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Un perro, una cabra y Beda Tiger

El relato resalta la astucia del perro al usar una olla como señuelo para escapar del tigre en la historia de Providencia.

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Ilustración de Un perro, una cabra y Beda Tiger

En el corazón profundo de una selva ceñida por el canto incesante de los insectos y el murmullo de los árboles, dos incansables viajeros se desplazaban lentos pero seguros. Un zorro de ojos zafiros, desconfiado del destino, y una luna traviesa disfrazada de cabra, que bailaba al ritmo del destino incierto. La lluvia caía copiosa sobre ellos, cubriéndolos con un manto de gotas brillantes que se deslizaban como estrellas fugaces por sus pelajes. En sus almas, la noche tejía una trama tornasolada de esperanzas y temores, generando un murmullo de secretos compartidos entre susurros invisibles.

Mientras los relámpagos pintaban fugaces caminos de luz en el cielo, vislumbraron una casa en la distancia, una casa que sobresalía del manto oscuro como una lanza de promesas. Tan pronto como la cruzaron, la entrada crepitó como si un fantasma desenrollara su espalda. Allí, aguardaba un tigre de sonrisa tan ancha como el mismísimo amanecer, su mirada ardía con una bienvenida teñida de intenciones ocultas. La casa del tigre era en sus entrañas un caleidoscopio de sombras y luces, un lugar donde el tiempo se atolondraba entre paredes de madera perfumada.

El tigre los acogió con una hospitalidad que vibraba entre las cuerdas de su alma hambrienta. Con cortesía inquietante, les ofreció calor y amparo, toallas suaves como el rocío recién caído, batas de piel que olían a antiguas nostalgias, y un té cuyo aroma tentador llenaba el aire con promesas de seguridad y bienestar. Recalentándose junto al fuego, los viajeros sintieron cómo la desconfianza se difuminaba como el vapor del té que sostenían entre sus patas.

—Esta noche no será como las otras —dijo el tigre, con la voz ronca que resonaba como un acorde reverberante de su violín.

Sacó dos instrumentos; el violín para él, y el tambor, que entregó al perro, criatura de instinto agudo disfrazado detrás de un rostro bonachón. Comenzaron a tocar, las notas del violín se elevaban y caían como hojas de otoño, mientras el tambor marcaba el ritmo de un diálogo ancestral que se tejía en el aire entre ellos.

—Dame Patrón, dame Patrón, con Beda tenemos suficiente... —cantó el tigre, su voz entrelazada en notas de promesas quebradas.

Perro respondió, sus baquetas resonando como el trueno que precede a la tormenta:

—Eso crees tú, eso crees tú, mentiroso, mentiroso...

Cabra, esquelética, pero imparable en su danza, se movía al compás de aquella música preñada de advertencias y esperanzas.

La música menguó con la hora tardía, y se retiraron a descansar. El tigre, satisfecho con su astuta espera, se dejó caer en la inconsciencia del sueño. Pero perro, como el vigilante de un susurro, no podía cerrar los ojos, su mente revoloteando entre sombras que la vela no osaba disipar. Sabía que quedarse en la casa del Tigre sería rendirse al destino decidido por otro.

De madrugada, mientras el sueño todavía reclinaba su manto sobre los ojos del tigre, perro despertó a cabra, un llamado suave como un aullido entre los vientos.

—Vámonos, algo no huele bien...

Como espíritus en fuga, se deslizaron fuera de la casa antes de los primeros rumores del alba. Regresaron a la selva, un lugar incierto donde las huellas desaparecían bajo la mirada vigilante de las hojas.

Cuando el tigre por fin despertó, la furia restalló en su pecho como un relámpago furioso. Lanzó un rugido que hizo temblar los arbustos y emprendió su caza, sus pasos una sinfonía desbocada de desesperación frustrada.

