Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo

Caribe · Mestizo

Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo

Conejo evita el trabajo y compromete a Zorra en un robo de maíz; el engaño redistribuye el castigo y vuelve inestable la alianza.

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El relato

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Todas las mañanas salía la misma escena. Tío Conejo se levantaba, se estiraba en la puerta y llamaba hacia adentro:

—Tía Zorra, sírvame la comida, que voy para el monte.

Estaban casados y él era flojo como él solo, así que para que nadie se lo dijera en la cara se había inventado un maizal. Mientras ella le envolvía la comida, él la apuraba desde el patio: ándate con eso, que me voy; dame la rula y las abarcas. Salía con el machete al hombro y la cara de quien va a romperse el lomo.

Maizal no tenía ninguno. Caminaba hasta una roza ajena, limpiaba un pedazo de rastrojo para que las manos le olieran a monte y se acostaba a dormir a la sombra. Volvía por la tarde arrastrando los pies y pidiendo agua.

Así pasaron dos meses, hasta que ella se cansó de oír hablar de una siembra que no había visto.

—¿Cuándo me llevas a tu roza?

—Mañana vamos, para que la veas.

Y al otro día la llevó, a donde él no había metido machete nunca. Tía Zorra entró entre las matas y le gustó lo que vio: el maíz alto, las mazorcas gordas, el surco limpio. Se puso a cantar mientras arrancaba.

—Mija, no cantes —le dijo él, bajito—. Tú sabes que los montes no tienen llave.

Ella siguió cantando, contenta, y el canto se oyó hasta la casa de los dueños. Los dueños levantaron la cabeza y preguntaron quién andaba en la roza. Soltaron los perros.

Los perros la encontraron con las manos llenas de maíz. La levantaron a mordiscos y la zarandearon de un lado para otro, y ella brincando entre los troncos, dejando pedazos de la pollerita enganchados en las varas. Conejo, que era tan brioso, se había metido en un hoyo y desde allí oyó todo sin asomar la nariz.

Se encontraron después, cuando ya no ladraba nadie.

—Malvado, me has engañado. Mira cómo me dejaron los perros. Hasta aquí llegó el amor que te tengo.

—Es que tú eres muy bullanguera —le contestó él— y por eso se metieron los perros contigo.

Así se acabó el cuento.

Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La mentira que sostiene la pereza termina cobrándose en el cuerpo de quien la creyó.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.6° · -75.3°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto está en las páginas 253 y 254 de «Tradición oral y conducta en Córdoba», de Manuel Zapata Olivella, y allí se imprime con otro título: «La roza de Tío Conejo (Segunda versión)». Ese paréntesis es lo primero que aporta la fuente, porque el recopilador está declarando que conoce al menos otra manera de contarlo y que no la publica.

La segunda cosa que aporta la página es el parentesco. La primera línea dice, sin rodeos, que «había una zorra que estaba casada con Tío Conejo que era muy flojo», y todo lo que sigue ocurre dentro de una casa: la comida envuelta para el monte, la rula, las abarcas, el «mija» con que él la manda callar, la pollera rota. No es un pacto entre dos animales astutos, es un matrimonio y un fraude doméstico de dos meses.

Zapata recogió el material con un equipo que dirigió el sociólogo Winston Caballero Salguedo, con encuestadores «todos nativos de la región», y una parte de las grabaciones se hizo en velorios; el propio autor escribe que los informantes les permitieron «irrumpir en los velorios con grabadoras». De este cuento no consta el nombre de quien lo dijo, porque el libro no lo da de ninguno.

El vocabulario de la página es el de la economía campesina sinuana y explica el conflicto: la roza es el terreno desmontado y sembrado, el rastrojo es lo que crece cuando se abandona, la rula es el machete y las abarcas el calzado de trabajo. Limpiar rastrojo ajeno durante dos meses para que las manos huelan a monte es la coartada exacta de un hombre que no tiene tierra.

A las tres páginas, en la 255, el libro vuelve sobre la misma pareja y el mismo engaño con otro desenlace.

Resonancias con otros mitos

El paralelo mejor documentado es interno y está a dos páginas: «La muerte de Tía Zorra (Tercera versión)» (Zapata Olivella, «Tradición oral y conducta en Córdoba», p. 255) repite el engaño conyugal palabra por palabra en su mecánica —el marido le dice que la roza es suya, ella entra confiada, aparecen los perros— y sólo cambia el desenlace, que allí es la muerte. Las dos piezas están en el mismo libro, recogidas en la misma campaña, y muestran la horquilla de castigos que admitía el argumento en el Sinú.

