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Los brujos

El mito de los brujos buenos y malos subraya la transformación en tigres como símbolo de lo desconocido y peligroso.

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Ilustración de Los brujos

En un rincón remoto del mundo, donde la selva era tan densa que ni siquiera el sol se atrevía a interrumpir la perfumada simetría de sus hojas, existía una antigua creencia que flotaba entre los aldeanos como la bruma matinal. "Entre nosotros hay buenos brujos y hay malos", susurraban al caer la tarde, al reunirse en torno al fuego crepitante como si temieran que el viento se llevara sus palabras hasta oídos indeseados. Los buenos brujos, decían, eran aquellos que con sus manos sabias podían sanar cualquier dolencia y eran capaces de convocar la lluvia cuando la tierra lloraba en silencio su sequía. Ellos, cuando partían de este mundo, lo hacían de manera apacible, como hojas que caen en otoño, dejando atrás solamente el recuerdo y los beneficios de sus artes.

Sin embargo, el temor se entrelazaba con el respeto debido a aquellos de diferente naturaleza. Los malos brujos, advertían los viejos con voces cargadas de misterio, eran quienes una vez muertos no sabían descansar; volvía su espíritu inquieto con intenciones oscuras. Esos malos brujos, incapaces de asumir forma humana sin ser reconocidos, se transformaban en tigres, inmensos y brillantes como el amanecer, y acechaban en la espesura de la selva, apareciendo cuando su engañoso rugido no ahuyentaba ya a los temerosos.

Una tarde, cuando la noche comenzó a estirar su manto estrellado cubriendo el cielo, un grupo de hombres avanzaba por un sendero olvidado, guiados por dos lunas: la que florecía en el cielo y la que quieta descansaba en el lago. Caminaban en busca de un lugar para descansar, cuando en el corazón de la selva descubrieron una casa redonda, como un ojo de tierra vigilante. Su aparición fue súbita, como si la casa hubiera brotado de entre los árboles. "¡Aquí podemos dormir bien!", sugirió uno de los hombres, cuyo entusiasmo brillaba más que las antorchas que portaban.

Pero sus compañeros vacilaron, inquietos. "No podemos quedarnos aquí", replicaron, con una voz que se confundía con el susurro del viento entre las hojas. "En esta casa hay un muerto enterrado. Dicen que él fue un brujo malo."

Sin hacer caso a los murmullos, aquel hombre decidido entró en la casa y, abrazado por el calor de la noche tropical, se dejó llevar por el sueño profundo que otorga la confianza ignorante. Mientras tanto, los otros permanecieron fuera, sus cuerpos tensos como arcos a punto de ser disparados, atentos a cualquier sonido que perturbara el pulso rítmico de la selva.

La noche avanzó hasta que su silencio fue quebrado por un ronco susurro que emergía desde la espesura. Una criatura, con un pelaje que reflejaba la luna como una marea de sombras líquidas, se acercó en silencio cauteloso, con ojos que parecían contener dentro de ellos el reflejo de incontables estrellas extinguidas. Era un tigre, y no cualquier tigre, sino uno que antes fue hombre, vagando preocupado en un laberinto entre el bien y el mal. Con mirada febril, cruzó la puerta de la casa y se abalanzó sobre el hombre dormido, cuyo sueño era tan profundo que ni el eco de sus propios gritos de auxilio pudo despertarle.

Los compañeros, desde su vigilia temblorosa, supieron entonces la verdad de sus miedos. "El que está enterrado aquí fue un brujo malo", dijeron con las palabras temblando entre sus labios, como hojas sujetas solo a un último hilo de vida. Sin embargo, había algo extraño en la sabiduría de sus palabras, algo inamovible, como si todo estuviera predestinado por fuerzas que no comprendían del todo.

Con un impulso repentino, huyeron hacia la seguridad de la selva, sombras entre sombras, mientras el viento se encargaba de esparcir la noticia de su encuentro nocturno para que el mito continuara tejiéndose entre los relatos del pueblo, uniendo las fibras del miedo y del misterio a través de generaciones. Y así, en aquel rincón del mundo, la leyenda de los buenos y malos brujos siguió viva, flotando como los susurros de la tierra misma, tan eterna e inevitable como la llegada de la noche.

Historia

El mito relata la existencia de brujos buenos y malos. Los brujos buenos tienen habilidades beneficiosas, como curar enfermedades y atraer la lluvia durante períodos de sequía, y cuando mueren, pasan a la otra vida como cualquier ser humano. Sin embargo, los brujos malos, al morir, regresan con intenciones maliciosas y se transforman en tigres para ocultar su verdadera identidad. Esta creencia lleva a situaciones como la de unos hombres que, al caer la noche, encuentran una casa redonda en el monte, donde uno de ellos decide dormir a pesar de las advertencias de sus compañeros sobre un brujo malo enterrado allí. Durante la noche, un tigre (que se cree es el brujo maligno) ataca y mata al hombre que se queda en la casa, confirmando la conexión entre los brujos malos y los tigres metamorfoseados. Sus compañeros, al reconocer el peligro, huyen por el monte.

Versiones

En esta única versión del mito, se establece una clara dicotomía entre los brujos buenos y malos, atribuyendo a los primeros el poder de curar y atraer la lluvia, considerándolos mortalmente regulares cuando fallecen. En contraste, los brujos malos son retratados con una capacidad inquietante para regresar después de su muerte de manera sobrenatural, transformándose en tigres para causar daño. Esta narrativa se centra en dos elementos principales: la ambigüedad y el peligro representado por los tigres y la casa embrujada en el bosque. El encuentro entre los hombres y la casa redonda se convierte en el clímax de la historia; aquí, la elección del protagonista de dormir en la casa a pesar de las advertencias culmina en su muerte a manos del gran tigre.

Este relato específico no ofrece variaciones internas ni presenta una multiplicidad de versiones para comparar, pero resalta la importancia de los elementos simbólicos de la casa y el tigre en la cosmovisión del pueblo que crea el mito. La narrativa subraya el peligro de ignorar las sabidurías y advertencias comunitarias sobre lo sobrenatural. La transformación del brujo malo en tigre también refuerza un tema común en muchas culturas sobre la metamorfosis como símbolo de lo desconocido y temible, enfatizando el riesgo y la imprevisibilidad del mundo espiritual. Así, el mito sirve como una lección sobre la prudencia y el respeto hacia las fuerzas invisibles y potencialmente maliciosas.

Lección

Respeta las advertencias sobre lo sobrenatural.

Similitudes

Se asemeja a los mitos griegos de metamorfosis, como el de Licaón, y a las leyendas japonesas de yokai, donde los espíritus toman formas animales.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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