Madre de playa

Amazonas · Mixto

Madre de playa

En una playa fluvial de Leticia, una figura mitad mujer y mitad pez toca una guitarra a medianoche y llama desde la orilla.

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El relato

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La Madre de playa sale del agua a la medianoche, cuando la luna está en lo más alto. De la cintura para arriba es una mujer, con el pelo amarillo que brilla bajo la luna como escamas; de la cintura para abajo es un pez, y su cola deja en la arena húmeda un rastro que la ola siguiente borra. Tiene los ojos de color mutis, que cambian con la marea como los del paucara, entre dorado y verde.

Trae una guitarra. Se sienta en la orilla, toca y canta, y su canto es hermoso y triste a la vez. La gente del lugar lo dice en pocas palabras: «Coge guitarra, canta, dice bonito eya».

Quien la oye se siente llamado y camina hacia ella. No lo atrae sólo la belleza de la mujer ni la de la música, sino un deseo más hondo de irse con ella. Ella lo toma de la mano con suavidad y lo lleva hacia el fondo del agua, donde, se dice, la espera un reino escondido. Los que se van con ella no vuelven. De ellos quedan los murmullos de la brisa nocturna y el llanto de los que esperan en la orilla.

Los viejos se lo advierten a los jóvenes. Aun así, siempre hay alguno que oye el llamado y la sigue.

Madre de playa: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El canto que llama desde la orilla promete un mundo que nadie regresa a contar.”

Territorio

Amazonas · Mixto

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
-1.2° · -71.8°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. Se buscó en la única obra que le atribuye la bibliografía, la Muestra de literatura oral en Leticia, Amazonas de María Luisa Rodríguez de Montes (Instituto Caro y Cuervo, 1981, 262 páginas), que no está en abierto. El portal de lenguas del Caro y Cuervo sólo reproduce de ella «El bufeo», y lo único transcrito en línea es otro relato. Tampoco aparece en la monografía de Andrés González Galante (Universidad de los Andes, 2018), el único estudio que analiza esa Muestra, ni en los registros de sirenas de Loreto de 1947. Tampoco dieron nada las búsquedas en la red por el nombre, la guitarra y la medianoche.

Hay un indicio de lugar. La frase del canto, «Coge guitarra, canta, dice bonito eya», escribe «eya» por «ella», que es la grafía fonética con que el Instituto Caro y Cuervo transcribió el español hablado en Leticia. En 1975, en el número 179 de Noticias Culturales, publicó lo que unos niños de diez a doce años del puerto le dijeron del bufeo: «Eyos yevan uno». Eso apunta a una narración oral leticiana de los años de la Muestra, pero sin el libro no se puede comprobar.

El motivo sí está documentado en la región. Entre las composiciones que los alumnos del Colegio Nacional de Requena, en el Loreto peruano, escribieron en 1947, «El Viajero y la Sirena» describe sirenas mitad gente y mitad pez, de ojos azules. De noche recorren la orilla del río cantando canciones melancólicas al son de guitarras, y se llevan a un joven al agua. «El albañil i la sirena» cuenta la de un hombre que sacaba piedra en el Huallaga. En el Pará, Bithian Mota da Cruz y Maria do Socorro Simões registraron a la Iara, madre de los ríos, que en algunos relatos tiene figura de sirena.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano es la sirena de río del Loreto peruano. En la composición de César A. Díaz Núñez recogida en Requena en 1947, las sirenas son mitad gente y mitad pez, cantan de noche en la orilla al son de guitarras y se llevan a un joven al agua. Comparten con la Madre de playa la hora nocturna, el cuerpo doble, la música de cuerdas y el rapto. Se diferencian en que la sirena de Requena seduce disfrazada de muchacha en un baile, mientras la Madre de playa se muestra tal como es y basta su canto.

El segundo paralelo es el bufeo de Leticia. Los niños del puerto y los adultos que el Instituto Caro y Cuervo entrevistó en 1975 dicen que el bufeo llama a la gente a bañarse, la encanta y se la lleva al fondo del agua, donde queda como gente. El destino del raptado es el mismo que el de quien sigue a la Madre de playa: un mundo bajo el agua del que no se vuelve.