El segundo paralelo es el registro bolivarense de George List: «La roza de Tío Conejo», pieza número 15 de «Animal Tales from the Caribbean» (Indiana University Press, 2017, pp. 207-211), grabada a Zoila Eva Villalobos Castro el 19 de marzo de 1965 y conservada en la colección 65-291-F del Archives of Traditional Music. Es el mismo cuento con el mismo título en otro departamento y cuatro años antes, contado por una mujer con nombre.

Dentro del propio libro, «Tío Conejo y Tío Gallo (Segunda versión)» (p. 265) confirma el reparto familiar del repertorio cordobés: también allí la mujer de Conejo es Zorra, y también allí le obedece hasta el desastre.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Este cuento existe en tres registros y ninguno dice lo mismo.

  2. El de Zapata Olivella, páginas 253-254, es el que se cuenta aquí: la zorra es la esposa, el castigo se lo llevan los perros y ella sobrevive para romper con él. El propio libro lo marca como «(Segunda versión)» sin imprimir la primera, que se quedó en el archivo de campo del autor y no se ha localizado.

  3. El segundo está en la página 255 del mismo volumen, tres cuentos más adelante, y se titula «La muerte de Tía Zorra (Tercera versión)». Es la misma trama comprimida en cuatro líneas y con el final cambiado: ella entra «muy confiada» a la roza del Hombre «pues su marido le había dicho que era de él», y cuando está robando el pollo llegan los perros y la matan. Zapata lo imprime como tercera versión, de modo que del mismo argumento declara conocer al menos cuatro tellings y publica dos.

  4. El tercero es una grabación de campo anterior y de otro departamento: George List registró «La roza de Tío Conejo» en Bolívar el 19 de marzo de 1965, narrado por Zoila Eva Villalobos Castro, y el texto se publicó en «Animal Tales from the Caribbean» (Indiana University Press, 2017), pieza número 15, páginas 207-211 de la sección en español. La cinta se conserva en el Archives of Traditional Music de Indiana University, colección 65-291-F. El catálogo de ese archivo escribe el apellido de la narradora como «Villalobos Costa»; aquí se sigue la grafía del libro, que es la edición crítica. El texto de List no se pudo leer —está tras muro de pago—, así que no consta si en su versión Zorra también es la esposa de Conejo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
11
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Sostiene el relato y aporta los dos datos que lo cambian de raíz. El texto está en las páginas 253 y 254 de la tercera edición y se imprime con otro título, «La roza de Tío Conejo (Segunda versión)»: ese paréntesis declara que el recopilador conoce al menos otra manera de contarlo y que no la publica. Y la primera línea fija el parentesco que ninguna paráfrasis conservaba —«había una zorra que estaba casada con Tío Conejo que era muy flojo»—, de modo que lo que sigue no es un pacto entre dos animales astutos sino un matrimonio y un fraude doméstico de dos meses, con la comida envuelta para el monte, la rula, las abarcas, el «mija» y la pollera rota. La misma obra aporta el primer paralelo que `similitudes` nombra: «La muerte de Tía Zorra (Tercera versión)», p. 255, que repite el engaño conyugal y sólo cambia el desenlace; y el tercero, «Tío Conejo y Tío Gallo (Segunda versión)», p. 265, donde Zorra vuelve a ser la mujer de Conejo.

  2. Animal Tales from the Caribbean

    muse.jhu.edu

    Es el segundo registro del argumento y el que `similitudes` cita como paralelo bolivarense. La pieza número 15 del volumen lleva exactamente el mismo título con el que Zapata imprime el cordobés —«La roza de Tío Conejo»— y ocupa las páginas 207 a 211 de la sección en español. La narró Zoila Eva Villalobos Castro, la contadora con más piezas del volumen: cinco de los veintiún relatos son suyos. Que el mismo cuento aparezca con el mismo título en otro departamento y cuatro años antes, contado por una mujer con nombre, es lo que convierte la anotación cordobesa anónima en una entre varias formas documentadas y no en la única.

  3. Archives of Traditional Music, colección 65-291-F «Colombia, Dept. Bolívar, 1964» (catálogo en línea, copia archivada)

    web.archive.org

    Pone fecha y cinta a la única voz con nombre de este argumento. El catálogo consigna la grabación de «La roza de Tío Conejo» a Zoila Eva Villalobos el 19 de marzo de 1965, y muestra que ese mismo día la narradora grabó otras tres piezas —la astucia de Conejo, la ensillada de Tigre y el cuento en que Conejo pierde—, dos de ellas declaradas como chiste y una como cuento. La jornada del 19 de marzo es, por tanto, una sesión larga con una sola contadora, y ésta es la pieza extensa de esa sesión: el dato sostiene lo que `versiones` afirma sobre un registro bolivarense con día, soporte y autoría frente a un cordobés que no tiene ninguno de los tres.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Es lo que permite afirmar la coincidencia de título y medir la diferencia de escala sin haber leído el texto bolivarense. El índice sitúa la pieza 15, «La roza de Tío Conejo», en las páginas 207 a 211 de la sección española y la atribuye a Zoila Eva Villalobos Castro, y muestra que las cinco piezas de esa narradora van seguidas en el volumen, de la 12 a la 16. Frente a las dos páginas del cordobés, las cinco del bolivarense dan la medida de lo que un mismo argumento admitía según quién lo dijera y dónde.

