Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque

Caribe · Mestizo

Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque

Tres viajeros comparten una cántara de ron ñeque y convierten sus malestares, su apetito y sus excusas en una competencia verbal.

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Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque: la entrada del relato

El relato

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Cuando llevaban tres meses de camino, los tres cachacos ya no se parecían a los que habían salido. Salieron juntos a probar negocio, cada uno con su plata en el bolsillo, y anduvieron pueblo por pueblo hasta que el camino les fue dejando su marca: al uno le cayó una piojera, al otro una gripa y al tercero una rasquiña que no lo soltaba.

Lo único que no se les había quitado era el vicio. Tomaban ron ñeque, y llegó el día en que se les acabó la plata para comprarlo.

Así llegaron a la finca. El amo los conocía de nombre y conocía su gusto, de modo que les regaló un cántaro y lo puso en el suelo, en medio de los tres, sin decir de quién era. Ellos se miraron y armaron la apuesta ahí mismo: perdía el primero que se rascara, el primero que se soplara o el primero que se limpiara la nariz.

Se sentaron alrededor del cántaro. El de la rasquiña con las manos quietas encima de las rodillas. El de la piojera con la cabeza ardiendo y sin tocársela. El del moco aguantando lo suyo. Y los tres mirándose, esperando a que cayera cualquiera menos uno mismo.

El de la rasquiña habló primero. Preguntó si podía echar un cuento. Le dijeron que sí.

Pues paisano, dijo, cuando yo estaba muy pequeño tuve que entrar a una mata de caña, y cuando estaba en ella me vi cundido de candelillas. Y mientras lo contaba se pasaba las manos por todo el cuerpo, rascándose a fondo, como quien espanta bichos dentro de un recuerdo.

El de la piojera entendió el juego al vuelo. Cuando yo estaba chiquito, dijo, mi padre tenía una pluma de agua, y como estaba sucio me metía debajo y me ponía a enjabonarme la cabeza cundida de piojos. Y se enjabonó allí mismo, con las dos manos, delante de todos.

Faltaba el tercero. Se levantó, se cuadró de frente al sol y contó que de niño le preguntó a su papá por dónde salía el sol. Y él me respondió, dijo: el sol sale por aquí y se mete por allá. Y fue pasándose las manos y los brazos de un lado a otro de la nariz, siguiendo el recorrido del astro.

El cántaro seguía en el suelo, en medio de los tres.

Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un cuento bien puesto sirve para hacer delante de todos lo que la apuesta prohibía.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

La pieza arranca en la página 256 y termina en la 257, y es de las más largas del tramo de chistes, porque necesita montar la apuesta antes de poder romperla tres veces seguidas.

Lo que aporta esta plana es un catálogo de habla del Sinú puesto al servicio de la trama. El ron ñeque, las candelillas, la pluma de agua: tres expresiones que el volumen recoge también en su sección de regionalismos, en la página 291, y en el glosario de la 297. Aquí no son adorno. Cada una sostiene una de las tres coartadas, y sin ellas los tres gestos prohibidos no tendrían dónde esconderse.

El encabezado del autor dice «la cántara de ron ñeque», en femenino, y el cuerpo del texto dice «les regaló un cántaro». La discordancia está impresa y no se corrige; el recipiente cambia de género entre el título y la tercera línea. Tampoco se explica quién es el amo de la finca ni por qué conoce el gusto de los tres, aunque de ese dato depende que haya premio.

Lo último que conviene notar de la página es dónde para. El texto se acaba con el brazo del tercero cruzándole la cara, y no dice quién ganó la apuesta ni quién se bebió el ron. Los tres hicieron trampa y a los tres les salió bien, que es un final poco común en un bloque donde casi siempre hay alguien que pierde y alguien que cobra.

Resonancias con otros mitos

Dos piezas del mismo volumen giran también sobre una apuesta y permiten medir ésta. «¿Quién manda más en casa, el hombre o la mujer?», en la página 252, pone a dos compadres a apostar gallinas y gallos, y allí sí hay resultado. «Tío Conejo y Morrocoy», en las páginas 255 y 256, es una carrera apostada que el más lento gana repartiendo parientes idénticos a lo largo del camino: también se gana haciendo trampa, y también la trampa consiste en aprovechar que el otro no puede ver el conjunto.

