Popón y el sueño del zipa

Andina · Muiscas

Popón y el sueño del zipa

Popón, jeque de Ubaque, desmiente a los intérpretes que adulan al zipa y anuncia en la laguna de Guatavita la llegada de hombres extraños.

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Popón y el sueño del zipa: la entrada del relato

El relato

En Bacatá el zipa soñó que se bañaba en el agua clara de su casa de Tena. El baño era fresco al principio. Después, alrededor de sus brazos, el agua empezó a oscurecerse, y cuando quiso salir toda la corriente era sangre.

Despertó antes del amanecer y llamó a los jeques de su tierra para que le soltaran el sueño. Se preparaba una guerra contra Hunsa, y los primeros en hablar dijeron lo que el gobernante quería oír: la sangre sería del enemigo, y el zipa saldría limpio. El gobernante los premió con mantas y favores.

Faltaba Popón.

El jeque vivía en el valle de Ubaque y no acudía con prisa a los llamados del cercado. Cuando por fin llegó, pidió oír el sueño sin las explicaciones de los otros. Cerró los ojos y calló largo rato.

—No es la sangre de Hunsa —dijo.

El salón se quedó inmóvil.

—¿De quién es, entonces?

Popón miró al zipa.

—Tuya. Unos hombres de otras tierras se acercan ya a esta. Ellos te han de matar.

Algunos consejeros bajaron la cabeza. Otros pidieron que retirara sus palabras. El zipa no ordenó detenerlo, pero Popón leyó el miedo en su silencio y supo que una verdad incómoda puede volverse culpa de quien la pronuncia. Esa misma noche salió de Bacatá y tomó el camino de su tierra.

En el sendero encontró a dos o tres hombres del servicio del zipa y les encargó la señal:

—Digan a su señor que envíe gente a la laguna de Guatavita. Si de noche el agua echa llamas, sabrá que no hablé para ofenderlo.

Los hombres siguieron su camino. Popón buscó dónde esconderse.

Los del zipa llegaron a Guatavita y al atardecer miraron el agua. La primera noche no vieron nada, y el gobernante, al saberlo, ardió de cólera contra el jeque. Pero ordenó esperar una noche más. En lo más oscuro de la laguna, sin quemar los juncos ni dejar humo, subieron del agua unas llamas bajas que se movieron sobre la superficie y se apagaron. Los exploradores volvieron a Bacatá con la noticia.

El zipa se dio por condenado. Pudo cambiar la guerra, enviar exploradores o preguntar por los hombres de otras tierras. No sabemos qué pensó primero.

Los extranjeros llegaron con caballos, metal y hambre de oro. El zipa no quiso verles la cara ni que se la vieran, y con esa terquedad lo encontró la muerte, bañado en su propia sangre, como lo había anunciado el sueño.

Muchos años después, los religiosos buscaron a Popón en el valle de Ubaque. Unos dijeron que hablaba con el diablo; otros, que voló por los aires hasta Santa Marta y vio la luna más grande que desde la tierra. Pero en la memoria quedó otro Popón: el que se negó a convertir el miedo del poderoso en una mentira tranquilizadora.

La laguna no detuvo lo que venía. Solo encendió, por un instante, una advertencia sobre el agua.

Popón y el sueño del zipa: lo que quedó del relato

La enseñanza

La advertencia no cambia el destino; solo enciende un instante de luz sobre el agua.

Territorio

Andina · Muiscas

Andina · Muiscas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Muiscas
Referencia
4.9787° · -73.7746°

Contexto histórico

El episodio llega por fray Pedro Simón, en las Noticias historiales (1627), dentro de la noticia sobre la evangelización del valle de Ubaque. Simón presenta a Popón como el famoso jeque de toda la tierra del Bogotá, adversario tenaz de la doctrina cristiana, y cuenta que tras su bautismo él mismo declaró su trato con el demonio, incluido un vuelo nocturno a Santa Marta. Eugenia Villa Posse (1993) transcribe el pasaje y advierte que Popón no es un personaje mítico sino histórico, y que su relato permite ver cómo puede empezar a encubarse un mito.

El presagio: el zipa sueña que se baña en su casa de placer de Tena y el agua se le convierte en sangre. Simón sitúa el sueño años antes de la entrada española y lo ata a la guerra que el Bogotá preparaba contra Tunja. Los jeques interpretan a la medida del gusto del gobernante —sangre del enemigo— y son premiados con mantas, joyas y favores. Popón disiente, desaparece la noche antes de declarar el sueño y, por boca de mensajeros, anuncia que el gobernante morirá a manos de hombres de otras tierras que van llegándose ya a esta; da como señal las llamas nocturnas de Guatavita. Simón, que quería mostrar que también en este reino hubo presagios de la conquista, como los hubo en Nueva España y en el Perú, cierra con el zipa que, al ver a los españoles, no quiso verles la cara ni que se la vieran, y con ese tesón murió.

Cautelas. Simón escribe más de un siglo después de los hechos y desde una estrategia evangelizadora: el demonio explica toda adivinación, y la conversión final del jeque —bautizado como Antón, sacristán— ordena el relato. La profecía, puesta en boca de Popón y confirmada por un prodigio lacustre, pudo ser una memoria retrospectiva del desastre: la lectura del sueño solo cobra exactitud porque se cuenta después de la muerte del zipa. La historiografía actual (Gamboa, Cobo) lee estos pasajes como construcción narrativa colonial, no como registro transparente de una espiritualidad muisca, y el fuego sobre Guatavita pertenece a esa lógica, sin afirmación científica sobre llamas acuáticas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Última revisión: 19 de agosto de 2026Aportar o corregir una fuente

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