Leal hasta la muerte

Orinoquía · Mestizo

Leal hasta la muerte

La lealtad de un perro llanero dialoga con una fábula antigua de Calila y Dimna, ahora con ambas procedencias explícitas.

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El relato

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De todas las virtudes, la fidelidad es la más difícil de encontrar en un hombre. Eso sostenía Saúl, el Niño Mentiroso, y para probarlo contaba primero algo que había leído hacía mucho en un libro árabe, Calila y Dimna.

Un viajero oyó gritos en el fondo de un foso cavado como trampa y tapado con hojas. Abajo había un hombre, un mono, una pantera y una serpiente. Echó unos bejucos y el primero en agarrarse fue el mono, que se arrodilló y le juró lealtad por el dios de los animales. Luego subió la pantera, que juró lo mismo. Luego la culebra, que al verlo retroceder le dijo que no temiera, que desde ese día sería su esclava. Los tres le advirtieron que no sacara al hombre, porque no hay criatura más desagradecida, y le dijeron dónde encontrarlos: el mono cerca de la ciudad, la pantera en el bosque vecino, la serpiente en las murallas. El viajero no les hizo caso. El hombre era un joyero de la ciudad y, postrado, le prometió pagarle el favor.

Años después el viajero volvió por ese camino con hambre y sed. El mono le trajo frutos. La pantera le pidió que esperara, fue a la ciudad, mató a la hija del rey y le trajo sus joyas. Si así respondían los animales, pensó el viajero, el joyero haría más. El joyero reconoció las alhajas, porque él mismo se las había vendido al rey, y corrió a palacio a denunciar al asesino de la princesa. Cobró recompensa, y el rey mandó ejecutar al preso.

La serpiente lo vio desde las murallas. Entró al palacio y mordió al único hijo del rey en un pie. Los sabios dijeron que sólo podía salvarlo el preso inocente. La culebra se coló en la celda y le dijo qué hacer. El viajero contó su historia, pasó las manos por la herida y el príncipe sanó. El rey mandó ejecutar al joyero y dio su recompensa al viajero, con una bolsa de oro.

Los animales, decía Saúl, no olvidan. Y contaba lo de Vicente, un trabajador de su casa, alto y flaco, que vivía para cazar y para el aguardiente. Un día, en la vega, Vicente encontró un perrito que no podía caminar, con gusanos, mordido quizá por un chácharo. Le dio agua en el sombrero; el animal bebió, le lamió las manos y movió la cola, y con eso bastó. Lo curó, le cedió su ración de carne y lo llamó Encuentro. Venía a reemplazar a Tony, un bramador muerto en una de sus propias trampas.

Encuentro dormía bajo su hamaca. Cuando Vicente caía borracho, no dejaba que nadie se le acercara y le cuidaba el caballo.

Una tarde Vicente salió con el perro y no volvió. Al otro día, a las dos, llegó Encuentro latiendo. Nadie le hizo caso. Al anochecer volvió, agarró a un trabajador por la camisa, corría unos metros y se paraba a ver si lo seguían. Los llevó a la orilla del río, donde estaba su dueño muerto, y fue quitando con las uñas las hojas con que lo había tapado para defenderlo de los chulos.

En el velorio hubo que amarrarlo. Aulló toda la noche. Cuando bajaban el cajón a la fosa llegó corriendo y tuvieron que sujetarlo. A los tres días el patrón lo encontró en el cementerio, moribundo, y se lo llevó en la cabeza de la silla. Lo encadenaron mucho tiempo, y aun así cada tarde escarbaba junto a la cruz hasta sangrar.

Ya viejo, ciego y sordo, salió una mañana tropezando. El patrón ordenó que lo dejaran ir. En la tarde lo hallaron muerto dentro del hueco que había cavado sobre la tumba, y el patrón lo cubrió con esa misma tierra.

Desde entonces, aseguraba Saúl, se ve en el cielo un lucero grande y otro muy pequeño a su lado: son el cazador y su perro.

Leal hasta la muerte: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La gratitud de quien fue rescatado puede durar más que la vida de quien lo rescató.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

Orinoquía · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.2° · -71.4°

Ficha del relato

Contexto histórico

Undécimo texto del libro de Getulio Vargas Barón «Cuentos, mitos y leyendas del llano» (Corpes Orinoquia, 1996), consultable en la Biblioteca Virtual del Banco de la República, donde ocupa las páginas 112 a 116. Va entre el caso del brujo del Pauto y la tertulia del café La Italiana, y se arma con dos piezas de origen distinto que el propio narrador separa.

La primera no es llanera y el texto no lo oculta. Saúl, el Niño Mentiroso, el narrador en primera persona que el autor deja hablar, dice haber leído «hace mucho tiempo un cuento Arabe» del libro Calila y Dimna. Es, en efecto, el apólogo del viajero, los animales agradecidos y el joyero ingrato, que la colección árabe de Ibn al-Muqaffa' tomó de la tradición india del Panchatantra y que la traducción castellana de 1251 fijó en la península. Lo que llega al Llano es un recuerdo de lectura, contado sin nombres propios y con un rey, un visir y una ciudad amurallada sin lugar.

Entre las dos piezas el narrador intercala un sermón: la gratitud escasea entre los hombres, hay hijos que tratan a sus padres viejos como muebles y los entregan a un ancianato. Con eso cose la fábula con el segundo caso, que es de su propia casa: Vicente, un peón cazador, y su perro Encuentro.

