Tío Conejo y los plátanos

Caribe · Mestizo

Tío Conejo y los plátanos

La versión heredada hace que Conejo obtenga los plátanos de Tigre mediante engaños sucesivos y evite pagar las consecuencias.

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Tío Conejo y los plátanos: la entrada del relato

El relato

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Un gajo de plátanos maduros iba camino abajo, colgado del hombro de Tío Tigre. Conejo lo vio pasar desde el rastrojo y se quedó con el olor.

—¿Cómo haré yo para comerme esos plátanos?

Se le ocurrió cortar por el monte, sacarle ventaja al otro y esperarlo en el camino. Cuando calculó que ya venía, se tendió en la mitad, aflojó el cuerpo y se hizo el muerto.

Tío Tigre llegó, lo miró de arriba, y no se agachó.

—¡Je, Conejo muerto! Si hubiera sido ayer, que no tenía estos plátanos, habría sido un buen bocado.

Y sin más siguió su camino. Apenas lo perdió de vista, Conejo se levantó, cortó otra vez por el monte y volvió a tendérsele más adelante, ahora con una pata estirada, para que se viera mejor la desgracia.

—¡Caray, otro conejo muerto! Si llego a saberlo, recojo el otro, y con este serían un buen plato.

Tampoco lo recogió: como había dejado el primero atrás, le pareció bobada cargar sólo con el segundo. Siguió andando con el gajo al hombro.

Conejo hizo lo mismo una tercera vez. Cortó por el monte, se adelantó, se tiró en la mitad del camino y esperó con los ojos cerrados. Ya no fue curiosidad lo que sintió Tío Tigre al encontrárselo, sino rabia.

—¡Peste de Conejo! Pues ahora sí voy a darles muela.

Y ahí cometió el error. Dejó el gajo de plátanos en tierra, a la orilla del camino, y se devolvió a buen paso a recoger los dos conejos que había dejado atrás, con la cuenta hecha y el hambre abierta.

Ya se imaginan ustedes que no encontró ninguno. Recorrió el trecho dos veces, buscó entre el rastrojo, revisó las dos curvas donde estaba seguro de haberlos visto, y nada. Cuando se cansó, se devolvió por el gajo.

Del gajo quedaba el concherío en el suelo.

Tío Conejo y los plátanos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La codicia de recoger lo que ya se dejó atrás cuesta más que lo que se llevaba puesto.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.6° · -75.3°

Ficha del relato

Contexto histórico

Abre la página 260 de «Tradición oral y conducta en Córdoba», de Manuel Zapata Olivella, y es la primera de las tres piezas que caben en esa hoja, delante del cuento de la fiesta de Toro y del de la mona de cera. Son dieciocho líneas.

Lo primero que la página fija con precisión es una cuenta. Conejo se tiende en el camino tres veces, y cada encuentro tiene su propia reacción de Tío Tigre —«Si hubiera sido ayer», «¡Caray, otro conejo muerto!» y «¡Peste de Conejo!»—, de modo que sólo el tercero lo hace devolverse. La cuenta de dos que sí está en la página es otra, y es la que arruina al tigre: los dos conejos que cree haber dejado atrás.

Lo segundo que aporta la página es una marca de oralidad que casi no asoma en el resto de la sección. Antes del remate, el narrador se dirige a quienes lo escuchan: «Ya se imaginan ustedes que nunca los encontró». La frase quedó en la transcripción porque el equipo trabajaba con grabadora, y es la prueba más directa de que el texto viene de una sesión con público y no de un recuerdo puesto por escrito.

La última palabra del cuento es también local: el concherío es lo que queda cuando alguien se come los plátanos y deja las cáscaras. El libro dedica su apartado final, en la página 291, a inventariar esta clase de regionalismos del Sinú.

Resonancias con otros mitos

El paralelo interno mejor documentado es «Las orejas de Tío Conejo» (Zapata Olivella, «Tradición oral y conducta en Córdoba», p. 259), donde el mismo personaje abre el cuento tendiéndose en el camino para hacerse el muerto y arrancarle a Tío Gallinazo la pluma mayor del ala en cuanto se le acerca. Las dos piezas fueron recogidas en la misma campaña y colocadas en páginas contiguas, y comparten la técnica exacta: fingir el cadáver en mitad del paso para que la víctima se agache.

El segundo paralelo documentado es el robo por encargo roto que el mismo repertorio pone en «Conejo y Caimán» (misma obra, p. 253): allí Conejo se bebe los huevos que le dieron a cuidar y se libra mintiéndole al marido de quien lo persigue. Entre los dos cuentos se dibuja el método del personaje en el corpus del Sinú, que nunca es la fuerza y siempre es la administración de lo que el otro cree ver o cree oír.

