Talabalí

Andina · Mixto

Talabalí

Otero D’Costa convirtió el cautiverio de Talabalí y un duelo impuesto en una tragedia romántica situada en la Bucarica colonial.

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Talabalí: la entrada del relato

El relato

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Don Juan de Velasco, hijo de Ortún Velásquez de Velasco y heredero de las encomiendas de Guaca, Bucarica y Bucaramanga, gastó su hacienda sirviendo al rey, fundando monasterios y pleiteando con vecinos y no vecinos. Un día tuvo que dejar la casa solariega de Pamplona y marcharse con su numerosa familia al valle de Bucarica.

El valle tenía un pero: los yariguíes, y entre ellos la parcialidad de los suamacaes, asentada en las vegas del Cáchira. Velasco armó a su gente y les hizo entradas. En la última sorprendieron al cacique Suamacá, y el mejor botín fue un prisionero: Talabalí.

Talabalí era guane, natural de Bucarica, y de muchacho había servido como paje en la casa de Pamplona. Vuelto a su valle, un castigo injusto lo echó al monte, y acosado por sus perseguidores se unió a los yariguíes. Llegó a ser uno de sus capitanes más temidos, por su fuerza y porque conocía la lengua y las argucias de los blancos. Velasco lo encerró en una vieja jaula que había guardado un tigre y prometía verlo colgado en la plaza mayor de Pamplona. Habría muerto de hambre y de sed si doña María, la hija del encomendero, no le hubiera hecho llevar comida a escondidas.

Por María suspiraba don Juan de Arteaga Gamboa, un hidalgo vizcaíno de veinticinco años, espadachín y con la bolsa vacía. El padre quería para ella un enlace con la rica nobleza de Pamplona; ella había dicho que no se casaría con otro. El traslado ponía veinticinco leguas de montaña entre los dos, pero a los dos meses el vizcaíno entró al valle del Río del Oro montado en un rocín despeado.

Velasco lo mandó llamar.

—Os concedo la mano de doña María con una sola condición: que venzáis al indio Talabalí en duelo singular de espada y macana.

—Considerad que soy hidalgo y español, y que no es de mi clase batirme así, y menos con un indio.

Arteaga se fue a su posada, mohíno y confuso. Su huésped era Beltrán de Luzuriaga, un viejo minero del Río del Oro.

—Conozco a don Juan de Velasco —le dijo—. Os hace la propuesta porque cuenta con que no la aceptaréis, y vuestra negativa os desmerecerá ante doña María, que pensará que vuestro amor es muy flaco si no vence una preocupación de casta. Aceptad el duelo. Eso sí, ese Talabalí es un bestión tan grande como una ceiba y con más fuerzas que una danta…

—Ahorraos el advertimiento —lo cortó Arteaga—. Hoy mismo vuelvo a Bucarica a decir que acepto.

Velasco, cogido en su propia red, tuvo que cumplir. En la plaza de la doctrina de Bucarica levantaron el palenque. En el mejor tablado se sentó el encomendero con los suyos y el padre doctrinero Alonso Ortiz Galeano. Al lado, en otro mayor, los blancos del contorno: el teniente-alcalde de minas, el escribano del valle, el alguacil, los mineros, y Luzuriaga. En un tercero, don Diego, cacique de Bucarica, con su familia. Los indios de la encomienda, de pie, llenaban la estacada.

Sonó la trompeta. Arteaga, sereno, llevaba rodela y espada fina; frente a él, Talabalí embrazaba una adarga rústica y blandía una macana desmesurada. Los mineros aullaban: ¡Santiago, y al bárbaro! Cruzaron las armas. Talabalí descargó la macana, y la rodela de Arteaga saltó en pedazos.

Un grito angustiado salió del tablado del encomendero:

—¡Talabalí! ¡Talabalí!

Él vio quién gritaba y entendió. Había querido a María desde niño, y recordó cuál era su destino. Quiso morir de una vez, antes de llevarle a ella ese dolor. Triste, sin cubrirse siquiera, buscó la punta del acero y avanzó contra ella, ayudando con su empuje el brazo del rival.

Y cuando sintió que el alma se le iba, alzó los ojos hacia la novia imposible y le lanzó su más bella sonrisa de amor.

Talabalí: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien gana el primer golpe y elige no dar el segundo convierte su muerte en una decisión propia.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
7.0625° · -73.125°

Ficha del relato

Contexto histórico

Entre los folios 36 y 41 de la compilación quiteña de Villa Posse corre este texto, el más largo de los tres santandereanos que ella toma del libro bogotano de Otero D'Costa de 1936. La pieza no trae fecha propia de escritura. Circulaba ya dos años antes: Daniel Mauricio Preciado Camargo cita la negativa del hidalgo a batirse con un indio por la página 150 de «Historietas. Leyendas y tradiciones colombianas», la colección de historietas que salió de las prensas de Zapata en Manizales en 1934. En la cabecera de la antología el título sale partido, «T ALABAD», mientras el cuerpo del texto llama al protagonista Talabalí de principio a fin.

