Séver y sus hijos

Andina · Katíos

Séver y sus hijos

Séver y sus cinco hijos recorren el Atrato en una memoria de guerra, cautiverio, muerte y venganza continuada.

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El relato

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Caragabí produjo de la nada una gota de agua, la tapó con una totuma nueva y al día siguiente, al descubrirla, la halló convertida en un indio catío. Produjo otra gota, la tapó con la misma totuma, y de ella salió una mujer. Le enseñó a hacer otra gota igual, pero ella esparció la materia en forma de llovizna y de la llovizna salió multitud de Cunas. Aprendieron muy bien a manejar el arco y vivían en bohíos hermosos, pero a los ocho días de creados flecharon a Caragabí sin poder herirlo, y él, por esa ingratitud, los desterró a las orillas del Atrato.

Más tarde Caragabí sacó otro hombre de una nueva gota de agua. Se llamó Séver, y aprendió de él a flechar con toda perfección. Para darle agilidad le enseñó a sobarse el cuerpo con ojos de tigre pulverizados; para ver de noche lo mismo que de día, se frotó con ojos de venado, de león y de guagua. Tuvo cinco hijos: Tragábari, Hainaeru, Chiano, Jaibama y Emágai, y les pasó lo suyo.

Séver escondía sus flechas en el sagrado árbol Genené. Espió de noche a los Cunas, que no veían en la oscuridad; lo recibieron mal y tuvo que volverse. Veinte Cunas subieron el Atrato en su persecución y los mató a todos. Aprendió de Caragabí a construir canoas, hizo una de Genené y bajó con sus cinco hijos, y vencieron. Al mes volvieron y vencieron otra vez. En la salida siguiente los Cunas mataron a Chiano, el tercer hijo, que atisbaba desde un cañaflechal; Séver incendió el cañaflechal, los sacó a las playas y los derrotó. Les arrancó los dientes, los ensartó en una pita y los colgó alrededor de su bohío: cuando aquellos dientes se agitaban solos y sonaban como campanas, era señal de que los suyos vencerían.

Salió un día Emágai, el menor, a cazar, y lo hirieron en el costado con flecha envenenada. Se la arrancó y corrió, pero se refugió entre las raíces de un árbol llamado Comba, donde lo hallaron. Unos querían acabar con él; otros, llevarlo en rehenes, y prevaleció lo segundo. Séver encontró rastros de sangre, juró represalias, se presentó armado en el poblado, halló vivo a su hijo e incendió quince bohíos aprovechando la noche, que para él era como el día. El Capitán de los Cunas intentaba matar al cautivo cada cuatro días y el pueblo no lo permitía. Emágai lo desafió, lo venció, y huyó al llegar la noche, cuando ellos ya no veían y él corría sin peligro. Séver celebró su regreso con inusitada pompa, porque no lo esperaban vivo.

Reanudada la guerra, acabaron con cincuenta canoas. Un mes después Séver fue a bañarse al Atrato muy lejos de su casa. Una expedición que subía amarró las canoas, se adelantó por el tupido ramaje de la orilla y todos a una lo flecharon. Quedó cosido a flechazos. Con sus huesos hicieron una flauta, pero al ensayarla se reventó. Llevaron su cabeza como trofeo.

Sus hijos bajaron en persecución y, gracias a su potencia visiva, hicieron una noche un gran escarmiento. Los Cunas abandonaron sus tierras y se retiraron muy lejos, y los descendientes de Séver quedaron dueños de sus posesiones. La causa de aquel odio, dicen, fue haber flechado los Cunas a Caragabí.

Séver y sus hijos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una guerra heredada no termina con la muerte del más fuerte porque cada pérdida obliga a la siguiente.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

El ciclo ocupa el capítulo cuarto del Libro Primero, titulado Catíos y Cunas, y es uno de los pocos lugares del volumen donde quien narra tiene nombre. Severino de Santa Teresa escribe que quien le refirió la leyenda con todos sus detalles se llama Tohuratzabidá Domicó, y que al ser bautizado tomó el nombre de Fernando; más abajo lo llama mi cicerone Tohuratzabidá y, al final del episodio, mi improvisado historiador. Eso cambia el valor del texto: se suele decir que Severino no acredita a nadie, y para este material sí lo hace. Por eso el relato sigue aquí su versión y no la del artículo de 1929, que es anónima.

Las costuras del misionero se ven y se pueden separar. Después del destierro de los Cunas interrumpe para pedirle al lector que note la alusión al destierro del primer hombre del paraíso; a la vuelta de Emágai se pregunta si tendrá que ver con el hijo pródigo. Son suyas, no del narrador. También es suya la palabra bautismo con que nombra la fiesta en que Séver da nombre a sus hijos: el artículo de 1929, contando lo mismo, dice que le hizo jemenede. Y el volumen que puede consultarse es la segunda edición, de 1959, que el autor declara corregida y aumentada sin marcar dónde, de modo que todo esto se cita como 1924 barra 1959 y nunca como 1924 a secas.

