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Templo de Santo Domingo y el cristo de la expiración

El convento de Santo Domingo en Cartagena alberga la leyenda de la Imagen Milagrosa del Cristo de la Expiración, un símbolo de fe y misterio.

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Ilustración de Templo de Santo Domingo y el cristo de la expiración

En la ciudad de Cartagena, erigida sobre cimientos de azúcar morena y espuma marina, ha fluido el río del tiempo sin erradicar las raíces de su historia. Como una joya incrustada en la corona de la costa caribeña, sus viejas construcciones reflejan el espíritu intrépido de aquellos aventureros que cruzaron océanos y sueños para conquistar lo desconocido. Entre las proezas arquitectónicas que la adornan, se destaca, de manera singular, el templo de Santo Domingo, levantado con piedras que parecieran haber surgido del aliento del mar, como susurra en sus remembranzas don José Manuel Groot.

En sus muros aún se respira el eco de aquel lejano año de 1538, cuando en los estrictos círculos de la colegiata de Madrid, las campanas resonaron con un nuevo nombramiento. Fray Jerónimo de Loayza, un monje cuya sencillez le ganaba el corazón de sus alumnos, había sido designado Obispo de Cartagena de Indias. Pero entre los muros de monasterios antiguos, el monje no encontró solo un título sino una sagrada misión. Aceptó el obispado con la condición de llevar consigo una pequeña comunidad de hermanos de fe, aquellos cuyo andar había presenciado en los senderos de rutas espirituales.

Zarpó hacia las Américas acompañado por un séquito divino: Fray José Robles, cuya voz en poesía era un lago de nuevas melodías; Fray José de Ávila, un hombre bendito destinado a registrar la gloria de los santos; Fray Juan de Chávez, de alma pura y manos pálidas; y Fray Juan de Zea, el salmista encendido de ardor literario. Juntos partieron a fines de 1538, como gotas de fe sembradas en la tierra prometida.

El convento que fundaron en Cartagena se alzó primero en el lugar donde hoy el palacio municipal escucha el rumor del comercio, pero en 1551, como si la piedra misma entendiera y pidiera asiento más adecuado, fue trasladado al tranquilo abrigo del templo de Santo Domingo. Allí, en el refugio de la fe, una leyenda comenzó a tejerse en torno a un enigma de madera y el arte divino.

Las noches en Cartagena estaban entonces bordadas con el perfume de la tradición. Bajo la luz física y metafórica de las lámparas antiguas, los ojos de los ancianos se llenaban de historias que alcanzaban las profundidades de lo humano y lo celestial. Una de ellas, un fresco pintoresco en la memoria colectiva, crecía alrededor de la Imagen del Cristo de la Expiración. Se decía que este Cristo milagroso había intervenido en tiempos de epidemia, calmaron las furias de la viruela que llenaba las sepulturas con un flujo constante de cuerpos mortales. Ni las ruegos a la Virgen ni la solemnidad de San Roque hallaron clemencia del cielo, hasta que la silente gracia de esta Imagen socorrió a la ciudad.

El nacimiento de tal sagrado simulacro es una danza de misterio y fe. Se cuenta que un estatuario de origen oculto se retiró al convento, declarando que haría surgir de la madera el Santo Cristo. Los hermanos recorrían el camino al mar, hallando en la playa un tronco abandonado. Como si guiados por una voluntad mayor, regresaron una y otra vez, encontrando el tronco creciendo bajo la mano invisible de lo divino, hasta lograr la medida perfecta.

Contentos, los religiosos llevaron el madero al interior del convento donde el artista se encerró para realizar su obra en un rincón sagrado. Pero lo que sigue es lo más peculiar del relato. Los frailes al cabo de días no eran testigos de sonido alguno de trabajo; el estatuario había desaparecido. Dentro de la habitación, la figura del Cristo ya estaba terminada, perfecta y solemne como un fragmento de eternidad tallada en un asombro de tiempo suspendido. Los hermanos sospecharon que fue un ángel enviado por los cielos quien hubo obrado tal maravilla.

