Tal para cual

Andina · Mestizo

Tal para cual

En San Juan de Girón, Anselmo ofrece medio cacaotal a Cirilo si acepta cargar con todos sus pecados, incluso los futuros.

Leer el relato
Tal para cual: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 3 min

En la vieja ciudad de San Juan de Girón vivía un hidalgo llamado don Anselmo Landínez de Chinchánchez, y vivía sin apuro. Chocolate espumoso por la mañana y por la noche, siesta larga, tabaco veguero, agua fresca en jarro de plata, misa temprana y rosario al toque de ánimas. Todo eso lo pagaba un cacaotal del valle del Río de Oro que le habían dejado sus padres junto con la casona, porque él, por su cuenta, nunca había sabido cosechar un maravedí.

De sus padres heredó también un coto, un bocio tan grande que en la comarca lo tenían por el padre de todos los cotos. Se lo envidiaba sobre todo maese Cirilo, su compadre, sacristán de la parroquia y cantor sin rival en cincuenta leguas a la redonda, que también llevaba el suyo bajo la barbilla.

Un día don Anselmo cayó con un tabardillo tan mal intencionado que el cirujano dio el caso por perdido y le cedió el sitio al cura y vicario de Girón. Hubo confesión, absolución, comunión y santos óleos. Quedó listo para el camino del Paraíso, y aun así no quedó tranquilo. ¿Y si se le había quedado un pecado rezagado? ¿Y si el arrepentimiento no alcanzaba? Pasaba las horas pensando en las uñas del diablo, hasta que dio con una salida y mandó llamar al compadre.

—Mi abuela decía que ñor Seguro mató a ñuá Confianza —le explicó—, y yo quiero hacer esta jornada del brazo de ñor Seguro.

Le suplicó que jurara, ante el Santo Cristo, hacerse cargo de todos sus pecados: los confesados, los que hubiera dejado de confesar y los que alcanzara a cometer en las horas que le quedaban. Cirilo se rascó la coronilla, se acarició el coto y se quedó mirando el artesonado. No le entusiasmaba embarcarse en esa nave. Entonces el enfermo añadió lo que faltaba: en pago le daría la mitad del cacaotal.

Con eso bastó. Cirilo juró y requetejuró ante el Cristo que respondería ante Dios por las culpas pasadas, presentes y futuras de su compadre. Uno quedó embargado de paz angélica y el otro embriagado de dicha celeste. Tal para cual. Llamaron al Escribano Público y de Cabildo de Girón, y el trato quedó en escritura.

El sacristán corrió a contárselo a su mujer, y ella puso los ojos en vilo.

—¿No se os alcanza que algún pecado muy grave debió de esconder don Anselmo para meteros en esto? Y aunque así no fuera, ¿quién carga con las culpas venideras de otro? ¿Y si no se muere? Respondedme: ¿y si no se muere?

Cirilo entendió la burrada y salió disparado a casa del compadre. Lo encontró de buen ánimo, tan aliviado que ya barruntaba salir bien librado. Peor que peor, pensó Cirilo, temblando. Le propuso deshacerlo todo: cada uno con sus pecados, y la escritura anulada.

—Que esté mejorando es una cosa, y que me levante de esta cama será otra —respondió don Anselmo—. Cristiano soy de una sola palabra, y Anselmo Landínez de Chinchánchez jamás se destrata.

Y no dijo más. Es fácil suponer que, a la larga, los dos compadres murieron, y más fácil creer que ambos se fueron derechito al cielo, aunque queda en el aire si esa gracia la ganaron por bobos o por cotudos.

Tal para cual: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien acepta cargar culpas ajenas a cambio de una ganancia descubre tarde que el trato no tenía salida.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
7.070833° · -73.173056°

Ficha del relato

Contexto histórico

«Tal para cual» es la pieza con que arranca la sección diecisiete del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», la antología que Eugenia Villa Posse preparó para el IADAP y que salió en Quito en 1993. Ocupa las páginas 9 a 12, las primeras de la serie que esa sección toma de «Leyendas», el libro de Enrique Otero D'Costa que salió de los talleres bogotanos de Minerva en 1936 dentro de la Biblioteca Aldeana, la edición oficial en cartilla que el Ministerio de Educación Nacional hizo de la Selección Samper Ortega.

Tenía ya dos años de imprenta. Daniel Mauricio Preciado Camargo, que estudió en 2015 la obra histórica del autor, cita la pieza por «Historietas. Leyendas y tradiciones colombianas», impreso por Arturo Zapata en Manizales en 1934, donde aparece en la página 35. Preciado la escoge como ejemplo de un Otero que ya no persigue proezas de conquistadores sino el chocolate, la siesta y el rosario de un hidalgo cualquiera.

