Tasime: el tigre y el incesto

Andina · Umbra

Tasime: el tigre y el incesto

Una joven marca con beé al visitante nocturno, descubre a su hermano y deja una señal que alcanza el río, la luna y la metamorfosis.

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El relato

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Guakurama era un pueblo grande. Allí se trabajaba el oro y se trabajaba la sal, y las mujeres dormían aparte de los hombres, en su propio lugar de descanso. Entre ellas vivía una joven a la que todos reconocían por su belleza.

En las noches de luna soñaba que un muchacho se acercaba adonde ella dormía. La besaba, la tocaba, la acariciaba, y se iba antes de que hubiera luz. Ella no conseguía verle la cara ni reconocer la voz. Volvía cada vez que había luna, y cada vez se iba igual.

La joven se lo contó a sus amigas. Ellas le dijeron cómo saberlo: que se untara las manos de bee, la pintura negra, y que se las pusiera encima cuando volviera.

La noche siguiente el muchacho volvió. Ella no lo detuvo, no le pidió el nombre, no trató de verle el rostro. Le puso las manos teñidas en la espalda y lo dejó irse. La pintura quedó pegada donde ella la había puesto.

Al amanecer salió a buscar entre los jóvenes del pueblo. Buscaba una espalda marcada, y la encontró: era la de su propio hermano.

Entonces la joven echó a correr. Corrió hasta el río Cauca y se lanzó al agua, y allí termina lo que se sabe de ella.

El hermano se miró. Vio las franjas oscuras que le habían quedado en el lomo y se vio pintado a rayas como Tassime, un tigre. Comprendió que lo habían reconocido, y corrió detrás de su hermana.

Desde esa vez la luna apareció pintada. La misma marca que había servido para descubrir lo que se escondía quedó también arriba, donde la ve todo el mundo y nadie puede borrarla.

Y cuando la luna desapareció, el hermano se transformó en lobo.

Así que una sola pintura hizo tres cosas seguidas: señaló al que llegaba sin rostro, mostró el parentesco que no debía ser, y pasó del cuerpo al cielo. Lo que se hacía a oscuras quedó visible de noche y para siempre, y los dos que lo habían hecho dejaron de estar donde estaban: una en el agua, el otro fuera de su forma.

Tasime: el tigre y el incesto: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una marca puesta a oscuras revela al amanecer más de lo que se quiso saber.”

Territorio

Andina · Umbra

Andina · Umbra

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Umbra
Referencia
5.3639° · -75.7082°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato está publicado en el portal Albicentenario bajo el título «Mito Umbra del tigre o del incesto», firmado por Yoani Largo Trejos —también escrito Yoany—, indígena del Resguardo de Escopetera Pirza, en Riosucio y Quinchía. La página presenta el texto en lengua umbra o unga y su traducción al castellano en cuatro hojas manuscritas escaneadas, más tres notas de edición. Yoany es hermano de Merardo Largo Trejos, primer gobernador de ese resguardo, que empezó la escuela de lengua umbra en Bonafont en 1991 y colaboró en 1995 con el libro «La lengua Umbra».

La nota 3 de esa misma página da el anclaje geográfico: «Guakurama» equivale a «Guacuma», nombre que registra Juan de Castellanos en 1587, en su relato de la expedición de Juan Vadillo de 1538, para el actual municipio de Quinchía, en Risaralda. La nota 1 sitúa a los umbra como una de las cerca de veintisiete tribus de la provincia que Sebastián de Belalcázar llamó Anserma en 1536.

El cambio más importante respecto de la ficha heredada afecta al nombre. En la traducción manuscrita el hermano «se vio pintado a rayas como Tassime, un Tigre»: tassime es la palabra del felino, no el nombre propio del joven. El artículo de Simón González Ticora sobre la lengua umbra, publicado en 2025 en Lengua y Sociedad, registra tassime con ese valor. Tampoco hay base para llamar ritual a la pintura: la fuente sólo la presenta como pintura negra usada para marcar, y la escribe «bee», sin tilde.

Anielka Gelemur-Rendón y Guillermo Rendón relacionaron una figura de jaguar grabada en una roca con mitos umbra y emberá. Esa línea de investigación es parte de la historia de recepción del relato, no de su origen, y Luis Javier Caicedo la ha discutido a fondo.

Resonancias con otros mitos

El paralelo documentado más próximo en el tiempo y en el espacio está en la crónica de 1553. Cieza de León escribe que los indios vecinos de Ancerma —la misma provincia donde la nota de Albicentenario sitúa a los umbra— esculpían en tablas ídolos «y figuras de gatos, en quien adoran». Figuras de felino, talladas y adoradas, en el mismo territorio donde cuatro siglos después el hermano marcado se ve rayado como un tigre. No es la misma historia; es la misma presencia animal, documentada en el punto más antiguo de la cadena.

El segundo paralelo está en la propia cultura umbra actual. El semillero de contextos rurales de UNISARC publicó en agosto de 2024 una crónica sobre petroglifos de la región y sobre el relato de «la pezuña del diablo», con la participación de Merardo Largo. Allí, igual que aquí, una marca impresa en una superficie dura es lo que sostiene un relato: en un caso la espalda de un muchacho y la cara de la luna, en el otro una piedra.

Marcar a un visitante desconocido para reconocerlo al día siguiente aparece en cuentos de muchos lugares, con pintura, ceniza, hilo o una prenda. Aquí el bee no adorna ni acusa formalmente: convierte un encuentro sin rostro en conocimiento público dentro del pueblo.