El tercer parentesco es con la otra pieza de tipos del interior, «El costeño y los cachacos», página 255, que está impresa apenas una plana antes. Las dos reparten a los cachacos el mismo papel: el del que llega de afuera y queda retratado por lo que hace mal. Aquí lo que hace mal es venir sucio y sediento; allá, no saber cebar un anzuelo.

Puestas en fila, las tres muestran que en este repertorio la apuesta rara vez sirve para medir fuerzas: sirve para que alguien enseñe un procedimiento y el oyente lo descubra tarde.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El desacuerdo entre el encabezado y el cuerpo es el más llamativo de esta plana: «cántara» arriba, «cántaro» abajo, en un intervalo de tres líneas. No hay nota del autor al respecto, y las dos formas circulan en la Costa para recipientes de barro de tamaños distintos, así que no puede decidirse si el cambio es del hablante o de la imprenta.

  2. La segunda variación es de estructura y afecta a cómo se cuenta la pieza. Los dos primeros embustes están contados con la misma mecánica —un recuerdo de infancia que justifica el gesto— y el tercero se aparta: no hay picazón que fingir, hay una explicación de por dónde sale el sol, y el gesto que la acompaña es un recorrido con el brazo. El narrador sube la dificultad en cada turno, y en el tercero abandona el molde que él mismo había establecido.

  3. La tercera diferencia es la que deja el relato abierto. Como el texto no adjudica la apuesta, caben dos lecturas: que los tres perdieron a la vez y el ron quedó donde estaba, o que el juego consistía justamente en burlarlo sin perder, y entonces ganaron los tres. El libro no elige, y en el bloque hay otras piezas —«¿Quién manda más en casa, el hombre o la mujer?», página 252— donde la apuesta sí se resuelve con un ganador nombrado.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el único registro del relato y el que impone sus rarezas. Arranca en la página 256 y termina en la 257, y es de las piezas más largas del tramo de chistes porque necesita montar la apuesta antes de romperla tres veces. De aquí salen los tres meses de camino, el reparto de los achaques —«al uno le cayó una piojera; al otro una gripa y al tercero una rasquiña»—, el amo de la finca que les regala el recipiente y los conoce de nombre y de gusto, la apuesta a quién se rasca, se sopla o se limpia primero, y las tres coartadas con que cada uno hace lo prohibido mientras cuenta un recuerdo. También de aquí sale la discordancia que la ficha conserva: el encabezado dice «la cántara» y tres líneas después el cuerpo dice «les regaló un cántaro». Y aquí se acaba el texto, con el brazo del tercero cruzándole la cara y sin decir quién ganó ni quién bebió.

  2. Estereotipos y prejuicios entre costeños y cachacos, y su impacto en la toma de decisiones en el ámbito de recursos humanos

    repository.cesa.edu.co

    Nombra lo que este chiste reparte en el mismo título. El trabajo parte de que en la costa Caribe los términos costeño y cachaco se usan con connotaciones opuestas, negativa el primero y positiva el segundo, y mide con pruebas explícitas e implícitas cuánto prejuicio hay en cada dirección y qué efectos tiene. La página 256 opera al revés del prejuicio dominante que el estudio encuentra: al cachaco no se le atribuye aquí distinción ni formalidad sino piojos, mocos y sarna, y la burla consiste en que los tres tipos del interior, además de sucios, hacen trampa. Es el estereotipo mirado desde la Costa y en su versión más cruda.

