Moe e Ipi

Amazonas · Mixto

Moe e Ipi

Del corazón del gran árbol nace un umarí y de su fruto aparece Techi; el conflicto de Yoí e Ípi conduce al huito, los peces y la gente.

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Moe e Ipi: la entrada del relato

El relato

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Cuando por fin cayó la lupuna gigante que tapaba el cielo, su tronco se volvió el río Amazonas y sus ramas las quebradas. Pero Yoí se dio cuenta de que el árbol derribado tenía corazón y que ese corazón seguía palpitando. Un añuje se lo robó y lo sembró; otros dicen que lo sembró el propio Yoí. De allí creció un humarí, y de un fruto del humarí nació una mujer. Se llamaba Techi, y fue la mujer de Yoí.

Un día Yoí le avisó que se iba a cazar y que ella se quedaría en la casa. Antes de salir la sopló dentro de una bocinita, un tururí, y la mujer quedó metida allí. Guardó el tururí bien escondido, para que su hermano no lo encontrara, y se fue al monte.

Apenas se fue, llegó Ipi preguntando dónde tenía Yoí escondida a su mujer. La buscó por todas partes y no daba con ella. Entonces se quitó la camisa y el pantalón y se puso a hacer morisquetas: se echaba al suelo, se levantaba, alzaba la pierna, jugaba con su propio cuerpo. Techi no aguantó y se rió. Por la risa supo Ipi dónde estaba. La sopló, ella quedó de pie en la casa, y él se acostó con su cuñada en la hamaca. Techi quedó embarazada.

Yoí se molestó. Cuando nació el niño, le mandó a Ipi buscar huito para rallarlo y sacar la pintura con que se baña el cuerpo del recién nacido. Fue como un castigo: tuvo que ir lejísimos y no lo podía conseguir. Cuando al fin subió a un árbol de huito, el árbol crecía y crecía, y ya con el fruto en la mano no sabía cómo bajar. Se metió dentro del huito y cayó con él, y siguió cayendo hasta el fondo de la tierra, donde conoció el mundo de abajo y a los seres que viven allí.

Logró volver con el fruto. Pero al rallarlo para pintar al bebé ralló también su propio cuerpo, y con esa pintura, que llevaba mezclado a Ipi, bañaron al niño. Techi botó al río lo que sobró. El afrecho del huito, apenas tocó el agua, se volvió peces: mijano de sábalo.

Yoí fue a pescarlos. Primero puso de carnada astillas de fierro y no sacó nada: sólo picaron huanganas. Por eso a la gente no le duran los dientes, porque no la pescaron con fierro. Después cebó el anzuelo con yuca blanca, y cada pescado que sacaba, al caer en tierra, se volvía persona. Esa gente llegó a ser la gente ticuna.

Entre los peces pasaba uno solo, lejos de los demás, con una mancha de color oro en la frente. Era Ipi. Yoí lo quiso pescar, pero no mordía su carnada. Amargado, le dijo a su mujer que Ipi iba a querer la carnada de ella, porque era su marido. Techi agarró la caña, echó el anzuelo y a las justas Ipi mordió. Así salió del agua.

Ya en tierra, Ipi también se puso a pescar, y los peces que él sacaba tomaban forma de gente. Todavía no había clanes. Así apareció Ipi, el que vive río arriba, y así se separaron los dos hermanos.

Moe e Ipi: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Del agravio entre hermanos y de un cuerpo deshecho en el agua puede salir gente nueva.”

Territorio

Amazonas · Mixto

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
-3.5° · -70°

Ficha del relato

Contexto histórico

Esta parte de la historia de Yoí e Ipi se lee en Contra el silencio. Lenguas originarias y justicia lingüística, de Agustín Panizo, que el Ministerio de Cultura del Perú publicó en diciembre de 2022 en su Biblioteca Bicentenario. Está en el capítulo «La infinita mitología de los ticuna», páginas 111 a 115, armado como una entrevista a la antropóloga Paula Letts, que trabajó para ese ministerio en comunidades ticuna del Amazonas peruano. Letts cuenta con sus palabras los pasos de la historia, y el libro intercala tres citas de narradores con nombre y comunidad, tomadas de una publicación anterior del mismo ministerio: Woxrexcüchiga, el ritual de la pubertad en el pueblo Ticuna, de 2016.

