María la larga

Andina · Mestizo

María la larga

En Andes, una figura de miembros interminables baja por el camino de Santa Rita y deja chispas junto a la Poceta de la Virgen.

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El relato

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Sale en las horas de la madrugada, cuando los trasnochadores vuelven a casa por calles vacías. Es una mujer alta, elegante y muy hermosa, con enaguas o con un vestido blanco largo, tan recién planchado que cruje al caminar. Anda con un balanceo raro, como un junco que mece el viento, y tiene los pies muy altos y los brazos descomunales. Mira a los hombres con insinuación y sigue de largo.

El que se va detrás ve que ella apura el paso y toma el camino del cementerio del pueblo. Cuanto más corre él, más de prisa va ella. Y cuando el galán la alcanza por fin y abre los brazos para abrazarla, María se alarga y se alarga hasta el infinito, y el hombre se queda abajo, mirando hacia arriba, muerto de espanto.

En Andes fue muy popular en la segunda mitad del siglo XIX. Los vecinos que aseguraban haberla visto contaban cómo bajaba por el antiguo camino de Santa Rita y cómo, al pasar frente a la Poceta de la Virgen, en la calle del Cura, arrancaba chispas de las piedras con las almadreñas claveteadas que llevaba puestas. El cura de entonces, el padre Eleázar Marulanda, tenía fama de perito en cacería de brujas. Dicen que la acechó varias noches, rejo en mano y cordón de San Francisco al cinto, para conjurarla y darle unos cuantos cordonazos. Pero María la Larga sabía más que el señor cura, y jamás se dejó pillar de su reverencia.

En Caldas también la han visto. José Jesús Cardona volvía una noche a su casa, en la vereda Alto Villarazo, de Villamaría. Serían las nueve cuando, desde un barranco a un lado del camino, empezaron a caerle piedras grandes, y en un potrero relinchaban unos caballos. Sintió algo de temor, pero se calmó y siguió. Al ir a cruzar el potrero vio, junto a una piedra inmensa, a una mujer sentada, vestida de blanco y de ojos grandes. Pensó que a esas horas una mujer sola no tenía nada que hacer por ahí, y menos tirando piedras, y que ella tenía que ser la del susto. Se agachó, cogió una piedra del suelo para arrojársela, y en ese momento ella se puso de pie y empezó a crecer, a crecer, hasta llegar a las nubes. Él salió corriendo como loco y no paró hasta su casa, sin mirar una sola vez para atrás.

Cada pueblo la cuenta con sus propias calles, su templo y su cementerio.

María la larga: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se persigue de noche con ganas puede crecer más allá de lo que alcanzan los brazos.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.235° · -75.574°

Ficha del relato

Contexto histórico

El pasaje más antiguo que se puede leer es de Arturo Escobar Uribe, periodista nacido en Andes en 1909, que la incluyó en Mitos de Antioquia (Medellín, Editorial Minerva, 1950). Ese libro no está abierto en línea, pero la Alcaldía de Andes reproduce el pasaje entre comillas, con la firma de Escobar y el título de la obra, en Andes: identidad y memoria (2019), p. 58 del PDF. Todo lo de Andes sale de ahí: la segunda mitad del siglo XIX, el camino de Santa Rita, la Poceta de la Virgen en la calle del Cura, las almadreñas claveteadas y el padre Eleázar Marulanda con su rejo y su cordón. La Alcaldía no añade memoria propia: cita a Escobar.

La figura general y el encuentro de Villamaría vienen de Fabio Vélez Correa, Mitos, espantos y leyendas de Caldas, en la edición ampliada que sirve la Fundación El Libro Total (posterior a 2007; la primera salió en Manizales en 1997), capítulo «María la Larga». Vélez toma de Javier Ocampo López (Mitos colombianos, p. 190) la descripción de un espanto femenino de Antioquia y el Viejo Caldas, sobre todo de los pueblos, que aparece de madrugada con pies muy altos y brazos descomunales. Y transcribe, en primera persona, el testimonio de José Jesús Cardona sobre lo que le pasó en la vereda Alto Villarazo. Vélez no fecha ese testimonio.

Resonancias con otros mitos

En el mismo capítulo de Vélez Correa, la Rodillona de Risaralda anda con largas piernas esqueléticas por las calles de la zona de tolerancia asustando a los trasnochadores y a los borrachitos: otra mujer de cuerpo desmedido que castiga la noche larga. La Dama Verde, que Vélez toma de Iván Salazar Duque, recorre calles, parques y casas abandonadas de los pueblos antioqueños y caldenses, pero su espanto está en el rostro cubierto y los ojos de rubí, no en la estatura.

Fuera de Colombia, la aparición de mujer seductora que atrae al caminante nocturno y se revela monstruosa al acercarse es la estructura de la Sayona de los llanos venezolanos, que se deja seguir por los hombres infieles y en el último momento muestra una cara de muerta. El cura que intenta conjurar al espanto con el cordón franciscano, en cambio, es un rasgo antioqueño: la autoridad religiosa del pueblo sale a la calle y el espanto la deja en ridículo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El pasaje de Escobar sobre Andes no dice que se alargue: le bastan los pasos, las chispas y el cura burlado. El alargamiento es lo que Ocampo López, citado por Vélez, pone en el centro, y lo que José Jesús Cardona dice haber visto cuando la mujer de blanco se levantó hasta las nubes. En Villarazo, además, no hay persecución ni cementerio: ella está sentada y crece cuando él va a tirarle una piedra.

  2. Vélez abre su capítulo con un párrafo propio, sin fuente, que la pone a la salida de bares y discotecas, con minifalda y tacones, llevando a los borrachos al cementerio; allí crece como cincuenta metros, les muestra una calavera que los besa y los deja colgados de la cruz del templo o de la copa de un pino. Es una actualización con marcas de estos años.

  3. El libro Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (Casa Editorial El Tiempo y Universidad Autónoma de Colombia, 2004), pp. 83-84, la presenta en cartas que un joven bogotano escribe desde Medellín a su hermano: ella le arrebata un cigarrillo estirando el brazo diez metros y dobla la esquina con el cuello. Ese libro se declara a sí mismo material de ficción y recopilación de documentos imaginarios; las cartas y el remitente son composición del libro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Andes: identidad y memoria / sostenibilidad y resiliencia

    andes-antioquia.gov.co

    Cita textual de Escobar Uribe, Mitos de Antioquia (1950), sobre María la Larga en Andes: el camino de Santa Rita, la Poceta de la Virgen, la calle del Cura, las almadreñas claveteadas y el padre Eleázar Marulanda con rejo y cordón de San Francisco (p. 58), y la biografía de Escobar (p. 44).

  2. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Capítulo «María la Larga», con la cita de Ocampo López (Mitos colombianos, p. 190) y el testimonio de José Jesús Cardona en Alto Villarazo, Villamaría; en el mismo libro, la Rodillona y la Dama Verde de Similitudes.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Trae a María la Larga en sus pp. 83-84.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Registro oral de la Rodillona en el alto oriente caldense (p. 83), la otra mujer de cuerpo desmedido que compara Similitudes.

  2. Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 28: La Sayona

    bibliofep.fundacionempresaspolar.org

    Recoge a la Sayona del estado Portuguesa, la mujer que se deja seguir por los hombres de noche y se revela muerta, el paralelo venezolano de Similitudes.

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Versiones de este mito

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EJ

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No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

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Todavía nadie ha dejado la suya. «María la larga» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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