Los animales

Pacífico · Nasa - Paeces

Los animales

Un cazador oye animales invisibles, cae en un zanjón y es rescatado por dos familiares que llevan bagazo encendido.

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Los animales: la entrada del relato

El relato

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Un hombre se fue donde un pariente que vivía lejos. El camino era de esos de herradura que suben y bajan por la ladera y que se demoran medio día. Allá se sentó a tomar chicha con un primo y se le fue la tarde en eso. Cuando emprendió el regreso ya estaba borracho y ya era de noche. Llevaba la peinilla al cinto y además la escopeta, por si se le atravesaba una guacharaca.

Hizo un tiro. De la oscuridad se le vino algo así como un puerco. Miró por todas partes y no vio a nadie. Sacó la peinilla para defenderse y siguió sin ver nada. Disparó otra vez la escopeta, ahora al aire.

Entonces salieron muchos animales. Se sabía por el ruido que hacían en las hojas de los árboles, un crujido que iba y venía y se multiplicaba a lado y lado del camino, pero no se veía nada: se oía el ruido y nada más. La noche estaba muy oscura. Prendía fósforos y se le apagaban pronto, uno tras otro, y cada vez que se apagaba uno la oscuridad quedaba más cerrada que antes. Gritó.

Lo oyó una parienta. Salió a buscarlo en compañía de su hijita y llevó un bagazo prendido, de esos que alumbran poco y duran. Con esa brasa ahuyentó a los animales. Al hombre lo encontraron caído en un zanjón; lo sacaron de ahí y se marcharon con miedo, las mujeres adelante alumbrando y el hombre atrás.

En el camino había una quebradita. En el agua parecía que se movía un animal. El hombre miró hacia atrás y vio brillar únicamente dos ojos.

—Ve, allí viene un animal —gritó, y se adelantó a las mujeres.

Ellas no vieron nada. Alumbraron hacia donde él señalaba y los animales se quedaron.

Así llegaron. Todavía faltaba un trecho hasta la casa, con su techo de paja y su fogón encendido adentro, y en ese trecho ninguno de los tres quiso volver a mirar hacia atrás.

A las nueve de la noche ya están andando los animales. En Semana Santa andan mucho. La gente entonces no puede salir.

Los animales: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El miedo de uno rara vez es visible para quienes acuden a acompañarlo en la oscuridad.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto viene del artículo que Segundo Bernal Villa publicó en 1953 en la Revista Colombiana de Antropología, «Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro», hecho desde el Instituto Etnológico Nacional. Bernal describe cómo se contaba este material: alrededor del fogón, con hombres, mujeres y niños presentes, que reían, callaban, corregían o ratificaban, y con narradores que a veces soltaban una risa burlona como restándole valor a lo que acababan de decir.

Conviene una precisión que la edición anterior de esta página pasaba por alto. Este cuento pertenece a un bloque final del artículo, de «El hombre flaco» en adelante, que se publica sin el pie de informante e intérprete que llevan las entradas anteriores. El crédito de Agustín Muse y de Marco Antonio Penkue aparece encabezando la entrada siguiente, «El cielo», que es un testimonio en primera persona. Atribuir este cuento a Muse, como se hacía antes aquí, no está sostenido por el impreso. Varias de esas entradas sin crédito empiezan además por «mi papá»: la voz es cercana y doméstica, pero su nombre no se publicó. Lo que sí vale para todo el corpus es la mediación general, porque casi todos los cuentos pasaron al castellano por boca de Penkue, intérprete mestizo de San Andrés que dominaba el páez, y ninguno conserva el nasa yuwe en que se dijo.

Lo demás sí puede situarse con precisión. En «Economía de los Páez», de 1954, Bernal describe la cacería en Calderas con escopeta y perros, nombra la guacharaca entre las presas y anota que hay aves negras que no se comen por tenerse por animales del diablo: ahí está el equipo con que sale el hombre del cuento. En «Medicina y magia entre los paeces», del mismo año, documenta que los espíritus malos se presentan en forma de culebra, burro o cerdo, que quien anda de noche queda expuesto a encontrárselos y que en la candelilla se encarnan las almas de los pijaos. La Semana Santa aparece en esa etnografía como época de pesca y no como prohibición de caminar de noche: la advertencia final es del cuento, y no se presenta aquí como norma nasa vigente.