De las tres piezas santandereanas del libro es la que más debe al archivo. Otero era bumangués y fue él quien encontró en 1914, en el fondo Tierras del Archivo Histórico Nacional, el auto de 1622 que la ciudad adoptó como su acta de fundación; lo publicó ese año en el número 100 del Boletín de Historia y Antigüedades. Los nombres del palenque salen de esa documentación. Luis Rubén Pérez Pinzón, al revisar en 2022 los expedientes de la visita de Juan de Villabona Zubiaurre, muestra que el oidor ordenó congregar a los indios de Guaca y Bucarica para protegerlos de los abusos del encomendero Juan de Velasco, de su familia y en especial de su yerno Juan de Arteaga, y que el auto lo cumplió Andrés Páez de Sotomayor, teniente del alcalde de minas.

La cabecera anuncia en bloque que muchas leyendas del libro vinieron de boca campesina, sin decir cuáles, y ésta no deja rastro de ello: no hay copla, refrán ni narrador interpuesto. Habla un escritor que se dirige al «lector curioso» y le presenta a los personajes con fórmula de sobremesa. La mezcla es la de una tragedia de autor con materia colonial documentada. El protagonista es un guane criado como paje en casa española, que aprende allí la lengua y las mañas de los blancos y con ellas se hace capitán de los yariguíes. Muere en un palenque que montan hidalgos para dirimir una boda, bajo tres tablados que ordenan a los presentes por su rango.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto de la trayectoria de Talabalí está en «La Araucana», que Alonso de Ercilla publicó en 1569. En el canto III aparece «un hijo de un cacique conocido / que a Valdivia de paje le servía»: Lautaro, criado en casa del conquistador, que en plena batalla se pasa a los suyos, los arenga y termina como su capitán. Talabalí recorre el mismo camino, de paje de Velasco en Pamplona a capitán de los yariguíes, y como Lautaro saca su fuerza de conocer por dentro la lengua y las argucias de los blancos. La diferencia es el desenlace. Lautaro vence a su antiguo amo; Talabalí, que ha ganado el primer golpe, renuncia a la victoria.

La renuncia tiene su paralelo andino en «Cumandá o un drama entre salvajes», la novela que Juan León Mera publicó en Quito en 1879. Cumandá, criada entre los indios de la selva oriental del Ecuador, acepta ir a la muerte para salvar a Carlos, el joven blanco al que ama, y lo dice sin rodeos: prefiere sacrificar su vida por la de su adorado. En los dos textos el amor atraviesa la frontera colonial y sólo se resuelve con la muerte voluntaria del personaje indígena. Mera, sin embargo, reserva una revelación de parentesco que vuelve imposible el amor; Otero no necesita ninguna, porque lo imposible es la escala de los tres tablados.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Lo que el archivo cuenta y lo que cuenta el relato van por caminos distintos, y conviene tenerlos separados.

  2. En el relato, Juan de Arteaga Gamboa es un vizcaíno pobre y enamorado al que el encomendero rechaza y que se juega la vida para ganar a doña María. En los expedientes de 1622 que estudian Pérez Pinzón y Leonardo Fabián García Rincón, Juan de Arteaga es ya el yerno de Velasco y el administrador de la cuadrilla de Bucarica y Guaca, y figura entre los castigadores más duros de la provincia de Pamplona. García Rincón transcribe la queja de un lavador de oro, Martín Melchor Báez, azotado por Arteaga con ayuda de Andrés Páez de Sotomayor por medio peso que no alcanzaba a pagar. El galán de la leyenda y el administrador del expediente llevan el mismo nombre y viven en el mismo valle. Ninguno de los dos autores menciona a Talabalí, la jaula ni el duelo.

  3. Páez de Sotomayor aparece también en las dos orillas. En el texto se sienta en el tablado de los blancos como teniente-alcalde de minas; en el archivo es el funcionario que cumple el auto de 1622 del que la ciudad de Bucaramanga hizo su partida de fundación.

  4. Dentro del propio texto, el nombre del protagonista vacila en la cabecera de 1993 y no en el cuerpo. El guane Talabalí se une a los yariguíes, y los suamacaes aparecen como una parcialidad de ellos asentada en las vegas del Cáchira; a él lo capturan en la entrada contra el cacique Suamacá. Otero no dice que Talabalí fuera suamacá.

