Una reunión clandestina

Caribe · Mestizo

Una reunión clandestina

Miguel y Dolores participan en una reunión secreta por la libertad y exponen su relación, su seguridad y su futuro a la represión política.

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El relato

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Corría Miguel bajo el cielo de relámpagos, con la capa al aire, por unas calles desiertas. Llevaba un recado de don José María García de Toledo para los patriotas reunidos en cierta casa del barrio de San Diego: que se disolviera la reunión enseguida, porque los habían denunciado y andaban comisiones buscándolos.

Y lo empujaba otra cosa igual de fuerte. La casa en ruinas la había propuesto doña Dolores para arsenal y punto de reunión, y de seguro estaría ella custodiando el portón, vestida de paisana, para abrir sólo a quien dijera la contraseña. La casucha, en la calle de la Tablada, colindaba con la mansión de ella, en la plaza de Santo Toribio, y bajo el paredón habían abierto un túnel.

En una esquina le salió al paso un alguacil y le preguntó por qué se alejaba tan deprisa del barrio de su casa.

—¡Esta tempestad, que va a atarme sin un libro con que entretener el tedio! —contestó a gritos, sin aflojar el paso.

La respuesta le sonó absurda, porque era sabido que el muchacho tenía el cuarto atestado de librotes. Corrían los primeros días del mes de noviembre de 1811. Cuando aparecieron dos guardias a caballo preguntando por una reunión clandestina, dijo lo que había visto.

—¡Bruto! ¿Y no le habéis seguido? Es hermano de Luis y Bernardo Fernández.

Miguel oyó los cascos detrás. Silbó el santo y seña y le abrieron al instante.

—Dolores, hay que disolver la reunión. Retiraos vos la primera, para que no aparezcáis mezclada.

—Me conocéis bien. Si es el caso, moriré con vosotros por la libertad de Cartagena de Indias.

—Entrad al sótano y decidles que se escapen por el túnel. Ahí están vuestros hermanos y el mío, y don Manuel Rodríguez Torices, don José María Portocarrero, don Manuel del Castillo y Rada, don Ignacio Cavero, don Domingo Granados, don José María del Real, don Germán Gutiérrez de Piñeres, don José Fernández de Madrid. Habrá cabildo abierto y se leerá el Acta de Independencia. ¡No más tratarnos de criollos!

Entregó la navecilla del sótano y se volvió a la puerta.

—¿Se les ofrece algo a los señores?

—Abrid enseguida, en nombre de su Majestad.

—¿De su Majestad? —dijo ella, risueña—. Habláis de una Majestad que le ha cedido gustosa su silla al francés Pepe Botellas. Decidme más bien que os abra por orden vuestra, que no es justo que esta lluvia os empape.

El capitán se ablandó con la lisonja y le preguntó cómo se llamaba. Ella dio un nombre que no era el suyo y le pidió que no hablara recio, porque su madre estaba enferma. Abajo, mientras tanto, los reunidos salían por el túnel hacia el traspatio vecino.

Los realistas entraron con orden de requisar. El capitán se acercó despacio, le dijo que no lo harían y quiso tomarla del brazo.

—¿Así cumplís las órdenes que os dan esos infames?

—¡Respetad, si no queréis que os tome por la fuerza!

Miguel sacó una espada del armario que servía de arsenal y abrió la puerta.

—Respetad vos a esta doncella. Defendeos.

Se trabó el desafío. El teniente desenvainó también, y el capitán le ordenó que corriera al cuartel a dar parte. Dolores no lo pensó: le apuntó con una pistola y le disparó al corazón antes de que abriera el portón.

El duelo salió al patio. Miguel lo desarmó y no lo remató.

—¡Tomad la espada! No es así como deseo venceros.

El otro la recogió y atacó con furia, hasta hacerle retroceder.

—Miguel, ¿qué os pasa? ¡Arremeted pronto, porque deseo deciros cuánto os amo!

