
Orinoquía · Mestizo
Madre Río o Mohana
La Mohana aparece como variante femenina y móvil del piedemonte, en un cuento que incluye coerción y una contra dañina.
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Era mediodía y el doctor descansaba sobre una piedra grande de la quebrada, con los pies metidos en el agua. Desde allí se veía la llanura entera. Pensaba en esa agua que nace pequeña, se junta con otras y en invierno baja furiosa sobre los barrios de la orilla del Buque y del Maizaro.
Por el camino de servidumbre oyó venir gente: pasos, voces, quejas, como de varias personas y algún animal. Esperó con gusto, por si eran vecinos y había aguardiente. Pero sólo apareció una muchacha. Parecía una campesina cualquiera, fuerte, de cotizas, con el pelo castaño recogido y el talego a la espalda. Al saludarlo le brilló un diente de oro.
Él le preguntó si venía sola, porque había oído a más gente. Ella se rio. Sería su imaginación, dijo, el encanto del lugar con el ruido del agua. Tenía los ojos de un color que no se dejaba fijar, transparente, azul, verde, morado. Murmuró un nombre que él no entendió y le pidió un trago. Al recibir la botella le rozó los dedos, y a él le pasó un corrientazo. Le habló entonces con una voz que parecía salir de entre las piedras.
Hubo una señal y él la vio. Los pies de la muchacha, metidos en el agua, eran hermosos, pero no parecían suyos. Se acordó de las historias de espantos que contaba Pascual y que quitaban el sueño. Lo tranquilizó que fuera de día.
Ella se bebió tres dobles seguidos. Luego se soltó el pelo, que le llegaba más abajo de la cintura, y al moverlo de un lado a otro todo se detuvo. La quebrada se aquietó, los pájaros quedaron suspendidos en el aire, una mariposa amarilla se quedó quieta sobre el agua, las hormigas pararon. A él se le erizó la piel. Sintió frío y el corazón desbocado.
Le preguntó dónde vivía. En todos lados, contestó, y más por aquí. Iba un poco más arriba, donde alguien le tenía una deuda, y toda deuda se cobra. Se rio, y la risa le cayó encima como hojas secas de miles de árboles. El pelo le olía a la lama de los pesebres en diciembre. Él la invitó a sentarse a su lado.
Entonces ella le dijo que ya llevaban dos horas allí, que nadie iba a venir, y que al anochecer sería suyo para siempre. Sabía dónde quedaba su finca, entre el Caño Blanco y el Caño Buque. Lo esperaba desde hacía más de ochenta años, pero él nunca andaba solo.
Quiso soltarse, correr, pelear, y no pudo. Las piernas se le aflojaron y las carcajadas de ella le taparon los gritos. De cuatro zancadas se lo llevó en brazos quebrada arriba. Crecía y se encogía a su antojo, quería tragárselo, y él alcanzó a ver por dentro una selva gris de árboles sin hojas. Ella cambiaba de piel a cada momento, joven y luego cadavérica, con manos de seda y luego con uñas de gavilán. Al final oyó disparos y gritos, y perdió el sentido.
Despertó a los diez días en la clínica de Villavicencio, vendado y sin pelo, porque se lo había arrancado. Le dijeron que lo había salvado un monseñor rezándole a la Virgen del Carmen, y que alguna fiera lo había atacado por salir de cacería borracho y sin rifle.
Días después se lo contó a Pascual a solas. Pascual dio un brinco. Lo cogió la Madrerío, dijo. Lo salvó que fuera de día y que ellos anduvieran cazando cerca, porque ella huyó antes de tragárselo entero. Pero lo iba a buscar, advirtió, aun en su finca de Hato Chico. Tenía que cargar siempre tres yerbas en una bolsa, salvia, ortiga y romero. Y si alguna vez veía a la Mohana cruzar la quebrada de dos zancadas, ya no volvería.

La enseñanza
“El encanto que llega cuando uno está solo cobra con el cuerpo lo que prometió con la mirada.”