El índice de tipos de D. L. Ashliman para la University of Pittsburgh reúne bajo ATU 1, «Playing Dead», la familia del robo cometido por un animal que se finge cadáver en el camino, y entre sus ocho textos figura uno de Virginia, «Playing Dead Twice in the Road», en el que el conejo se tiende tres veces seguidas ante el mismo caminante hasta vaciarle la carga. La repetición, entonces, no es una rareza del Sinú. Lo que sí separa a la versión cordobesa es quién repite y qué pasa después: en las demás el segundo fingimiento lo ejecuta un imitador —un lobo, una zorra, un coyote— que acaba apaleado, desollado o aplastado por la carreta, de modo que el tipo se cierra con un escarmiento y una moraleja. Aquí las tres caídas son del mismo Conejo, no hay imitador a quien castigar, y Tío Tigre nunca llega a saber que lo engañaron.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Zapata Olivella imprime la pieza una sola vez y sin marca de versión, a diferencia de lo que hace con otros cuentos del mismo bloque, y George List no la grabó entre los veintiún relatos bolivarenses de «Animal Tales from the Caribbean» (Indiana University Press, 2017). No hay, por tanto, un segundo registro con narrador y fecha.

  2. La variación que sí se puede documentar es interna al repertorio cordobés y afecta al recurso, no al argumento. Hacerse el muerto aparece en este corpus como una técnica reutilizable de Conejo, y en «Las orejas de Tío Conejo» (misma obra, p. 259) la emplea una sola vez y con otro objetivo: tenderse en el camino para que se acerque Tío Gallinazo y arrancarle la pluma mayor del ala. Entre las dos piezas se ve la diferencia de escala: allí basta un fingimiento porque la víctima es carroñera y baja sola; aquí hacen falta tres, porque el tigre no quiere carroña sino comida, y sólo cede cuando la cantidad le parece suficiente.

  3. Hay además un rasgo del desenlace que distingue a esta pieza de casi todo el repertorio de Tío Conejo. Tío Tigre nunca llega a enterarse de que lo engañaron, de modo que Conejo no escapa de ningún castigo ni tiene nada que esquivar: no hay persecución, ni represalia, ni siquiera reproche. El cuento no termina en fuga sino en un animal de pie frente a unas cáscaras, rehaciendo una cuenta que ya no le cuadra.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
11
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Registra el relato y, dentro del mismo volumen, los dos paralelos internos que `similitudes` nombra. Son dieciocho líneas que abren la página 260 de la tercera edición, la primera de las tres piezas que caben en esa hoja. La página fija la cuenta que la ficha heredada tenía mal: Conejo se tiende tres veces, y cada encuentro lleva su propia reacción de Tío Tigre —«Si hubiera sido ayer», «¡Caray, otro conejo muerto!» y «¡Peste de Conejo!»—, de modo que sólo el tercero lo hace devolverse; el dos que sí está en la fuente son los dos conejos que el tigre cree haber dejado atrás. Conserva además una marca de oralidad que casi no asoma en el resto de la sección, la apelación al público antes del remate —«Ya se imaginan ustedes que nunca los encontró»—, y el regionalismo del cierre, el concherío. Los dos paralelos están en el mismo volumen: «Las orejas de Tío Conejo», p. 259, donde el personaje se hace el muerto una sola vez para arrancarle la pluma al gallinazo, y «Conejo y Caimán», p. 253, donde se libra mintiéndole al marido de quien lo persigue.

  2. Playing Dead: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1 and Related Stories

    sites.pitt.edu

    Es la comparativa que `similitudes` nombra, y leída entera resuelve la duda que la propia ficha dejaba abierta: sí hay versiones que repiten el fingimiento de muerte en el mismo camino, y en el mismo número. La página reúne bajo el tipo 1 ocho textos —«Reynard Steals Fish» de Joseph Jacobs, «Two Foxes Steal Herrings» de Escocia, «The Fox and the Lapp» de Laponia, dos afroamericanas de Joel Chandler Harris, «The Fox» de Palestina y «Mantharaka's Rescue» del Panchatantra— y entre ellos «Playing Dead Twice in the Road», de Virginia, cuyas versiones hacen que el conejo se tienda tres veces seguidas: «Brer Rabbit went and laid in the middle of the road… went under the hill and got in the road again… went around him and got into the road again». El esquema del tipo es el robo a un transporte de comida por un animal que se finge cadáver, que es exactamente lo que hace la pieza cordobesa con los plátanos.

