Un anónimo

Caribe · Mestizo

Un anónimo

Antonio recibe un mensaje anónimo y entra con Carlota en actividades revolucionarias vinculadas a la causa de Bolívar, entre secreto, afecto y riesgo.

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Un anónimo: la entrada del relato

El relato

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Volvió a leer el papel y lo miró por todos lados buscando quién podía haberle escrito aquello. Y por qué. Hacía tanto que daba por terminada cualquier ilusión. Pero no: a Carlota no se la podía olvidar.

Decía el anónimo que si deseaba verla de cerca y hablarle, concurriera esa noche a la tertulia de las Moncada.

Ella había sido su novia, la única, y la casaron con otro mientras él estudiaba derecho en el Colegio del Rosario de Santa Fé de Bogotá. El noviazgo lo aceptaban las dos familias, pero la de ella aprovechó una ausencia para casarla con un caballero recién llegado, con dinero y muchas campanillas. Él escribió pidiendo explicación. Carlota se negó a leer la carta y se la devolvió sin despegarle un solo lacre.

Abrió la gaveta del escritorio y sacó del fondo el sobre de las misivas. Tampoco esta vez se atrevió: como tantas otras en tres años, acarició la carta y volvió a guardarla.

¿Quién podía saber que aquel nombre todavía le resonaba por dentro? No iría. Además ni siquiera tenía invitación.

Apenas lo había pensado cuando entró en su despacho el dueño de aquella casa y le encareció que los acompañara esa noche, porque sus hijas querían una velada agradable. No encontró disculpa y prometió ir.

Esa tarde vagó por la ciudad y no abrió el bufete. Se hizo arreglar el bigote, se vistió con el traje de los días festivos y se puso en camino hacia la calle del Sargento Mayor. Al atravesar la plaza saludó a unos amigos y no notó que hablaban en voz baja de autos de detención contra personajes distinguidos, denunciados por hacer propaganda subversiva.

En el salón fue saludando a las damas, y al llegar frente a ella le apretó la mano como hacía antaño, creyendo que la aturdiría.

—Por Dios, Antonio, que se me entierran los anillos. No perdéis la manía de apretar la mano.

Él no se atrevía a conversar. Ella notó el azoramiento y lo fue llevando, hasta que dijo:

—Supe que estuvisteis mucho tiempo deseando verme.

—Es verdad. No sé qué habría dado por encontraros.

—¿Ya veis? Y ahora, sin más ni más, estamos conversando... Yo, al cabo de tanto tiempo, resolví enviaros el anónimo de hoy.

—¿Vos?

—Sí, yo. Veréis cómo podemos ser amigos y ayudar juntos a la patria. No puedo creer que vos, con ese verbo encendido, permanezcáis al margen de la lucha por la libertad.

—Señora, bien sabéis que desde hace tres años todo interés por la vida terminó para mí.

—Por favor, Antonio, no recordéis. Nadie puede escaparse de su propio destino. El nuestro es este. Aceptadlo y buscad algo donde nuestras almas se enaltezcan de orgullo, y no bajemos a los abismos del desprecio ansiando lo que no puede ser.

Él dijo que tenía razón y que ponía su vida a disposición de ella.

—No. Diréis a disposición de la patria, que os necesita. Juan Ignacio y yo estamos trabajando por la Causa. Hace falta alguien que le lleve un documento importantísimo a Bolívar, que está en Santa Fé, y hay que entregárselo en persona, porque estamos alistando soldados cerca de Mompox. Iba a llevarlo Juan Ignacio, pero esta tarde han dictado auto de detención contra él. Hemos pensado en vos, porque en la ciudad os tienen por realista.

—Con mi vida respondo, si es necesario.

Se habían ido retirando al balcón. Ella sacó de la manga el documento y se lo entregó. Él juró ante Dios y ante ella con tanta emoción en la voz que la hizo estremecerse, y Carlota tomó uno de los heliotropos que le perfumaban el escote.

—Guardadlo. Ahora entremos, que he venido a tocar al piano una romanza. Aquella que os gustaba tanto.

Saldría mañana hacia Santa Fé, pensó él, y se enrolaría en las filas libertadoras. Por qué no cambiar aquel amor por los ideales que los unían.

Un anónimo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“A veces lo que devuelve las ganas de vivir no es un amor sino un encargo.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.423611° · -75.545833°

Ficha del relato

Contexto histórico

El título nombra un papel de tres líneas, y el relato lo transcribe entero antes de contar nada: que si deseáis verla de cerca y hablarle, concurrid esta noche a la tertulia de las Moncada. Todo lo que sigue sale de ahí.

La pieza se lee en los folios 402 a 405 del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», antología compilada por Eugenia Villa Posse para el IADAP y publicada en Quito en 1993. Su sección veintiocho reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, y remite a las páginas 29 a 199 tal como las numera la Imprenta Departamental de Cartagena en su impresión de 1982. El libro había aparecido veinte años atrás, en 1962, con el pie de los Talleres El Marinero, y conoció además dos reediciones comerciales, una de Colgráficas en 1979 y otra de Plaza & Janés en 1989. La nota que encabeza la sección, en el folio 359, sostiene que el conjunto recoge leyendas de la tradición oral de la población negra de la ciudad y advierte que los textos están redactados literariamente sobre el habla popular.