Elías Sevilla Casas insistió en 2007 en que estos textos son cuentos sueltos y no una mitología cerrada, y por eso conviene leer este como una historia de percepción nocturna antes que como una explicación del mundo. La compilación de Eugenia Villa Posse de 1993 lo reproduce y acredita su procedencia, sin aportar testimonio nuevo.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más literal dentro del corpus de Calderas está en “La candela”. En esa entrada, una viejita dueña del fuego le regala a una niña unos bagacitos prendidos que se apagan antes de llegar a la casa, y por eso la niña tiene que volver por un tizón grande. Aquí el bagazo prendido sí funciona: es lo que ahuyenta a los animales y lo que permite volver. El mismo objeto menor, un manojo de caña exprimida al que se le prende candela, fracasa en un cuento y resuelve en el otro. No hace falta suponer parentesco entre los dos textos para notar que el corpus mide el peligro por la luz que alcance.

El segundo paralelo es “Chautéh”, donde se dice que todos los animales fueron gente antes y que sus conductas vienen de lo que fueron: el chiguaco fue sacristán porque sabe rezar, el conejo fue un hombre muy mentiroso, la guacharaca es muy charlona. Precisamente la guacharaca es lo que este hombre sale a cazar. Los dos textos vuelven porosa la frontera entre animal y persona, pero por caminos opuestos: “Chautéh” nombra y clasifica, y aquí nada se deja nombrar ni ver.

Conviene además distinguir esta página de “El hombre tigre”, donde los animales tienen cuerpo, dueño y motivo, y hasta se les atribuye robo de ganado, y de “La cabeza”, donde la aparición es una sola y se describe con detalle hasta el diente y la oreja. Este texto se queda del lado del ruido y no pasa de ahí.

No se propone aquí ninguna comparación con literaturas de otros pueblos. El expediente no aporta fuente comparativa alguna, y sin ella el aire de familia con los cuentos de cacería nocturna no pasa de ser una impresión del lector.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Bernal publica este cuento una sola vez y sin variantes marcadas. No especifica especies, ni cuántos animales eran, ni por qué salieron esa noche, y tampoco pone nombre a la parienta que llega con el bagazo. El horario de las nueve y la mención de la Semana Santa pertenecen al mismo texto y se atribuyen a él, no a otra entrada.

  2. Bernal advirtió que su corpus trae varias modalidades de un mismo cuento, y en efecto las trae: «El Trueno», «Llíban, el hijo del Trueno», «Santo Tomás» y «La candela» se desdoblan con informantes distintos y con edades y competencias en castellano anotadas una por una. Aquí no hay nada de eso, y la ausencia no se compensa fabricando alternativas. La reedición de Eugenia Villa Posse de 1993 tampoco añade una, porque depende del mismo artículo.

  3. Lo que sí hay es un vecindario. Esta entrada cierra un grupo de encuentros nocturnos publicados seguidos. En “El hombre flaco”, un borracho a punto de caer a la zanja es sostenido hasta la casa por un alma que lleva luz, hace la noche clara y no habla. En “El hombre y el perro flaco”, otro borracho fuetea en la oscuridad a un hombre flaco con el corazón colgando y al amanecer sólo encuentra flores machacadas. En “La cabeza”, una cabeza sola persigue a un hombre hasta el canto del gallo. En “El diablo”, un jinete de caucho negro desaparece sin dejar rastro en la quebrada de El Tablón. Los cuatro comparten camino, noche, chicha y una percepción que nadie confirma, pero son textos distintos y no modalidades de este.

  4. El Relato conserva la asimetría exacta del impreso: el hombre oye, dispara y ve dos ojos; las mujeres oyen su grito, lo sacan del zanjón y alumbran, y no ven nada de lo que él señala. La edición anterior añadía bestias que el texto no nombra. Aquí se vuelve a los indicios que sí están: algo así como un puerco, el ruido en las hojas, los dos ojos y el movimiento en el agua.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Documenta en las mismas parcialidades que los espíritus malos se presentan en forma de culebra, burro o cerdo, que quien anda de noche queda expuesto a encontrarse con ellos, y que en la candelilla se encarnan las almas de los pijaos: el cerdo invisible, los ojos que brillan y el horario nocturno del cuento tienen ahí su marco.

  6. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Describe la cacería en Calderas con escopeta y perros, las guacharacas como presa y las aves negras que no se comen por tenerse por animales del diablo, y anota que en Semana Santa se hacen actividades de pesca: el equipo del cazador y el calendario del cuento son los de la etnografía.

  7. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    repository.icesi.edu.co

    Resume los relatos de animales de Calderas, con los hombres tigre como ladrones de ganado asociados a los pijaos, y subraya que son cuentos sueltos y no una mitología cerrada, lo que respalda leer este texto como relato de percepción y no como explicación del mundo.

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«Los animales» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los animales» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los animales» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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