En los tiempos en que el lenguaje de los animales y los hombres se mezclaban con la brisa del amanecer, vivía un hombre conocido como Neimuada. Era un hombre común, pero en su silencio se ocultaba un secreto oscuro que sólo los que entendían el canto del viento sobre las montañas podían decodificar.
Un día, como si el destino estuviera tejiendo sus hilos en el aire, Neimuada se dirigió a su hermano y le pidió que enviara a sus sobrinas con él para quemar curuise, las hormigas arrieras, para un festín. El hermano, confiando en la bondad aparente de Neimuada, accedió, y prometió tener a las muchachas listas a la hora señalada.
No obstante, el aire que se arremolinaba con las palabras del tío fue escuchado por un ser malintencionado. Un diablo, disfrazado del mismo Neimuada, apareció por el camino. Sus ojos brillaban como tizones encendidos, y sus manos, iluminadas por una luz extraña, daban paso a un espectáculo que las hermanas no pudieron ignorar.
"Venga, venga, ya va a amanecer", insistió el falso tío con una voz que era a la vez un canto y un mandato.
Las hermanas, engañadas por la ilusión diabólica, se adentraron en la vastedad de la montaña, persiguiendo la sombra del diablo. La noche se volvió densa y se extendió sobre ellas, como un manto tejido por una araña ancestral. La oscuridad, cargada de expectativas y secretos no revelados, las envolvió durante kilómetros. Al amanecer, la realidad aplastante reveló su engaño: estaban abandonadas, solas en un paisaje que desconocían, sin rastros del curuise prometido.
En medio del silencio verde, las muchachas comenzaron su travesía para encontrar una salida. Sus ojos, avezados y afilados como aguijones, descubrieron un milpeso dorado que relucía en el rocío matutino. Al inclinarse, escucharon la voz de otro demonio, que esta vez adoptó una forma menos engañosa: una cabeza desproporcionada y un cuerpo alargado.
"Ahí hay alimento para hartarse", dijo el demonio, señalando un sendero que llevaba a su guarida repleta de ilusiones ahumadas. Las hermanas, hambrientas pero precavidas, comieron de lo que parecía comida pero pronto advirtieron el engaño oculto en cada bocado. Huyeron, dejándose llevar por su instinto.
Al continuar, su camino las llevó hasta la vieja hamaca de una anciana amable, que las acogió en su hogar humilde. Les prometió que sus sueños serían resguardados por su hijo encantador. No obstante, cuando la noche anunció su llegada con el canto agudo de los grillos, el hijo resultó ser un ciempiés gigantesco que retumbaba la tierra como un tractor imparable. Las hermanas rieron con miedo y horror y decidieron dejar atrás lo inimaginable.
En su errar, llegaron a otro lugar, regido por un hombre solitario que ofrecía cazabe elaborado de un modo que no debía ser contado. Las mujeres se propusieron desenmascarar la verdad, fingiendo ir a la quebrada mientras se asomaban por sorpresa al ritual secreto del hombre. Descubrieron que el cazabe brotaba de él, de su propia podredumbre. Asqueadas, huyeron antes del amanecer, el eco de sus pisadas resonando en las tinajas vacías del hombre.
Por fin, exhaustas, llegaron a la casa de una mujer y su imponente hijo. Se trataba de un hábitat engañosamente cálido, pero en silentes secretos tejía un destino mortal: el hijo no era un joven apuesto sino una boa majestuosa y predadora, ávida de las almas que se rindieran al sueño. Una de las viejas les advirtió mientras la otra disimulaba, mascullando en el dialecto del engaño.
Esa noche, las dos hermanas se resistieron al sueño, avivaron el fuego con la esperanza de engañar al destino. Cuando la boa se acercó, las chicas la combatieron con astucia y agua ardiente, quemando su carne consistente que se desbordaba del cántaro que la protegía.
Con un alarido, una voz reptiliana escapó de la mujer madre, un canto de ira que cruzó los montes. Las hermanas, rápidas y certeras, continuaron su viaje, ignorando el sufrimiento de la serpiente vencida y el eco escalofriante que envolvía la selva.
Finalmente, un esplendor verde brilló en sus ojos cansados: una mariposa gigantesca surgió, sus alas resplandecientes reflejaban los caminos olvidados que prometía. La mariposa conocía a su padre, Jatacoremui, el hombre que les dio su primer aliento. Pero su viaje no sería sencillo, discurriría por ríos profundos e insondables.