Al muchacho le entraron bríos nuevos. Empujó al capitán contra la tapia y lo atravesó por el pecho. El hombre resbaló hasta el suelo sin una queja.

En la calle resonó un tropel de caballos y voces que ordenaban denunciar la reunión. Los dos entraron al túnel mientras empezaban a golpear la puerta.

Una reunión clandestina: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Distraer a quien golpea la puerta puede costar mucho más que abrirla.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.42699° · -75.54846°

Ficha del relato

Contexto histórico

La leyenda se fecha sola, y por partida doble. Dice que corrían los primeros días del mes de noviembre de 1811, lo repite unas páginas más adelante y anuncia lo que va a pasar: cabildo abierto y lectura del Acta de Independencia. Está escrita, por tanto, en la víspera del once de noviembre, mirando hacia él.

Se lee en los folios 390 a 395 del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», antología de Eugenia Villa Posse publicada por el IADAP en Quito en 1993. La sección veintiocho de ese volumen reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, y declara que toma de él las páginas 29 a 199 tal como las numera la tirada cartagenera de la Imprenta Departamental, de 1982. Esa tirada es la tercera del libro por orden de fecha: el primero salió en 1962 de los Talleres El Marinero, y quedan por medio las reediciones de Colgráficas, de 1979, y de Plaza & Janés, de 1989. En la misma nota, la compiladora afirma que el conjunto recoge leyendas de la tradición oral de la población negra de la ciudad y advierte que los textos ofrecen una redacción literaria del lenguaje popular.

Esa advertencia hace falta aquí más que en ninguna otra pieza, porque el relato mete en un sótano, y nombrados uno a uno, a ocho hombres que existieron y que la historiografía de la Independencia de Cartagena documenta. La reunión, el túnel, la contraseña y los dos muertos son de la autora. Los apellidos, no. Quien lea esto como acta de una junta se equivoca de género, y la nota de procedencia lo dice con todas las letras.

Del origen que esa misma nota reclama para el conjunto, esta pieza no conserva nada visible: el conflicto es entre criollos y peninsulares por la corona, con la queja de que a los nacidos en el país se los trata como esclavos y apenas se les concede ir al Cabildo, y no aparece en escena ninguna persona negra. Es lo que afirma la antología frente a lo que contiene el texto, y aquí se dejan las dos cosas dichas.

Queda un rasgo de construcción que la obra sí aporta y que conviene señalar: el reparto de papeles. La casa la propuso ella, la puerta la guarda ella, el nombre falso lo inventa ella y el primer muerto lo pone ella. Él llega con un recado.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es de género y explica la forma del relato: esto es una capa y espada trasplantada a la Independencia. El repertorio está entero —la casa con pasadizo, la contraseña, la dama disfrazada de paisana, el galán que llega corriendo bajo la tormenta, el duelo a muerte bajo la lluvia— y hasta el gesto más reconocible del código caballeresco, el vencedor que ordena a su rival recoger la espada para no matarlo desarmado. Ese detalle viene del teatro áureo español y de la novela histórica del siglo XIX, y aquí sirve para separar al patriota del realista sin que nadie lo explique.

El segundo parentesco es histórico y da cuenta de la protagonista. El papel de las mujeres criollas en las conspiraciones neogranadinas está documentado: casas prestadas para juntas, correos, escondites, avisos, armas guardadas. La leyenda lleva ese papel hasta el final y le pone un cadáver encima, cosa que las crónicas rara vez hacen. También en «Viva la libertad», de la misma autora, es una mujer quien desvía un motín hacia la cárcel con una sola pregunta.

