Umaralá

Caribe · Wayúu

Umaralá

Una tía piache entrega su vida, maraca y capote para salvar a Umaralá, quien recibe con ellos una vocación de cuidado.

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El relato

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Antes, los piaches cobraban mucho y no curaban: resoplaban tabaco sobre el enfermo y le frotaban la parte adolorida. Umaralá fue el primero en curar con secretos y con cantos acompañados de su maraca.

Huérfano desde niño, heredó los bienes de su madre y creció en Jarara con una tía anciana que lo amaba como a un hijo. La tía era piache. Él la acompañaba en sus correrías, miraba cómo curaba y escuchaba sus cánticos al son de la maraca.

Una epidemia azotó la Guajira. Umaralá cayó enfermo y, cuando ya convalecía, empeoró de repente: perdió el habla, sufrió ataques continuos, perdió el conocimiento. Su tía lo piachaba día y noche.

En la fiebre, Umaralá oía las discusiones que su tía sostenía, dentro de sus cantos, con el espíritu de allá, Jirairaí, que reprochaba todos sus cánticos. Lo oyó decir:

—O bien mueres tú, o muere tu hijo.

Sólo entonces la anciana invocó a Jumajule, uno de los espíritus buenos. Pero el espíritu llamado primero ya no podía retirarse. A la piache sólo le quedó entregar su alma por la de su hijo. Puso la maraca sobre el pecho del enfermo y se desplomó, muerta, sobre su cama.

Umaralá se levantó y tomó en brazos a su tía. La lloró con su siervo, el único que se había salvado de la peste. Envolvieron el cadáver en un cuero de res, lo pusieron sobre una mula y lo sepultaron en los bosques de Maiceo, donde los suyos tienen su cementerio.

Se quedó a vivir en una choza en esos bosques, comiendo raíces y frutas. Cada tarde iba al cementerio y prendía fogatas en memoria de su tía.

Una tarde se le apareció la tía, tal como era en vida.

—Vete, hijo mío, a Jarara. Toma mi capote y mi maraca. Visita a los enfermos y piáchalos: sólo así encontrarás el verdadero camino. Pero antes cambia tu nombre. Ya no te llamarás John Paurala, sino Umaralá.

La visión desapareció. Umaralá obedeció, piachó enfermos, y su fama de gran médico corrió por toda la Guajira.

Años después enfermó la madre de una familia pudiente y ningún piache la aliviaba. Caminaron dos días y dos noches hasta Jarara y hallaron a Umaralá ya muy anciano, torciendo hebras de maguey. Le traían una sarta de oro y una mula.

—No necesito mula, ni acepto el oro antes de sanar a la enferma. Sigan ustedes, que yo los alcanzaré. Dejen a la enferma sola toda la noche, con dos botellas de ron a su lado.

Así se hizo. A medianoche se oyó un tropel de caballos que entraba donde la enferma, y luego, con toda claridad, el canto del piache y la maraca. Al rato cesó el canto, el tropel se alejó, y al día siguiente la enferma estaba sana.

Esa mañana el siervo llegó a la choza. Halló a Umaralá sobre una mula mora, con su manta de algodón y la maraca tras la silla, esperando a dos hombres, uno de Macuira y otro de Parashi. Apenas lo dijo, aparecieron; el de Parashi vestía cuero de venado. Los tres tomaron el camino del occidente. Umaralá se despidió del siervo: no volvería a verlo sino en el otro mundo. Y le advirtió que no contara lo visto, o moriría. El siervo los vio perderse con rumbo al cementerio.

Tentado, siguió sus huellas hasta las tumbas. Oyó lamentos sin ver a nadie: era Umaralá que, con sus amigos, lloraba a su tía. El siervo volvió a casa, cayó enfermo, contó lo visto, perdió la vista y murió.

Del de Macuira se supo después que vendía remedios, adivinaba y dominaba la lluvia: en un verano que secó los ríos, lo amarraron a un poste a pleno sol hasta que llamó el aguacero. El de Parashi volvió a su serranía con el poder de convertirse en venado, y de cuando en cuando bajaba a vender maneas de maguey.

