Los Cojines del Zaque

Andina · Muiscas

Los Cojines del Zaque

Antes del alba, el zaque y su pueblo suben a dos discos de piedra de Tunja a esperar la salida del sol; una niña aprende por qué el amanecer no pertenece a quien gobierna.

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El relato

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Antes del amanecer, el zaque salió de Hunza.

No iba solo. Lo acompañaban sacerdotes, músicos y gente de las parcialidades vecinas. Subieron por la ladera occidental mientras la ciudad seguía oscura. Nadie encendió antorcha: conocían el camino por la inclinación de la tierra y por el sonido de los pasos.

En lo alto esperaban dos discos tallados sobre una misma roca. Parecían cojines, pero eran duros y fríos, y llevaban siglos de sol y lluvia en el lomo. El zaque se detuvo frente a ellos. Más allá se extendía el valle; detrás, la noche comenzaba a perder color.

Una niña que acompañaba a su familia miró el espacio estrecho entre las dos piedras. Había subido otras veces, pero nunca había entendido por qué todos llegaban tan temprano.

—¿La piedra hace salir el sol? —preguntó.

—No —dijo el zaque sin volverse—. La piedra solo sabe cuándo esperarlo.

Los músicos guardaron silencio. Durante un instante no ocurrió nada: el viento pasó sobre las mantas y la hierba. Luego apareció una claridad entre los cerros, y el primer borde del sol se levantó exactamente por la abertura que la niña estaba mirando.

La piedra no produjo la luz. La recibió.

El zaque inclinó la cabeza. Todos hicieron lo mismo. Después comenzaron los sonidos: una flauta larga, un tambor profundo, voces que saludaban el regreso del día.

La niña observó la sombra de los discos. Era larga al principio y se acortaba mientras el sol subía. Comprendió que aquel lugar no servía para que el gobernante se sentara por encima de todos: los cojines ayudaban a mirar algo que también estaba por encima de él.

Cuando terminó la ceremonia, la gente descendió hacia los sembrados y el mercado. El zaque volvió a su cercado. El sol no lo siguió de manera especial; cayó por igual sobre techos, caminos y campos.

La niña permaneció un momento junto a la roca. Puso la mano sobre uno de los discos y sintió que ya estaba tibio.

Años después regresó con otros niños antes del alba. No les prometió que las piedras hablarían ni les contó que guardaban poderes secretos. Les pidió esperar.

Y cuando el primer borde del sol volvió a levantarse entre los discos, uno de los niños respiró sorprendido. La mujer no dijo nada: la ceremonia no había terminado, la luz seguía naciendo entre dos piedras.

Los Cojines del Zaque: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El poder no posee el amanecer: solo puede arrodillarse ante lo que no controla.”

Territorio

Andina · Muiscas

Andina · Muiscas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Muiscas
Referencia
5.53821° · -73.36951°

Ficha del relato

Contexto histórico

Los Cojines del Zaque son dos discos circulares tallados sobre una misma roca en la ladera occidental de Tunja: poco más de un metro de diámetro, unos treinta centímetros de altura y once centímetros de separación entre sí (Bonilla, Rodríguez y Bustos, 2019). Las crónicas del siglo XVII no los nombran con este nombre. Simón (1627) documenta en Tunja el culto al sol del zaque Goranchacha, que hizo edificar un templo a su padre el Sol y hacía allí sus estaciones en ciertos días del año, en procesión con mantas finas tendidas por el camino. Esa noticia muestra la centralidad del sol para la autoridad de Hunza, pero no menciona los monolitos.

La identificación del sitio con la espera del amanecer aparece en el siglo XIX. Manuel Vélez (1847) describe dos piedras sobre una colina de la ciudad que gobernaba el Zaque: arrodillado sobre ellas se domina la llanura de Tunja hacia el oriente, y conjetura que sus habitantes adorarían al sol al levantarse. Villa Posse (1993) sistematiza la tradición: los hunzas dedicaron los Cojines del Zaque al sol y, en la madrugada, el zaque con los sacerdotes y el pueblo se reunía a adorarlo y a esperar su salida por el oriente; el zaque oraba de rodillas sobre las piedras junto a los jeques.

La lectura del amanecer como rito de autoridad se apoya en Correa (2004): el sol no es solo divinidad, sino fuente de legitimación política; quien se coloca frente a la salida del astro, a la vista de su gente, reafirma un orden. Leído así, el sitio convierte la observación del cielo en ejercicio del poder y, a la vez, en un límite para él.

Cautelas: el nombre cojines es una comparación por la forma y no prueba que las piedras fueran asientos; el apodo Cojines del Diablo, difundido tras la conquista, traduce el lugar como condena cristiana; las noticias sobre sacrificios de niños (moxas) en el sitio son tardías, moralizadas y no están suficientemente comprobadas para este lugar, por lo que el relato las omite; y la alineación arqueoastronómica cercana al solsticio de diciembre apoya una función de observación solar y calendárica, pero no reconstruye una liturgia completa.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus muisca, el culto al sol acompaña a otras figuras: el relato del Sol y la Luna explica el origen de los astros, y el Templo del Sol de Sogamoso era el adoratorio más célebre de la región, con peregrinaciones y riquezas ofrendadas. Los Cojines comparten esa reverencia por el astro, pero se distinguen por su escala mínima: no guardan una imagen ni levantan un templo; solo dos discos en una roca donde se espera un acontecimiento. En ambos casos, el recorrido del astro sobre el altiplano se leía como un orden que amparaba la tierra, pero los Cojines lo dicen sin edificios: la roca basta.