El tercero es de mote. Llamar «Pepe Botellas» a José Bonaparte fue una burla popular corriente en la península y en América durante la ocupación francesa, y en esta escena funciona como argumento jurídico: si el rey cedió el trono, la orden que se da en su nombre no vale nada. Un apodo de coplero le sirve a la autora para desarmar a un capitán.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto trabaja en dos planos y la diferencia entre ellos no es de matiz. El primero es comprobable fuera del cuento: la fecha, el clima político de los días previos al once de noviembre, el cabildo abierto, el Acta, el papel de José María García de Toledo y la existencia de Manuel Rodríguez Torices, Manuel del Castillo y Rada, Ignacio Cavero, José María del Real, Germán Gutiérrez de Piñeres y José Fernández de Madrid. El segundo es escena: la casa en ruinas con sótano y arsenal, el túnel bajo el paredón, el santo y seña silbado en el portal, el duelo y el disparo.

  2. En el medio quedan los personajes que actúan. Miguel, sus hermanos Luis y Bernardo, Dolores y su hermano existen sólo en estas páginas. La autora los emparenta con apellidos reales —los Fernández con José Fernández de Madrid—, lo que produce el efecto de crónica sin que haya nada que permita identificarlos fuera del relato. Se citan, pues, como lo que son: personajes.

  3. Hay además un detalle que ninguna lectura debería suavizar, porque es el que desencadena todo. El capitán no comete un desaire de salón: amenaza con tomarla por la fuerza, y el texto lo escribe sin atenuantes. De ahí salen la espada de Miguel y la pistola de ella.

  4. Y conviene decir dónde se detiene la fuente. El cuento no termina en boda ni en captura: termina con los dos entrando al túnel mientras la tropa golpea la puerta, y la suerte de ambos queda abierta. Cerrar ese final —hacia la represión o hacia el matrimonio— sería añadirle a la autora un desenlace que no escribió.

  5. Como en el resto del conjunto, lo que hoy se puede consultar es la reproducción parcial de 1993; ni la edición de 1962 ni la impresión de la Imprenta Departamental están digitalizadas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
8
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Llena los folios 390 a 395 y es la única fuente del relato, incluida su doble fecha —los primeros días de noviembre de 1811, repetida unas páginas después— y su anuncio de lo que viene: cabildo abierto y lectura del Acta de Independencia. Sólo aquí constan la casa en ruinas con sótano y arsenal, el túnel bajo el paredón, el santo y seña silbado en el portal, la amenaza del capitán de tomarla por la fuerza —que el texto escribe sin atenuantes y de la que salen la espada y la pistola—, el duelo bajo la lluvia y los dos muertos. Y sólo aquí consta el reparto de papeles que el resumen heredado había invertido: la casa la propuso ella, la puerta la guarda ella, el nombre falso lo inventa ella y el primer muerto lo pone ella; él llega con un recado. El relato termina con los dos entrando al túnel mientras la tropa golpea la puerta, sin resolver la suerte de ninguno.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Aquí su advertencia hace más falta que en ninguna otra pieza del libro, y por eso la nota entra como fuente. El folio 359 declara que la sección veintiocho reproduce las páginas 29 a 199 de «Al filo de la leyenda» y que sus textos «ofrecen una redacción literaria del lenguaje popular»: es la única salvaguarda que tiene el lector frente a un relato que nombra uno a uno a José María García de Toledo, Manuel Rodríguez Torices, Manuel del Castillo y Rada, Ignacio Cavero, José María del Real, Germán Gutiérrez de Piñeres y José Fernández de Madrid, y los sienta en una reunión que nunca ocurrió. Quien lea esto como acta de junta se equivoca de género, y la antología lo dice con todas las letras. Es también lo que permite retirar la atribución a Martínez Fajardo.

  3. Once de noviembre (Enciclopedia del Banco de la República)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Documenta la víspera que el relato dramatiza y la ciudad que se movía en ella. La entrada reconstruye la Cartagena de 1808 a 1815 y refiere la deposición del gobernador Montes por hombres de Getsemaní, Santo Toribio y Santa Catalina que se congregaron armados con machetes ante el palacio donde sesionaba el cabildo, hasta que éste votó la destitución y el gobernador fue deportado a La Habana; y registra el Regimiento de Pardos Patriotas de Getsemaní bajo Pedro Romero. Es el suelo real de la queja que en el cuento se oye en el sótano: que a los nacidos en el país se los trata como esclavos y apenas se les concede ir al Cabildo.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Acta de independencia de la Provincia de Cartagena en la Nueva Granada (hoja suelta, Imp. de Ruiz e Hijos)