  5. Donde las ediciones pueden compararse, apenas se apartan. La negativa del hidalgo que Preciado cita de la impresión de Manizales dice «con indios o personas de baja condición»; la de 1993 escribe «con indios y personas de baja condición». Es la única variante a la vista, y es de una letra.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Santander · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II, sección 17 «Varias regiones. Leyendas»: «Talabalí», de Enrique Otero D'Costa

    flacso.edu.ec

    Texto íntegro en los folios 36 a 41, con la cabecera impresa «T ALABAD» y el nombre Talabalí en todo el cuerpo. Es la única fuente del relato completo: la ruina de Juan de Velasco y su traslado de Pamplona a Bucarica; los yariguíes y la parcialidad suamacá de las vegas del Cáchira; la captura de Talabalí, guane de Bucarica y antiguo paje, en la entrada contra el cacique Suamacá; la jaula del tigre y la comida secreta de doña María; el vizcaíno Juan de Arteaga Gamboa y la condición del duelo de espada y macana; el consejo del minero Beltrán de Luzuriaga; el palenque de la doctrina de Bucarica con sus tres tablados y los nombres de doctrinero, teniente-alcalde de minas, escribano y alguacil; el primer golpe que rompe la rodela, el grito de María y la muerte buscada.

  2. Bucaramanga 400 años. Indios pobladores antes (1622) y después (1657) de su «fundación»

    revistas.unal.edu.co

    Da el suelo documental de los nombres del relato. Con los expedientes de la visita de Juan de Villabona Zubiaurre (1622) muestra que el oidor mandó congregar a los indios lavadores de Guaca y Bucarica para frenar los abusos del encomendero y gobernador de Pamplona Juan de Velasco, de su familia y, en especial, de su yerno Juan de Arteaga; que el auto lo ejecutó Andrés Páez de Sotomayor, teniente del alcalde de minas, el mismo que en el palenque de Otero ocupa el tablado de los blancos; y que fue Otero D'Costa quien halló en 1914 la copia del auto y la publicó en el Boletín de Historia y Antigüedades n.º 100.

  3. Trabajo y castigos laborales a los indios de Pamplona del Nuevo Reino de Granada, siglo XVII

    redalyc.org

    Cuenta a Juan de Velasco, encomendero de Bucarica-Guaca, entre los amos señalados por su dureza en la provincia de Pamplona, y transcribe de las diligencias de visita de 1622 el caso más extremo: Juan de Arteaga, administrador de la cuadrilla de Bucarica y Guaca, azotó con ayuda de Andrés Páez de Sotomayor al lavador Martín Melchor Báez por medio peso de oro y lo tuvo una semana en el cepo. Permite leer el «injusto castigo» que echa a Talabalí al monte contra la práctica documentada de esas mismas encomiendas.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    En su página 58 cita «Talabalí» por la edición de «Historietas. Leyendas y tradiciones colombianas» (Manizales, Arturo Zapata, 1934), p. 150, lo que fija una impresión anterior a la de 1936. Resume el duelo de espada y macana por la mano de doña María y transcribe la negativa del hidalgo a batirse con indios, que usa para mostrar el interés de Otero por la mentalidad de la élite colonial. Describe además el «Cronicón solariego» de 1922 como un libro de historia regional, con capítulos sobre guanes, yariguíes y los placeres de oro del Río del Oro.

  2. Historia de la provincia de Guane: origen, poblamiento y configuraciones sociales (1540-1795)

    noesis.uis.edu.co

    En sus páginas 187 y 188 sitúa a Ortún Velasco como uno de los primeros pobladores de la margen del Río del Oro, con estancia de ganado y cultivos de caña y maíz en el sitio de Bucarica, donde sus indios de encomienda lavaban oro y tributaban; y explica que los de Juan Velasco siguieron viviendo en esa estancia aunque se los congregara en Bucaramanga en 1602 y 1622. Es el fondo de la «casona de Bucarica» del relato. En la página 341 registra además uniones entre guanes encomendados e indias yariguíes, el cruce de mundos que la biografía de Talabalí dramatiza.

  3. La Araucana, parte I, canto III

    archive.org

    Trae el paralelo más preciso de la figura: Lautaro, «un hijo de un cacique conocido / que a Valdivia de paje le servía», criado en casa del conquistador, que en la batalla se pasa a los suyos y acaba como su capitán. Como Talabalí, sale del servicio doméstico español y convierte lo aprendido de los blancos en arma contra ellos.

  4. Cumandá o un drama entre salvajes

    archive.org

    Es el paralelo andino del desenlace: la protagonista, criada entre los pueblos de la selva oriental del Ecuador, acepta ir a la muerte para salvar al joven blanco al que ama, y declara que prefiere sacrificar su vida por la de su adorado. Como en Bucarica, el amor que cruza la frontera colonial se resuelve con la muerte voluntaria del personaje indígena, contada por un escritor criollo.

  5. La edición de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana. Bibliotecas, editoriales e imprentas en la década de 1930

    redalyc.org

    Sitúa la edición de 1936 en que Villa Posse lee «Talabalí»: la Biblioteca Aldeana de Colombia era la edición oficial en cartilla de la Selección Samper Ortega, contratada por el Ministerio de Educación Nacional en 1935 para bibliotecas. Menciona también que la Biblioteca Santander, lanzada en Bucaramanga en 1932 por Gustavo Otero Muñoz, contó entre sus autores a Enrique Otero D'Costa.

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«Talabalí» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Talabalí» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Talabalí» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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