Hay una corrección menor y concreta. Ninguno de los dos textos dice Darién. Severino escribe que los Cunas abandonaron sus tierras y se retiraron muy lejos, y que los descendientes de Séver quedaron dueños de sus posesiones; el artículo de 1929 dice que se retiraron al mar, donde han permanecido hasta ahora. El Darién viene de la etnohistoria, no del relato: Patricia Vargas documenta que los cunas se transformaron en olotule y migraron al golfo de Urabá, al Tuira y a San Blas mientras los emberá se expandían del alto al medio Atrato, y Mauricio Pardo registra la migración sistemática de emberá atrateños hacia el Darién panameño. El desenlace territorial tiene correlato documental, pero no está en boca del narrador.

Queda una pista que hay que dar como pista. El Diagnóstico y Plan de Salvaguarda Embera, capítulo Antioquia, enumera entre los sitios sagrados del pueblo eyábida el Katuma Chever en Dabeiba, y en sus tablas de comunidades y de población registra en ese mismo municipio una comunidad escrita Sever, de doscientas setenta y siete personas, y otra llamada Sever Taparales; en su registro de homicidios el mismo municipio aparece con las dos grafías, Sever y Chever. El documento consigna además que Fabio Domicó, vicegobernador mayor indígena de Dabeiba, fue asesinado cuando se dirigía a coordinar la socialización del plan en la comunidad de Sever. El documento no establece ninguna relación entre ese topónimo y el personaje del relato, y la proximidad fonética no basta: habría que confirmarla con hablantes o con lingüistas antes de afirmarla.

Resonancias con otros mitos

El ciclo no es una pieza aislada sino un ejemplar de un género. Mauricio Pardo registra que en el Atrato, el Sinú y el Baudó se han recogido relatos tradicionales de guerras contra los cunas, a quienes los emberá llaman Jurá, y descarta que sea un nombre genérico de enemigo porque los mismos narradores reconocen a los cunas de hoy y cuentan además guerras contra burumiás, bibidícomias y carautas. Uno de esos relatos, recogido en el Baudó, narra la guerra de emberás confederados de los ríos Pepé, Munguidó, Quito y Atrato contra Jurás del río Dubasa, a quienes persiguen hasta Panamá. Los topónimos lo respaldan: Juradó significa río de los Cuna, y Jurubidá, de la región Cuna.

El segundo paralelo está dentro del mismo libro, veinte páginas después, y muestra cómo se repite el motivo del trofeo que avisa. En la guerra que un Capitán Domicó le refiere a Severino, los vencedores cortan las cabezas de los Cunas caídos y las cuelgan alrededor del bohío, y esas cabezas se mueven solas y se les erizan los cabellos cuando se acerca un enemigo. Tres objetos distintos para el mismo presagio: dientes en una pita, colmillos en un collar rociado con chicha, cabezas suspendidas.

El tercero cambia de voz. En Bibidigomia, que Rafael Bailarín, katío, narró a Milcíades Chaves en 1945 y tradujo él mismo, la guerra de exterminio contra un pueblo entero se cuenta sin héroe con nombre y sin genealogía: los indios rastrean a los que se llevan a su gente, encuentran su árbol hueco, lo ahuman con ajíes, barbascos y anamú y los matan uno por uno al caer. Séver es una saga de padre e hijos; aquella es una acción colectiva sin protagonista. La diferencia mayor, otra vez, es de archivo: allí hay un narrador katío que traduce lo suyo, aquí hay un narrador katío traducido y reescrito por un prefecto apostólico.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El artículo de 1929 trae este ciclo bajo el título Guerras de los Cunas, sin narrador acreditado, y difiere en casi todos los detalles.

  2. Allí Caragabí no produce gotas de la nada: tiene agua generadora en un frasco azul, hace con ella dos muñecos, les da vida y les encarga hacer otros para que se diviertan. Los muñecos sacan dos gotas con el dedo y, al sacudir el dedo mojado, de las gotas menudísimas se forman unas cincuenta personas más, porque Caragabí no les explicó que había que taparlas con totumitas nuevas. Esa gente resulta belicosa, le dispara flechas al no conocerlo, y él les da mujeres hechas de barro y los echa de allí. Los principales de los suyos son cinco, y uno se llama Séver. Sus hijos son cuatro y con otras grafías: Guiano, Dragábari, Jainaeru y Emángai. Caragabí los soba con una mezcla de ojos de tigre y de gato.

  3. Los episodios también cambian de dueño. Quien muere en la emboscada del cañaflechal es Guiano, y son sus huesos los que los Cunas convierten en flautas que se rompen al tocarlas, como señal de que no vencerían; en Severino ese presagio se traslada al propio Séver, ya muerto. Los trofeos no son dientes ensartados en una pita alrededor del bohío, sino colmillos formando una especie de collar que suena como campanas cuando se lo rocía con chicha o guarapo. El hijo capturado no es Emágai: es el mayor de otros dos hijos nacidos de hombre y mujer, que cae herido junto a la raíz de un almendro, sana entre los Cunas, crece entre ellos, mata al jefe cuna y es él quien más tarde venga a su padre. Hay una bomba que los Cunas hacen estallar y ante la cual Séver se tira al agua fingiendo huida. Hay un Puerto Cuna adonde sólo vuelven las canoas ensangrentadas. Y hay un cierre distinto: los Cunas también eran valientes y no se rendían, pero después de aquella batalla se retiraron al mar, en donde han permanecido hasta ahora.