  2. George List Colombia Collections

    libraries.indiana.edu

    Explica por qué el mismo cuento acabó registrado dos veces por dos equipos que se conocían. La descripción del fondo documenta más de ciento veinte cintas grabadas en el Caribe colombiano en cuatro viajes entre 1964 y 1970, declara el número de acceso 65-291-F al que pertenece esta grabación, y consigna que List trabajó con los folcloristas colombianos Winston Caballero y los hermanos Manuel y Delia Zapata Olivella para acceder a las comunidades. Winston Caballero Salguedo es el mismo sociólogo que dirigió la búsqueda de géneros del libro cordobés: la coincidencia de título entre los dos registros tiene ahí su explicación documental.

  3. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Fecha el conflicto que mueve este cuento y aporta la clave con la que el libro lo leía. Garcés González resume las conclusiones de la encuesta sobre los patrones que la investigación quería medir, entre ellos el de apreciación del trabajo, que es el eje de esta pieza: un hombre que se ausenta dos meses fingiendo limpiar rastrojo ajeno para que las manos le huelan a monte. Y describe la Córdoba de la recolección —más de la mitad de la población analfabeta, agitación estudiantil y un movimiento campesino invadiendo tierras—, que es el fondo exacto de un cuento cuyo nudo entero es que el marido no tiene roza propia y tiene que inventarse una.

  4. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta el vocabulario económico del que depende el engaño y que la ficha necesita para no traducirlo mal. El artículo describe la agricultura campesina de las planicies del Sinú y el San Jorge, donde la roza es el terreno desmontado y sembrado, el rastrojo es lo que crece cuando se abandona, y la mano de obra sin tierra se emplea por temporadas limpiando parcelas ajenas. Sobre ese fondo, dos meses de trabajo declarado en rastrojo ajeno es una coartada verosímil y no una excusa inventada por el narrador: es exactamente el tipo de jornal que un hombre sin parcela podía decir que estaba haciendo.

  5. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Fecha con precisión la carencia que este cuento convierte en chiste conyugal. El ensayo reconstruye desde el archivo de la Fundación del Sinú, en Montería, la organización de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en las llanuras del Caribe durante los mismos años de la grabadora, y muestra la tierra como el conflicto central de esa década en esa comarca concreta. Un relato en el que la mentira que sostiene el matrimonio es «esta roza es mía» se cuenta, en 1969 o 1970 y en el Bajo Sinú, en medio de un pulso real por quién puede decir eso de una parcela.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Es donde se buscó la «primera versión» que el título de la fuente presupone, y donde no está. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado, pero todo lo digitalizado y consultable es posterior al libro: Santa Fe de Antioquia en septiembre de 1974, Quibdó en diciembre del mismo año, Barrancas en octubre de 1985. La consecuencia es doble y concreta: ni aparece la variante anterior que el paréntesis «(Segunda versión)» anuncia, ni aparece el nombre de quien contó ésta.

  7. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Sirve aquí para sostener que quien decidió imprimir este cuento como «segunda versión», sin publicar la primera, sabía lo que hacía con ese paréntesis. La ficha reúne su condición de antropólogo con trabajo de campo en las dos costas y su papel como divulgador y estudioso del folclor: numerar una variante es un gesto de método, no un descuido de edición, y permite afirmar en `versiones` que del mismo argumento el recopilador declaraba conocer al menos cuatro maneras de contarlo y publicó dos.

  8. Manuel Zapata Olivella en el folclor y la radio pública

    senalmemoria.co

    Documenta que los dos departamentos donde este cuento quedó registrado eran, para el recopilador, un mismo territorio de trabajo desde mucho antes. El artículo publica los audios de las conferencias que la Radiodifusora Nacional le grabó en julio de 1956, y la del segundo día trató sobre la literatura tradicional de Córdoba y Bolívar tomados juntos, con Zapata lamentando la falta de estudios sobre la materia. Nueve años después la roza de Tío Conejo se grababa en Bolívar y catorce después en Córdoba: los dos registros no son hallazgos independientes de dos regiones ajenas, sino dos puntos del área que él ya había definido como una.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Tía Zorra en el maizal de Tío Conejo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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