En el Brasil, Bithian Mota da Cruz y Maria do Socorro Simões registraron en Abaetetuba a la Iara, madre de los ríos, que en algunas historias tiene figura de sirena. El nombre la emparienta con la Madre de playa: las dos son madres de un lugar del agua, no simples criaturas que lo habitan.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La Madre de playa comparte sus rasgos con las sirenas de río del Loreto peruano, y se aparta de ellas en otros.

  2. En «El Viajero y la Sirena», firmado por César A. Díaz Núñez entre los trabajos de Requena de 1947 (pp. 28-29), las sirenas son mitad gente y mitad pez y tienen los ojos azules. No cantan solas: de noche, mientras el pueblo duerme, se las oye pasar por la orilla cantando canciones melancólicas al son de guitarras, «toda una orquesta». Una de ellas se presenta en un baile como una muchacha, le pide al joven enamorado que la acompañe al puerto a lavarse los zapatos y allí se lo lleva al agua. Un brujo que pasa semanas bajo el agua cuenta que viven en los grandes remolinos, en casas lujosas, con la boa por hamaca y los delfines por sirvientes.

  3. En «El albañil i la sirena», de Juvencio Vela (p. 22), la sirena no canta ni toca: aparece a un hombre solo en la orilla del Huallaga y después le habla en sueños, diciéndole que lo habría llevado si no hubiera vuelto pronto a su casa.

  4. En Leticia, las voces que el Caro y Cuervo recogió en 1975 atribuyen ese mismo rapto al bufeo, que llama a la gente para bañarse con él y la lleva al fondo del agua.

  5. Frente a ellas, la Madre de playa tiene un horario preciso, la medianoche, un instrumento propio y el pelo amarillo, y su nombre la hace dueña de la playa y no del remolino. Se lleva a los que la oyen por un deseo que no se explica, sin disfrazarse de muchacha ni de enamorado.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Trabajos de carácter monográfico y folklórico de los alumnos del Colegio Nacional «Padre Agustín López» de Requena (Loreto): «El Viajero y la Sirena» y «El albañil i la sirena»

    letras.ufmg.br

    Trae las sirenas de río más próximas a la Madre de playa: en «El Viajero y la Sirena» (pp. 28-29) son mitad gente y mitad pez, de ojos azules, cantan de noche por la orilla al son de guitarras y se llevan a un joven al agua; en «El albañil i la sirena» (p. 22) una sirena se aparece a un hombre solo en el Huallaga y luego le habla en sueños.

  2. Noticias Culturales n.º 179: «El español hablado en el Amazonas. Encuesta en Leticia para el Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia»

    bibliotecadigital.caroycuervo.gov.co

    Transcribe lo que niños y adultos de Leticia dijeron del bufeo, que llama a la gente a bañarse y la lleva al fondo del agua, con la grafía fonética «eyos yevan uno». Esa grafía es la misma del canto de la Madre de playa, «dice bonito eya», y apoya que la frase viene de una transcripción leticiana.

  3. El bufeo: muestra de literatura oral en Leticia (reseña de Rodríguez de Montes, Muestra de literatura oral en Leticia, Amazonas, 1981)

    lenguasyliteraturasnativas.caroycuervo.gov.co

    Describe la Muestra de 1981, la obra donde con más probabilidad está este relato: 262 páginas de mitos uitoto y ticuna y narraciones de Leticia, con ocho versiones del hombre bufeo que de noche seduce y lleva a las mujeres a su reino acuático, el mismo destino que el de quien sigue a la Madre de playa.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Animalidad y otredad en una muestra de literatura oral de Leticia, Amazonas

    repositorio.uniandes.edu.co

    Es el único estudio que analiza la Muestra de Rodríguez de Montes: lee los seres del agua y del monte de esos relatos leticianos como figuras de la otredad. Sirve para situar la Madre de playa en el repertorio de seres que se llevan a la gente al agua en Leticia.

  2. Mitos y leyendas de la Amazonía brasileña y peruana, dos países con raíces en la literatura indígena

    dialnet.unirioja.es

    Registra en Abaetetuba (Pará) a la Iara, madre de los ríos, que en algunas historias tiene figura de sirena; es el paralelo brasileño de una madre del agua con cuerpo de mujer y pez que las similitudes comparan con la Madre de playa.

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¿Así te la contaron?

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«Madre de playa» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Madre de playa» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Madre de playa» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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