos de Rita.

Era una historia increíble. Ellos dos se querían desde niños. En una fiesta a la que Henriqueta no pudo ir, él bailó unas piezas con Rita, y a la muchacha le bastó eso para sentirse autorizada a quedarse con tan buen novio. Como era de familia de las clases dirigentes, se las arregló para acercársele —él era oficial del batallón de Los Lanceros— y logró ponerlo bajo las órdenes de su padre. Cuando se vio vencida, porque él le anunció que se casaba el domingo tres de noviembre, consiguió testigos falsos que lo acusaron de enemigo del Rey de España y de haber abandonado su puesto de guardia.

De nada valió que el muchacho jurara que era mentira, ni que alegara que se casaba al día siguiente, ni que ella fuera a llorarle al gobernador. Ni siquiera la dejaron verlo. Sólo le anunciaron que el martes doce de noviembre sería juzgado.

Pero Henriqueta estaba en el movimiento, y en su casa sus padres y sus hermanos hasta guardaban armas. Llena de angustia, se acercó a uno de los cabecillas amigos.

—¿Y cuándo vamos a la cárcel, donde hay tantos patriotas?

Fue prender la mecha.

—¡Ahora mismo! —y volviéndose al pueblo, con voz potente—: ¡A la cárcel!

Se desbordaron como el agua. Forzaron las puertas, invadieron patios, escaleras y salones, abrieron todas las celdas y sacaron a la mitad de la plaza los aparatos de tormento y castigo. Con ellos hicieron una pira, y los restos del martirio de tantos acusados por sus enemigos iluminaron la tarde de ese lunes once de noviembre.

Henriqueta entró con sus hermanos y fue la primera en llegar a las mazmorras. Con barras, palos y hachas abrieron las puertas.

Allí estaba Luis Felipe, engrillado. Qué tristeza. Pero no había tiempo que perder y los hermanos supieron cómo librarlo de los hierros.

Salieron entre la turba, felices y sin acordarse de Rita, y se fueron con el Bando a oír la lectura del Acta en las esquinas que la costumbre destinaba a esos actos.

En una de ellas el pueblo corrió a asaltar la casa del capitán Eusebio Fuenmayor, realista irreductible y padre de Rita. Desde la muralla, los dos vieron correr a toda la familia de un tejado a otro hasta perderse en la fuga.

Pero era mucha la felicidad de la libertad para mancharla persiguiendo realistas. Se sonrieron y siguieron acompañando al Bando a leer el Acta Memorable.

Y cada vez más entusiasmados, gritaban:

—¡Viva la libertad!

—¡Viva el Estado soberano!

—¡Viva Cartagena de Indias!

Viva la libertad: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una felicidad recién ganada puede decidir que no quiere mancharse persiguiendo a los vencidos.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.423611° · -75.525278°

Ficha del relato

Contexto histórico

Hay un dato de esta leyenda que conviene poner por delante, porque cambia el crédito que merece su capa histórica. La autora da tres fechas con su día de la semana —domingo tres, lunes once y martes doce de noviembre de 1811— y las tres caen exactamente en ese día en el calendario de aquel año. No escribió de memoria: trabajó con un calendario delante.

La pieza ocupa los folios 400 a 402 del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», la antología que Eugenia Villa Posse compiló para el IADAP y que se publicó en Quito en 1993. Su sección veintiocho reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, y remite a las páginas 29 a 199 de la impresión que en 1982 hizo la Imprenta Departamental de Cartagena. Hay que distinguir esa impresión del libro: éste se publicó en 1962 en los Talleres El Marinero y volvió a imprimirse en 1979 con Colgráficas y en 1989 con Plaza & Janés, de modo que la fecha que cita la antología señala un ejemplar y no un nacimiento. La nota de procedencia, en el folio 359, presenta el conjunto como una recopilación de leyendas de la tradición oral de la población negra de la ciudad, con una redacción literaria del habla popular.

De todas las piezas de ese conjunto, ésta es la que menos distancia guarda con esa declaración. El motor del relato es la gente de Getsemaní movilizada por Pedro Romero, el preso es oficial de un batallón de lanceros y la escena pública no transcurre en salones sino en plazas. Aquí la ciudad popular y parda no está al fondo: es quien abre la cárcel.