Umaralá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien hereda un saber de alguien que murió por salvarlo no lo posee sino que lo debe.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
12.1333° · -71.5333°

Ficha del relato

Contexto histórico

Milcíades Chaves publicó «El Piache Umaralá» en 1946, en el Boletín de Arqueología, dentro de los quince textos de «Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira». Es una de las pocas piezas con informante nombrado: Juan Manuel Iguarán, mestizo, de 46 años, que dominaba el guajiro y el castellano. Eso importa: el texto llegó ya en castellano, contado por un hombre bilingüe a un antropólogo del Instituto Etnológico Nacional que, en su introducción, declaraba estudiar «la religión de los grupos primitivos» para facilitar su incorporación a una nacionalidad. En su nota previa, Chaves lee la pieza como demostración del papel del piache: cura, dispensa contras amorosas, predice, y ocupa un prestigio que ningún profano disputa. Las reediciones de Villa Posse (1993) y el ciclo guajiro de Kuai-Mare (De Cora, 1972) dependen de ese texto y no son testimonios independientes.

Roberto Pineda Giraldo, en Aspectos de la magia en la Guajira (1950) usó este cuento como comprobación de su tesis sobre la vocación del piache: una enfermedad con pérdida del habla y del conocimiento, delirio, visiones y ataques; la iniciación por un piache viejo; un espíritu protector que se impone al pupilo; los objetos —maraca, capote— y la obediencia sin elección, que ilustra con la frase «Umaralá se vio precisado a obedecer». Sostiene además que los espíritus protectores de los piaches son piaches muertos que siguen ejerciendo a través de un vivo, y que el piache es «un hombre de dos mundos». Pineda escribía desde las teorías de magia de su tiempo y llamaba «histéricos» a esos síntomas; la ficha toma sus datos y deja sus diagnósticos.

De Pineda sale también la aclaración sobre Jirairaí. Anota que cada espíritu auxiliar se llama con un cántico especial: Mareiwa con el de fumayule, y wanurú, espíritu de la enfermedad y de la muerte, con el de jirairay; ese es «el que exige las ofrendas, el que se interpone en las enfermedades» y discute con los espíritus del piache la devolución del alma del enfermo. En el texto de Chaves, Jirairaí es «el espíritu de allá» que discute con la tía, y Jumajule el espíritu bueno que ella llama tarde; el Relato conserva esos nombres tal como los dio el informante, y Pineda explica que Jirairaí nombra la invocación de Wanurü, no un villano aparte. Balza-García (2010) añade que Wanülüü es a la vez fuerza del hambre, la sequía y las pestes, y mediador que informa al piache sobre el mal y su cura: esa ambivalencia es la que suena en la escena del canto.

La etnografía contemporánea confirma el repertorio sin narrar la biografía. Serrano López (2020) documenta en la Media Guajira que la outsü no elige su oficio: un espíritu le llega y avisa por un sueño o una enfermedad; la maraca y el canto llaman al aseyuu; los wanülüü roban el aa’in; y el pago lo exige el espíritu, no la curadora. Paz Reverol (2017), desde su propia experiencia wayuu, muestra que los aseyuu se transmiten por sueños sucesivos dentro del linaje materno, con una tía curadora de por medio: la genealogía de tía a sobrino que funda la autoridad de Umaralá. Hernández Chacón (2023) reproduce un canto de 1973 en que la ouutsü coge la maraca, canta y sus espíritus se ponen a hablar. Perrin (1995) describe la iniciación de carácter pülasü y las curas de varios días con maraca, tabaco y cantos. «Piache» es la palabra histórica de los textos en castellano para ese oficio, ejercido sobre todo por mujeres; la ficha no equipara sus curas con resultados clínicos ni las reduce a fraude.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus, “Jirairay” y “Guanurú” son las páginas complementarias: explican los nombres con que la enfermedad y la muerte entran en el canto de una piache, y por eso ninguna presenta un villano que Umaralá derrote; aquí Jirairaí es una voz que discute y exige. “El indio Jururiana” es el paralelo más directo: comparte con esta historia al compañero que domina la lluvia, y en su propia página el saber pasa por sueño y prueba, como aquí pasa por enfermedad y visión. “El indio Pushaina” muestra, según la lectura de Chaves, al vidente cuyo prestigio nadie disputa: la misma figura social, sin la deuda con una maestra muerta. “El indio Jaichuasay” comparte con el compañero de Parashi el poder de volverse venado.