Guiadas por la mariposa, las hermanas siguieron una senda donde los ecos de la naturaleza cantaban sus pepitas de arrullo y advertencia. La mariposa, un espíritu del destino, hizo dos días el viaje hacia el hogar con paciencia infinita, rozando las aguas cristalinas que desarmaban a los intrusos.
Cuando llegaron al lugar de su padre, una trampa resplandecía bajo el sol del mediodía. La indicación de la mariposa les permitió sortear el peligro, pero no sin sacrificar al guara que las había guiado, un acto que el padre recriminó, mas no pudo revertir.
Recibidas en casa, una sensación de plenitud las envolvió, aunque sólo una hermana encontró la paz en el abrazo de su padre. Con un gesto desafiante, pintó su rostro con achote, cada trazo un símbolo de rebeldía y poder, cada pincelada un camino a su destino.
Acicalada con colores y sueños, un salto condujo a la muchacha a convertirse en lorito, emprendiendo el vuelo hacia lo desconocido con una bendición y una advertencia. Su canto era ahora un augurio para los jóvenes que buscaban amor, un recordatorio de los hilos invisibles que unen el corazón con la sombra de la montaña. Y así el mito giró en torno al fuego, donde los ancianos lo contaban, con el susurro del viento y el estribillo insistente de una selva siempre atenta al engaño y la redención.
Historia
El mito relata la historia de dos muchachas que son engañadas por un diablo que se hace pasar por su tío para llevarlas a quemar hormigas arrieras. A medida que avanza la narrativa, se quedaban solas en la montaña, encontrándose con diferentes personajes, como un diablo que vive en el monte, una viejita con un hijo en forma de ciempiés, y más peligros. A lo largo de sus encuentros, las hermanas enfrentan situaciones sobrenaturales, seres mitológicos y peligros constantes.
En uno de los episodios, son llevadas ante una culebra gigante, que resulta ser una amenaza para ellas. Las muchachas sobreviven a estas pruebas, intentando buscar una forma de regresar a su hogar, interactuando con la naturaleza y usando su ingenio para escapar de amenazas.
Finalmente, una de las hermanas logra llegar a su destino con la ayuda de diferentes animales y seres del bosque, incluido un guara que recibe una recompensa por traerla de regreso con su familia. Sin embargo, la muchacha, ya transformada por las experiencias vividas, se convierte en un pájaro y se va volando, dejando una moraleja sobre el matrimonio y las relaciones entre jóvenes en la cultura indígena.
Este mito contiene elementos comunes en las historias tradicionales, como pruebas de fortaleza, engaños, transformaciones y una fuerte conexión con la naturaleza. La narrativa fusiona realidades del entorno natural con lo sobrenatural, reflejando las creencias y valores de la comunidad que lo originó.
Versiones
El mito presentado en esta versión explora la interacción entre personajes humanos y entidades sobrenaturales, y cómo los humanos deben navegar estas interacciones para sobrevivir. La narrativa tiene múltiples secuencias de eventos donde los personajes femeninos son engañados, conducidos a situaciones peligrosas y finalmente deben encontrar su camino de regreso a la seguridad. La historia se inicia con el engaño del diablo, haciéndose pasar por el tío de las muchachas para llevarlas lejos, lo que establece un patrón de engaño y supervivencia que se repite a lo largo de la narración. Aquí, la presencia del diablo destaca el tema del mal desviado que no solo no daña físicamente, pero sí trata de desorientar y perder a las protagonistas.
A medida que la narrativa avanza, las muchachas deben enfrentarse a varios encuentros con seres sobrenaturales, como el diablo madre del curuise, el hijo del tractor similar a un cienpiés, y finalmente el anciano barrigón al final de la historia. Cada encuentro es una prueba para las protagonistas que ilustra aspectos de ingenio y resiliencia. La transformación final de una de las hermanas en un lorito y su partida simbolizan una metamorfosis y un escape de las pruebas terrenales a un lugar desconocido, lo que puede estar en relación con temas de madurez y autonomía. En contraste con la estructura cíclica de engaño y superación, la moraleja sobre la seriedad en las relaciones en el mundo indígena implícita al final ofrece un comentario social que va más allá del mito, vinculando las experiencias de las protagonistas con enseñanzas culturales.
Lección
La astucia y la resiliencia son esenciales para superar los engaños y desafíos.
Similitudes
Este mito se asemeja a las historias de metamorfosis de la mitología griega, como la de Dafne y Apolo, y a los cuentos de engaños de la mitología nórdica.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