La mancha de la luna pertenece a una familia extensa de relatos que explican marcas celestes a partir de hechos humanos. Y no conviene reducir esto a un Edipo local: no hay rey, ni profecía, ni desconocimiento de por vida. Lo que decide es una marca puesta a propósito.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La única versión disponible es la manuscrita de Albicentenario, y el libro «Historia de Guacuma», publicado en 2013 por Alejandro Ugarte Rico, Merardo Largo Trejos y Fernando Uribe Trejos, reproduce prácticamente la misma secuencia. No son dos testimonios orales independientes: son la misma traducción publicada dos veces, y la segunda sirve sobre todo para leer palabras borrosas del escaneo.

  2. La grafía oscila entre Tasime y Tassime. La fuente escribe Tassime, con doble ese, y el slug del sitio dice tasime. Se conserva el slug por estabilidad y se propone corregir el título.

  3. Hay también una ambigüedad zoológica que las fuentes no resuelven. La traducción dice «tigre»; en Colombia esa palabra ha designado históricamente al jaguar. Y el final dice «lobo», que en el habla regional puede nombrar a un zorro o a un perro de monte. Las dos identificaciones quedan abiertas y la ficha no elige especie.

  4. La ficha anterior afirmaba que el relato había nacido para explicar el petroglifo de Samogá, daba al joven el nombre propio Tasime, convertía el bee en sustancia ritual y establecía una jerarquía moral entre el jaguar y el lobo. Nada de eso está en la traducción y se retira. El vínculo con Samogá pasa a la historia de recepción, como interpretación de investigadores y no como origen comprobado.

  5. Y conviene decir qué clase de documento es éste. La lengua en que está escrito el original está en discusión: Simón González Ticora concluye en 2025 que el umbra no es una lengua chocó, y Luis Javier Caicedo ha cuestionado a fondo el método con que se reconstruyó el corpus.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Umbra · Caldas · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mito Umbra del tigre o del incesto

    albicentenario.com

    Es la fuente del relato completo. Publica el texto en lengua umbra o unga y su traducción castellana en cuatro hojas manuscritas escaneadas, de donde salen «Guakurama era un pueblo grande», el bee con que la joven le unta la espalda al visitante y la frase «se vio pintado a rayas como Tassime, un Tigre». Sus tres notas de edición fijan lo demás: la nota 3 equipara Guakurama a Guacuma, nombre que registra Juan de Castellanos en 1587 para el actual Quinchía en su relato de la expedición de Juan Vadillo de 1538; la nota 1 sitúa a los umbra como una de las cerca de veintisiete tribus de la provincia que Belalcázar llamó Anserma en 1536; la nota 2 identifica al autor como indígena del resguardo de Escopetera Pirza y hermano de Merardo Largo Trejos.

  2. ¿Es el umbra una lengua chocó?: un primer acercamiento desde la lingüística comparada

    scielo.org.pe

    Registra tassime con el valor de «tigre» en el corpus umbra publicado, que es el dato con el que esta ficha retira el nombre propio del hermano y corrige el título. Y establece que el umbra no es una lengua chocó y que los parecidos con el emberá-chamí se explican por contacto y préstamo.

  3. La crónica del Perú, primera parte

    archive.org

    Aporta el paralelo felino más antiguo del mismo territorio: en el capítulo XV escribe que los indios comarcanos a la villa de Ancerma esculpían en tablas ídolos «y figuras de gatos, en quien adoran». Y en el XVI registra que «el sitio donde está fundada la villa de Ancerma es llamado por los indios naturales Umbra», que es el nexo entre el topónimo del relato y la provincia colonial.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Comentarios al libro de Guillermo Rendón sobre el descubrimiento de indígenas Quimbaya en Riosucio (Caldas), en Ciencia Nueva 2(1), pp. 154-171

    revistas.utp.edu.co

    Es la pieza que obliga a leer con cautela todo el aparato lingüístico que rodea al relato: cuestiona el método de Guillermo Rendón, señala que su investigación quimbaya «careció de hablantes» y que transpone la sistematización del umbra de 2011, y al mismo tiempo reconoce el mérito del trabajo umbra de los años noventa con un hablante de la calidad de Merardo Largo Trejos.

  2. Lengua Umbra como lengua chocó: una clasificación en disputa

    repositorio.uniandes.edu.co

    Reconstruye el trayecto histórico del pueblo umbra —encomienda de 1559, traslados a Quinchía y Riosucio para las minas de Picará y Mápura, salida de 1627 al valle de los Pirzas, reaparición en 1990 en torno a Escopetera y Pirza— y explica en qué condiciones circuló y se recuperó un relato como éste.

  3. Mitos y huellas de la cultura Umbra

    unisarc.edu.co

    Documenta, con la participación de Merardo Largo, petroglifos de la región y el relato de «la pezuña del diablo»: es el paralelo vivo de una marca impresa en una superficie dura que sostiene una narración, al lado de la espalda marcada y de la luna pintada de este mito.

  4. El saber de la viva emoción en dos protagonistas: Anielka Gelemur-Rendón y Guillermo Rendón G.

    revistaaleph.com.co

    Documenta la línea de investigación que relacionó una figura de jaguar grabada en roca con mitos umbra y emberá, y que la ficha heredada usaba como origen del relato. Aquí se conserva sólo como historia de recepción.

  5. Umbra, la lengua que se resiste a desaparecer

    elespectador.com

    Sitúa a los dos hermanos Largo Trejos y el proceso de recuperación de la lengua en que se publicó esta traducción, y confirma la grafía Yoany junto a la Yoani con que está firmado el manuscrito.

Voces de la comunidad

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«Tasime: el tigre y el incesto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Tasime: el tigre y el incesto» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Tasime: el tigre y el incesto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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