Don José Aparicio Fonseca, de la comunidad Yahuma Primera Zona, narra en ticuna la caída de la lupuna y, al final, la pesca de Ipi y la separación de los hermanos; la traducción al castellano es de Ling Cándido Serra. Don Humberto Yumbato, de la comunidad Bufeococha, cuenta en castellano cómo Yoí guarda a su mujer en el tururí y cómo Ipi la hace reír. Lo que une una cita con otra —el humarí, el castigo del huito, la caída al mundo de abajo, la pesca con yuca— es la voz de Letts. El libro no da fecha de grabación.

Letts trae el episodio porque explica un origen. La primera pintura con huito, la primera pelazón, se le hizo al hijo que Ipi tuvo con la mujer de su hermano, y esa pintura llevaba dentro el cuerpo de Ipi. Añade que algunos ven en el baño una limpieza de la falta cometida, y que otros dicen que al niño también le arrancaron el cabello. Panizo, al preguntar, compara las pruebas de Ipi con las de los héroes de las sagas nórdicas; la comparación es suya, no de los narradores.

El relato es ticuna. Lo dice el título del capítulo, y lo dicen los narradores, que hablan en primera persona del plural cuando cuentan cómo fue pescada la gente. El libro recuerda que ese pueblo vive a los dos lados de la frontera entre Perú, Colombia y Brasil.

Resonancias con otros mitos

En el Popol Vuh de los quiché, los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué bajan a Xibalbá, se dejan quemar, sus huesos molidos se arrojan al río y a los cinco días reaparecen en el agua con apariencia de hombres-peces antes de recobrar su figura. Como Ipi, pasan por el mundo de abajo, se deshacen en una materia que va a dar al río y regresan desde ella; la diferencia está en lo que se gana, porque allá la vuelta sirve para vencer a los señores de la muerte y aquí de esa materia sale la gente. Entre los uitoto, el mito del árbol de la abundancia que publicó Fernando Urbina cuenta que hubo que derribar un árbol inmenso y que su tronco formó el gran Amazonas y sus ramas la red de afluentes, igual que la lupuna de Yahuma. Y Panizo, al oír a Letts, pensó en los héroes nórdicos que enfrentan al dragón para ganar el favor de un rey: el parecido está en la prueba impuesta, no en su sentido, porque la de Ipi es un castigo de su propio hermano. Ninguno de estos parecidos prueba contacto entre esas tradiciones.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Abel Antonio Santos publicó en 2010, en la revista Mundo Amazónico, el mismo episodio tal como lo cuenta el profesor Marcelino Noé, de Puerto Nuevo, en el resguardo Putumayo-Cotuhé, del lado colombiano. Allí el corazón del árbol lo arrebata un tintín, que lo siembra en la cima del cerro Woruapü. La mujer del fruto cae al subsuelo antes de que Yoí la recoja, y el escondite es una flauta de hueso hecha con el fémur de un enemigo inmortal. Santos le da otro nombre: Ariana. Cuando Yoí vuelve y la encuentra fuera de la flauta, la castiga mandándola a asearse con hojas de chonta, y por eso esas palmas engordan por la mitad. El obstáculo del huito no es un árbol que crece sin fin sino un hongo gigantesco en medio del tronco. Y la pesca se ordena de otro modo: con coquillos salen pecaríes y huanganas; con yuca, la gente ticuna; e Ípi, ya en tierra, pesca a las demás naciones del mundo.

  2. En la cita de José Aparicio Fonseca la carnada fallida es de astillas de fierro, y de ese fracaso sale una explicación que la versión de Puerto Nuevo no trae: los dientes que no duran. La mancha de la frente de Ipi es de color oro en Yahuma; en Puerto Nuevo es el brillo de haberse golpeado con oro en la desembocadura del Amazonas.

  3. Letts misma advierte que hay diferentes versiones sobre cuándo se hizo por primera vez la pintura con huito, y que sobre el sentido del baño unos dicen una cosa y otros otra. En su resumen no tienen nombre ni el árbol del que cae Ipi ni el mundo al que llega; Santos, en cambio, sí nombra la quebrada donde se arroja el afrecho, que desde entonces se llama Eware.

