AndinaMestizoJosé María Mantilla

Un libertador piedecuestano

El General José María Mantilla, un ferviente defensor de la independencia, es recordado por su integridad y lealtad a la causa republicana.

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Ilustración de Un libertador piedecuestano

En un rincón apartado de la historia, donde los vientos del tiempo susurran secretos a los ríos y las montañas, nace la figura del General José María Mantilla, un hombre de quienes decían que llevaba la libertad tatuada en el alma y los ecos del trueno en sus pasos. De la villa de Piedecuesta, en la antigua provincia de Pamplona, se alzó con apenas diecisiete años, cuando el grito de independencia estalló desde las entrañas mismas de la capital del virreinato, resonando como un eco divino que sacudía el polvo de las viejas cadenas.

Los antiguos de la tierra cuentan que Mantilla escuchaba las voces de sus ancestros en el vuelo de los cóndores, y que fue este canto el que lo impulsó a unirse al primer batallón de la Unión el 20 de julio de 1810, pisando un sendero iluminado por la pólvora y la esperanza. Rápido en espíritu y acción, el joven Mantilla avanzó por las filas del ejército, como si el tiempo torciera su curso para concederle el rango de general por derecho divino, y no por títulos humanos.

Junto al entonces brigadier Simón Bolívar, las campañas de Angostura, Taguanes, Bárbula, y otros lugares cuya geografía se plegaba ante sus hazañas, lo vieron emerger como una figura mítica, casi invulnerable al plomo enemigo. Cuando los terrenos difíciles de San Carlos dejaron de sostener la esperanza de Rafael Urdaneta en julio de 1814, Mantilla, ya capitán, se unió en retirada, perseguido por los españoles liderados por Calzada y Ramos. Había quienes murmuraban que las sombras al atardecer eran alargadas no por el sol, sino por el rastro indomable que su ejército dejaba tras de sí.

En compañía de Manuel Serviez, y más tarde al frente de la guerrilla de Nonato Pérez, se adentró en Casanare y los Llanos, tierras donde el lodo y el fuego se entremezclaban en danzas mortales. Fue prisionero de los españoles en un octubre de 1818 en que los vientos susurraban traición; y sin embargo, en un acto que hablan con reverencia y temor los ríos caudalosos, sublevó a sus captores al ardoroso grito de "libertad". Liberado, no por mano ajena sino por el espíritu indomable que lo poseía, resurgió como un ave fénix, tomando los senderos de Pamplona con la maestría de un arpista que finalmente encuentra la melodía única que sobrevivirá al tiempo.

En el Magdalena, su presencia fue canción y guerra; luego, en Maracaibo, en Ocaña, y en otras campañas, su ingenio militar y su corazón ardiente labraron senderos despejados del yugo español. Como jefe del Estado Mayor de Boyacá, su empeño fervoroso logró que Maracaibo, como eco de su liderazgo, sucumbiera a la causa patriota en 1823.

El fin de la revolución no fue la última página en su libro de sorpresas. El General, destituido de ambiciones personales y devoto al ideal republicano, se adentró en la urdimbre política como quien entra a un bosque conocido; su voz, aunque sencilla, era un instrumento afilado que resonaba en los consejos del gobierno con la certeza de los vientos que anuncian tormentas. Varios años después, cuando la facción del batallón "Callao" amenazó la capital en 1831, Mantilla ya era quien tejía y deshacía las tramas, restableciendo el orden y manteniendo fiel la bandera de sus convicciones.

En su retiro, nunca fue olvidado ni dejó de ser un faro para sus compatriotas. Gobernador de Bogotá en 1840 y 1850, sufría, sin embargo, de los vientos de cambio que predispusieron a la revolución artesanal y la guerra civil de 1854. Participó con fervor, y su título de General y su pensión de 600 pesos se desvanecieron como la niebla ante el sol. No obstante, ninguna sombra de deshonra se posó sobre este hombre cuya figura era sinónimo de lucha continua por el pueblo que consideraba su familia.

José María Mantilla murió el 22 de enero de 1860, un año después de que sus méritos fueran finalmente reconocidos y su pensión de guerra restituyera algo de dignidad a sus últimos días. Se decía que en su sepelio, el cielo se oscureció en aprobar su paso y que de las montañas emergieron las voces de las victorias de ayer, como una letanía para el guerrero que no necesitó más escudo que su fe en la libertad. El presidente Mariano Ospina había escrito: “Sirvió en la grande guerra de nuestra emancipación desde el principio hasta el fin, y ha figurado como militar y como hombre político en todos los grandes acontecimientos de que ha sido teatro la Nueva Granada. Hoy se halla anciano y pobre…”. Así, las colinas, en esos días, parecían más bajas, inclinándose como en respeto hacia el hombre que marchó su larga caminata hacia la eternidad, dejando tras de sí más que eventos grabados en la piedra; dejó la huella de un mito forjado en la fragua del amor por la tierra y su gente.

Historia

El mito parece centrarse en la figura del General José María Mantilla, un ferviente defensor de la independencia que sirvió en varios conflictos importantes desde el inicio de la emancipación del dominio español. Este relato lo describe no solo como un soldado capaz y determinado, sino también como una figura política influyente, que mantuvo ideales democráticos y republicanos en sus actividades, tanto militares como políticas. Destacado por su integridad y lealtad a la causa de la independencia, su vida fue marcada por momentos heroicos, como su escape de la captura española, y su dedicación constante a servir al pueblo incluso en la pobreza. Sin embargo, estos relatos quizás adquirieron matices míticos debido a su constante representación como un líder irresistible y comprometido, un patriota dispuesto a cualquier sacrificio por el bien de su nación.

El origen del mito, por lo tanto, se parece basar en una mezcla de su actuación histórica durante las luchas de independencia, sus diversas posiciones en el gobierno y la influencia que ejerció en el ámbito político y social del momento, combinados con el reconocimiento póstumo demostrado mediante la restitución de sus derechos y pensión casi al final de su vida.

Versiones

En la versión completa del mito de José María Mantilla, se observa un extenso recorrido que abarca desde su temprana incorporación a la lucha por la independencia hasta su papel en la política durante la formación de la república. La narrativa detalla su progreso en el ejército, resaltando múltiples campañas y batallas significativas, así como su detención y eventual escape del cautiverio español. Se hace especial énfasis en su contribución a diferentes campañas y su ascenso progresivo dentro de las filas patriotas, culminando con su participación en cargos políticos importantes después de las guerras de independencia. Además, se destaca su perfil como un orador influyente en la política parlamentaria y su carácter profundamente democrático y republicano.

En contraste, una versión condensada o modificada podría centrarse exclusivamente en aspectos particulares de su carrera, omitiendo, por ejemplo, sus múltiples cargos administrativos o su entorno cultural y político. Podría enfatizar solo las campañas militares más conocidas, como su participación con Simón Bolívar, o resumir su papel político con una generalización sobre su influencia post-independencia. También es posible que otras versiones limiten su narrativa al ámbito militar, minimizando su declive político y económico en años posteriores, especialmente la pérdida de su rango y beneficios debido a su involucramiento en eventos de 1854. Finalmente, la forma de presentar su oratoria y liderazgo puede variar, presentando a Mantilla bien como un líder militar ejemplar o como un actor político cuyas intervenciones fueron decisivas en ciertos momentos de la historia de Nueva Granada.

Lección

El verdadero liderazgo se basa en el sacrificio y la dedicación al bien común.

Similitudes

Este mito se asemeja a las historias de héroes griegos como Aquiles, por su valentía y sacrificio, y a los relatos de héroes chinos como Yue Fei, por su lealtad y dedicación a la patria.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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