
Caribe · Mestizo
Santo Domingo y el Cristo de la Expiración
La imagen del Cristo de la Expiración queda rodeada por relatos de encargo, traslado y protección milagrosa en el templo de Santo Domingo.
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Fray Jerónimo de Loayza puso una condición para aceptar el obispado de Cartagena de Indias. Corría 1538 y el fraile llevaba años enseñando en un colegio del que no quería separarse; pidió que le dejaran seguir viviendo en comunidad, con algunos de los suyos al lado. Pidió también al Tesoro Real mil pesos y campanas para levantar convento de su orden, y permiso para escoger a seis hermanos. Se lo concedieron todo, y la expedición salió antes de que terminara el año.
El convento se fundó primero donde hoy está el palacio municipal, en la antigua carnicería, al pie de la plaza que entonces llamaban de la Hierba. En 1551 lo trasladaron al sitio donde sigue.
De esa casa salió la historia que todavía se cuenta en las noches de las casas viejas de la ciudad.
Los novicios tenían costumbre de salir a pasear cada semana por la puerta que llaman del Sol, hasta la orilla del mar. Un día encontraron en la arena un tronco que las olas habían echado y desechado, y se les vino a la cabeza que de ese madero podía salir la imagen de un Cristo. Tenían con qué: en el convento se había retirado un hombre que decía ser estatuario.
Se lo contaron. El estatuario preguntó por el largo del tronco y dijo que no servía: le faltaban dos palmos.
Volvieron otro día, por curiosidad, y lo midieron. El tronco tenía un palmo más. Regresaron una tercera vez y le encontraron palmo y medio de crecimiento. Siguieron yendo a mirarlo cada semana, y el madero siguió creciendo hasta alcanzar el largo que el artífice había pedido.
Entonces lo llevaron al convento.
El hombre se encerró en un cuarto y pidió que nadie entrara: que le pasaran la comida por una ventana. Allí estuvo muchos días. Los frailes se extrañaron de que del cuarto no saliera ni un golpe, ni el roce de una herramienta, ni un ruido. Abrieron la puerta.
No había nadie. La comida seguía donde la habían dejado, y en medio del cuarto estaba terminada la imagen de Cristo en el momento de expirar. De ahí dedujeron los frailes que el artífice había sido un ángel enviado para hacerla.
La imagen quedó en su capilla y empezó a hacerse famosa. En 1754 cayó sobre la ciudad una epidemia de viruela que iba llenando las sepulturas. Se sacó a la Virgen del Rosario por las calles varias veces y el contagio siguió. El cabildo puso en novena a san Roque y el contagio siguió. Sólo cuando se le hizo novena a esta imagen, dicen, cesó del todo.
Los frailes contaban dos cosas más de ella. Una, que nunca ha permitido que la retoquen, y que el tiempo, que se lo come todo, no le ha entrado a la talla. Otra, que cuando la devoción quiso ponerle clavos de plata en las manos y en los pies, los clavos aparecieron al día siguiente sobre la mesa del altar, y la figura siguió sosteniéndose sola en el madero de la cruz.

La enseñanza
“Un objeto sin autor conocido admite cualquier origen, y el más alto suele ser el que se elige.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.4236° · -75.5502°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, vol. II · sección 18, «Cuentos y leyendas · Cartagena, Departamento de Bolívar», pp. 65-123
flacso.edu.ec
Reproduce las páginas 115 a 119, y es donde se lee algo que ninguna otra versión de la leyenda conserva: la cadena de transmisión declarada por el propio autor. Martínez Fajardo dice estar copiando de «Plazas y calles de Cartagena», de Raúl Porto del Portillo, que a su vez transcribe una relación de fray Braulio de Herrera, quien se fecha a sí mismo llegando a Cartagena a principios de febrero de 1753 como misionero apostólico y encontrando la imagen ya venerada en el convento de Predicadores. También sólo aquí está el marco en que la leyenda va inserta: un alegato a favor de conservar las reliquias coloniales, con la descripción de las tres naves y del callejón de los Estribos. La nota de la página 65 advierte que el material se elaboró literariamente, salvedad que hay que aplicar con cuidado, porque el núcleo maravilloso el autor declara no haberlo escrito él.
- Cristo de la Expiración (Ciudades Patrimonio · Cartagena de Indias, «De paseo», n.º 12)
cvc.cervantes.es
Es el único sitio en abierto donde la leyenda aparece contada entera y fuera de Martínez Fajardo, y coincide con él en lo esencial: los novicios que recogen un madero en la orilla, el tallador desconocido que lo juzga corto, el madero devuelto al mar y encontrado después con la medida justa, el encierro del artesano que pide que le pasen la comida por una ventana, el silencio, la habitación vacía con la imagen terminada y la conclusión de que fue un ángel. Aporta además las dos fechas que el relato necesita: la epidemia de viruela de 1754, detenida —según los cronistas que invoca— tras nueve días de rezo a esta imagen, y el retablo barroco de 1807 del cartagenero Hermenegildo José de Ayala. Es la fuente que convierte la pieza en tradición documentada y no en invención de un autor.