    bibliotecadigitaldebogota.gov.co

    Es el documento hacia el que corre el relato, y el que permite comprobar a los hombres que la autora sienta en el sótano. El impreso original de 1811, salido de la imprenta de Ruiz e Hijos y conservado en la Biblioteca Nacional de Colombia, proclama la separación de la Provincia de Cartagena y lleva las firmas de quienes la decidieron, entre ellas las de Ignacio Cavero como presidente, José María García de Toledo y Germán Gutiérrez de Piñeres: tres de los ocho nombres que el cuento reúne en una casa en ruinas días antes. Los hombres existieron y firmaron; la reunión, el túnel y la contraseña son de la autora.

  2. Fiestas de la Independencia (serie «cartapedia»)

    muhca.gov.co

    Aporta el desenlace público que el relato deja fuera de cuadro, a dos días de distancia. El artículo narra a Pedro Romero al frente de los Lanceros de Getsemaní irrumpiendo el 11 de noviembre en la sala donde sesionaba la junta, con el pliego completo de exigencias, fija la primera conmemoración en el 11 de noviembre de 1812 y registra que las celebraciones se suspendieron durante el sitio de Morillo. La leyenda se detiene en la víspera; esto es lo que pasó después, y es lo que hace comprensible que en el sótano se dé por descontado el cabildo abierto.

  3. Las mujeres en la guerra de Independencia en las provincias del Caribe colombiano, 1815-1822 (Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, n.º 40, pp. 134-168)

    redalyc.org

    Mide qué tan lejos va esta leyenda respecto de lo documentado sobre las mujeres de su clase y su ciudad. El artículo, construido sobre archivo, sostiene que en estos años las mujeres del Caribe neogranadino actuaron como sujetos políticos autónomos: presentaron peticiones, defendieron intereses familiares, negociaron con autoridades coloniales y republicanas, abastecieron ejércitos, escondieron gente y litigaron después ante el Tribunal de la Purificación. Todo eso sostiene a la protagonista hasta el penúltimo párrafo. Lo que el archivo no registra —y la leyenda sí— es a una criolla disparando a un teniente en el portal de su propia casa.

  4. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Documenta que el once de noviembre no es en esta autora un escenario ocasional sino un asunto recurrente, y describe la fiesta a la que el relato mira. La investigación patrimonial analiza otro texto suyo, «11 de noviembre fantástico», ambientado en plena celebración de la Independencia y recorriendo la Plaza de los Coches, la calle de las Carretas, las calles de Badillo y la plaza Fernández de Madrid; y reconstruye, apoyándose en Ruz y Abello, que las fiestas del 11 de noviembre existen desde 1811 y se institucionalizaron en 1846, con actos gubernamentales y eclesiásticos, himnos, discursos patrióticos y desfiles junto a cumbia, gaitas, bullerengue, mapalé y fandangos. La víspera que aquí se cuenta es la antesala de esa liturgia cívica.

  5. La reconquista de Cartagena: Estampas de su martirio (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 7, n.º 10, pp. 1801-1803)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Sirve para medir, desde el otro extremo, lo que estaba en juego en ese sótano. El ensayo narra la reconquista española de 1815: la escuadra de Morillo fondeando en los primeros días de agosto, los 10.642 veteranos peninsulares, los términos de rendición rechazados, el bloqueo cerrado por tierra y mar para rendir la ciudad por hambre, y el detalle del hambre —carne y harina podridas, bacalao rancio, caballo y burro en salmuera, perros, ratas, el cuero de las correas y los taburetes—, citando a Lino Pombo. Cuatro años después de la noche que el cuento inventa, los que firmaron aquello pagaron así.

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«Una reunión clandestina» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Una reunión clandestina» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Una reunión clandestina» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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