Esa advertencia importa porque el relato pisa terreno histórico sin ser histórico. Bolívar en Santa Fé, el reclutamiento de tropas cerca de Mompox, los autos de detención por propaganda subversiva: todo eso pertenece al mundo comprobable, y nada de lo que aquí ocurre está documentado. La autora no fecha la escena, y con esos tres anclajes cabrían varios años distintos.

De lo que la obra trae sobre esta pieza, lo más útil es el retrato de un ambiente muy concreto: la sociedad criolla de la ciudad en tiempos de guerra, vista desde dentro. Hay tertulia con arpista y piano, bufete de abogado, traje de los días festivos, amigos que en la plaza hablan en voz baja de detenciones, y una reputación de realista que a un hombre le sirve de salvoconducto. La conspiración no se hace en un sótano, como en otras leyendas de la misma autora: se hace en un balcón, entre dos piezas de música.

Y hay un dato de lectura que conviene tener presente: el marido de ella no es un obstáculo, sino un conspirador. Lo que mueve el cuento no es un triángulo, sino la sustitución de un portador que acaban de poner en busca y captura.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es de forma y viene de la novela epistolar y del teatro de enredo: la carta anónima que pone la trama en marcha y cuyo autor se revela después. Lo característico de esta versión es que la revelación no castiga a nadie ni descubre una intriga maligna; el anónimo era una invitación, y quien lo firmó en blanco lo hizo para no tener que explicarse por escrito.

El segundo parentesco es histórico y muy documentado: las tertulias como espacio de conspiración en las ciudades hispanoamericanas de las guerras de independencia. Se reunían para tocar música y se hablaba de otra cosa; las casas de familias acomodadas sirvieron de correo, de escondite y de punto de contacto, y las mujeres de esas casas tuvieron en eso un papel que las crónicas registran poco y las leyendas bastante. Aquí la anfitriona política es la que elige al mensajero y la que le entrega el documento.

El tercero es un motivo de la tradición amorosa culta reutilizado con otro fin: la prenda que la dama entrega al caballero antes de la partida. En la novela de caballerías y en la lírica cortés esa flor o esa cinta sella una promesa entre los dos. Aquí la flor sale del escote de una mujer casada, y lo que sella no es un compromiso privado sino un encargo político, que es exactamente la sustitución que el relato quiere contar.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El enigma del título tiene solución dentro del propio texto, y llega a la mitad, no al final: el anónimo lo escribió ella. Quien lo lea saltándose esa réplica se queda sin el mecanismo de la pieza, que consiste en que la mujer a la que casaron con otro fabrica el pretexto para volver a hablar con su antiguo novio, y lo usa para reclutarlo.

  2. Hay después un segundo remate, y es el que le da sentido al primero. Carlota no lo cita para reanudar nada. Cuando él insinúa lo que aún siente, ella lo corta —nadie puede escaparse de su propio destino, el nuestro es este— y le propone a cambio una tarea. Cualquier lectura que insinúe un romance clandestino contradice la única escena en que los dos hablan a solas.

  3. Del reparto conviene separar lo comprobable de lo inventado. Bolívar, Santa Fé y Mompox existen fuera del cuento; Antonio, Carlota, Juan Ignacio, la prima que llevó la carta y la familia que da la tertulia no aparecen en ninguna parte. Tampoco se dice nunca qué contiene el documento: la fuente lo llama importantísimo, dice que hay que entregarlo en persona, y no añade una palabra más.

  4. Dos detalles que los resúmenes suelen perder miden el precio de la renuncia y hacen verosímil que él acepte: los tres años que lleva sin abrir la carta que ella le devolvió, y el lacre intacto. Sin eso, el cambio de bando parece gratuito.

  5. Una homonimia final, porque puede confundir a quien lea el conjunto seguido: el Juan Ignacio de esta pieza no es el Juan Ignacio del Río de «La sombra». Son dos personajes distintos de la misma autora en la misma sección.

