Tío conejo y los plátanos

Caribe · Mestizo

Tío conejo y los plátanos

Tío Conejo engaña a Tío Tigre repetidamente, mostrando su astucia en una serie de encuentros donde los plátanos son el botín deseado.

Leer el relato
Tío conejo y los plátanos: la entrada del relato

El relato

En un rincón del mundo donde los bosques susurraban secretos y las montañas se erguían como guardianes de historias antiguas, vivía un pequeño ser llamado Tío Conejo. Era sabido por todos que Tío Conejo era más astuto que cualquier criatura del reino, y su inteligencia brillaba como un rayo de luna en la oscuridad.

Una mañana, mientras el rocío abrazaba silenciosamente las hojas, Tío Conejo divisó a su viejo amigo y ocasional adversario, Tío Tigre. Este último caminaba con un aire indolente, pero sus pasos firmes hacían vibrar la tierra. Sobre su hombro poderoso, colgaba un gajo de plátanos maduros que esparcían un aroma dulzón y delicioso. Esa dulzura tentadora despertó en Tío Conejo un insaciable deseo de probarlos.

"Ah, estos ojos pueden ver más allá del presente", musitó Tío Conejo, mientras su mente tejía un plan sutil como el murmullo de las hojas. Decidió adelantarse a Tigre por el camino, no llevando más que su aguda mente y un pizca de osadía. Allí, en el sendero que serpenteaba entre el río y las colinas, se tendió haciéndose el muerto, con una actuación digna de las mejores tragedias.

Al llegar Tigre, vio aquello que parecía un pequeño bulto blanco en el suelo. "¡Je, Conejo muerto!", exclamó con una mezcla de desdén y oportunidad. "Si hubiera sido ayer que no tenía estos plátanos, habría sido un buen bocado para mi almuerzo". Y con una indiferencia que desmentía cuán vacíos estaban los últimos días de sus cacerías, continuó su camino dejando al conejo allí.

Pero Tío Conejo, en cuanto se vio a salvo, se levantó ágil como una mariposa al despuntar el día y corrió más adelante por el camino. De nuevo, se dejó caer en mitad del sendero, las patas estiradas como un danzante en reposo.

Al llegar Tigre por segunda vez, sus ojos se abrieron con incredulidad. "¡Caray, otro conejo muerto!", murmuró entre dientes. "Si lo llego a saber, recogía el otro, y con este, habrían sido un plato digno de un banquete". Pero tentado por la idea de que tal vez habría más fortuna por delante, siguió su marcha sin más.

Persistente como una sombra o un recuerdo, Tío Conejo repitió su travesura por tercera vez. Esta vez, al verlo, Tío Tigre sintió que algo extraño danzaba en el aire: "Peste de Conejo", gruñó. "Pues ahora sí, voy a darles muela", decidido a no dejar escapar aquel festín de engañosas oportunidades.

Depositó el dulce gajo de plátanos en el suelo con la misma delicadeza de quien deposita algo de valor incalculable, y retrocedió por el camino en busca de sus presas abandonadas. Pero el destino, aliado de la astucia, había desviado su curso.

Mientras el verde de la selva se envolvía en un silencio cómplice, Tío Conejo, con el corazón danzando al ritmo de su habilidad innata, recogió el gajo, sintiendo que la suerte olía a delicioso triunfo.

Cuando Tío Tigre regresó, encontraron sus ojos solamente el eco del silencio al cual solo respondía el susurro burlón de las hojas. Allí donde antes había dejado su gajo, solo quedaba el cocherío de hojas dispersas que era el sello maestro de Tío Conejo.

El viento delirante llevaba el aroma de los plátanos a lo lejos, y con una sonrisa satisfecha, Tío Conejo se perdía entre la espesura, entrelazando una vez más la realidad con la magia de su existencia mítica, allí donde lo imposible y lo cotidiano se funden sin esfuerzo, como la noche y el alba.

La enseñanza

La inteligencia y la astucia pueden superar la fuerza.

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.6° · -75.3°

Contexto histórico

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

La procedencia cultural de este relato está clasificada y es la que aparece abajo. Lo que todavía no tiene es bibliografía publicada.

Clasificación
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Última revisión
22 de julio de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar una fuente

Una clasificación no es una cita, y no la presentamos como si lo fuera: mientras no haya una referencia contrastada, este relato se lee como versión editorial de una tradición viva.

Si usted conoce una crónica, un estudio o un registro comunitario que documente este mito, puede proponerlo y lo revisamos.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Tío conejo y los plátanos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Tío conejo y los plátanos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Tío conejo y los plátanos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.