Los Domicó y los linajes

Andina · Katíos

Los Domicó y los linajes

Caragabí entrega nombres a los linajes; el relato sigue a los Domicó en una memoria de guerra y vigilancia.

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El relato

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Caragabí había prohibido el incesto bajo severísimas penas. Aun así, en aquel tiempo un joven se unió ilícitamente con su hermana, y por eso recibieron un castigo que todavía están sufriendo.

Queriendo evitar en adelante semejantes crímenes, Caragabí determinó darle a cada familia su apellido. Estando los indios reunidos en un convite, empezó a decirle a cada jefe de familia cuál sería el suyo: usted será Carupia, usted Celis, el otro Chavarí, Bailarín, Guaseruca, Domicó, Sinigüí. Lo hacía para que nunca se casaran los del mismo apellido.

Desde entonces se sabe con quién no hay que casarse. Cuando alguien anda averiguando parentescos para un matrimonio, ellos mismos se adelantan y dicen: yo soy Domicó, ese Carupia es. Y eso que hay muchos del mismo apellido que no tienen más parentesco que el de Adán.

Los Domicó volvieron a aparecer de otras maneras. Algunos aseguran que la escalera de finísimo cristal que subía desde la tierra hasta el cielo, para que los indios pudieran ir a conversar con Caragabí cuando quisieran, la construyó un indio de esa casa, nacido de la pantorrilla de una mujer, que se llamaba Heroputoharra.

Y está la guerra. Una vez los Cunas mataron a traición, a las orillas del mar, a tres indios Domicós. El Capitán de los Domicós reunió a su gente y los adiestró a todos dentro de su bohío a hacer blanco con los arcos, a fin de luchar con acierto. Cuando estuvieron listos descendieron a la arena y derrotaron a sus adversarios.

Cortaron las cabezas de los vencidos, las condujeron al bohío del Capitán y las suspendieron alrededor de él. Aquellas cabezas se movían por sí solas y se les erizaban los cabellos cuando se acercaba algún Cuna. De ese modo venían a ser como un toque de alarma.

Hicieron tal escarmiento, cuentan, que no dejaron más que dos.

Los Domicó y los linajes: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un nombre compartido puede señalar de dónde viene alguien sin decir de quién desciende.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

La entrega de los apellidos está en los dos textos antiguos del occidente antioqueño, y en los dos ocupa el mismo lugar: viene después de la prohibición del incesto y del castigo de una pareja de hermanos, y ocurre en una bebezón, que Severino de Santa Teresa llama convite. La guerra, en cambio, está sólo en Severino, en el Libro Primero, a continuación del ciclo de Séver, y es uno de los pocos episodios del volumen con narrador acreditado: se la refirió, dice, un Capitán Domicó de una tribu Catía, y es el propio Capitán quien añade el remate de que no dejaron más que dos Cunas. La comparación que cierra el pasaje, con Caín y Abel, con los Horacios y Curiacios de Roma y con los Tirios y Troyanos de Grecia, no es del Capitán: es de Severino.

Conviene corregir aquí algo que suele decirse de ese libro, que nunca nombra a quien narra. Para estos materiales sí lo hace, y todos los que nombra llevan el mismo apellido: Tohuratzabidá Domicó, que al bautizarse tomó el nombre de Fernando, para el origen de catíos y cunas; Dobiarisá Domicó, Cipriano después del bautismo, jaibaná, para la tentación del paraíso; Donungubi Domicó, bautizado Severiano, para el origen del jaibanismo; María Eva Domicó, Jaimerquma en su lengua, para las ceremonias de los jaies; y el Capitán de esta guerra. El capítulo que dice que Caragabí repartió el apellido Domicó es también el capítulo escrito con lo que le contaron personas apellidadas Domicó.

Y los apellidos no son linajes. Sandra Turbay y José Joaquín Domicó, en un trabajo de campo hecho entre julio y diciembre de 2018 en el resguardo de Jaikerazabi, en Mutatá, y entre eyábida de Chigorodó y Murindó, establecen que el repertorio de apellidos emberá es corto y estable, que los más frecuentes en los censos son Domicó, Sinigüí, Bailarín, Carupia, Majoré, Cuñapa, Zapia y Guaseruca, y que funcionan como indicador de etnicidad y no como marca de clan: no hay grupos de filiación, sólo parentelas bilaterales, y la memoria genealógica no pasa de los abuelos. Severino había registrado el hecho sin sacar la conclusión, cuando anotó que hay muchos del mismo apellido sin más parentesco que el de Adán.

