Veinte para el bollo

Caribe · Mestizo

Veinte para el bollo

La versión heredada hace circular veinte centavos entre una necesidad inmediata y una decisión ingeniosa, hasta que el pequeño monto organiza el remate.

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El relato

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Tenía reloj y no tenía con qué. Ni cinco centavos en el bolsillo, pero el reloj ahí, puntual, dándole la hora a un hombre que no tenía nada que hacer con ella.

Salió para el mercado y en el camino se encontró veinte centavos. Se quedó parado, pensando el gasto con la seriedad que merece un capital único. Si compro queso, se gasta. Si compro el bollo, se gasta. Los dos caminos llevaban al mismo sitio, así que escogió cualquiera de los dos: compró el queso y se fue por la calle comiéndoselo, sin pan y sin prisa.

Al rato se le acercó otro hombre y le preguntó qué hora tenía.

El del queso lo miró, midió lo que le faltaba para que aquello fuera una comida completa y le contestó lo único que le venía a la cabeza:

Faltan veinte para el bollo.

Veinte para el bollo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien mide el tiempo con lo que le falta no da nunca la hora que le piden.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9.3° · -75.9°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento ocupa cinco frases en la página 257 y está rodeado de piezas igual de breves: en esa sola plana el volumen imprime, una tras otra, ésta, el caimán que se mete al agua para no mojarse, el diablo que quiere hacer palomitas y le salen murciélagos, y «La receta». Es la página más apretada del bloque y la que mejor muestra qué entendía el autor por chiste frente a cuento.

Lo que esta pieza aporta al conjunto es un remate de doble fondo construido con dos objetos de mercado. «Faltan veinte para el bollo» funciona a la vez como respuesta de reloj, con su cadencia de hora en punto, y como inventario exacto de lo que el hombre no tiene. El reloj, que aparece en la primera línea y no vuelve a mencionarse, es la pieza que hace posible la pregunta y por tanto la gracia entera: sin él nadie tendría motivo para dirigirle la palabra.

La transcripción conserva el razonamiento del personaje en estilo directo, con la repetición que lo caracteriza: «Si compro queso, se gasta. Si compro el bollo, se gasta». Esa simetría, que deja la elección sin argumento y sin preferencia, es lo que da al remate su tono de cálculo y no de ocurrencia. El hombre no improvisa: lleva toda la mañana haciendo cuentas con veinte centavos.

Resonancias con otros mitos

Dos piezas vecinas del mismo volumen comparten esta escala mínima. «Tio Sapo y Cangrejo», impresa dos veces e idéntica en las páginas 251 y 266, se resuelve en dos frases y en un solo remate hablado. «Un día estaba un caimán asoleándose», en la página 257, dura tres líneas y funciona igual: una premisa, un razonamiento defectuoso y una frase que lo cierra.

El segundo paralelo documentado está en el propio diseño del libro. El autor dedica secciones enteras a la expresión, en la página 181, y a la fórmula, en la 268, donde recoge frases hechas del Sinú con su sentido y su uso. «Faltan veinte para el bollo» pertenece a las dos familias a la vez: es el final de un cuento y es, en sí misma, una expresión que puede repetirse sola.

Hay un tercer parecido con «Este era un rey que tenía dos hijas bonitas», página 251, otra pieza de cinco frases cuyo peso descansa entero en el doble sentido de una sola palabra colocada al final.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El volumen imprime la pieza sin número de versión, a diferencia de otras del mismo bloque marcadas como segunda o tercera sin que aparezca la primera. Se conserva, por tanto, una sola toma de campo de un texto que dura menos de un minuto dicho en voz alta.

  2. La brevedad tiene consecuencias sobre lo que puede decirse del relato. No hay lugar ni fecha dentro del cuento, no hay nombre para ninguno de los dos hombres, y la única precisión numérica es la moneda encontrada. Todo lo demás está implícito: que el mercado queda cerca, que el bollo y el queso se comen juntos, que un reloj en un bolsillo vacío es una contradicción que a alguien le va a dar risa.

  3. El propio autor separa en su libro las dos escalas que aquí conviven. Las fórmulas fijas y las expresiones ocupan secciones aparte, en las páginas 268 y 181, mientras que los cuentos van en el bloque de la 237 a la 267. Esta pieza vive en la frontera: tiene una mínima trama —encontrar, deliberar, comprar, responder— pero su valor está en la frase final, que es la clase de material que el volumen recoge también como expresión.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
9
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el único registro y cabe en cinco frases de la página 257. De aquí sale todo lo que la ficha puede decir: el hombre que tiene reloj y no tiene ni cinco centavos, los veinte que se encuentra camino del mercado, el razonamiento que el libro transcribe en estilo directo y con su simetría intacta —«Si compro queso, se gasta. Si compro el bollo, se gasta»—, la compra del queso y el remate, «Faltan veinte para el bollo», dicho a quien le pregunta la hora. La plana que lo contiene es la más apretada del bloque: el volumen imprime ahí, una tras otra, ésta, el caimán que se mete al agua para no mojarse, el diablo que quiere hacer palomitas y le salen murciélagos, y «La receta».