Fuera del corpus hay dos paralelos documentados por Pineda, que los cita para leer este mismo cuento. Hubert y Mauss, sobre los kulin del río Wimmera en Australia, según Howitt: sólo quienes han visto la sombra de su madre sentada sobre su tumba pueden llegar a ser hechiceros. Métraux, sobre los campa y amahuaca de la Amazonía, según Tessmann: los hombres-medicina dicen tener su saber de algún chamán, vivo o muerto, cuya alma visita al discípulo en sueños. La resonancia con Umaralá es precisa: una visión junto a la tumba de la piache que lo crió, que le entrega los instrumentos y el nombre. La diferencia es que Pineda usa esos casos para una teoría general de la vocación mágica; el texto wayuu no habla de vocación, sino de una deuda concreta: alguien murió para que él viviera, y el oficio es la forma de pagarla.

Relatos de maestros que mueren para salvar o iniciar a un discípulo aparecen en muchas culturas, pero esa semejanza formal no convierte a la tía en mártir cristiana ni a Umaralá en un Prometeo que roba un saber: él no lo roba, lo hereda de una mujer y de una casa, con maraca y capote, y sólo lo ejerce cuando la visión se lo ordena. La transmisión de objetos recuerda investiduras de otros pueblos, pero el cuento insiste en que quienes imitan el nombre de Jururiana sin la relación que lo hizo posible no consiguen la lluvia.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Sólo hay una cadena documental narrativa: Chaves 1946, contado por Juan Manuel Iguarán. Villa Posse (1993) la reedita y De Cora (1972) la vuelve a contar en el ciclo guajiro de Kuai-Mare, donde Umaralá «elevó el prestigio de los curanderos con cantos mágicos y maraca». Ninguna es testimonio independiente. Pineda (1950) cita largos pasajes del mismo texto y confirma su lectura, pero no aporta otra versión de la vida de Umaralá; lo que aporta es vocabulario y la explicación del canto de jirairay.

  2. El texto de Chaves tiene dos movimientos que la ficha anterior trataba como secciones distintas. El primero es la iniciación: orfandad, tía piache, epidemia, la disputa cantada con Jirairaí, la maraca sobre el pecho, la sepultura en Maiceo, las fogatas y la visión que ordena tomar capote y maraca y cambiar el nombre de John Paurala por Umaralá. El segundo es el ejercicio y la salida: la cura a distancia de la enferma con dos botellas de ron, la partida con dos compañeros hacia el occidente, el llanto en el cementerio, la muerte del siervo que contó lo visto, y un epílogo sobre los compañeros: el de Macuira, llamado Jururiana, que domina la lluvia, al que amarran a un poste en la ranchería de Chámaro hasta que llama el aguacero, al que el cacique Juanito Epiayú agasajaba en los veranos, y al que un joven quiso imitar sin conseguir lluvia y fue azotado; y el de Parashi, que se convierte en venado. Los dos movimientos vienen seguidos, bajo el mismo informante.

  3. El Relato cuenta los dos, porque la despedida al siervo y el llanto compartido en la tumba cierran la deuda con la tía, y comprime el epílogo de Jururiana a lo esencial: ese compañero tiene página propia, “El indio Jururiana”, y las fuentes no permiten asegurar que se trate de una sola persona. Respecto de la ficha anterior, devuelve al primario tres cosas: la piache es la tía, y es ella quien pone la maraca sobre el pecho del sobrino; Umaralá no camina hasta la enferma, sino que envía instrucciones y llega de noche como un tropel de caballos con canto y maraca; y la salida final no queda abierta: el siervo lo oye llorar en el cementerio y muere por contarlo. Los «malos piaches que cobraban mucho» son el marco con que el informante abre la historia, no un juicio del sitio sobre especialistas de hoy.

