En un tiempo donde los susurros del viento eran las únicas palabras que conocían los hombres, y el alma del mundo todavía estaba despierta, la tierra danzaba bajo las órdenes de una madre primordial. Sus ojos eran dos lunas llenas y su cabello un río interminable que recorre todos los caminos de un universo aún en formación. Era Kasaugue, la eterna protectora, cuyo corazón latía al ritmo del universo, y de cuyas manos florecieron los primeros hijos de la tierra.
Después de Kasaugue, entre la neblina dorada de la creación, surgió una figura que contaba con el poder de los crepúsculos y de las auroras. Era el padre del bastimento, aunque su esencia no era masculina, sino dual, alimentando con ternura maternal la esencia de toda vida naciente. Su piel era la tierra fértil, y sus sueños parían frutos y raíces. Este ser, al que los cronistas de sueños llamaron una mujer, cargaba en su vientre las semillas del sustento.
Ella tenía muchas hijas, todas ellas deliciosas y fecundas, cada una llevando consigo un pedazo de su generosidad y magia. La yuca, con raíces que exploraban las entrañas del suelo; el plátano, manteniendo la danza del sol con sus hojas alargadas; la malanga, con su corazón esférico y secreto, oculto bajo capas de misterio. Y entre todas estas hijas, se alzaba el único vestigio de masculinidad simple y directa: el maíz. Su tallo fuerte se erguía hacia el cielo, como columnas de antiguos templos ya perdidos, sus granos dorados susurrando promesas de abundancia.
En este mundo tallado de sueños y realidades líquidas, aparecieron los dos hombres de quienes se originaría la labor eterna del cultivo, encargados de domesticar las hijas de la madre del bastimento. Eran Ñiwiwe y Dugunawi, cuyos nombres resuenan en las cavernas del tiempo como cánticos de creación. Amigos y hermanos en espíritu, ambos emprendieron el sagrado arte de dar forma a la vida de la tierra.
Dugunawi era la fuerza redentora, el portador del fuego que limpia y renueva. Con su machete, despejaba campos repletos de sueños antiguos, liberando de los pechos arcillosos de la tierra aquel murmullo adormecido de lo que podría ser. Desmontaba los bosques, acontecía el impulso inicial, la chispa de lo posible residía en su voluntad.
A su lado, Ñiwiwe, esposo de la semilla, caminaba con la delicadeza de quien entiende el lenguaje secreto de las cosas pequeñas. Donde Dugunawi abría caminos, Ñiwiwe sembraba historias nuevas, enterrando en el vientre oscuro de la madre tierra los sueños envueltos en cáscaras de maíz, plátano y malanga. Bajo su cuidado, las hijas del bastimento volvían a nacer y renacer en un ciclo interminable de amor y renacimiento.
Susurros del viento incontables contaron cómo debajo de la luz de un sol dual, cuando la tarde y la madrugada se encontraban, el maíz y sus hermanas emergían del suelo, anhelando el abrazo del día. Estas semillas plantadas por Ñiwiwe, bajo la atenta vigilancia del vasto cielo, eran bendecidas por las manos invisibles de su madre celestial, asegurando que nunca faltaran ni el pan, ni el sueño al corazón humano.
Así, en la intersección de lo tangible e intangible, los primeros hombres e indios aprendieron a escuchar la canción melódica de la tierra, guiados eternamente por el recuerdo de Kasaugue y el padre del bastimento. En cada surco profundo, en cada cosecha abundante, vivía el eco de sus nombres, honrados como los ancestros que alimentan al mundo desde las raíces hasta el cielo. Y así, la alquimia de hombres y tierra continuó, urdiendo la historia de un pueblo que aprendió a nutrir su alma a través del fruto de sus manos. La tierra se hizo hombre, y el hombre se hizo tierra, en un abrazo eterno que aun resuena en los corazones de sus descendientes.
Historia
El mito se origina con los primeros indígenas que tenían una madre, de la cual después surgió una figura conocida como el padre del bastimento, que era una mujer con muchas hijas: la yuca, el plátano y la malanga. El maíz se menciona como el único hombre. A continuación, aparecen Ñiwiwe y Dugunawi, ambos hombres, quienes empezaron a sembrar. Dugunawi se encargó de limpiar, desmontar y socalar, mientras que Ñiwiwe fue responsable de sembrar. Ambos son considerados los padres del cultivo y de los indígenas.
Versiones
En la versión proporcionada del mito, se presenta una narrativa en la que los orígenes de la agricultura y la alimentación para los primeros indígenas están personificados a través de figuras maternales y paternales. La madre inicial, relacionada con la generación de los indios, se vincula con una figura femenina que es la fuente de alimentos esenciales, representando a los cultivos como sus hijas, con la yuca, el plátano y la malanga como ejemplos, y al maíz como la única figura masculina. Esta versión introduce posteriormente a dos figuras masculinas, Ñiwiwe y Dugunawi, quienes son responsables de los procesos de cultivo, marcando un claro rol genderizado en las actividades agrícolas. Esta estructura narrativa no solo personifica los cultivos sino que también subraya la división de roles en el manejo de la tierra.
Esta representación mitológica combina elementos de matrilinealidad y patrilinealidad en el mito de origen agrícola, lo cual es una característica única que puede no aparecer en otras versiones del mismo mito. En algunas variaciones de mitos agrícolas, se podría encontrar una representación más homogénea, donde no necesariamente se destacan los roles de género o las figuras del maíz masculino. Además, al integrar la acción de limpiar, desmontar y sembrar a través de personajes como Ñiwiwe y Dugunawi, se define un proceso de establecimiento agrícola que puede contrastar con otras narrativas donde los cultivos podrían tener un origen más mágico o divino, en lugar de práctico y humano. Así, esta versión destaca tanto un vínculo espiritual como funcional entre los seres humanos y la tierra, asignando padre y madre al origen de los indígenas y su sustento.
Lección
La armonía entre el hombre y la tierra es esencial para la vida.
Similitudes
Se asemeja a mitos griegos como el de Deméter y Perséfone, donde la tierra y la agricultura están personificadas.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



