Los dos hermanos

Caribe · Wayúu

Los dos hermanos

Una arquera sigue las huellas de quienes mataron a su hermano, recupera el ganado y descubre que la venganza no termina con el regreso.

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El relato

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Una hermana y un hermano salieron a pasear a caballo. Cuando ya iban lejos de la casa, pasó llorando por encima de ellos una guaiguaya, el caricari.

—¡Ay, hermano! Mata a ese animal, porque cuando él llora se muere la gente.

El hermano le hizo varios disparos y no lo pudo matar.

Siguieron hacia la sabana y encontraron un alcaraván.

—Vamos a tirarle, a ver quién tiene mejor puntería —propuso ella.

Él tiró una vez, dos veces, y nada; el tercer tiro lo hizo con el rifle de la muchacha y tampoco pegó. Entonces la mujer tomó el fusil, le pegó al alcaraván en la cabeza y los sesos cayeron como agua de calabazo. Más adelante clavaron una aguja para saber quién tenía mejor pulso: él tiró y no la partió; ella la partió al primer tiro. Se bajaron bajo un palo de cayusí, vieron un ave, él apuntó y el ave quedó ilesa.

—Tú vas a perder —le dijo la hermana—, y tus enemigos te matarán cuando te encuentren.

En la sabana recogieron las ovejas. Él contó y dijo que faltaban diez; ella volvió a contar y faltaban treinta. Las vacas estaban completas. De los caballos él dijo que faltaban diez, con una mula y un burro; ella contó treinta caballos, tres mulas y dos burros. Los perros encontraron a los demás animales, pero los caballos no aparecieron por ninguna parte. El hermano se puso muy triste y lloraba.

—Se llevaron los animales para matarme. Es mejor que los deje. Yo quiero vivir.

La hermana lo hizo volver a la casa. Durmieron, pero él pasó la noche inquieto aunque estaba cansado. Ella despertó a las diez del día.

—Yo voy a traer las vacas. Tú recoge los caballos.

Él encontró los perros y salió a buscar, pero por desgracia cogió otros caballos que no eran los suyos. Se cruzó con dos hombres, se saludaron y les preguntó por sus animales.

—Tal vez serán aquellos que pasaron muy tempranito, arriados por unos hombres.

Siguió, y ya lejos les dio alcance en un pozo. Eran muchos. Cargó el fusil, disparó y mató a uno. Todos gritaban: “¡Tú eres bravo sin avisar!”. Corrieron hacia él y lo mataron.

El perro que lo acompañaba cogió la cobija de la mula, envolvió con ella el cadáver de su amo y tomó el camino de la casa. Allá la hermana estaba inquieta, sin querer comer, temiendo por la suerte de su hermano. De pronto vio venir la mula y la reconoció. La mula lloró dos veces, y ella supo que lo habían matado.

—¿Quién será el que lo mató? Tengo que descubrirlo y vengar a mi hermano.

Llevó consigo a una criada y a los perros, y siguió el camino por donde había venido la mula. Allá encontró a muchos hombres recogiendo leña para quemar el cadáver. Se alistó con su rifle, se aplicó tres veces la contra y se la dio también a la criada. Entonces se presentó ante ellos.

—Aquí estoy yo. Mátenme a mí.

Los hombres se burlaban. Por fin dispararon, pero las balas de sus rifles no le pegaban.

—Aunque seas piedra te mataremos —decían.

Cuando se les acabaron las balas, ella les cortó la cabeza con la misma facilidad con que se cortan unas varas.

Los últimos que quedaban vivos le rogaron que no los matara. Ella les mandó recoger toda la leña que pudieran y traer querosín; les hizo pedacear los cadáveres y los quemó a todos. Después siguió con los que quedaban y arrasó con todas las castas a las que pertenecían. Quedó sola, reinando con su casta, muy rica, con los animales de todos los hombres que había matado.

Los dos hermanos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La puntería que nadie iguala no sabe por sí misma dónde debe detenerse.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
11.775° · -72.225°

Ficha del relato

Contexto histórico

Milcíades Chaves publicó el cuento en 1946, en el Boletín de Arqueología, con un dato de cadena poco común en el corpus: la informadora fue Ana Isolina Ipuana, de veintidós años, que no hablaba castellano, y la intérprete Ana Ofelia Ortiz, de cuarenta y ocho, bilingüe. Lo contó una mujer joven y lo tradujo otra mujer antes de que el antropólogo lo redactara en un castellano sin wayuunaiki. Chaves, en su introducción, lo lee como las peleas de una casta con otra, así llama a los grupos de un mismo apellido en línea matrilineal, y como muestra del poder ilimitado del más fuerte, donde la casta vencedora se adueña de bienes y personas; y declara sin rodeos que la etnología sirve para incorporar con menos resistencia a una sociedad a una nacionalidad. Esa es la distancia de la antropología nacional de su época, y explica el término indios con que el texto de 1946 nombra a los enemigos y que el Relato sustituye por hombres. Eugenia Villa Posse reeditó el corpus en 1993 conservando la procedencia.