  3. Los cuentos de tío Conejo (Letras, n.º 34, pp. 5-41)

    dialnet.unirioja.es

    Aporta al tipo 1 las versiones hispanoamericanas que Ashliman no trae y la precisión de catálogo que la ficha no tenía. Cantillano clasifica «Tío Conejo y los quesos» como Aarne-Thompson 1, «The Theft of the Fish», y añade el tipo 1**A del índice de Terence Hansen para Hispanoamérica, «Rabbit eats cheese»; describe la escena básica —el conejo se hace el muerto a mitad del camino, el carretero lo recoge y lo echa en la carreta, y él va tirando fuera la carga— y enumera versiones donde lo robado son quesos, en dos puertorriqueñas y una argentina, y donde es miel, en una brasileña de Câmara Cascudo. Registra además la variante argentina «El quirincho y el zorro», con moraleja explícita, y el hecho de que el imitador acaba apaleado o desollado. Es la fuente que permite decir que el robo por fingimiento de muerte es un tipo bien documentado en el mundo hispanoamericano y no sólo una escena suelta.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta que lo robado en este cuento es el alimento básico de la zona y no una golosina, que es lo que le da peso al robo. El artículo describe la economía campesina de las planicies y humedales del Sinú y el San Jorge, donde el plátano es cultivo de pancoger y sustento diario, se transporta en racimo al hombro por caminos de monte y se cuenta por unidades. Sobre ese fondo, que Tigre cargue plátanos y no una presa de caza explica por qué no quiere carroña y por qué sólo se devuelve cuando la cuenta de conejos muertos le parece que compensa soltar la carga.

  2. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Sostiene que la apelación al público conservada en la transcripción —«Ya se imaginan ustedes que nunca los encontró»— es un dato de campo y no un giro de estilo del editor. Garcés González describe el método y las dos etapas de la investigación, la de recolección entre enero de 1969 y diciembre de 1970 y la de comprobación a comienzos de 1971, y el carácter de encuesta con equipo y grabadora que tuvo el trabajo. Una frase dirigida a quienes escuchan sólo sobrevive cuando se transcribe una sesión con público, y el prólogo documenta que eso es lo que hubo.

  3. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Aquí sirve para descartar un segundo registro con narrador y con fecha. El índice enumera con narrador y paginación los veintiún relatos que List grabó en Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965, con varias piezas del ciclo del conejo —la excursión, la astucia, el cuento en que Conejo pierde, la ensillada de Tigre—, y ninguna es el robo de los plátanos. La ausencia importa porque este cuento comparte técnica con «Las orejas de Tío Conejo», que sí está en los dos libros: el recurso viajó y esta pieza concreta no quedó registrada dos veces.

  4. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Da el marco para sostener lo más raro de esta pieza sin tratarlo como un defecto: que el engañado nunca se entere. En casi todas las versiones del tipo el imitador es descubierto y castigado, y aquí no hay persecución, ni represalia, ni reproche, y el cuento termina en un animal de pie frente a unas cáscaras rehaciendo una cuenta que no le cuadra. El artículo muestra cómo la oralidad campesina colombiana reescribe argumentos de circulación internacional hasta divergir del original y propone llamar topologías a esas formas, que es lo que permite describir el desenlace cordobés como una variante propia y no como una versión truncada.

  5. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Importa a esta ficha porque el dato que aquí se corrige —tres fingimientos y no dos— sólo se sostiene si el texto impreso es una transcripción fiel y no una reelaboración. La ficha documenta la condición de antropólogo y folclorista del recopilador, con trabajo de campo en las dos costas: alguien que transcribe una grabación conserva las tres repeticiones aunque narrativamente sobre una, y conserva también la apelación al público y el «etc.» de otras piezas del mismo bloque. El perfil respalda tratar la página 260 como fuente y no como versión de autor.

  6. Manuel Zapata Olivella en el folclor y la radio pública

    senalmemoria.co

    Documenta que quien transcribió esta sesión llevaba desde 1956 trabajando con el micrófono delante, que es lo que explica que una frase dirigida al público sobreviviera en la página. El artículo publica los audios de las conferencias que la Radiodifusora Nacional le grabó en julio de ese año, una sobre los cantos corales del Chocó y otra sobre la literatura tradicional de Córdoba y Bolívar. Trece años de práctica radiofónica antes de la campaña del Sinú son el antecedente de un criterio de transcripción que deja oír a quien habla en lugar de corregirlo.

  7. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Es donde habría podido oírse la voz que dice «Ya se imaginan ustedes», y donde no está. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado, todas posteriores al libro —Santa Fe de Antioquia en septiembre de 1974, Quibdó en diciembre del mismo año, Barrancas en octubre de 1985—, lo que prueba que nombrar y fechar formaba parte de su práctica. Para una pieza cuyo mejor dato es que conserva la marca de una sesión con público, no poder llegar a esa cinta es exactamente lo que se pierde.

  8. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es lo que hizo posible corregir la cuenta. Que el volumen esté en edición digital abierta, con respaldo del Ministerio de Cultura y de cuatro universidades entre ellas la de Córdoba, permitió contar los tres fingimientos uno por uno en la página 260 en lugar de repetir el dato heredado de dos, y cotejar el «concherío» del remate contra el apartado de regionalismos de la página 291. Para una ficha cuya principal corrección es aritmética, el acceso al texto completo no es una comodidad: es la condición de la enmienda.

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«Tío Conejo y los plátanos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Tío Conejo y los plátanos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Tío Conejo y los plátanos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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