  3. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial, n.º 10)

    banrep.gov.co

    Documenta el oficio exacto de los tres protagonistas: hombres que salen con plata en el bolsillo a probar negocio pueblo por pueblo. El trabajo reconstruye con estudios de caso cómo los inmigrantes sirios, libaneses y palestinos llegados a Lorica entre 1880 y 1930 empezaron muchos de ellos como vendedores ambulantes que recorrían los caseríos de la subregión antes de asentarse con tienda, y cómo la vida del puerto fluvial dependía de ese ir y venir de mercancías y de gente. El cuento no inventa a los tres viajeros: reproduce una figura que en el Sinú se veía llegar a pie y por el río.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Da cuerpo a la finca y a su amo, que en el relato aparecen sin explicación y deciden el premio. El artículo describe la estructura económica de los habitantes de las ciénagas y humedales del San Jorge y el Sinú, con sus fincas ganaderas, su relación entre propietarios y trabajadores de paso, y el calendario de crecientes y bajantes que marca quién se mueve y cuándo. Un hombre con finca que reconoce a tres viajeros por su nombre y por su vicio, y que les regala un cántaro para verlos pelear, es un personaje de esa estructura y no un rey de cuento.

  2. La economía del departamento de Córdoba: ganadería y minería como sectores clave (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, n.º 51)

    banrep.gov.co

    Da la geografía que los tres viajeros tardan tres meses en recorrer. El documento establece que Córdoba lo forman veintiocho municipios y siete subregiones administrativas repartidas a lo largo de las cuencas del Sinú y el San Jorge, con Montería como estudio de caso y la ganadería bovina como actividad principal, y dedica un apartado entero a las sequías y las inundaciones que encarecen y cortan los caminos. Un itinerario de pueblo en pueblo que deja a un hombre con piojera, a otro con gripa y al tercero con rasquiña es la descripción exacta de cómo se viajaba por ese territorio.

  3. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Es el contrapeso institucional de un chiste que reparte parásitos por procedencia. El volumen declara en su prólogo que una de las tareas de la Cátedra del Caribe Colombiano fue «mostrar las dotes intelectuales, el talento y las riquezas culturales de los habitantes de la región, para contribuir a desterrar los falsos estereotipos sobre su identidad», y reúne a historiadores, lingüistas, músicos y escritores de la Costa y de fuera para hacerlo, con apoyo de las cámaras de comercio de Montería, Sincelejo, Magangué y Mompox y de la Universidad de Córdoba. Leído junto a esta plana, muestra las dos caras del mismo asunto: la región que reclama que no la caricaturicen es también la que caricaturizaba al de arriba.

  4. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Justifica que un chiste de tres borrachos con sarna se imprimiera en un estudio oficial. El escritor monteriano resume las conclusiones de la encuesta sobre los cuatro patrones que el libro medía —moralizante, individualista, sexual y de apreciación del trabajo— y describe la región de esos años, con un analfabetismo del 55,36 %, agitación estudiantil y campesinos invadiendo tierras. En ese marco, una pieza en que tres hombres inventan tres embustes para burlar una apuesta no es material pintoresco: es el «patrón individualista» en estado puro, recogido como dato.

  5. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Retrata desde dentro el mundo de fincas y jornaleros en que este cuento coloca a sus tres forasteros. El ensayo reconstruye, a partir del archivo de la Fundación del Sinú en Montería, la organización campesina de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en las llanuras del Caribe durante los años setenta, y muestra un campo en el que la tierra y el trabajo estaban en disputa abierta. Que en la página 256 el dueño de la finca sea quien reparte el licor y quien mira divertirse a los de paso da la medida de las posiciones: el amo pone el premio, los forasteros hacen el número, y nadie del campo interviene.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Señala el hueco que deja un cuento sin final adjudicado y sin narrador que lo aclare. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. Si de esta pieza existiera la cinta, se sabría si el narrador remató de verdad ahí o si el corte lo hizo la transcripción; no existe, y la ficha tiene que dejar la apuesta sin adjudicar.

  7. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Permitió ver que el recipiente cambia de género entre el título y la tercera línea, que es el tipo de detalle que ninguna cita de segunda mano conserva. El portal reúne en edición digital abierta la obra completa de Zapata Olivella, sus materiales autobiográficos y los 46 números de la revista Letras Nacionales (1965-1985), con el respaldo del Ministerio de Cultura y de cuatro universidades, entre ellas la de Córdoba, donde el libro fue recogido. La tercera edición de 2021 que sostiene esta paginación es la que hizo posible leer las tres coartadas enteras y comprobar que la tercera abandona el molde de las dos anteriores.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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