La vida material del cuento es la de la Alta Guajira de los años cuarenta: paseos a caballo, rifles y fusiles, mulas y burros, rebaños de ovejas, vacas y caballos contados uno a uno, perros que rastrean, querosín para la pira. La contra que la hermana se aplica tres veces antes de presentarse es un recurso de protección que Chaves describe, a propósito del piache Umaralá, como algo que los piaches dispensan. Roberto Pineda Giraldo (1950) documentó además una representación teatral de la guerra entre clanes en la que un cantador exige el pago de la sangre, se declara la guerra, se combate con tiras de cardón tierno y las mujeres lloran a los muertos; no es una variante del cuento, pero muestra el mismo orden de cobro, pago y guerra.

La etnografía contemporánea ilumina lo que el cuento deja en escena. Weildler Guerra Curvelo (2006) sostiene que la venganza es una decisión calculada tras sopesar fuerzas, que el abigeato se volvió causa creciente de disputas y que las mujeres aconsejan, movilizan apoyos, aportan bienes y hablan con fuerza en las negociaciones. Alessandro Mancuso (2005) propone que las guerras de venganza son el contexto principal donde se define el grupo uterino y que las mujeres gozan de una intangibilidad que les permite cruzar territorios, recoger muertos y heridos y conseguir armas e información; por eso la hermana puede presentarse ante los enemigos y decir mátenme a mí, y por eso su salida armada rompe la norma. Francisco Molina Ríos (2013) documenta que, según la regla, cobran la sangre los hermanos del muerto o los hombres de la familia materna, mientras las mujeres visten mantas rojas para anunciar que se cobrará; la hermana invierte ese reparto. Pastor Ponce (2006) explica que el arreglo y la compensación, pagada en ganado, existen para evitar la venganza; los animales con que la hermana queda reinando son, en ese marco, deuda pendiente tanto como riqueza. El sistema normativo aplicado por el pütchipü'üi, descrito por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros (2009) y reconocido por la UNESCO (2010), es la institución que este cuento no muestra y cuya ausencia hace visible.

Lectura editorial: la matanza final se cuenta como la contó la informadora, sin celebrarla ni suavizarla. La ficha anterior la llamaba empoderamiento y añadía un debate comunitario sobre las deudas de sangre; ninguna de las dos cosas está en el texto, y la pregunta por el costo de la venganza se hace aquí, no dentro de la historia.

Resonancias con otros mitos

“El indio Kuriruputá” es el paralelo más cercano dentro del corpus: ganado, ataque de otra casta y mujeres que toman las armas. Allí las hermanas llegan a tiempo, rescatan a un hombre vivo y la familia reconstruye alianzas; aquí la hermana llega cuando ya apilan la leña para quemar el cadáver, y su respuesta no se detiene en los responsables sino que arrasa castas enteras. Las dos historias ponen a mujeres wayuu decidiendo el curso de un conflicto armado, con desenlaces opuestos.

“El guerrero Ipuana” comparte la espiral: cada regreso al combate produce una muerte más grave que la anterior, y el sueño y la magia de guerra deciden tanto como las armas. Leídos juntos, los dos cuentos hacen ver por qué existe el sistema de palabra y compensación que ninguno de los dos pone en escena.

“Umaralá” explica la contra que la hermana se aplica tres veces: un recurso que el piache dispensa y que en este cuento vuelve inútiles las balas enemigas. Ninguna de las dos historias dice en qué consiste, y el Relato tampoco lo inventa.

“Serranías de La Guajira” es el otro mito de hermanos del corpus, pero no tiene relación de trama: allí los viajeros detenidos se vuelven cerros. Se nombra sólo para que el lector no confunda los dos.

No hay comparaciones externas documentadas para este cuento y no conviene forzarlas: la hermana que supera a su hermano en puntería tiene aquí rasgos propios, la contra, la mula que llora, la pira, la casta que queda reinando, que no ganan nada con ser puestos junto a vengadoras de epopeyas de otros continentes.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Existe una sola cadena documental: Chaves 1946. La reedición de Villa Posse (1993) reproduce ese texto y no es un testimonio independiente; no se conoce otra narración completa de esta historia, ni en Pineda, ni en Paz Ipuana, ni en Perrin.