Del archivo salen personas concretas, no sagas. Patricia Vargas encontró en documentación colonial que Catalina Guaracu estaba casada con Domicó, indio de la encomienda de Miguel de Urnieta. Elizabeth Karina Salgado transcribe la comunicación del 11 de junio de 1894 en que la Prefectura de Occidente, con sede en Santa Fe de Antioquia, conmina con multa de veinticinco pesos al alcalde de Dabeiba para que proteja a los indígenas Carmelo Majoré y Nepomuceno Domicó de los ataques a su propiedad por parte de los colonos Nemesio David, Ignacio Sepúlveda, Ángel María Echavarría y otros; y en 1911, Indalecio Celis y Calixto Majoré, autodenominándose indígenas y vecinos de Frontino, reclaman al gobernador el cumplimiento de una sentencia sobre las tierras de Dacidocito. Domicó y Celis están en la lista que el relato pone en boca de Caragabí. La genealogía existe, tiene fechas y tiene folios; por eso mismo no es el mito.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más exacto está en el mismo corpus y con narrador acreditado. En La mujer de Karagabí, que Rafael Bailarín, katío, le narró a Milcíades Chaves en 1945 y tradujo él mismo, Karagabí llama a todos los indios, los reúne, los hace gritar y por el grito los convierte en animales: al capitán, que gritó jar, jar, juu, le dice que será Imaná, tigre, y que se vaya para el monte, y con los demás hace lo mismo; sólo deja a los que no eran pícaros, y de ellos nacieron todos los indios. Es la misma asamblea y el mismo gesto de asignar, con una diferencia entera: allí lo que se reparte son especies y aquí son nombres. En un caso el reparto saca gente del mundo humano; en el otro lo ordena por dentro.

El segundo paralelo es de guerra y sirve para medir la de los Domicó. Mauricio Pardo muestra que los relatos emberá de guerra contra los Cunas, a quienes llaman Jurá, están registrados en el Atrato, el Sinú y el Baudó, y que no son una manera genérica de nombrar al enemigo, porque los mismos narradores reconocen a los cunas contemporáneos y cuentan además guerras contra otros pueblos con gentilicio propio: burumiás, bibidícomias y carautas. Uno de esos relatos, Bibidigomia, es también de Bailarín, y allí el enemigo vive en un árbol hueco y muere ahumado con ajíes, barbascos y anamú. La guerra de los Domicó no es entonces un episodio excepcional de un linaje: es un ejemplar de un género regional.

Queda una comparación que conviene no repetir. Severino cerró el episodio diciendo que esta rivalidad india trae a la memoria la de Caín y Abel, la de los Horacios y Curiacios de Roma y la de los Tirios y Troyanos de Grecia. Tres equivalencias en una línea, ninguna documentada, y todas al servicio de convertir una memoria concreta del golfo en un lugar común de manual.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La escena del reparto aparece en las dos publicaciones antiguas con diferencias pequeñas y reveladoras. En el artículo de 1929 Caragabí empieza por Sinigüí y sigue con Chavarí, Domicó, Bailarín, Guaserucamá, Carupia y Celis; en Severino empieza por Carupia y Celis y termina en Domicó y Sinigüí. Una escribe Guaserucamá y la otra Guaseruca. Ninguna de las dos listas se cierra: las dos terminan en etcétera.

  2. El castigo que motiva el reparto está contado entero en una de ellas y censurado en la otra. Severino escribe que la pareja recibió un castigo que aún están sufriendo y que por ser de no sé qué hechura no lo refiere. El artículo de 1929 sí lo refiere, aunque en otra pieza, la de Lloró o Gioró: el hermano y la hermana quedaron pegados en la acción vergonzosa, sin poderse desprender, y el día en que se desprendan se acabará el mundo; cuando logran apartarse un poquito suceden los eclipses; Caragabí puso una piedra enorme como seña del lugar y junto a ella muchísimos niños de brazos que están ahí continuamente desenojándolo.

  3. Las dos versiones también siguen distinto después del reparto. En 1929 la entrega de apellidos empalma con otra bebezón en la que la mujer de Caragabí queda convertida en baracoco y él convierte en animales a los indios pecadores, antes de subir al cielo con su cuñada. Severino separa esos episodios y coloca en su lugar la guerra de los Domicó, que en el artículo de 1929 no existe. Allí la memoria de guerra está toda del lado de Séver, y los trofeos no son cabezas sino colmillos: los colmillos de los Cunas muertos, recogidos y ensartados en una especie de collar que, al rociarlo con chicha o guarapo, sonaba como campanas.

