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Origen del agua

En el relato, el agua se origina al caer un árbol gigante, liberando ríos y mares.

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Ilustración de Origen del agua

En tiempos ancestrales, cuando aún el cielo se confundía con la tierra y lo fantástico se mezclaba con lo cotidiano, existía un mundo donde el agua era un tesoro escondido. Las comunidades vivían en constante agonía, pues no había ríos para saciar la sed, ni mares en los cuales perderse. Apenas se encontraba de forma tímida un hilo de líquido, suficiente sólo para mojar los labios resecos. Era un tiempo de sufrimiento, un tiempo en que el agua fluía avaramente y la esperanza brillaba lejana.

Cuentan los ancianos en susurros que había un árbol, un majestuoso lupuna, tan robusto que su tronco grueso sostenía la gran bóveda del cielo. La mar, decían, era el tronco de ese árbol y sólo bastaría cortarlo para que los ríos surgieran, abriéndose paso entre las ramas caídas, como venas líquidas que regalan vida a la tierra sedienta. Mas no era tarea sencilla, pues una criatura velaba por aquel imponente gigante de la selva.

Había entre las hojas un pequeño sapo, seco y deslumbrante, que con su voz atávica y su magia antigua, cerraba las heridas del tronco que los hombres trataban de abrir. La gente cortaba, cortaba incansablemente desde el alba hasta el advenimiento del crepúsculo, y cuando caía la noche, el sapo murmuraba palabras secretas en su lengua ancestral, "¡Ciérrese, ciérrese!", y el árbol sanaba, renaciendo íntegro con cada nuevo amanecer.

Con cada intento fallido, la desesperación aumentaba y las voces que convocaban soluciones resonaban más alto. Hasta que, en una de esas tardes en que el sol se despedía teñido de púrpura, un pajarillo, ágil y vibrante, comparable a un perico en su ligereza, fue testigo de la batalla. Sus ojos vieron con lucidez lo que escudriñaban; un ser con extremidades que se aferraban al cielo y la tierra, imposibilitaba la caída del árbol al tenerlo sujeto.

Los ancianos hablaban de un enigma encaramado en el cielo, un espíritu antiguo que se aferraba al mundo y al lupuna, negando el fluir de las aguas. Sí, sí, insistían, la solución para liberar los ríos estaba en hacer que esa criatura soltara su agarre, pero era un ser obstinado, reticente a dejar ir su posesión.

Entonces se escucharon rumores de que una ardilla, ligera y esquiva, había pasado por aquellas tierras. El pequeño animalito, juguetón e incansable, aseguró poder ascender por las ramas del lupuna. Prometió rapidez y destreza para sembrar ají en los ojos del guardián del árbol, causando un dolor tan ardiente que lo obligaría a liberar su sujeción.

Mas no fue el primero en ofrecer su agilidad. Una ardilla más pequeña y aún más viva se adelantó en la empresa, demostrando con atosigante rapidez su ligereza entre las ramas del bosque. A la vista de todos, se perdió trepando velozmente y apareció de súbito en otro árbol cercano. "¡Ese sí que es veloz!", exclamaron admirados, confiriéndole la tarea más responsiva: ser el liberador del agua.

Con el ají en sus diminutas patas, la diminuta ardilla corrió y subió, desvaneciéndose entre las sombras verdes hasta llegar a la criatura anclada. Con un movimiento decidido y certero, vertió el polvillo picante sobre los ojos del gigante. Fue entonces que, en medio de un rugido febril de la selva, la bestia soltó el agarre, quizá llorando lágrimas que se volvieron manantiales.

Y al caer, el formidable lupuna se transformó. El tronco se hizo ondulante mar, las robustas ramas se transformaron en ríos serpenteantes, y las más delgadas en humildes quebradas. El mundo cambió ese día. Las aguas que habían sido retenidas por la avaricia de lo divino, ahora fluían generosas, saciando la sed de las gentes y atando la tierra al mar con la líquida armonía de la naturaleza.

El mundo se llenó de vida líquida, y los rostros resecos se bañaron con la bendición de la humedad. Fue un tiempo nuevo, nacido de un mito etéreo y una realidad mágica, donde las mariposas seguían a las corrientes y los sueños se sentían en las ondas del agua creciente. A cada paso, la mar y los ríos recordaban la historia de un árbol, un sapito obstinado, y una ardilla ligera como el viento que, destilando un chorrito de ají, había cambiado para siempre el fluir de la vida misma.

Historia

El mito se centra en la dificultad inicial de los humanos para acceder al agua, ya que no había ríos ni mares debido a que el agua estaba contenida en un gran árbol, probablemente el árbol de lupuna. Según las dos versiones, los humanos trataban de derribar este árbol, lo cual era una tarea complicada debido a que, durante la noche, el corte se regeneraba.

En la primera versión, un animal que se asemeja a un sapo estaba impidiendo la caída del árbol al sanar los cortes que se le hacían. Un consejo de otro animal indicaba que para lograr derribarlo, había que hacer que el animal que mantenía el árbol en pie soltara su agarre. Esto se logró lanzándole ají a los ojos. La tarea fue completada por un animal más pequeño y ágil. Una vez hecho esto, el árbol cayó y los ríos comenzaron a formarse a partir de sus ramas.

En la segunda versión, el agua estaba encerrada en el árbol por el "Abuelito de dios" y los humanos pidieron ayuda a los pájaros carpinteros que no lograban progresar porque el árbol se sanaba durante la noche. Finalmente, uno de los hombres se transformó en un alacrán y logró picar al responsable de la regeneración, permitiendo así que el árbol finalmente cayera.

Ambas versiones coinciden en que la caída del árbol permitió que se formaran los ríos y el mar a partir de sus partes.

Versiones

Las dos versiones del mito presentan un relato central sobre el acceso al agua a través de la tala de un árbol gigante, similar al lupuna en el Amazonas. Sin embargo, las diferencias entre las versiones radican en los personajes involucrados y las acciones específicas tomadas para superar el obstáculo y derribar el árbol. En la primera versión, el árbol no cae porque un sapo mágico une el tronco cada vez que es cortado, y se menciona la intervención de una ardilla ágil que resuelve el dilema al lanzar ají a los ojos del animal que sostenía el árbol. Aquí, el enfoque recae en la habilidad del animal pequeño para escalar y superar el desafío, unificando el mito con temas de ingenio y competencia, además de asociar el origen de los ríos con las ramas del árbol caído.

La segunda versión simplifica el elenco, centrándose más directamente en una figura divina, el Abuelito, quien mezquina el agua, y en un grupo de pájaros carpinteros que intentan cortar el árbol sin éxito debido a su regeneración nocturna. El obstáculo se vence finalmente cuando uno de los humanos se convierte en alacrán y pica en el pie al que protege el árbol, lo cual permite que este finalmente caiga. En esta versión, se omite la participación de la ardilla y se pone de relieve la transformación humana en el alacrán como la pieza clave para superar el obstáculo. Esta variación inclina el mito hacia la temática del sacrificio personal y la metamorfosis, otorgando un papel más activo a los humanos en su relación con los seres sobrenaturales.

Lección

La astucia y la perseverancia pueden superar grandes obstáculos.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de las Hespérides, donde un guardián protege un recurso valioso, y al mito nórdico del fresno Yggdrasil, que conecta el mundo con lo divino.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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