  6. Y el soporte, como en el resto: lo consultable es la reproducción parcial de 1993, porque la edición original no está digitalizada.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
8
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Del folio 402 al 405, es la única fuente del relato, incluida la solución del enigma que da título a la pieza y que llega a la mitad y no al final: el anónimo lo escribió ella. Sólo aquí constan el papel de tres líneas transcrito entero antes de que empiece nada, la tertulia de las Moncada con arpista y piano, el bufete del abogado, la reputación de realista que a un hombre le sirve de salvoconducto, los tres años que él lleva sin abrir la carta que ella le devolvió y el lacre intacto —los dos detalles que hacen verosímil que acepte el encargo—, y la réplica que cierra cualquier lectura romántica: nadie puede escaparse de su propio destino, el nuestro es éste. El marido no es el obstáculo de la trama: conspira con ella y es el detenido por el que el protagonista entra en el asunto.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Lo que impide leer esta pieza como crónica —que es el riesgo mayor de un relato que pisa terreno histórico sin serlo— es su nota de procedencia. El folio 359 declara que la sección veintiocho reproduce las páginas 29 a 199 del libro de 1982 y que sus textos «ofrecen una redacción literaria del lenguaje popular»: Bolívar en Santa Fé, el reclutamiento cerca de Mompox y los autos de detención por propaganda subversiva pertenecen al mundo comprobable, y nada de lo que aquí ocurre entre esos hitos está documentado. La antología es además lo que permite retirar la atribución heredada a Martínez Fajardo, cuyo libro ocupa la sección dieciocho del mismo tomo.

  3. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Da el mundo profesional de la autora, que es exactamente el del relato: papeles que circulan de mano en mano entre gente que se reúne a oír música. La investigación patrimonial refiere que de joven divulgó las inquietudes artísticas de Cartagena en la revista «Miniatura», de su prima Elida Porto, y en un programa de la Radio Colonial llamado «Ecos del Arte»; y recoge de Gustavo Tatis Guerra que ella editó cuadernillos de narrativa y poesía que se distribuían en la ciudad en los años sesenta, entre ellos «El galeón sumergido» de Manuel Zapata Olivella y «Agua de fuego» de Eutiquio Leal, ambos de 1963, y «Treinta y dos veces amor» de Hamlet Porto, de 1962. Quien escribió una trama sobre un documento que hay que entregar en persona conocía de oficio ese circuito.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Las mujeres en la guerra de Independencia en las provincias del Caribe colombiano, 1815-1822 (Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, n.º 40, pp. 134-168)

    redalyc.org

    Sostiene, con documentación de archivo, la figura que el relato pone en el centro: la mujer que elige al mensajero y le entrega el papel. El artículo demuestra que en las provincias del Caribe neogranadino las mujeres actuaron como comerciantes, hacendadas, abastecedoras de ejércitos, peticionarias y litigantes, es decir como sujetos políticos autónomos capaces de negociar con las autoridades de los dos bandos; y sigue el caso de María Amador de Pombo, viuda criolla que huyó de Cartagena en diciembre de 1815, fue apresada en el mar y después reclamó judicialmente lo confiscado. La anfitriona política del cuento es un personaje inventado, pero su clase y su margen de maniobra están documentados.

  2. La reconquista de Cartagena: Estampas de su martirio (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 7, n.º 10, pp. 1801-1803)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Da el desenlace hacia el que corre el mundo del relato, y explica la urgencia de un correo que hay que entregar en persona. El ensayo narra la reconquista de 1815: la escuadra de Morillo fondeando en los primeros días de agosto, los 10.642 veteranos peninsulares, los términos de rendición rechazados y el bloqueo por tierra y mar para rendir la ciudad por hambre, con el detalle del hambre tomado de Lino Pombo. En una ciudad que camina hacia eso, que un hombre con fama de realista sea el único capaz de cruzar sin que lo registren deja de ser una conveniencia de trama.

  3. Once de noviembre (Enciclopedia del Banco de la República)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Documenta el aparato represivo que en el cuento está detenido al marido. La entrada reconstruye la Cartagena de 1808 a 1815, con la deposición del gobernador Montes, el Regimiento de Pardos Patriotas de Getsemaní bajo Pedro Romero y el curso de los años que separan la declaración de la reconquista. De ahí sale lo que el relato da por sabido y no explica: que en esos años hubo autos de detención por propaganda subversiva y que una casa de tertulia podía ser a la vez punto de reunión y punto de riesgo.

  4. Judith Porto de González, la dama cartagenera que se halla «Al filo de la Leyenda»

    revistametro.co

    Acredita la posición desde la que la autora escribe una conspiración de salón, y añade un detalle que viene al caso. La semblanza registra sus pertenencias académicas —Real Academia de la Lengua, Academia Nacional de la Historia, Academia Hispanoamericana de Letras y las academias de historia de Cartagena, Mompox y Bogotá, esta última presidida por ella como única mujer— y consigna que fue cónsul honoraria de Portugal. Es una escritora con credenciales de historiadora y con oficio diplomático la que decide que su intriga se resuelva en un balcón, entre dos piezas de música, y no en un sótano como en otras piezas suyas.

  5. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Sitúa geográficamente el encargo, que es lo único del cuento que se puede comprobar en un mapa. El libro traza la relación de Cartagena con su hinterland y con el río Magdalena a lo largo de tres siglos, y deja ver que Mompox era el paso obligado entre la costa y el interior y que Santa Fé quedaba al final de esa ruta fluvial. Cuando la anfitriona pide que el documento se entregue en persona y menciona el reclutamiento cerca de Mompox, está describiendo un viaje de semanas por el único camino que había.

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Conversación

¿Así te la contaron?

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«Un anónimo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Un anónimo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Un anónimo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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