Según la cabecera de la sección, muchas de estas piezas se oyeron «directamente de narraciones campesinas»; cuáles, no lo precisa. Este texto trae dentro dos huellas de esa oralidad. Empieza con la fórmula de contador «Estábase que ese estaba», y a mitad de camino cita una copla que, según el narrador, cantan los campesinos «de mis montañas» rascándole las tripas al tiple. En esa copla está la clave del título: dice que entre el cotudo y el bobo no hay más diferencia que ser el uno el otro. Otero la usa para anunciar que sus dos compadres, cotudos ambos, van a portarse como dos bobos, y cuando el trato se firma deja caer las tres palabras que nombran la pieza. Al final remite a una fuente igual de vaga: «tampoco dice más la tradición», escribe, antes de suponer él mismo el desenlace.

El escenario es de una precisión santandereana: San Juan de Girón, el valle del Río de Oro, la tierra «del tabaco aromoso, del cacao por excelencia y del oro sin rival». Y el coto del chiste era una realidad sanitaria de esas montañas. Un repaso histórico publicado en CES Medicina en 2018 recuerda que el Papel Periódico de Santa Fe ya imprimía en 1794 unas reflexiones sobre «la enfermedad que vulgarmente se llama coto», que a fines de los años cuarenta la prevalencia nacional rondaba el 53 % y que la yodación obligatoria de la sal llegó en 1947, once años después del libro.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en la Inglaterra del siglo XVII. John Aubrey, en unos apuntes de 1686 y 1687 que la Folklore Society editó en 1881, describe una costumbre de Herefordshire: al sacar al muerto de la casa se le entregaba a un pobre, por encima del cadáver, una hogaza, un cuenco de cerveza y seis peniques, y a cambio él tomaba sobre sí todos los pecados del difunto. Aubrey lo emparenta con el macho cabrío del capítulo 16 del Levítico, sobre el que el sacerdote confiesa las culpas del pueblo antes de soltarlo al desierto. La transacción es la de Girón, con pago, precio y aceptación, pero con dos diferencias que explican la risa de Otero: el comedor de pecados cobra por culpas ya cerradas, y Cirilo firma también las futuras de un hombre que no se muere.

El segundo paralelo es colombiano y casi contemporáneo. En «En la diestra de Dios Padre», que Tomás Carrasquilla publicó en Antioquia en 1897, el cielo resuelve el caso de Peralta con un documento en regla que firman santo Tomás y santa Teresa como «mayores d'edá, y del vecindario del Cielo»: el pleito sobre las almas ganadas a las cartas se arregla por escrito, como una escritura de cabildo. En los dos relatos la salvación se tramita con papeles de notaría y un hombre simple termina en la gloria. Peralta llega por humilde; los compadres de Otero, según su narrador, por bobos o por cotudos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto trae dos capas que se distinguen con claridad y que conviene no fundir. La primera termina con la negativa de don Anselmo, «jamás se destrata», y el narrador la cierra él mismo: «tampoco dice más la tradición». La segunda es suya y lo declara: es «fácil suponer» que los compadres murieron a la larga y «más fácil creer» que ambos fueron derechito al cielo. El final celestial no es parte de lo transmitido sino una conjetura del escritor, dicha en condicional de sobremesa.

  2. La primera línea abre otra ambigüedad. Otero anuncia que hay cuentos de bobos y cuentos de vivos, y promete uno sobre una «pareja de majaderos». Pero la pareja no sale pareja. Cirilo es el bobo del trato, el que acepta por codicia y sólo entiende la burrada cuando se la explica su mujer. Anselmo, en cambio, obtiene exactamente lo que buscaba y se ampara en su palabra de cristiano para no soltarlo. El título admite así dos lecturas: iguales en el coto y en la simpleza, como sugiere la copla que el narrador cita, o iguales sólo en apariencia, uno bobo y el otro vivo.

  3. La historia impresa también tiene sus variantes menores. Preciado Camargo, citando la edición de Manizales de 1934, reproduce la rutina del hidalgo sin los «gaudeamus suculentos» ni las «siestas roncadoras» que sí están en la de 1993; puede ser un recorte del citador y no del autor. La impresión de 1993, por su parte, escribe «pescados» donde el juramento pide pecados, una errata de composición que no altera el sentido.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II, sección 17 «Varias regiones. Leyendas»: «Tal para cual», de Enrique Otero D'Costa

    flacso.edu.ec

    Es el texto completo, en los folios 9 a 12, y la pieza que abre la sección. De aquí sale todo el relato: el hidalgo de Girón con su nombre entero y su rutina de chocolate, siesta y rosario; el cacaotal heredado del valle del Río de Oro; el coto «padre de todos los cotos» y la envidia del sacristán Cirilo; el tabardillo, los santos óleos y el refrán de la abuela sobre ñor Seguro; el juramento ante el Santo Cristo por los pecados pasados, presentes y futuros a cambio de medio cacaotal; la escritura ante el Escribano Público y de Cabildo; las dos objeciones de la mujer; la negativa de Anselmo a destratarse y el final supuesto en el cielo. La cabecera de la sección declara que «muchas» de estas leyendas se oyeron a campesinos y trae la ficha del libro de 1936.