Esta Imagen, invicta al paso del tiempo, aún, aunque sus siglos la tocan, no permite que el tiempo la consuma. Cuando se intentaron adherir clavos de plata a sus pies y manos, al día siguiente aparecieron junto a su altar, devueltos desde el seno mismo de la madera, como si la fe misma rechazase la sumisión al lujo terrenal.

Dentro del templo de Santo Domingo, el aire se arremolina con un murmullo de cánticos antiguos y el silencio expectante propio de los recintos sagrados. La estructura divide sus naves y las engalana con capillas bendecidas, dominadas por la presencia del Cristo vivificante y la Virgen de Rosario, cada cual un latido de eternidad dentro de sus muros de historia.

Y allí permanece el templo, una línea tangible que cruza la fantasía de la bruma costera. En su caprichosa arquitectura y la áspera textura del callejón de los Estribos, se alza como la sombra elegante de una España eterna, susurrando en cada muro, en cada piedra, una historia que espera la llegada de los oídos dispuestos a escuchar. Es un refugio del alma de Cartagena, un legado que rememora silenciosamente tiempos de gloria y fe, nutriendo a la ciudad con su inquebrantable esencia a medida que el velo del progreso moderno se despliega como una ola sobre su pasado. Así, en ese relato suspendido entre realidad y devoción, el saber nos envuelve, recordándonos la profunda unión entre lo humano y lo divino en el corazón palpitante del mito.

Historia

El origen del mito se centra en la leyenda de la Imagen Milagrosa del Cristo de la Expiración en el Convento de Santo Domingo en Cartagena. Según la tradición, esta imagen fue creada milagrosamente por un artífice que se retiró en el convento alegando ser estatuario. Después de que las olas depositaran un tronco a las orillas del mar, los hermanos del noviciado sugirieron que el artífice utilizara ese tronco para tallar la imagen de un Santo Cristo. A medida que verificaban el tronco cada semana, notaron que este crecía, alcanzando la longitud necesaria para construir la imagen. Después de que el artista se encerró a trabajar, sin que se escuchara ruido alguno, lo encontraron desaparecido en el cuarto junto con la imagen terminada de Cristo al tiempo de expirar. La imagen se considera milagrosa, pues permanece intacta desde que fue esculpida y no ha permitido ser retocada, incluso rechazando adornos de plata colocados en sus clavos. La leyenda sugiere que el artífice pudo haber sido un ángel enviado por Dios.

Versiones

El mito de la fundación y milagros asociados al convento de Santo Domingo en Cartagena presenta dos versiones principales que difieren principalmente en su enfoque histórico-cultural y en los elementos de la narrativa milagrosa. Ambas versiones reconocen la importancia arquitectónica y cultural del convento en Cartagena como un reflejo de la herencia colonial española, pero divergen en la forma en que enmarcan los eventos legendarios y las figuras involucradas. La primera versión es más una crónica histórica que resalta la llegada de Fray Jerónimo de Loayza como un evento importante, destacando su rol en la expansión de la iglesia y su misión en la región, subrayando su enfoque en las virtudes cívicas y educativas. Este relato es más objetivo, centrado en hechos y personajes reales en un contexto colonial que resalta los logros estructurales y la transmisión de la fe.

La segunda versión, en cambio, se adentra en el ámbito del mito y lo sobrenatural, promoviendo la leyenda de la Imagen Milagrosa del Cristo de la Expiración. Esta narrativa enfatiza elementos mágicos, como el madero que crece y la intervención de un supuesto ángel que actúa como estatuario, auténticos giros fantásticos que alimentan la tradición oral. La leyenda se sitúa en un contexto de devoción y milagrería, donde la aparición y características inalterables de la imagen sirven para subrayar su carácter sagrado y el poder divino. Mientras la primera versión se enfoca en la historia del lugar y sus protagonistas humanos en el marco de la cultura española colonial, la segunda se concentra en el enigma y lo milagroso, ofreciendo una imagen más íntima y mística de la influencia espiritual y comunitaria del convento en Cartagena.

Lección

La fe puede obrar milagros en tiempos de necesidad.

Similitudes

Se asemeja a mitos griegos como el de Pigmalión, donde lo divino interviene en la creación de una obra perfecta.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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