Territorio
Orinoquía · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Orinoquía
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.2° · -71.4°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
Trae «La madre río o la Mohana» en las pp. 42-46: el encuentro al mediodía en una quebrada del camino de servidumbre entre el Caño Blanco y el Caño Buque, la campesina del diente de oro cuyos pies no parecen suyos, el mundo detenido por su pelo, el arrastre quebrada arriba, el despertar en la clínica de Villavicencio y el diagnóstico de Pascual («lo cogió la MADRERIO») con su contra de tres yerbas. En la p. 12 del preámbulo explica la figura como el Mohán del Magdalena vuelto mujer en el piedemonte.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)
flacso.edu.ec
La entrada «El Mohán» (pp. 145-147) es el origen que el preámbulo de Baquero reclama: el Mohán o Poira que atrae a las muchachas con artificios y se las lleva, que además ha perseguido a muchos hombres hasta hundirlos en sus aguas, y que en Chenche vive en un palacio de oro en las moyas profundas con una música hipnótica. Permite ver qué conserva la Madrerío (la persecución, el mundo bajo el agua) y qué invierte (es mujer).
- Esquema de Ordenamiento Territorial de Campohermoso, dimensión cultural
repositoriocdim.esap.edu.co
Registra «Los Mohanes», hombres muy pequeños cargados de oro que viven en las laderas de las quebradas, sobre todo en la Quebrada Blanca de la vereda de Macanalito, y regalan oro a quien les lleva aguardiente y tabaco; y una mujer muy bella que enamora a los hombres mujeriegos, se transforma en un animal de uñas largas y se los come. Son las dos caras, masculina y femenina, de lo que en El Carmen se funde en la Madrerío.
Contraste y contexto · 5 referencias
- Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 14 «El amo del agua»
bibliofep.fundacionempresaspolar.org
Recoge en Chabasquén, a orillas del río Chabasquencito, el testimonio del cronista Ángel Márquez: de niño vio salir del río al atardecer a un hombre alto y flaco vestido de blanco que lo dejó paralizado y desmayado. Es el dueño del agua de los llanos venezolanos, que como la Madrerío deja al testigo sin fuerzas.
- ¡En los montes, sí; aquí, no! Cosmología y medicina tradicional de los Zenúes
digitalrepository.unm.edu
Documenta, según la lectura hecha en la ronda zenú del 2026-09-19, que en el Caribe sinuano la mohana es dueña de lo que hay en el agua y se transforma en culebra, y que los pescadores ponen cobre en las atarrayas para que el mohán no se enrede. Es el uso caribeño del mismo nombre.
- Leyenda de El Mohán
culturarecreacionydeporte.gov.co
Resume el Mohán o Poira del Tolima como perseguidor de mujeres que vive en los charcos más profundos de ríos y quebradas, fuma tabaco y encanta a las lavanderas para llevárselas. Muestra la forma masculina que circula hoy, frente a la cual la Madrerío de El Carmen es una inversión.
- Colombia país de regiones, tomo 4, cap. 4 «Vida y cultura del llano»
babel.banrepcultural.org
En la p. 88 explica el poblamiento del piedemonte metense por migraciones del altiplano y el interior, con población llanera mestiza asentada en el piedemonte y en las orillas de los ríos. Es el proceso que el preámbulo de Baquero invoca para explicar por qué el Mohán andino llega al piedemonte y allí cambia de cuerpo.
- El desarrollo regional de Colombia: «Selva y Llanos, modelos contrapuestos»
orinoquia.unillanos.edu.co
Identifica al autor como escritor e historiador y asesor de Planeación de la Universidad de los Llanos. Importa aquí porque el protagonista del encuentro con la Mohana es un «doctor» de ciudad al que en la clínica llaman por el apellido del autor: la víctima del relato es el propio Baquero.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Madre Río o Mohana» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Madre Río o Mohana» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Madre Río o Mohana» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








