
Andina · Mestizo
María Centeno
Una joven sigue un becerro de oro, entra en una montaña y regresa con una moneda cuando para su madre ya han pasado muchos años.
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El relato
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A la que en unos pueblos llaman María Centeno y en otros María del Pardo la describen como una española tan hermosa que el demonio, apenas la vio, se enamoró perdidamente. Ella le hizo caso. Le dijo que necesitaba una casa grande para pasar con él la luna de mes, y que la gente viniera de fiesta.
El diablo dijo que sí de inmediato. Ella le mandó traer leña de la orilla del río, pero no cualquier leña: una madera incorruptible, a la que no le entrara el comején. Entonces él llamó a siete legiones de negros grandes, demonios a su servicio, que cargaron la madera y echaron a andar. Hay quien dice que esos diablos viajaban chiquitos, como duendecitos, en una costalejita que ella llevaba, y que al sacarlos se volvían grandotes y se ponían a tumbar monte, a lavar oro y a componer acequias.
Ella iba adelante en un caballo que de un salto se pasaba las montañas. Algunos juran que la bestia era el mismo demonio, y todavía se muestran en la región las marcas de su herradura.
Por el camino los cogió una tormenta terrible. Los diablos labraron a mano una cueva y allí se escamparon la noche entera; en la peña quedó la mano de una mujer y, junto a ella, otra mucho más grande. Al llegar al valle tendieron para dormir una sábana tan larga que cupieron todos, y por eso el lugar se llama Sabanalarga.
Allí ella pidió su casa grande. Los diablos trabajaron toda la noche y al amanecer estaba construida la iglesia, porque el demonio no sabía qué era lo que en verdad quería la señora. A ella le pareció chiquita y mandó seguir más allá. En Liborina levantaron otra, y tampoco le gustó; luego la de Sopetrán, y tampoco. Así llegaron hasta Medellín, donde le hizo cuatro casas más. En los montes de Toledo se oyeron golpes de hacha toda una noche, y a la mañana el pueblo estaba fundado con iglesia y todo: se llamó Toledo porque allí toldó María del Pardo.
En Buriticá, Cañasgordas y Frontino la llaman la Centena, por las cien cargas de oro que sacó de la región. Subía el agua desde Remango, por Pajarito, en acequias, hasta sus minas de Manglar. Una mujer muy vieja recordaba que la veían por el aire, muy bonita, y que la gente corría a esconderse. Cuando una mula se le cansaba con la carga, la hacía matar y la enterraba en un hoyo con el oro y el arriero. Una vez, acosada desde Urabá, le ordenó al arriero: «¡Abrí aquí!», y así se quedó llamando Abriaquí.
Río abajo, donde le dicen María la Parda, los esclavos le debían cinco totumas de oro. Un día se emborracharon y no se las entregaron. Ella, furiosa, pateó a su mula endiablada, y el animal saltó al otro lado del río, donde hoy está Puerto Valdivia.
Sus hijas siguen encantadas en una cueva de dos ventanas, en El Uvital, guardadas por un monstruo grandísimo con el que hay que pelear a punta de oraciones. De su muerte se dice que se enterró en el Paramillo con un bastón de oro, o que se ahogó en el Cauca con su mula negra en uno de sus saltos. Una monja de Toledo que en sueños volaba al cielo preguntó a la Madre de Dios si María del Pardo se había salvado o condenado. Le respondieron: «¡Ni se salvó ni se condenó porque iglesia levantó!».

La enseñanza
“Quien levanta templos con ayuda del diablo deja una cuenta que nadie sabe cómo cobrar.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.75° · -75.92°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Antioquia · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Narrativas y lógicas de una memoria mestiza
revistas.udea.edu.co
Estudio de antropología histórica con archivo y campo en Santa Fe de Antioquia, Buriticá y Sabanalarga: los nombres María Centeno, María del Pardo, «la Centena» y María la Parda, una mujer centenaria de Buriticá y el relato de Cañaona en que el diablo le construye las iglesias.
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas
ellibrototal.com
Capítulo «María, La Parda»: tesoro escondido y pacto con el diablo en la cordillera central, con citas de Octavio Hernández Jiménez y Á. M. Ocampo y la Madrelagua de Supía que nombra Similitudes.
- Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense
repositorio.sena.edu.co
Recoge a María la Parda en Marquetalia con los narradores Jorge Echeverry y Darío Valencia (p. 58).
Contraste y contexto · 2 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Trae a María Centeno en sus pp. 95-96.
- Los tesoros de María Centeno, en Con los pelos de punta
secretosparacontar.org
Adaptación contemporánea de «Los tesoros de María Centeno», nacida en Santa Fe de Antioquia hace 450 años.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«María Centeno» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «María Centeno» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «María Centeno» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








