AndinaMestizoAlejandro

Lo que enseñan las cuevas

Las cuevas en Santander son asociadas a eventos sobrenaturales y tesoros ocultos, presentando diferencias en protagonistas, desarrollo y moralidad.

Compartir
Ilustración de Lo que enseñan las cuevas

En la región de Santander, donde las montañas se elevan como vigilantes ancestrales y los ríos cantan sus historias al viento, las cuevas son los susurros de la tierra, las memorias de un pasado que se niega a desaparecer. Aquí, donde la sombra se confunde con los ecos de los que alguna vez habitaron estos parajes, las leyendas brotan del suelo con la misma naturalidad que las flores silvestres.

Una de estas leyendas, la del Colmenero, nos habla de un muchacho tan inquieto como las mismas abejas que solía perseguir. Alejandro, lo llamaban, hijo de una familia de modestos campesinos cuyo orgullo era su profunda fe en las buenas costumbres. Mas Alejandro, espíritu libre en un mundo que pedía disciplina, vagaba por los campos persiguiendo el canto dorado de las abejas, en busca de las dulces colmenas ocultas entre las peñas.

Era tiempo de Semana Santa, y mientras el pueblo entero se congregaba en la parroquia, Alejandro seguía a un enjambre particularmente fascinante hacia los altos acantilados que besaban las nubes. Dicen que el muchacho, bajo los sortilegios del propio Satanás, alcanzó una grieta en la roca tan peligrosa como tentadora. Allí, en el preciso momento en que todo el pueblo se arrodillaba en oración, comenzó la encrucijada de su vida.

Las abejas, guardianas celosas de su tesoro, lo atacaron con una furia que ni las piedras del río habían visto. Alejandro retrocedió, más una fuerza invisible lo mantuvo anclado a la roca, en una danza macabra de desesperación. Sus gritos resuenan aún, dicen algunos, transformados en espeluznante eco que infunde miedo a los que caminan por esos parajes al caer la noche. La cueva del Colmenero, con la piedra que asemeja su espalda petrificada, vigila sobre el río como un aviso de lo que puede ocurrir cuando se desafían los secretos del mundo.

En otro pliegue del tiempo y del espacio, en las colinas de Bolívar, yacían las riquezas de otro tipo de cueva, la Cueva del Cenicero. Aquí, el cazador Miguel Seco tropezó con una puerta al mundo antiguo. Los indios, en sus formas casi espectrales, lo dejaron entrar con promesas de tesoros sin fin, siempre que no violara su pacto sagrado. Pronunció las palabras "Ábrete toronjil, ciérrate culantrillo", y las riquezas de los ancestros se desplegaron ante sus ojos asombrados.

Pero la codicia es una enfermedad antigua y, al intentar tomar más de lo permitido, Miguel fue atrapado en el brillo de las monedas doradas, transformado en una estatua viviente, como un eterno recordatorio del poder que yace oculto en esos lugares. Su figura dorada aún se percibe a la luz del amanecer, dicen las gentes que osan acercarse.

Cerca, la Cueva de la Calentana alberga sus propios misterios. San Antonio, de pies cubiertos de polvo y manto brillante como la luna, aparece custodiando el oro de la montaña. Aquellos lo suficientemente osados como para adentrarse dentro de sus sombras, narran historias de puertas desaparecidas, de tesoros dorados que se desvanecen como niebla al amanecer.

La cima de Buena Vista guarda la morada del Biato, un espíritu errante que ofrece riquezas a los valientes que lo confrontan. Aquí se tejen las riquezas y destinos de los hombres, en el misterio del encuentro entre lo tangible y lo intangible. Derrota al Biato y el destello del oro llenará tus manos; ríndete, y serás uno más en la cadena invisible de sus siervos.

Se dice que la Cueva del Indio, antiguo sepulcro de los espíritus, revela sus secretos únicamente a aquellos de corazones sinceros, pero castiga a los avaros con la justicia de mil flechas.

Finalmente, la Cueva de Cachalú, rica en historias de oro y joyas escondidas por los ancestros, une su destino con el de un párroco humilde. Guiado por las manos de un niño indígena, el buen sacerdote apenas logra llenar sus bolsillos de oro, suficiente para decorar el altar de su iglesia y dejar un legado de luz en un mundo de sombras. Pero la cueva, esquiva como siempre, se oculta de aquellos que intentan encontrarla, permitiendo que sus secretos sean contados solo a los dignos.

En esta tierra de montañas y ríos, donde las leyendas flotan como nubes sobre las cimas, la vida se entreteje con la magia y el misterio. Las cavernas, guardianes etéreos de tiempos pasados, siguen cantando en susurros a quienes desean escuchar, uniendo a la tierra y a sus habitantes en un destino común, donde lo extraordinario se despliega en el lienzo cotidiano del vivir eterno.