  4. No se funden. Y como el artículo de 1929 y el libro de Severino salen del mismo fondo de apuntes misioneros, coincidir no prueba nada y diferir tampoco corrige nada: son dos escrituras del mismo material, una firmada por un narrador y otra no.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Misiones, región y clasificación indígena en Urabá

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Explica que la categoría regional Catío fue parcialmente consolidada por el proyecto misionero en el occidente de Antioquia, Urabá y Chocó.

  2. Los emberas y los cunas en frontera con el imperio español. Una propuesta para el trabajo complementario de la historia oral y de la historia documental

    publicaciones.banrepcultural.org

    Es el mejor marco disponible para leer la saga de Séver sin volverla crónica ni desecharla como fábula. Vargas sostiene que emberá y cunas, "habitantes de la cuenca del Atrato al momento de la invasión española, tienen una larga historia de relaciones que se encuentran referidas en sus respectivas tradiciones orales", y que al cruzar las versiones de origen de unos y otros se reconocen "formas complementarias de narrar y de metaforizar un proceso de alianza-guerra y zona de frontera, vivido por más de cien años", proceso que además está en la documentación española del XVI y XVII: los emberá se expanden del alto al medio Atrato y los cunas se transforman en olotule y migran al golfo de Urabá, al Tuira y a San Blas. La conclusión territorial del relato —que los enemigos se retiraron al Darién— tiene, así, un correlato documental que no depende del misionero. Cita a Severino en la edición de 1959.

  3. Regionalización de indígenas Chocó: datos etnohistóricos, lingüísticos y asentamientos actuales

    publicaciones.banrepcultural.org

    Demuestra que el relato de Séver no es una pieza aislada del expediente katío sino un ejemplar de un género regional. Pardo escribe: "En diferentes lugares como el Atrato, el Sinú, el Baudó, han sido registrados relatos tradicionales de guerras contra los Cunas a quienes los Emberaes llaman Jurá", y descarta que Jurá sea un mero sinónimo de enemigo porque los emberá reconocen a los cunas actuales y narran además guerras contra otros grupos con gentilicio propio —Burumiás, Bibidícomias, Carautas—; entre sus referencias está Santa Teresa 1959. Documenta también el movimiento que la saga da por resultado: la expansión de los citarabirá desde el alto Atrato hacia el medio río y sus afluentes orientales, y la migración sistemática de emberá atrateños hacia el Darién panameño. Los topónimos Juradó ("río de los Cuna") y Jurubidá lo respaldan.

  4. Reseña de Floresmiro Dogiramá, «Zroara Nebura. Historia de los antiguos»

    publicaciones.banrepcultural.org

    Identifica el corpus emberá comparable más importante para leer a Séver, y da sus coordenadas exactas: veintiséis narraciones recopiladas íntegramente en el alto Baudó, Chocó, narradas sobre todo por Floresmiro Dogiramá, compiladas por Mauricio Pardo y publicadas por el Centro Jorge Eliécer Gaitán en 1984, agrupadas en capítulos de historias "del principio, de Ba (el trueno), de cuñados, de Jaibanás, de guerra, de cimarrones, de animales". Hay, pues, un bloque emberá entero de historias de guerra con narrador acreditado y sin edición misionera, que sirve de contraste directo para el ciclo de Séver: allí el motivo del adiestramiento con arcos antes de la expedición y el de la cabeza del jefe exhibida como trofeo reaparecen fuera del expediente de 1924. Vasco señala también la genealogía de intermediarios del narrador, de Nordenskiöld a Pardo.

  5. Diagnóstico y Plan de Salvaguarda Embera, capítulo Antioquia

    antioquia.gov.co

    Aporta un dato de toponimia que merece verificación y que la ficha no registra: entre los sitios sagrados del pueblo emberá eyábida y dóbida el documento enumera "Katuma Chever en Dabeiba", y en otros apartados Chever figura además como comunidad emberá eyábida del municipio de Dabeiba, junto a Karrá, Choromandó Bajo, El Pital, Guavia, Honda, Taparales y Llanogordo. El Pital y Antadó son, precisamente, dos de los parajes de Dabeiba que Severino nombra en 1924. El nombre del héroe del relato —Séver, Chever— sobrevive como cerro sagrado y como comunidad viva en el mismo municipio. También ordena la nomenclatura: "Embera Eyabida (katío), Embera Chamí y Embera Dóbida".

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«Séver y sus hijos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Séver y sus hijos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Séver y sus hijos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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