Los tres curas enamorados

Caribe · Mestizo

Los tres curas enamorados

Un relato humorístico donde tres curas son engañados por una mujer y su esposo, usando nombres simbólicos y un árbol como escenario.

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Los tres curas enamorados: la entrada del relato

El relato

En un pueblecito escondido entre montañas envueltas en brumas, donde el tiempo parecía deslizarse como las hojas caídas por el viento, vivía una mujer cuya belleza era el murmullo constante de las esquinas y calles empedradas. Sus ojos eran como pozos de misterio, profundidades verdes donde los hombres del lugar ansiosamente se arrojaban, cautivados sin remedio por el embrujo que parecía envolverla.

Tres curas, célebres por su devoción y fama de buscar consuelo en el espíritu de la aldea, cayeron presos de ese hechizo. El primero, un hombre de mediana edad y barba tupida, respondía al nombre de "Barba Raspa". Luego estaba un joven, conocido por su impaciencia y fervor, a quien llamaban "Tírame Uno Siquiera". Por último, cerca del ocaso de su carrera clerical, el más veterano era apodado "Cuando Yo No Estoy Aquí, Entren Unos y Otros", un seudónimo que provocaba susurros y sonrisas cómplices entre las mujeres.

Cada uno, preso de una fiebre que no reconocía de ellos mismos, ofreció un talego de oro a la mujer. Brillantes, pesados y llenos de promesas, aquellos talegos representaban más que simple riqueza; eran sueños vestidos de metal. La mujer, que había estado en conversación química con el tiempo y sus secretos, confesó al marido aquellos inesperados ofrecimientos. El hombre, cuyas intenciones eran tan inescrutables como las estrellas, la aconsejó aceptar las visitas de los curas: a "Barba Raspa" a las seis, a "Tírame Uno Siquiera" a las seis y media, y a "Cuando Yo No Estoy Aquí, Entren Unos y Otros" a las siete.

Al caer la tarde, el crepúsculo traía una atmósfera de siesta perpetua, y "Barba Raspa" llegó primero. La mujer, sabiéndose protagonista de un teatro aún oculto, con la delicadeza de un rito cotidiano, le comentó que antes de entregarse solía tomar un chocolate para endulzar el futuro inmediato. Justo en el momento en que el chocolate comenzaba a derretirse en sus lenguas, el segundo cura llamó a la puerta. "¡Ya viene mi marío!" exclamó, agitando el aire con su voz, y el cura se apresuró a trepar a un viejo palo de mamón, que contemplaba las circunstancias con la sabiduría de los ciclos naturales.

El segundo llegó y, seduciéndolo con la misma serenata de cacao, la melodía se repitió, y el palo acogió otro peso sobre sus ramas suplicantes. Llegó luego el tercero, con la misma esperanza vestida de hábito, y de nuevo aquel truco del amor invisible lo llevó a las alturas del árbol antiguo.

Con las ramas crujientes bajo la improbable carga, entró el marido con la propuesta inocente de disfrutar unos mamoncitos. La conversación se tornó en juegos de cortesía. "Monta tú", dijo él. "No, monta tú", replicó ella, enredándose en una danza de palabras cuyo significado intuían ambos.

Finalmente, la mujer fue quien ascendió, y al levantarse, las palabras del marido, cubiertas del drama que solo el destino puede escribir, rompieron el aire sereno: "Cuando yo no estoy aquí, entren unos y otros". El cura veterano, oyendo su llamado, dejó caer su fe desde el árbol, y el destino selló su vuelo sin alas.

El marido, insistente, clamó "Tírame uno siquiera", y el más joven, obediente a su nombre, echó a volar su esperanza y su cuerpo al suelo eterno. Finalmente, al notar la mejilla lastimada de la mujer, exclamó, como si la verdad del mundo se condensase en su grito: "¡Mierda! ¿Con qué estás de barba raspa?". Y así, el último de los curas, comprendiendo el fiel cumplimiento del presagio, se dejó caer, donde el suelo aguardaba, silencioso y pícaro.

En ese rincón del mundo que casi parecía desafiar el correr de los años, la mujer y su marido se encontraron con un recuerdo, un relato tejido por los hilos de la ligera locura que a veces visita los corazones enamorados. Nadie supo jamás si entre la gravedad y los títulos bordados en nombres, se ocultaba un amor verdadero o un juego del destino que solo la magia sabía dibujar entre las sombras de un atardecer.

La enseñanza

La astucia puede convertir situaciones peligrosas en farsas.

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9.5° · -75.5°

Contexto histórico

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Mestizo, Caribe · Caribe > Córdoba > Mestizo.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

La procedencia cultural está clasificada, pero la referencia bibliográfica primaria aún está pendiente de publicación en esta ficha. No presentamos esa clasificación como si fuera una cita documental.

Última revisión: 22 de julio de 2026Aportar o corregir una fuente

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