El bosque se hacía eco de su ira, y la persecución condujo a los viajeros a la orilla de un río tortuoso, sus aguas negras como las profundidades de una pesadilla antigua. Perro cruzó el río con un salto resuelto, entregándose a las corrientes con la destreza de un lobo marino. En cambio, la cabra palideció ante el agua, quedándose atrapada entre el murmullo del río y el rugido creciente del tigre.

Entonces perro discernió una olla vieja y roída al borde del río, y la inteligencia rugió en su mirada como un fuego nuevo:

—¡Métete debajo de la olla!

Cabra obedeció, convirtiéndose en un susurro silente, mientras el tigre, al llegar, observó al perro al otro lado del río sin atrever a cruzarlo. Con palabras astutas, perro le lanzó un reto al tigre:

—Si deseas secar el río para capturarme, arroja esa olla sin abrirla.

El tigre, cegado por el deseo y el miedo, tomó la olla y, con un impulso desesperado, la lanzó al otro lado. En esa fracción de segundo, cabra emergió con un balido victorioso y saltó al otro lado, dejando al tigre mirando el río que seguía tan lleno y oscuro.

Tigre, humillado y engañado por su propio voraz deseo, expuso sus colmillos en una sonrisa iracunda, dándose cuenta de su error:

—Señor, me pusiste la comida en las manos y la dejé ir…

Y así quedó el tigre, en la orilla del río, con sus sueños de cacería frustrados mientras perro y cabra se perdían en la lejanía, sus siluetas evaporándose en el horizonte de una libertad que había burlado al ocaso. En aquel día, el río se convirtió en la frontera de una historia que los envolvía, reafirmando que incluso en la selva, los sueños pueden ser más astutos que la mismísima verdad.

Historia

El mito tiene su origen en las tradiciones orales de los pobladores de Providencia, en Colombia, quienes hablan una lengua denominada creole. La narrativa trata sobre un perro y una cabra que, atrapados por la lluvia y la noche, buscan refugio en la casa de un tigre. El tigre, aparentemente hospitalario, planea aprovecharse de ellos, pero el perro, precavido, se da cuenta del plan y, junto con la cabra, escapan. Cuando el tigre se da cuenta de que han huido, los persigue hasta un río. Con astucia, el perro logra engañar al tigre para que no capture a la cabra, usando una olla como señuelo. El mito destaca temas de astucia y eludir el peligro, elementos comunes en las leyendas folklóricas.

Versiones

Las dos versiones del mito sobre el perro, la cabra y el tigre comparten la estructura narrativa básica, pero presentan diferencias estilísticas y de detalle significativas. En la primera versión, el enfoque es más directo y conciso, con un tono casi oral que evoca la tradición de los cuentos populares. El relato se centra en la secuencia de eventos, donde los personajes encuentran refugio del clima en la casa del tigre y participan en una velada musical. La resolución del conflicto, en la que el perro y la cabra escapan del tigre, se basa en un juego de astucia y un entendimiento implícito entre los personajes, destacando el ingenio del perro mediante el uso del tambor.

Por otro lado, la segunda versión es más rica en detalles descriptivos y desarrolla un contexto más profundo, probablemente dirigido a una audiencia más moderna o literaria. Se hace hincapié en las emociones y reacciones de los personajes: el frío y el miedo de la cabra y el perro, y la planificación calculadora del tigre. Aquí, el perro y la cabra parecen ser más conscientes del peligro del tigre desde el principio. Además, la representación del tigre es ligeramente más elaborada, mostrando una dualidad entre su hospitalidad inicial y su verdadera intención. Finalmente, el desenlace mantiene el punto central del ingenio, pero se ofrece a través de un diálogo más extenso y un ambiente más tenso, subrayando la astucia del perro y la ayuda mutua entre los compañeros animales. Esta versión hace un uso más elaborado del lenguaje, lo que provoca una experiencia de lectura más inmersiva y emocional.

Lección

La astucia puede superar la fuerza bruta.

Similitudes

Se asemeja al mito de 'El lobo y los tres cerditos' por el tema de la astucia y el engaño, y al mito de 'El zorro y el cuervo' por el uso de la inteligencia para evadir el peligro.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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