  4. Del lado brasileño, Edson Matarezio Filho resume en 2017 el mismo encadenamiento —la samaumeira, la hija del umarí, Ipi que se ralla con el jenipapo, la borra que se vuelve peces— y cierra con la separación que registró Nimuendajú: los hermanos se reparten los lados del mundo, Yoí invierte la tierra de noche, e Ipi termina río abajo por el Solimões mientras Yoí se queda río arriba. En Yahuma es al revés: Ipi es el que vive río arriba. Jean-Pierre Goulard, en 2013, recuerda otra pesca: Yoí saca pecaríes de labios blancos, Ipi pecaríes de collar, y todos toman figura humana al tocar el suelo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
10
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Contra el silencio. Lenguas originarias y justicia lingüística, cap. 12 «La infinita mitología de los ticuna»

    diliandes.funproeibandes.org

    Pp. 111-115: Letts cuenta la caída de la lupuna, el corazón que se vuelve humarí, Techi escondida en el tururí, la risa que la delata, el castigo del huito, la caída de Ipi al mundo de abajo, el rallado y la pesca con yuca blanca. Intercala citas de José Aparicio Fonseca (Yahuma Primera Zona) y Humberto Yumbato (Bufeococha).

  2. Narración tikuna del origen del territorio y de los humanos

    revistas.unal.edu.co

    Mundo Amazónico 1, pp. 303-313: la versión del profesor Marcelino Noé (Puerto Nuevo, resguardo Putumayo-Cotuhé) del mismo episodio: el tintín siembra el corazón de Wone en el cerro Woruapü, la mujer del umarí escondida en una flauta de hueso, el hongo en el tronco del huito, el afrecho arrojado a la quebrada que pasa a llamarse Eware y la pesca con coquillos y con yuca.

  3. O amadurecimento dos corpos e do cosmos – mito, ritual e pessoa ticuna

    revistas.usp.br

    Resume la secuencia de la samaumeira, la «filha do umari» (Tetchi), el embarazo por Ipi, el jenipapo en el que Ipi se ralla, la borra que se vuelve peces y la pesca de los magüta; recoge de Nimuendajú (1952, p. 134) la separación final: Ipi río abajo por el Solimões, Yoí río arriba.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Colores y olores del cuerpo tikuna

    revistas.unal.edu.co

    Maguaré 27 (2), pp. 67-90: vuelve al mito de origen para explicar los clanes; los gemelos pescan pecaríes de labios blancos y de collar que se hacen humanos, y toda esa gente procede de la carne del huito, en la que Ipi se había raspado el cuerpo. Relaciona el huito con el color negro del cuerpo tikuna.

  2. Historias de los abuelos de Moruapü: versión libre en castellano

    babel.banrepcultural.org

    Publica «La canoa de Moe», narrada por Remigio Santos en San Martín de Amacayacu: el único Moe de los primarios ticuna es un joven que se casa con una lora y hace una canoa de un árbol de pescado. Sirve para mostrar que Moe no es otro nombre de Yoí.

  3. The Tukuna

    ucpress.edu

    Registra entre los ticuna del Solimões el ciclo de Dyoi e Ipi, la pesca de la gente y la separación de los hermanos hacia oriente y occidente, que Matarezio y Goulard retoman (pp. 61 y 134).

  4. Las palabras del origen. Breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Cuenta que hubo que derribar el Árbol de la abundancia y que, tumbado, su tronco formó el gran Amazonas y sus ramas la red de afluentes: el paralelo uitoto más cercano a la lupuna de Yahuma.

  5. Tiempo y espacio en El Popol Vuh. Entre mito, historia y literatura

    scielo.org.mx

    Glosa el pasaje en que los gemelos se lanzan a la hoguera de Xibalbá, sus huesos se arrojan al río, y al quinto día aparecen en el agua como «hombres-peces» antes de volver: el paralelo de un cuerpo deshecho que va al río y regresa.

  6. Los ticuna frente a los procesos de nacionalización en la frontera entre Brasil, Colombia y Perú

    redalyc.org

    Explica cómo el pueblo ticuna quedó repartido entre tres Estados, lo que da contexto a que un mismo episodio se cuente en Yahuma y Bufeococha (Perú), en Puerto Nuevo (Colombia) y en el Solimões (Brasil).

  7. Pueblo Tikuna

    colecciones.icanh.gov.co

    Sitúa al pueblo tikuna en el trapecio amazónico y su territorio transfronterizo.

Voces de la comunidad

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«Moe e Ipi» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Moe e Ipi» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Moe e Ipi» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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