Y hay una decisión de la autora que merece señalarse. Cuando llega el momento de reproducir el Acta, no la parafrasea: la entrecomilla y cita la fórmula del documento, con el «a la faz de todo el mundo» y el «de hecho y por derecho». Es el único lugar del conjunto donde se apoya en un texto oficial en lugar de escribir el suyo.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es documental y está en el propio suelo del relato. El asalto a las cárceles y la destrucción pública de los instrumentos de tortura es uno de los gestos más repetidos de las revoluciones atlánticas, desde la toma de la Bastilla en adelante: no se trata sólo de liberar presos, sino de quemar en la plaza los objetos con que el poder anterior hacía hablar a la gente. La autora escoge exactamente esa imagen —la pira en mitad de la plaza— para rematar la escena pública, por encima de la liberación misma.

El segundo parentesco es de cuento popular y explica la intriga menor: la pretendiente despechada que fabrica una acusación contra el hombre que la rechazó. Es el motivo de la calumnia por amor no correspondido, que la narrativa tradicional conoce desde muy antiguo, y que aquí funciona porque el aparato judicial del rey acepta testigos comprados sin preguntar.

El tercero es la renuncia a la venganza en el momento del triunfo, que tiene una larga tradición en la literatura sobre guerras civiles: el vencedor que podría cobrarse y no lo hace, y cuya grandeza se mide precisamente en lo que deja de hacer. Dentro del mismo conjunto de leyendas cartageneras, es el final más limpio: en «Una reunión clandestina» los protagonistas matan a dos realistas, y aquí, con la ocasión servida, miran desde la muralla y siguen su camino.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El relato mezcla lo que la historiografía sostiene con lo que la autora inventó, y la línea pasa por el medio de la misma tarde.

  2. Sostenido está el marco: la movilización desde la plaza de la Trinidad, el papel de Pedro Romero, los caudillos esperando en los balcones, los dos tribunos del pueblo y la proclamación. Composición suya son Henriqueta, Luis Felipe, Rita y el capitán Eusebio Fuenmayor, que no aparecen en ninguna otra parte. Y hay un tercer grupo, el de los episodios que el cuento narra como hechos y que aquí van como lo que el cuento cuenta y no como cosa establecida: el asalto a la cárcel esa misma tarde y la hoguera de los instrumentos de tormento en mitad de la plaza.

  3. El texto del Acta merece el mismo cuidado. Lo que se lee entrecomillado es la cita de la autora, y no se ha cotejado aquí contra el documento original; si alguien lo reproduce, lo reproduce por ella.

  4. Donde la pieza cambia de género es en la causa del preso. No hay represión política: hay una calumnia privada que usa el aparato realista. La denuncia la organizan los hermanos de una pretendiente despechada, con testigos falsos, y la fecha del juicio queda puesta para el día siguiente a la proclamación. Leerlo como persecución ideológica invierte el sentido de la trama y, de paso, borra por qué el desenlace es una renuncia.

  5. Porque el remate no es amoroso, aunque haya pareja. Es una decisión moral tomada desde una muralla: ven arder la casa del realista, reconocen a la familia que los arruinó y se apartan. El cuento subraya la frase —no manchar la libertad persiguiendo realistas— y se va con el Bando.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
8
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Son apenas tres folios, del 400 al 402, y son la única fuente del relato; traen además el dato que más crédito le da a su capa histórica: la autora da tres fechas con su día de la semana —domingo tres, lunes once y martes doce de noviembre de 1811— y las tres caen exactamente en ese día en el calendario de aquel año. No escribió de memoria. Sólo aquí constan Henriqueta, Luis Felipe, Rita y el capitán Eusebio Fuenmayor; la causa del preso, que no es represión política sino una calumnia privada organizada por los hermanos de una pretendiente despechada con testigos falsos y juicio fijado para el día siguiente a la proclamación; la pregunta con que ella desvía el motín hacia la cárcel y su entrada a las mazmorras; y el remate, que no es amoroso sino moral: ven arder la casa del realista, reconocen a la familia que los arruinó y se apartan para no manchar la libertad persiguiendo realistas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Es la pieza en que su nota de procedencia se acerca más a lo que el texto contiene, y eso convierte la nota en algo que se puede comprobar y no sólo declarar. El folio 359 sostiene que la sección veintiocho recoge leyendas de la tradición oral de la población negra de Cartagena con «una redacción literaria del lenguaje popular»; aquí el motor del relato es la gente de Getsemaní movilizada por Pedro Romero, el preso es oficial de un batallón de lanceros y la escena pública transcurre en plazas y no en salones. La ciudad popular y parda no está al fondo: es quien abre la cárcel. La antología es además el soporte por el que hoy se lee el libro de 1982 y lo que permite retirar la atribución a Martínez Fajardo.