  2. Hacia una nueva comprensión de la historiografía colombiana: breve historia intelectual de Enrique Otero D'Costa (1883-1964)

    repository.urosario.edu.co

    En las páginas 55 y 56 usa precisamente «Tal para cual» para caracterizar el libro «Historietas. Leyendas y tradiciones colombianas» (Manizales, Arturo Zapata, 1934), y lo cita en su página 35: es la prueba de que la pieza circulaba impresa dos años antes de la edición de Minerva. Transcribe la rutina de don Anselmo —chocolate, tabaco veguero, jarro de plata, misa y rosario— y la lee como el giro de Otero hacia la vida cotidiana colonial, lejos de las proezas de conquistadores. Advierte que en ese libro el autor no declara fuentes documentales.

  3. Remaines of Gentilisme and Judaisme, 1686-87

    archive.org

    Trae el paralelo más preciso del motivo: en el condado de Hereford, al sacar el cadáver, se entregaba a un pobre sobre el cuerpo una hogaza, un cuenco de cerveza y seis peniques, y a cambio tomaba sobre sí «all the Sinnes of the Defunct». El mismo Aubrey lo relaciona con el macho cabrío del Levítico 16. Sirve para medir lo que el relato de Girón exagera: el pago existe en los dos, pero allí se cobra por culpas cerradas y aquí se firman también las futuras.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. En la diestra de Dios Padre

    textos.info

    Es el paralelo colombiano de la salvación tramitada con papeles: el cielo resuelve el pleito de las almas que Peralta le gana al diablo a las cartas con un escrito que firman santo Tomás de Aquino y santa Teresa como «mayores d'edá, y del vecindario del Cielo», con fórmula de notaría. Como en Girón, un hombre simple termina en la gloria por la vía de un documento, y el humor sale de aplicar el derecho civil a la economía de la gracia.

  2. Historia del bocio endémico, desde Sheng-Nung hasta los programas de yodación universal de la sal en Latinoamérica

    revistas.ces.edu.co

    Documenta que el coto del relato no es un adorno: en la Nueva Granada se escribía sobre él desde 1794, cuando el Papel Periódico de Santa Fe publicó unas «Reflexiones sobre la enfermedad que vulgarmente se llama coto»; el estudio nacional de fines de los años cuarenta midió una prevalencia del 53 %, con zonas por encima del 80 %, y la yodación de la sal se estableció en 1947. Explica además la palabra coto, que deriva de una voz quechua.

  3. Políticas sanitarias y situación actual del bocio endémico: el caso de Colombia

    revistas.unal.edu.co

    Completa el fondo sanitario del relato con la cronología de las políticas: la recomendación de Boussingault de usar sal de fuentes yodadas para prevenir el coto, los trabajos de Socarrás sobre «coto y cretinismo en Colombia» y la Ley 44 de 1947 que organizó la yodación. Permite situar la pieza de 1934-1936 en el momento en que el coto todavía era rasgo común de las montañas santandereanas y materia de chiste.

  4. La edición de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana. Bibliotecas, editoriales e imprentas en la década de 1930

    redalyc.org

    Explica qué fue la Biblioteca Aldeana de Colombia, que es la edición por la que Villa Posse cita «Leyendas»: la segunda edición de la Selección Samper Ortega, oficial, en formato cartilla de 13 por 18,7 centímetros, pagada por el Ministerio de Educación Nacional con un contrato de 1935 por dos mil colecciones. Es la vía por la que un chiste de hidalgos gironeses llegó a las bibliotecas de pueblo. Registra además que la Biblioteca Santander, la colección que Gustavo Otero Muñoz lanzó en Bucaramanga en 1932, publicó trabajos de Enrique Otero D'Costa: el autor tenía ya editor regional cuando entró en la colección nacional.

  5. Levítico 16 (Reina-Valera 1960)

    biblegateway.com

    El rito del día de la expiación, con el macho cabrío «por Azazel» sobre el que se confiesan las culpas del pueblo antes de enviarlo al desierto, es el modelo que Aubrey invoca para el comedor de pecados y el trasfondo más antiguo de la idea de que la culpa puede pasar a otro. En el relato de Girón esa transferencia se vuelve contrato privado entre compadres, con precio y escritura.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Tal para cual» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Tal para cual» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Tal para cual» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.