Los esqueletos caminantes

Andina · Mestizo

Los esqueletos caminantes

Dos esqueletos salen de una morgue literaria y conversan sobre las vidas que otros imaginaron para los cuerpos sin identificar.

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El relato

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Fueron gente de la alta sociedad bogotana. Pasearon por salones de palacio vestidos de seda y cargados de joyas, rieron y cantaron en banquetes, y sus voces tapaban las de aquellos a quienes sus privilegios aplastaban. Se creían por encima de todo, y pensaban que el final que iguala a todos no iba con ellos.

La muerte los alcanzó. No despertaron en el paraíso que les prometían sus ritos, sino en la morgue, entre cuerpos amontonados, convertidos en NN. Nadie fue a reclamarlos. Sus nombres quedaron sepultados bajo el alud de otros muertos sin nombre, y oyeron a los patólogos discutir sobre sus cadáveres como sobre cualquier otro.

Allí entendieron que habían vivido una opulencia hueca, un espejismo de poder. Acabaron en las fosas comunes, al lado de indigentes y de víctimas del infortunio, iguales a ellos por fin.

Desde entonces se levantan cada noche. Son esqueletos sin carne que recorren las calles viejas de Bogotá, empujados por el arrepentimiento, buscando redención. Sus huesos desnudos chocan en la oscuridad y con ellos suenan las cadenas de sus pecados, la deuda que no pagaron en vida. Asustan a los vivos orgullosos. En algún rincón oscuro dejan escapar un susurro, y quien siente el frío de su paso se acuerda de que también él se va a morir y de que, cuando cae el último telón, todos quedan iguales.

Los esqueletos caminantes: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La muerte deja iguales a quienes en vida se creyeron por encima de los demás.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.60971° · -74.08175°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. La única obra que se sabe que lo contiene es «Mitos y leyendas de Bogotá», de Asdrúbal López Orozco (Bogotá, Kingkolor, 2008), cuyo índice lo titula «Los esqueletos caminantes de Bogotá» y lo sitúa en las páginas 12 a 17. Ese libro no tiene copia consultable: se buscó en Internet Archive, donde sólo aparece otro título del mismo autor, «Mitos y leyendas de Colombia», en préstamo; en el repositorio de la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá; en la Biblioteca Digital de Bogotá; en el centro de documentación del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural y en el catálogo de la Biblioteca Nacional. No se ha encontrado ninguna otra versión publicada del relato, así que lo que aquí se cuenta sigue la historia tal como circula.

Lo que sí está documentado es el suelo real sobre el que se levanta. Carlos Arturo Florido Caicedo, profesor de anatomía de la Universidad Nacional, describió en la revista Morfolia (2015) la costumbre con que un estudiante de medicina de Bogotá conseguía su primer esqueleto: llevaba una carta al administrador del Cementerio Central, un empleado sacaba de la fosa común los huesos de algún NN o de un difunto cuya bóveda nadie había vuelto a pagar, y el estudiante los hervía en agua con cal hasta dejarlos blancos. El mismo texto recuerda que después la ley prohibió los NN y las fosas comunes. Los muertos sin dolientes que el relato pone a caminar tenían, en la ciudad, un destino conocido.

La noche bogotana tiene además una tradición de aparecidos con cronistas propios. En 2003, El Tiempo contó cómo los guías del barrio La Candelaria armaban recorridos nocturnos con el duende Baltazar, la lavandera emparedada o el hombre de casaca verde que vio Ángel Cuervo, a partir de libros como «Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá» y de lo que decían los vecinos. Los esqueletos arrepentidos no figuran en ese repertorio.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es la danza de la muerte, el género tardomedieval en el que un esqueleto que personifica a la Muerte llama a bailar alrededor de una tumba a personas de todas las condiciones, del papa al labrador, y les recuerda que los goces del mundo se acaban. Los esqueletos que recorren Bogotá comparten el mensaje, que todos quedan iguales, y lo cambian de boca: aquí son los antiguos poderosos, ya en los huesos, quienes lo llevan a los vivos.