En los Andes y en Mesoamérica el sol también fundó la autoridad: el Inti de los incas, con su templo del Coricancha, legitimaba al soberano como descendiente del astro, y el Templo Mayor de Tenochtitlan orientaba la vida ritual hacia el recorrido solar. Ambos son cultos de estado con sacerdocios, oro y arquitectura monumental; los Cojines, en cambio, no muestran riqueza ni imágenes. Su potencia está en la abertura entre dos piedras y en el instante exacto del alba: la misma idea de un sol que ordena el poder, en un cuerpo material casi desnudo, sin necesidad de un imperio que lo respalde.

En el mundo, los observatorios y piedras de orientación solar, desde Stonehenge hasta otros alineamientos prehistóricos, muestran que marcar el horizonte organiza calendario, cosecha y ceremonia. Allí la escala es otra: grandes bloques dispuestos en círculo, levantados por sociedades distintas de los cacicazgos muiscas. La comparación solo es útil si devuelve la mirada al lugar concreto: la sobriedad de los Cojines —dos discos tallados y once centímetros de luz posible— hace innecesaria cualquier pirámide o piedra monumental. Lo común a todos estos sitios es que observar el amanecer fue a la vez un saber del cielo y una forma de ordenar la vida de quienes se reunían a mirarlo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las versiones sobre los Cojines del Zaque se reparten en varias líneas que no deben fusionarse. La primera, recogida por Villa Posse (1993), afirma que el zaque acudía cada madrugada con sacerdotes y comunidad a adorar al sol, se arrodillaba en las piedras y oraba junto a los jeques, con canto y danza; la misma obra asocia el sitio al mito de Hunzahúa, quien bajó de los Cojines de Tunja tras la ceremonia matinal del sol antes de descubrir el incesto de su hermana. Una variante de esta línea añade que en ocasiones se ofrecían sacrificios de niños de doce años, los moxas; otras tradiciones omiten ese detalle y el canon editorial no lo adopta para este lugar.

  2. La segunda línea es descriptiva y proviene de visitantes del siglo XIX: Manuel Vélez (1847) registra dos piedras en la colina de la ciudad del Zaque, la vista al oriente de la llanura y la hipótesis de que allí se adorara al sol al levantarse. Es una lectura prudente: describe el sitio y conjetura su uso sin fijar un rito.

  3. La tercera línea es arqueoastronómica: Bonilla, Rodríguez y Bustos (2019) miden los monolitos y proponen el lugar como observatorio solar, con coincidencia entre el espacio entre las piedras y la salida del sol cerca del solsticio de diciembre; lo leen como calendario agrícola o ceremonial, sin reconstruir cada gesto de las ceremonias.

  4. La cuarta línea es colonial y peyorativa: el nombre Cojines del Diablo, difundido tras la conquista, traduce el sitio como objeto de idolatría y no se adopta como título. Simón (1627) documenta el culto solar del zaque en Tunja, el templo a su padre el Sol y sus estaciones anuales, pero sin nombrar las piedras, lo que obliga a distinguir el templo del sol del sitio de los monolitos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Muiscas · Andina
Referencias
9
Última revisión
19 de agosto de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias occidentales, tomo II

    archive.org

    Conserva algunas de las noticias coloniales más extensas sobre autoridades, divinidades, ceremonias y relatos muiscas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, vol. III: región Andina

    flacso.edu.ec

    Ordena relatos muiscas, transcribe fuentes y advierte cuándo una figura o episodio no constituye propiamente un mito.

  3. El sol del poder: simbología y política entre los muiscas del norte de los Andes

    books.google.com

    Analiza relaciones entre cosmología, parentesco, territorio y autoridad en materiales muiscas.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Los muiscas en los siglos XVI y XVII: miradas desde la arqueología y la historia

    ediciones.uniandes.edu.co

    Reúne investigación arqueológica e histórica que corrige modelos simplificadores sobre sociedad, poder y territorio muiscas.

  2. The Muisca: Chiefdoms in Transition

    doi.org

    Sitúa la sociedad muisca dentro de procesos históricos y transformaciones coloniales, evitando verla como una cultura inmóvil.

  3. Muisca

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Resume territorio, organización, economía, orfebrería, textiles y transformaciones históricas de los muiscas.

  4. Plan de vida de la comunidad Mhuysqa de Sesquilé

    sesquile-cundinamarca.gov.co

    Documenta una recuperación comunitaria contemporánea en torno a territorio, espiritualidad, educación y lagunas sagradas.

  5. Huiracocha (dios): el diluvio y la nueva humanidad

    es.wikipedia.org

    Registra cómo Viracocha destruye con un diluvio a los gigantes que no lo reconocieron, enseña a la nueva humanidad y desaparece caminando sobre el mar; Manco Cápac y Mama Ocllo portan un bastón de oro.

  6. Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People

    mesoweb.com

    Ofrece el relato k'iche' donde la humanidad finalmente es formada de maíz, dentro de una cosmogonía propia.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los Cojines del Zaque» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los Cojines del Zaque» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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