  4. Esta ficha no es “Jirairay” ni “Guanurú”, que tratan los nombres y las entidades de la enfermedad; aquí son voces dentro de un canto. Y no debe leerse como historia clínica: la cura de la enferma se cuenta como la contó el informante.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
13
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Fuente primaria de los materiales sobre Umaralá y los piaches (enfermedad y sacrificio de la tía; curaciones y desenlace).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    repositorio.flacsoandes.edu.ec

    Reedita el corpus de Chaves, conserva su procedencia bibliográfica y lo sitúa dentro de una selección nacional de literatura oral.

  3. Aspectos de la magia en la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Documenta prácticas de piaches, sueños, enfermedad, Mareiwa, Wanurü, Jirairay, Guanurú y relatos de transformación recogidos en la expedición de 1947.

Contraste y contexto · 10 referencias
  1. El camino de los indios muertos: mitos y símbolos guajiros

    si.edu

    Registra relatos en wayuunaiki con traducción asistida por hablantes bilingües y estudia Jepira, Juyá, Pülowi, yoluja y el viaje de los muertos.

  2. Caracterización del pueblo Wayúu

    mng.mincultura.gov.co

    Resume territorio binacional, organización social, lengua, historia reciente y problemáticas contemporáneas del pueblo Wayúu.

  3. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema Normativo Wayuu aplicado por el Pütchipü'üi

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Documento formulado por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros que explica, desde la propia organización wayuu, el territorio, los clanes matrilineales, la palabra, la reparación y los fundamentos mítico-históricos del sistema normativo.

  4. Régimen Especial de Manejo del PNN Macuira y Resguardo Wayuu

    parquesnacionales.gov.co

    Describe territorios claniles, descendencia materna, gobernanza, lugares de valor cultural y manejo concertado de la Macuira.

  5. Kuai-Mare: mitos aborígenes de Venezuela

    books.google.co.ve

    Su Ciclo Guajiro incluye el mito del piache Umaralá, que elevó el prestigio de los curanderos con cantos mágicos y maraca.

  6. Outsü, enfermedades y práctica curativa ritual en los Wayuu de la Media Guajira, Colombia

    revistas.unimagdalena.edu.co

    Documenta que la outsü no elige su oficio sino que le llega un espíritu y da aviso por una experiencia onírica o una enfermedad, que la maraca y el canto llaman al aseyuu, que los wanülüü roban el aa'in y que el pago lo exige el espíritu, no la curadora: el mismo repertorio de la biografía de Umaralá.

  7. Hacer los sueños. Una perspectiva wayuu

    entrediversidades.unach.mx

    Desde la propia experiencia de la autora, wayuu, muestra que los aseyuu y el tratamiento se transmiten por sueños sucesivos dentro del linaje materno, con una tía curadora hermana de su abuela, lo que respalda la genealogía femenina de tía a sobrino que funda la autoridad de Umaralá.

  8. La mujer ouutsü en la comunidad wayuu

    lenguasyliteraturasnativas.caroycuervo.gov.co

    Explica que el oficio de la ouutsü se originó a través de la manifestación de un sueño y que el aseyuu se revela en sueños, y reproduce un canto de 1973 en que la curadora coge la maraca, canta y sus espíritus se ponen a hablar: ilustra el canto con maraca de la tía y de Umaralá.

  9. El mal, jerarquía y función socio-simbólica en la cultura Wayüu. Un enfoque simbólico

    redalyc.org

    Muestra a Wanülüü como fuerza de hambre, sequía, pestes y enfermedades y a la vez como mediador que, como aseyüu auxiliar, informa al piache sobre el mal y su curación: la ambivalencia que sostiene la corrección de la ficha, Jirairay como invocación de Wanurü en el canto y no como villano aparte.

  10. Los practicantes del sueño: el chamanismo wayuu

    books.google.com.co

    Monografía de referencia sobre la iniciación de carácter pülasü, las curas con maraca, tabaco y cantos de varios días, los espíritus auxiliares y las enfermedades causadas por wanülüü: el oficio que hereda Umaralá.

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«Umaralá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Umaralá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Umaralá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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