Soy un vagabundo y un jugador, un espíritu errante nacido en Anserma, mecido por el polvo de los caminos y acariciado por el sol del mediodía que ilumina la senda interminable. Mis pasos se dejan guiar por un destino incierto, un misterio que aún no alcanzo a descifrar. Sin embargo, sé bien de qué estoy huyendo: de la oscura maleza de la maldad humana, de la crueldad que envenena la risa y marchita la ternura.
Mi vida es un caminar hacia atrás, un besar la memoria de los días en que los muchachos de mi pueblo recorrían las calles con una pelota de trapo, y los ríos eran testigos de la risa y la inocencia. En mi corazón, conservo la fuerza de aquellos jóvenes que pescan en los caudales, y he decidido prescindir de todo lo que ata el alma, anclándome al olvido de mi propio nombre. Ahora, soy todos los nombres que el viento me susurra: agua, aire, camino, polvo, llovizna.
Algunos dicen que he perdido la cordura, pero yo me siento tan claro y tranquilo como el agua que brota mansa entre las rocas. Mi única concesión al reino de la fantasía ocurrió hace apenas un par de días, al filo del atardecer. El sol teñía el horizonte de rojo, y un aire templado acariciaba mis pies descalzos mientras avanzaba sin premura.
Fue entonces cuando algo tiró de mi manga, deteniéndome en el sendero gastado. Grité al aire, mas no vi a nadie. Solo risas quebraron el silencio, y de pronto, me encontré rodeado de muchachos de edades inciertas, sus gestos frescos y sus miradas centelleando con picardía. Me exigían una moneda, prometiendo hacerme cosquillas hasta agotar mi risa si no cumplía con su demanda.
Lejos de sentirme amenazado, les confesé que nada llevaba conmigo, pero que si tuviera algo, lo ofrecería de buena gana. Mis palabras, desarmadas de guirnaldas, les tocó de algún modo inexplicable. Sus miradas sorprendidas se tornaron amables, y entre risas sinceras me acompañaron durante varios kilómetros.
Al despedirse, esas risas se desvanecieron como un eco en la brisa, dejándome en el andén con la estela de su presencia palpable. Una moneda desgastada y genuina reposaba a mis pies, testimonio irrefutable de aquel encuentro, ayudando a sellar la frontera entre el sueño y la vigilia.
He decidido escribir estas líneas para quien las halle, como si al plasmar este relato, compartiera un fragmento de mi paz, envuelto en las palabras que soplan leves como si fueran parte del viento. He escondido esta nota detrás de un desgastado afiche de un circo abandonado, y no niego que me intriga pensar en quién será el rostro que asistirá a mi relato y qué senderos habrá transitado su búsqueda. Quizás así, tal vez, este pequeño escrito pueda soplar sobre su vida una chispa de felicidad robada a mi andar, perpetuando por unos instantes la magia resplandeciente del encuentro entre un caminante y aquellos que, por un instante, decidieron caminar junto a él.
Historia
Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.
Versiones
El análisis de las distintas versiones del mito apuntaría a un cambio significativo en el tono y enfoque del protagonista. La primera versión presenta a un narrador que se define principalmente por su desapego y constante búsqueda, centrándose en su condición de vagabundo y jugador que huye de las miserias humanas como la maldad y la falta de ternura. Aquí, su identidad es fluida, reflejada en su disposición de adoptar diversos nombres que simbolizan elementos naturales como el agua, el aire y el camino. Esta descripción sugiere una conexión intrínseca con la naturaleza y un deseo por la simplicidad y libertad total, contrastada con la percepción de locura que otros le atribuyen, pero que él niega vehementemente.
En la primera versión, un encuentro con un grupo de jóvenes introduce un momento de introspección que añade un matiz de humanidad y vulnerabilidad al protagonista. El relato de cómo los muchachos lo rodean y demandan una moneda se convierte en una experiencia que revela la pureza y bondad que él busca en medio de su desilusión con el mundo. Esta interacción, que culmina en un acto de generosidad y un regalo inesperado de una moneda, enriquece la narrativa al mostrar que, a pesar de su autoimpuesta soledad, el protagonista aún vive momentos significativos de conexión humana. El acto de escribir y esconder el párrafo detrás de un afiche de circo evoca un deseo de compartir su experiencia y paz interior con alguien más, sugiriendo un lazo tácito entre el narrador y los lectores potenciales, un matiz que refuerza su mensaje más allá de la función de una simple narrativa de escape.
Lección
La verdadera libertad se encuentra en el desapego y la conexión con el mundo natural.
Similitudes
Se asemeja al mito de Tiresias de la mitología griega, quien también experimenta una transformación y busca comprensión más allá de lo humano.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