  2. La ficha anterior se apartaba del texto de 1946 en varios puntos: cambiaba los rifles por arco y flecha, hacía que el hermano pidiera a la hermana quedarse en casa, situaba la venganza en un campamento con flechas a distancia, añadía un velorio, parientes que deliberan y una duda comunitaria sobre las deudas de sangre. Nada de eso está en lo que contó Ana Isolina Ipuana. El Relato vuelve al texto: la competencia de puntería con el alcaraván y la aguja, el ave que llora, los conteos desiguales del rebaño, la muerte en el pozo, la mula que llora dos veces, la contra, las balas que no entran, las cabezas cortadas, la pira con querosín y la casta que queda sola y rica. Las cautelas van en Historia.

  3. El título en plural esconde que la protagonista es la hermana; se conserva porque así circula la ficha.

  4. Esta historia no debe confundirse con otras del corpus. “Serranías de La Guajira” cuenta a unos hermanos convertidos en cerros, y es a ese mito al que remiten Relatos con GPS y las entradas sobre hermanos del Diccionario de mitología Wayuu, no a este. “El indio Kuriruputá” tiene mujeres armadas que rescatan a un hombre vivo y reconstruyen alianzas; aquí el cuerpo vuelve muerto y la venganza no se detiene. “El guerrero Ipuana” narra guerras de castas con sueños y magia de guerra; comparte el mundo, no la trama. La representación de la guerra interclanil que describe Pineda (1950) es teatro ritual, no una variante del cuento.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
13
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica quince relatos del corpus con nombres de informantes, intérpretes, lugares y observaciones sobre su circulación en 1946.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    repositorio.flacsoandes.edu.ec

    Reedita el corpus de Chaves, conserva su procedencia bibliográfica y lo sitúa dentro de una selección nacional de literatura oral.

  3. Sistema normativo Wayuu, aplicado por el Pütchipü’üi

    ich.unesco.org

    Explica el diálogo, la reparación, la compensación y la autoridad del tío materno dentro de clanes matrilineales.

Contraste y contexto · 10 referencias
  1. Régimen Especial de Manejo del PNN Macuira y Resguardo Wayuu

    parquesnacionales.gov.co

    Describe territorios claniles, descendencia materna, gobernanza, lugares de valor cultural y manejo concertado de la Macuira.

  2. Caracterización del pueblo Wayúu

    mng.mincultura.gov.co

    Resume territorio binacional, organización social, lengua, historia reciente y problemáticas contemporáneas del pueblo Wayúu.

  3. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema Normativo Wayuu aplicado por el Pütchipü'üi

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Documento formulado por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros que explica, desde la propia organización wayuu, el territorio, los clanes matrilineales, la palabra, la reparación y los fundamentos mítico-históricos del sistema normativo.

  4. Relatos con GPS: una geografía mítica e histórica de La Guajira

    geografiasmiticasguajira.com

    Recoge el mito de los hermanos que se convierten en los cerros de la Guajira.

  5. Diccionario de mitología Wayuu

    cdnc.heyzine.com

    Reúne entradas sobre Juyá, los mellizos, los hermanos y la cosmología wayuu de origen.

  6. El pueblo wayuu de la Guajira colombo-venezolana: un panorama de su cultura

    revistas.ucr.ac.cr

    Panorama del origen, historia y tradiciones wayuu que contextualiza los relatos fundacionales.

  7. Los conflictos interfamiliares Wayuu

    ve.scielo.org

    Describe la venganza como decisión calculada tras sopesar fuerzas, el abigeato como causa creciente de disputas, y el papel de las mujeres que aconsejan, movilizan apoyos, aportan bienes y hablan con fuerza en las negociaciones: el marco en que se mueve la hermana arquera tras el robo del rebaño.

  8. Relaciones de género entre los wayúu: estado de la investigación y nuevos campos de análisis

    jieyuuwayuu.blogspot.com

    Sostiene que las guerras de venganza son el contexto principal donde se define la identidad del grupo uterino y que las mujeres gozan de una intangibilidad que les permite cruzar territorios, recoger muertos y heridos y conseguir armas e información: ilumina por qué el hermano pide a la hermana quedarse y por qué su salida armada rompe la norma.

  9. Venganza y encierro como funciones restauradoras del orden social: un enfoque simbólico-ritual del crimen en la cultura Wayuu

    revistas.ucm.es

    Documenta los signos rituales de la venganza: las mujeres visten mantas rojas en la escena del crimen y el entierro para anunciar que la sangre será cobrada, mientras que, según la norma, son los hermanos del muerto o los hombres de la familia materna quienes la cobran; la hermana de Chaves invierte justo ese reparto.

  10. Resolución de conflictos en la sociedad Wayuu contemporánea

    ve.scielo.org

    Explica que el arreglo y la compensación existen para evitar la venganza que sobrevendría sin pago, que el conflicto compromete al linaje materno y que la compensación tradicional se paga en ganado: contexto para leer los animales y bienes que la hermana acumula como deuda o causa de otra disputa.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Los dos hermanos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los dos hermanos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los dos hermanos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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