El segundo está en Colombia. La Barbacoa del Muerto del libro de 2004 es un cortejo de cuatro porteadores con calaveras en lugar de rostro que carga a un hacendado rico condenado por su avaricia, y que sale a asustar precisamente a los avaros. Como los esqueletos bogotanos, castiga la riqueza con el vagabundeo nocturno y hace del arrepentimiento del muerto una lección para quien lo encuentra.

El tercero no es un relato sino una práctica. La crónica de Florido Caicedo sobre el Cementerio Central muestra que en Bogotá los huesos de los NN salían de verdad de la fosa común, en costales, hacia las casas de los estudiantes de medicina. Esqueletos que salen de noche de la fosa de los olvidados: la ciudad tenía esa imagen antes de convertirla en espanto.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Como el relato no se ha podido leer en su fuente, las versiones que se comparan son las del motivo: el muerto rico que no descansa y la muerte que iguala a todos.

  2. La danza de la muerte medieval, de la que la «Danza general de la Muerte» castellana del siglo XV es el ejemplo en español, pone a la Muerte, en figura de esqueleto, a llamar uno por uno al papa, al emperador, al obispo y al labrador para que bailen a su lado. La igualdad llega en el momento de morir y es una advertencia a los vivos de todos los estados. En los esqueletos de Bogotá la igualdad llega después, en la morgue y en la fosa común, y son los muertos ricos, no la Muerte, los que salen a advertir.

  3. La Barbacoa del Muerto, que el libro de ficción «Cuentos de espantos» (2004) sitúa en Antioquia, el Viejo Caldas y el Tolima, está más cerca. Allí el alma de un hacendado avaro, Anselmo Santamaría, vaga por el camino de Santa Rita en una camilla de guadua que cargan cuatro fantasmas con calaveras por rostro; asusta a los caminantes en días de paga, maldice su avaricia y el dinero que dejó pudrirse mientras las viudas mendigaban a su puerta. Rico, muerto sin sepultura digna, arrepentido y condenado a asustar: el esquema es el mismo, con un solo muerto y en el campo.

  4. Lo propio de la versión bogotana es el lugar institucional del castigo. No es el infierno ni un camino rural: es la morgue de la ciudad y el anonimato del cadáver sin reclamar.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
Referencias
4
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. El anfiteatro de la Facultad de Medicina. Una visita guiada

    revistas.unal.edu.co

    Describe la costumbre por la que el estudiante de anatomía llevaba una carta al administrador del Cementerio Central y recibía de la fosa común, en un costal, la osamenta de un NN o de un difunto con la bóveda vencida, y cómo la limpiaba hirviéndola en agua con cal; recuerda que luego se prohibieron los NN y las fosas comunes. Es el sustrato real de los muertos sin dolientes que el relato pone a caminar.

  2. Los fantasmas de La Candelaria

    eltiempo.com

    Reúne los aparecidos del centro de Bogotá que alimentaban los recorridos nocturnos de La Candelaria —el duende Baltazar, la lavandera emparedada, el cortesano de casaca verde de Ángel Cuervo— y los libros de los que salen. Sitúa la tradición de espantos urbanos en la que se inscribe el relato.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Pp. 77-78, «La Barbacoa del Muerto»: el cortejo de cuatro fantasmas con calaveras por rostro que carga al hacendado avaro Anselmo Santamaría por el camino de Santa Rita, y su testimonio de arrepentimiento. Es el paralelo colombiano del rico muerto que vaga para asustar a los vivos.

Contraste y contexto · 1 referencia

  1. Danza de la Muerte

    es.wikipedia.org

    Explica el género tardomedieval en que la Muerte, como esqueleto, llama a bailar a personas de todas las condiciones, con la Danza general de la Muerte castellana del siglo XV: el antecedente europeo de la muerte que iguala a poderosos y humildes.

Voces de la comunidad

Conversación

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«Los esqueletos caminantes» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los esqueletos caminantes» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los esqueletos caminantes» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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