  2. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Explica por qué una pieza de cinco frases entró en un libro de trescientas páginas y en qué sección. El prólogo enumera los géneros que la recolección levantó —refrán, expresión, copla y décima, adivinanza, cuento y leyenda, fórmula, apodo, toponimia, regionalismo— y recuerda que el archivo reunido pasaba del millar de piezas, de las que el volumen publica una selección. «Faltan veinte para el bollo» vive en la frontera de dos de esos casilleros: tiene la mínima trama que exige el cuento —encontrar, deliberar, comprar, responder— y a la vez es una frase que puede repetirse sola, como las que el libro recoge entre las expresiones y las fórmulas.

  3. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Da la escala de dinero en la que este chiste se entiende. El artículo describe la economía de los habitantes de las ciénagas y humedales del San Jorge y el Sinú, con su mezcla de pesca, agricultura estacional y jornal según suba o baje el agua, y una circulación monetaria menuda y estacional en la que el mercado del pueblo es el único sitio donde el efectivo cambia de manos. Veinte centavos encontrados en el camino son, en esa economía, un capital único que merece deliberarse, y por eso el cuento dedica dos de sus cinco frases a pensar el gasto.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. La economía del departamento de Córdoba: ganadería y minería como sectores clave (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, n.º 51)

    banrep.gov.co

    Documenta que la pobreza de este personaje es la regla y no la excepción en el departamento donde se le oyó. El trabajo se pregunta qué ha obstaculizado el desenvolvimiento económico de Córdoba y responde con la calidad desigual de los suelos, un régimen de lluvias que produce sequías e inundaciones, una productividad agrícola inferior a la media nacional, deficiencias educativas y un manejo defectuoso de las finanzas públicas territoriales. Un hombre con reloj y sin cinco centavos —es decir, con un resto de estatus y sin ingreso— es el retrato en miniatura de esa economía.

  2. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial, n.º 10)

    banrep.gov.co

    Reconstruye el mercado al que va el protagonista y lo que quedaba de él en los años de la grabadora. El trabajo muestra a Lorica como la población más próspera de la subregión del Sinú durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, puerta de entrada del río y escala obligada de las embarcaciones, con un comercio minorista levantado en buena parte por los inmigrantes sirios, libaneses y palestinos; y documenta después su decadencia, cuando la sedimentación del río y las carreteras troncales vaciaron el puerto y empujaron a los comerciantes hacia Montería, Barranquilla y Cartagena. El hombre que sale al mercado con veinte centavos camina hacia una plaza que ya había conocido tiempos mejores.

  3. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Pone cara a la clase de hombre que en este cuento no tiene ni nombre ni cinco centavos. El ensayo reconstruye, desde el archivo de la Fundación del Sinú en Montería, la organización campesina de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en las llanuras del Caribe durante los años setenta, con sus fotografías de asambleas, marchas y tomas de tierra. Ese es el reverso político del chiste: en la misma comarca y casi al mismo tiempo, la falta de veinte centavos dejaba de ser un remate gracioso y se organizaba.

  4. Tierra, conflicto y violencia en la reforma agraria: la zona bananera del Magdalena, Colombia (1961-1977) (Historia Agraria, n.º 92)

    historiaagraria.com

    Describe la institución que encargó y pagó el libro donde cinco frases sobre un hombre sin dinero quedaron impresas. El artículo reconstruye cómo operó el Incora en el Caribe colombiano entre 1961 y 1977 —compras de tierra, adjudicación por familias, empresas comunitarias fracasadas, endeudamiento, movilización de la ANUC y el giro de la redistribución a la modernización agrícola hacia mediados de los setenta—. Que un instituto de reforma agraria considerara conocimiento útil recoger el chiste de un hombre que no puede comprar el bollo y el queso a la vez dice qué se entendía entonces por conocer al campesinado.

  5. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Ayuda a entender por qué un texto de cinco frases sobrevivió a la criba. El perfil describe a un médico y antropólogo nacido en Lorica que hizo de la tradición oral popular el centro de su trabajo y que fundó Letras Nacionales para publicar lo que las revistas literarias no publicaban. Un recopilador con ese criterio no mide las piezas por su extensión: recoge una frase de mercado porque circulaba, y la imprime junto a un relato de ocho páginas sin jerarquizarlas.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Muestra lo poco que queda de una pieza que dura menos de un minuto dicha en voz alta. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar e interlocutor nombrado —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. De este chiste no hay cinta, no hay narrador y no hay pueblo: cinco frases impresas es literalmente todo lo que sobrevive.

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¿Así te la contaron?

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«Veinte para el bollo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Veinte para el bollo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Veinte para el bollo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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