En los intrincados caminos de la sabana de Bogotá, durante esos días pasados que ahora viven solo en las historias contadas alrededor de las fogatas, emergió la figura de Popón, cuyo nombre reverberaba entre las plegarias y los susurros temerosos de los chibchas. No era Popón un dios ni un héroe forjado por leyendas, sino un hombre de carne y hueso, anciano y astuto, sobre quien descansaba el peso del conocimiento ancestral. Era el jeque más notable, el sacerdote más venerado, pero también el hechicero más temido, dotado de un poder que parecía tomar su fuerza de las sombras mismas de la tierra.
Cuando los conquistadores españoles, liderados por Jiménez de Quesada, llegaron a estas tierras, encontraron en Popón un adversario formidable. Su comprensión de los secretos arcanos y su capacidad para comunicarse con los espectros y demonios de la noche se convirtieron en un baluarte contra el impulso avasallador del cristianismo. Sin embargo, como las corrientes invisibles que transforman el cauce de un río, el destino de Popón cambió cuando el brillo de la fe cristiana perforó las nieblas de su antigua devoción y lo condujo a una inesperada conversión.
De labios ajados por el tiempo y el susurro de los espíritus, Popón relataba una experiencia que se tornaba mágica y aterradora. En sus días de hechicero, el demonio no solo le saludaba en su propio hogar, sino que, en una noche cuyo recuerdo aún estremecía su alma, lo llevó por los cielos hasta Santa Marta. Desde esa altura donde la tierra se reduce a un murmullo, Popón contempló a los españoles que recientemente habían fundado la ciudad. La visión de la luna, tan inmensa como nunca la había soñado, lo llenó de un miedo profundo, un temor ancestral que lo conectaba con el palpitar del cosmos.
Era también Popón quien había leído en los sueños del Zipa de Bogotá el ominoso mensaje del destino. En un sueño que envolvía al Zipa en un baño de agua que se tornaba en sangre, los consejeros tanto jóvenes como ancianos habían buscado dar interpretaciones que sosegasen al gobernante, sugiriendo que la sangre no sería suya, sino la del Zaque de Tunja, contra quien el Zipa se preparaba para guerrear. Pero Popón, con la convicción inquebrantable del adivino, supo que la verdad era otra. Sabía que nuevas fuerzas, hombres de tierras remotas, se acercaban inexorables para sellar su futuro con una tragedia.
Tal era su certeza que prefirió el exilio al peligro de hablar aquellas palabras delante del Zipa. Esa noche, el viejo hechicero desapareció, dejando tras de sí apenas el rastro de un susurro entre la jungla y los vientos de la sabana. A los dignatarios que encontró en su camino les entregó un mensaje: “Decidle al Zipa que las aguas que soñó enrojecidas no pertenecen al Zaque, sino a él mismo. Si busca la verdad de mis palabras, que envíe emisarios a la Laguna de Guatavita, donde al caer la noche podrá ver llamas que surgen del agua, como si la misma entraña de la tierra ardiera.”
Así ocurrió, tal como Popón había anticipado. Al recibir el informe de las llamas fantasmales que bailaban sobre la superficie de la laguna, el Zipa quedó petrificado por los ecos de esta profecía. La noticia extendió una sombra sobre su alma, y la voz de Popón adquirió un nuevo eco entre los muiscas.
Popón, sin embargo, había dejado de ser solo un hombre de carne y hueso. En los días que siguieron a su desaparición, su nombre se mezcló con el canto del viento y los ciclos de la luna, convirtiéndose en un mito que vive y respira el destino de una tierra donde lo mágico y lo real tejieron una urdimbre tan deliciosa como peligrosa. Y así, Popón sigue viajando en el tiempo, suspendido entre el aire, la luz de la luna y las aguas de los sueños, velando por los secretos que, desde entonces, protegen y atormentan el corazón de la sabana.
Historia
El origen del mito relacionado con Popón parece derivar de una figura histórica dentro de la nación chibcha, conocida como un influyente jeque o sacerdote, y reputado hechicero. A la llegada de los españoles liderados por Jiménez de Quesada a la sabana de Bogotá, Popón, también conocido como Popan, era conocido por su poder de adivinación y su interacción con lo sobrenatural, lo cual lo convertía en un personaje notable y temido. Era un obstáculo para la propagación del cristianismo en la región, pero eventualmente fue convertido al cristianismo.
Tras su conversión, Popón relató experiencias sobrenaturales que incluían encuentros con demonios y viajes por los aires. También se le atribuye el haber predicho la muerte del zipa de Bogotá mediante la interpretación de un sueño que el zipa había tenido, donde Popón ofreció una interpretación diferente a la de otros jeques, advirtiendo sobre la llegada de hombres extranjeros que causarían la muerte del zipa.
Este relato de predicción y los elementos sobrenaturales que rodean a Popón podrían haber contribuido a la creación o fortalecimiento de su figura mítica dentro del folclore chibcha, integrándose como parte narrativa que mezcla historia y mito, especialmente teniendo en cuenta el impacto del encuentro con los españoles y los cambios culturales ocurridos en esa época.
Versiones
Las diferencias entre las versiones del mito de Popón y el Zipa de Bogotá pueden ser analizadas a través de las variaciones en sus temas centrales y la caracterización de los personajes. En una versión, Popón es presentado como un personaje histórico, imbuido de habilidades mágicas y adivinatorias, que finalmente se convierte al cristianismo al ser persuadido por la gracia divina. Este relato subraya el conflicto entre las creencias indígenas y la imposición del cristianismo, mostrando a Popón como un último obstáculo para la expansión de la nueva religión, antes de ser convertido. La narrativa destaca su relación con lo sobrenatural, como el viaje aéreo que realiza con el demonio, que ofrece una visión dual del mundo espiritual que Popón habita.
Por otro lado, las diferencias más notables residen en la forma en que se interpreta el sueño del Zipa. En una versión, los jeques principales eligen interpretar el sueño de una manera que favorezca al Zipa, evitando predecir su infortunio, lo que refleja una dinámica de corte orientada al autoengaño por seguridad política. Popón, sin embargo, se distingue al negarse a entregar una interpretación complaciente, prediciendo la llegada de los extranjeros que causarán la caída del Zipa. Esta versión enfatiza la integridad y valentía de Popón, destacando su independencia frente al poder, un tema que puede simbolizar la lucha de las creencias tradicionales ante la llegada de los conquistadores españoles. El aspecto sobrenatural se ratifica en la escena de la laguna de Guatavita, confirmando la profecía de Popón con fenómenos inexplicables que consolidan su reputación como adivino.
Lección
La verdad y el destino son inevitables, incluso ante el poder.
Similitudes
Se asemeja a los mitos griegos de oráculos y profecías, como el mito de Casandra, y a las leyendas nórdicas de videntes y adivinaciones.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



