Los meneses

Andina · Mestizo

Los meneses

Muchachos vestidos a la antigua rodean al viajero, piden monedas y recompensan la generosidad con compañía, descanso o alegría.

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El relato

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Por los caminos de la tierra cafetera andan los Meneses, unos chiquillos que les piden dulces o monedas a los que pasan. Al que no les da nada le hacen cosquillas, y más cosquillas, hasta que cae rendido de la risa.

Son espíritus burlones. Recorren los caminos y las carreteras pidiendo limosna y haciéndoles bromas a los viajeros. Aparecen y desaparecen cuando quieren. No compran nada con las monedas que les dan: las monedas mismas son su comida, y las muerden como si fueran de chocolate. Al viajero cansado le curan la fatiga con sólo rozarle la frente con los dedos, y a quien los encuentra le dejan una alegría que le dura meses.

Una tarde, a las cinco, con el sol rojo y un viento suave, un vagabundo iba descalzo por un camino cuando sintió que le tiraban de la manga de la camisa rota. Se dio vuelta y no vio a nadie; oyó risas. De pronto se vio rodeado de muchachos de doce a quince años que le pedían una moneda y se reían como locos, y le advertían que, si no les daba nada, le harían cosquillas hasta dejarlo sin fuerzas. Él les dijo que no llevaba nada, pero que si tuviera les daría todo lo que estuviera a su alcance. Los muchachos lo miraron sorprendidos, como si nadie les hubiera contestado así antes. Le dieron las gracias con una cortesía anticuada y lo acompañaron varios kilómetros.

A los viajeros que han sido generosos con ellos, a veces les dejan en el bolsillo unas monedas de poco valor, pero muy antiguas.

Los meneses: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La generosidad sin nada que dar también se paga con alegría.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.2333° · -75.7833°

Ficha del relato

Contexto histórico

Los Meneses aparecen en una página infantil de la Biblioteca Virtual del Banco de la República, «Niños de las regiones de Colombia», de Esmeralda Van Vliet para el ICAN, que se imprimió el 12 de enero de 1997 dentro de un informe del programa Fulbright-Hays compilado por Ana María Alfaro y conservado en la base ERIC. En la sección de la región andina, Mauricio, un niño de la tierra cafetera, dice que las chapoleras y los peones le han contado muchas leyendas, y enumera a los Meneses junto al Patón y el Hojarasquín: chiquillos que piden dulces o monedas en los caminos y hacen cosquillas hasta dejar a uno rendido de la risa.

Siete años después, el libro Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (Casa Editorial El Tiempo, Universidad Autónoma de Colombia, 2004), que se declara «recopilación de documentos imaginarios», les dedicó sus pp. 87-88. La ficha técnica los clasifica como espanto colectivo de espíritus burlones, vistos en Antioquia, Cundinamarca y el Tolima Grande, que comen monedas, curan la fatiga y contagian alegría. La página narrativa es una nota inventada de un vagabundo nacido en Anserma, hallada, dice el libro, detrás del afiche de un circo en la pared de un tren viejo.

Entre las dos fechas, la figura pasó de ser un recuerdo de peones cafeteros a una ficha de bestiario con poderes, hábitat y alimentación.

Resonancias con otros mitos

Los Rescoldaos del libro de Fabio Vélez Correa sobre Caldas son también espíritus burlones de los caminos de la arriería: diablillos del tamaño de un dedo que roban carne, beben aguardiente, conceden deseos y premian a quien resuelve sus acertijos. Como los Meneses, juegan con el viajero y lo premian si les sigue el juego.

En la misma lista de Van Vliet, el Patón y el Hojarasquín son espantos del camino y del monte de la región cafetera; los Meneses son el único que no asusta. El niño que los enumera los pone juntos porque se los contaron las mismas chapoleras y los mismos peones.

La figura del ser pequeño que pide una limosna y premia al que da, y castiga al que niega, tiene una larga historia en los cuentos de todo el mundo hispánico, donde el mendigo de apariencia humilde resulta ser un santo o un ser del otro mundo que pone a prueba la caridad del caminante.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Van Vliet y el libro de 2004 describen el mismo ser con tonos distintos. En la página de 1997 los Meneses son pedigüeños y traviesos: si no les dan, castigan con cosquillas. En la ficha de 2004 son benéficos: comen las monedas, curan la fatiga, dejan alegría y, a los generosos, monedas antiguas en el bolsillo.

  2. La nota del vagabundo de Anserma une las dos caras. Los muchachos lo amenazan con las cosquillas, pero cuando él les dice que no tiene nada y que les daría todo lo que tuviera, lo acompañan y le dejan una alegría duradera. El marco —el tren, el afiche de circo de los años sesenta y la moneda que un expresidente anónimo habría recibido de ellos— es composición del libro.

  3. Los dos textos coinciden en la edad, niños o muchachos; en el lugar, los caminos, y en la moneda como centro del encuentro. En los dos, además, el trato con los Meneses se decide en una sola respuesta del caminante: dar, o no dar, y cómo decirlo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Andina
Referencias
3
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Informe Fulbright-Hays 1997 con «Niños de las regiones de Colombia» (Esmeralda Van Vliet, ICAN)

    files.eric.ed.gov

    La página infantil de Van Vliet (1997), región andina, trae a los Meneses: chiquillos que piden dulces o monedas en los caminos y hacen cosquillas hasta dejar a uno rendido de la risa, contados por chapoleras y peones.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Les dedica las pp. 87-88: ficha técnica (espíritus burlones que comen monedas y curan la fatiga) y la nota inventada de un vagabundo de Anserma.

  3. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Describe a los Rescoldaos, diablillos burlones de los caminos de la arriería que conceden deseos, el paralelo que nombra Similitudes.

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«Los meneses» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los meneses» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los meneses» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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