Historia

El mito de las cuevas en Santander se origina a partir del entorno misterioso y desconocido de diferentes cuevas en la región, que históricamente han sido asociadas con ser refugios, habitáculos o cementerios de los indios. En estas historias, las cuevas son consideradas como lugares de leyendas, donde a menudo se les atribuyen fenómenos naturales explicados de manera sobrenatural.

Una de estas leyendas es la del "Colmenero", que trata de un muchacho que, guiado por su codicia, penetra en una cueva en busca de miel durante el Viernes Santo. Ayudado por Satanás, llega a un sitio inaccesible y es castigado por una fuerza misteriosa que lo mantiene aferrado a la roca, convirtiéndose en una figura visible desde lejos, reforzando así la creencia en lo sobrenatural que rodea al lugar.

Otras leyendas mencionadas en el relato incluyen historias de personas que encuentran o intentan apropiarse de tesoros en las cuevas, pero son castigadas por los indios o por las fuerzas místicas que cuidan esos lugares. Por ejemplo, en la cueva del "Cenicero", un hombre llamado Miguel Seco intenta robar el tesoro de unos indios y termina enchapado en oro. También, en la historia de la cueva de "La Calentana", una mujer ve un tesoro y cuando regresa con su esposo, la cueva ha desaparecido. Estas historias refuerzan el imaginario popular de que las cuevas son guardadoras de riquezas ocultas y de secretos, a menudo con un toque de advertencia sobre la codicia.

A través de estos mitos, se ve cómo las comunidades han tejido narrativas sobre las cuevas, utilizándolas como metáforas de las tentaciones y peligros de la avaricia, así como de la conexión entre el mundo natural y lo sobrenatural.

Versiones

Las versiones del mito analizadas aquí giran en torno a cuevas en Santander, cada una asociada a eventos sobrenaturales y tesoros ocultos, pero presentan diferencias importantes en relación con sus protagonistas, desarrollo y moralidad subyacente. En la primera versión, el mito de "El Colmenero" se centra en un muchacho rebelde que, desobedeciendo las normas religiosas y sociales, termina inmovilizado en una cueva por una fuerza sobrenatural, presuntamente debido a su codicia y falta de devoción. La historia tiene elementos de castigo moralista, donde la desaprobación de las enseñanzas cristianas y los actos del muchacho son castigados por una fuerza externa. La explicación de un fenómeno óptico, donde la roca parece tener la forma de un muchacho, añade un elemento de naturalismo que modula lo sobrenatural del relato, sugiriendo un fenómeno mágico-causal que amonesta al infractor.

Por otro lado, las leyendas de las otras cuevas, como la del "Cenicero" y otros relatos bolivarenses, están más orientadas hacia el tema de la avaricia como pecado punible, pero a la vez dan lugar a un final donde la redención o el castigo dependen de la agudeza o valentía del protagonista. Por ejemplo, Miguel Seco es atrapado por su codicia, transformado por los indios en oro, contrastando con otros relatos donde un desafiante sobrevive para obtener riquezas. Estas historias también incorporan elementos mágicos como frases para abrir cuevas (similar al "sésamo, ábrete") y figuras tutelares como santos, lo que sugiere una mezcla de creencias indígenas y cristianas, reflejando un sincretismo cultural. A diferencia del inexorable destino del Colmenero, estos relatos presentan oportunidades para el cambio de fortuna, a menudo bajo la apariencia de una prueba de carácter, lo cual proporciona a la práctica mítica una función tanto prescriptiva como esperanzadora.

Lección

La codicia y la desobediencia pueden llevar a castigos sobrenaturales.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Tántalo y al nórdico de Andvari, donde la codicia lleva a un castigo eterno.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

Ver mapa completo
Compartir

Mitos relacionados

Andina

No hay deuda que no se pague

La historia de Damián Vásquez Montiel, el perulero, revela su pacto con el Diablo y su misteriosa desaparición en la Villa de Arma.

Leer mito
Andina

La dama verde

Explora las diferencias notables en las tres versiones del mito de la Dama Verde, centradas en misterio, fortuna y advertencia moral.

Leer mito
Andina

El perro negro

Las historias del perro negro reflejan encuentros sobrenaturales y pactos oscuros, conectando generaciones a través de relatos de miedo y redención.

Leer mito

Comunidad

Comentarios

Comparte tu mirada sobre el mito. Cuidamos el espacio: solo se publican comentarios aprobados.

Cargando comentarios...

Deja un comentario

Nombre obligatorio. Email opcional (solo para contacto directo, no se publica).

Tu comentario será revisado antes de ser publicado.