- Iglesia de Santo Domingo (Ciudades Patrimonio · Cartagena de Indias, «De paseo», n.º 11)
cvc.cervantes.es
Sostiene la mitad arquitectónica del texto, que es la que el autor escribió de su puño. Confirma que es el templo más antiguo de la ciudad, terminado en 1559 con el empeño del obispo fray Jerónimo de Loayza y en cinco etapas discontinuas por la penuria de los dominicos; explica el origen de los estribos —contrafuertes levantados sobre la antigua calle de Nuestra Señora de la Luz para que no se hundiera—, que es exactamente el callejón que el relato nombra; y registra los daños que sufrió la torre del lado del Evangelio en el ataque de Vernon. Todo eso es lo que permite decir que el alegato patrimonial del autor describe un edificio real y descrito igual por otros.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Santo Cristo de la Expiración: historia y devoción
arquicartagena.org
Es la voz de la institución que custodia la imagen, y su valor está tanto en lo que dice como en lo que calla. Confirma que la talla sigue en Santo Domingo, que tiene fiesta anual el 14 de septiembre y devociones fijas los lunes, y repite la leyenda del artesano desconocido, con detalle histórico atribuido al padre Rafael López, historiador arquidiocesano. Lo decisivo es que no menciona la epidemia de 1754: el episodio que en el relato hace nacer el culto no aparece en el relato oficial de la propia arquidiócesis, y esa ausencia es la que obliga a tratar la peste como versión y no como hecho.
- Milagros y misterio, el enigma del santo Cristo de la Expiración
eluniversal.com.co
Aporta la tercera datación del mismo suceso, y por eso entra. Sitúa la talla a comienzos del siglo XVII, obra de un artesano misterioso sobre un tronco llegado a la playa, y fecha «hacia 1720» la peste que dio fama a la imagen, frente a la viruela de 1754 del catálogo del Cervantes y frente al silencio de la arquidiócesis. Tiene además una voz identificada y actual, el padre Richard Nieto González, párroco de Santo Domingo, que es la única persona con nombre que hoy sostiene la versión desde dentro del templo. Con estas tres fuentes juntas, la epidemia deja de ser un dato y pasa a ser una discrepancia registrada.
- Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias
banrep.gov.co
Mide lo que significaba una epidemia en la ciudad donde ocurre el prodigio. Reconstruye la población cartagenera del siglo XVIII a partir del censo de 1777 y del comportamiento de sus crisis, y con ello permite saber qué orden de magnitud tenía el peligro que la novena a san Roque no conjuró y que esta imagen, según la tradición, sí. Es el contrapeso cuantitativo de un relato que resuelve una mortandad con nueve días de rezo.
- «Fortificaciones / Derribo de las murallas» (serie «cartapedia»)
muhca.gov.co
Explica contra qué estaba escribiendo el autor, que es la clave de por qué la mitad del texto no cuenta ninguna leyenda. Documenta que la ciudad estuvo a punto de perder sus murallas: terminadas en 1796, con un alcalde que ordena derribar el tramo entre la Boca del Puente y la India Catalina, y con la firma inglesa S. Pearson & Son, contratada en 1915, recomendando la demolición. Ese es el clima en que un cronista de los años cuarenta monta un alegato en defensa de las reliquias coloniales y le cuelga una leyenda para que se lea.
- «Fiestas de la Candelaria» (serie «cartapedia»)
muhca.gov.co
Da el perfil del intermediario, que en esta pieza es más importante que en ninguna otra porque el autor se limita a transmitir. Identifica a Martínez Fajardo como periodista que firmaba «Eumarfa» y describe su obra como recreación fantástica de la imaginación popular de la Cartagena histórica: exactamente el oficio de quien toma una relación del siglo XVIII citada por un historiador local y la monta dentro de un artículo de opinión sobre patrimonio. Saber que es un columnista y no un investigador es lo que permite pesar la cadena de tres manos.
- Archivo Histórico de Cartagena de Indias (página institucional)
muhca.gov.co
Cierra el expediente diciendo por qué no se puede cerrar. Declara que la ciudad perdió la mayor parte de su memoria documental de los siglos XVI a XVIII y que por eso los fondos del archivo arrancan en el XIX: es decir, que la relación de un misionero de 1753 y el traslado conventual de 1551, que son las dos fechas que el relato pide comprobar, caen fuera de lo que Cartagena conserva de sí misma. Esa pérdida documental explica, mejor que cualquier otra cosa, por qué la historia del Cristo se transmite por cadena de citas y no por expediente.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Santo Domingo y el Cristo de la Expiración» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Santo Domingo y el Cristo de la Expiración» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Santo Domingo y el Cristo de la Expiración» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