  3. Fiestas de la Independencia (serie «cartapedia»)

    muhca.gov.co

    Documenta, fuera del cuento, casi todo el primer plano público del relato. El artículo narra a Pedro Romero al frente de los Lanceros de Getsemaní irrumpiendo el 11 de noviembre en la sala donde sesionaba la junta con el pliego completo de exigencias, fija la primera conmemoración en el 11 de noviembre de 1812 y registra que las fiestas se suspendieron durante el sitio de Morillo. La leyenda pone a sus personajes dentro de esa jornada y la fecha con día de semana correcto: la movilización desde la plaza, los caudillos en los balcones, los tribunos del pueblo y la proclamación son el marco que esta fuente sostiene.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Demuestra que el Acta de Independencia fue para esta autora un asunto propio y no un adorno de este cuento. La investigación patrimonial enumera entre los materiales suyos que reúne una narración titulada «La libertad. Acta de Independencia 1811», junto a sus libros de cuentos y sus obras de teatro, y recuerda que su trabajo sobre la historia de la ciudad le valió el ingreso a la Academia de Historia de Cartagena, de la que llegó a ser la única mujer que la presidió. Que sea precisamente aquí donde deje de escribir su propia prosa para entrecomillar un documento encaja con esa trayectoria.

  2. Acta de independencia de la Provincia de Cartagena en la Nueva Granada (hoja suelta, Imp. de Ruiz e Hijos)

    bibliotecadigitaldebogota.gov.co

    Es la hoja impresa que la autora entrecomilla, y el único modo de comprobar si citó bien. El impreso original de 1811, salido de la imprenta de Ruiz e Hijos y conservado en la Biblioteca Nacional de Colombia, es el acta con que la Provincia de Cartagena proclamó su separación, con su fecha, su pie de imprenta y las firmas de Ignacio Cavero como presidente, José María García de Toledo y Germán Gutiérrez de Piñeres entre otras. Es la pieza que el relato reproduce en vez de parafrasear —el único lugar del conjunto donde la autora se apoya en un texto oficial— y está aquí en facsímil digital y de libre acceso para quien quiera cotejar las fórmulas que ella pone entre comillas.

  3. Once de noviembre (Enciclopedia del Banco de la República)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Encadena los acontecimientos en que la jornada del relato encaja, y el nombre de la fuerza social que en él actúa. La entrada reconstruye la Cartagena de 1808 a 1815, narra la deposición del gobernador Montes por hombres de Getsemaní, Santo Toribio y Santa Catalina congregados armados ante el palacio donde sesionaba el cabildo, y documenta el Regimiento de Pardos Patriotas de Getsemaní bajo Pedro Romero. Sin esa continuidad —una ciudad que ya había derribado a un gobernador tres años antes— la escena de una multitud que cambia de rumbo y va a abrir una cárcel quedaría como capricho de la autora.

  4. Las mujeres en la guerra de Independencia en las provincias del Caribe colombiano, 1815-1822 (Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, n.º 40, pp. 134-168)

    redalyc.org

    Documenta el terreno en que se mueve la protagonista cuando entra a sacar a un preso. El artículo muestra, sobre documentación de archivo, a mujeres del Caribe neogranadino actuando como sujetos políticos: presentando peticiones, negociando con las autoridades y enfrentándose al Tribunal de la Purificación, como María Francisca Munive, que defendió a su marido encarcelado de lo que llamó una persecución arbitraria, o Juana Peñalosa, castigada con multas por la supuesta insurgencia de sus parientes. La mujer que en el cuento desvía un motín hacia la cárcel con una pregunta hace, en clave de leyenda, lo que esas otras hicieron con memoriales.

  5. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Pone escala a la ciudad que en el relato cabe entera en una tarde. El libro reconstruye la población de Cartagena sobre el censo de 1777 y la sigue hasta el desastre de 1815, y da la dimensión de una plaza en la que las plazas públicas, la cárcel, los balcones de los caudillos y la muralla desde la que la pareja mira el incendio están a minutos unos de otros; también fecha la catástrofe posterior —el sitio de Morillo y sus miles de muertos— que cierra el ciclo abierto en la jornada que el cuento celebra.

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«Viva la libertad» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Viva la libertad» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Viva la libertad» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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