  4. Fuera del occidente antioqueño hay otras versiones de lo mismo. Patricia Vargas recoge en el Atrato y el Baudó historias orales de la guerra con los cunas en las que los Domicó lideraron los enfrentamientos, y propone, expresamente como posibilidad y en nota, relacionar a Caragabí con ese apellido. Y Anne-Marie Losonczy, citada por Turbay y Domicó, encontró en el Chocó que los apellidos siguen siendo los mismos que impuso Karagabí, el Creador, para prevenir el incesto. La escena no es sólo un recuerdo de archivo: está viva y se cuenta en otras cuencas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Misiones, región y clasificación indígena en Urabá

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Explica que la categoría regional Catío fue parcialmente consolidada por el proyecto misionero en el occidente de Antioquia, Urabá y Chocó.

  2. Notas sobre los nombres personales embera

    scielo.cl

    Es la fuente que corrige el supuesto central de la ficha. Turbay y Domicó establecen que "el repertorio de apellidos embera es distinto al de los nombres personales y es muy limitado. Los más frecuentes en los censos son Domicó, Sinigüí, Bailarín, Carupia, Majoré, Cuñapa, Zapia y Guaseruca" —justo los nombres que el relato pone en boca de Caragabí— y que no funcionan como marcas de clan ni de linaje, sino como indicador de etnicidad: "a diferencia de otros grupos indígenas colombianos, los embera no adoptaron apellidos españoles". Añaden la advertencia exacta que el encargo pide: fuera de la comunidad esos apellidos no sirven para rastrear parentesco porque "son demasiado comunes y muchas personas que no tienen ningún parentesco conocido llevan el mismo apellido". Lo que carga sentido cosmológico y protector, muestran, es el nombre personal, no el apellido.

  3. Los emberas y los cunas en frontera con el imperio español. Una propuesta para el trabajo complementario de la historia oral y de la historia documental

    publicaciones.banrepcultural.org

    Saca a los Domicó del relato y los mete en el archivo. Vargas encuentra en documentación colonial que "Catalina Guaracu estaba casada con Domicó, indio de la encomienda de Miguel de Urnieta", y concluye: "Domicó es el apellido de una extensa familia Embera protagonista de la historia de la margen derecha de la cuenca del Atrato. Es posible relacionar a Caragabí con el apellido Domicó; algunas historias orales de la guerra con los cunas refieren que los Domicó lideraron los enfrentamientos". O sea: la asociación entre Caragabí, el apellido Domicó y la guerra con los cunas no es invención del misionero, está en más de una tradición oral, y hay un Domicó documentado en el siglo XVII. Da también el contexto real del conflicto emberá-cuna en la cuenca del Atrato, sostenido más de cien años.

  4. Estrategias de negociación y resistencia indígena a la colonización del occidente de Antioquia, 1880-1920

    revistas.unal.edu.co

    Sirve de contrapeso directo contra la tentación de leer "los Domicó" como un linaje épico. Salgado transcribe una comunicación oficial del 11 de junio de 1894 en la que la Prefectura de Occidente conmina al alcalde de Dabeiba a proteger "a los indígenas Carmelo Majoré y Nepomuceno Domicó de los ataques a la propiedad de estos, efectuados por los colonos Nemesio David, Ignacio Sepúlveda, Ángel María Echavarría y otros". Treinta años antes del libro de Severino, un Domicó aparece en el archivo no como guerrero de una saga sino como poseedor despojado que recurre al Estado. Es la misma región y casi la misma década en que la misión empezó a recoger relatos.

  5. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    revistatabularasa.org

    El propio pie de autoría es la corrección más eficaz que puede recibir esta ficha: Domicó y Chavarí —dos de los apellidos que el relato hace repartir a Caragabí— firman como investigadores emberá de Chigorodó en 2020. Cuatro de los diez coautores son emberá. La página habla de los Domicó en pasado bélico; el artículo muestra a personas con ese apellido produciendo conocimiento sobre su propio territorio hoy, en el mismo departamento. Y aporta el contenido: los sitios sagrados en cabeceras de montaña, la mediación del jaibaná y la reciprocidad con los pueblos de gente-espíritu.

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«Los Domicó y los linajes» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los Domicó y los linajes» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los Domicó y los linajes» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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