Esta segunda parte sí es materia de hato —la vega, el chácharo, el perro bramador, el velorio, la cruz del cementerio— y se cuenta como vista, aunque sin lugar, sin fecha y sin apellido. El cierre, con un lucero grande y otro pequeño, lo pone Saúl de su cuenta. La presentación que Leonel Pérez Bareño escribió para el volumen describe el conjunto como recreación de vivencias del autor, no como recogida de relatos de terceros.

Resonancias con otros mitos

El perro que conduce a los vivos hasta el cuerpo de su amo y termina en el cielo tiene un antecedente latino exacto. En las «Fábulas» de Higino, Icario muere a palos a manos de unos pastores borrachos, y su perra Mera, aullando, le muestra a Erígone dónde yace el padre sin sepultura. Por voluntad de los dioses los tres pasan a las estrellas, y la perra queda como la Canícula. Como en el Llano, la fidelidad del animal que encuentra el cadáver se premia con un astro.

Argos, el perro de Odiseo en el canto XVII de la «Odisea», espera veinte años tirado en el estiércol, reconoce a su amo disfrazado, mueve la cola y muere. Comparte con Encuentro la espera y la muerte atada al dueño. Hachikō, el akita del profesor Ueno, es el caso moderno documentado: tras la muerte súbita de su amo en 1925 pasó tres días sin comer y volvió a esperarlo a la estación de Shibuya, mañana y tarde, hasta su propia muerte.

La fábula del foso pertenece al ciclo del Panchatantra y de Calila y Dimna, donde el contraste entre la gratitud animal y la traición humana es la moraleja explícita. Los estudios del cuento popular la resumen en una idea: para el ingrato no hay redención.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La fábula tiene una genealogía larga y documentada, y la de Saúl no copia ninguna rama por entero. En el Panchatantra sánscrito el rescatador es un brahmán. El tigre le regala las joyas de un príncipe al que mató, el orfebre las reconoce porque las labró para el hijo del rey, y la serpiente muerde a la reina favorita, que sólo sana cuando el inocente la toca con la mano. En el Kalila y Dimna árabe el que salva es un viajero, el tigre mata a la hija del rey, la serpiente pica al hijo del rey y le da al preso unas hojas cuyo cocimiento sirve de antídoto. Saúl mezcla las dos: de la rama árabe toma el viajero, la princesa asesinada, el príncipe mordido y los sabios; de la india, la cura por imposición de manos. Cambia el tigre por una pantera, el orden de salida del foso y el premio final, que es una bolsa de oro.

  2. El núcleo, el hombre ingrato frente a los animales fieles, es el que los catálogos internacionales clasifican como tipo 160, con testimonios en el Tíbet, los Gesta Romanorum y la Inglaterra medieval.

  3. El episodio de Encuentro no tiene otro registro, y el mismo libro ofrece su pariente más cercano. En «Los tres luceros», también en boca de Saúl, tres muertos de una familia aparecen como tres luceros en las noches de menguante. El paso de los muertos al cielo es un recurso que el narrador repite y que firma con su propio apodo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Undécimo texto, «Leal hasta la muerte», pp. 112-116. Saúl, el Niño Mentiroso, cuenta la fábula del viajero que saca de un foso a un mono, una pantera, una serpiente y un joyero ingrato, que dice haber leído en Calila y Dimna; intercala un sermón sobre la ingratitud humana; y narra el caso de Vicente, peón cazador de su casa, y su perro Encuentro, que halla el cadáver del amo en la orilla del río, lo cubre de hojas, visita la tumba y muere en el hueco que cava sobre ella. Cierra con un lucero grande y otro pequeño.

  2. The Grateful Animals and the Ungrateful Man: Fables of Aarne-Thompson-Uther Type 160

    sites.pitt.edu

    Reúne los textos del tipo 160. En el Panchatantra un brahmán saca del foso a un tigre, un mono, una serpiente y un orfebre; el tigre le da joyas de un príncipe que mató, y la serpiente muerde a la reina, que sólo sana con el toque del inocente. En el Kalila y Dimna el viajero saca a un mono, una serpiente, un tigre y un orfebre; el tigre mata a la hija del rey y la serpiente pica al hijo del rey y le da hojas como antídoto. Permite ver que la fábula de Saúl combina ambas ramas.

  3. Cuentos populares y sociedad en los oasis del Valle Nuevo (Egipto)

    repositorio.uam.es

    En el tomo I, pp. 163-164, estudia una variante oral egipcia de «Los animales agradecidos y el hombre desagradecido» (tipo 160, con un joyero delator) y traza su camino: leyenda budista, Panchatantra, traducción árabe de Calila e Dimna y llegada a la península ibérica. Recuerda que en el Panchatantra la serpiente muerde a la reina y que el cuento transmite que para el ingrato no hay redención.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Fabulae, 130: Icarius et Erigone

    thelatinlibrary.com

    Icario, muerto por pastores borrachos, queda insepulto; su perra Mera, aullando, lleva a Erígone hasta el cadáver; por voluntad de los dioses pasan a las estrellas y la perra se vuelve la Canícula. Es el paralelo más cercano del perro que guía a los trabajadores hasta Vicente y del lucero pequeño junto al grande.

  2. Odyssey, book 17, lines 290-327

    perseus.tufts.edu

    Argos, criado por Odiseo antes de partir a Troya, yace descuidado en el estiércol; al reconocer a su amo mueve la cola y baja las orejas, sin fuerzas para acercarse, y muere en ese momento. Sirve de paralelo para la espera y la muerte de Encuentro ligada a la de su dueño.

  3. Hachikō, the Faithful Dog

    nippon.com

    Reconstruye el caso de Hachi: tras la muerte súbita del profesor Hidesaburō Ueno en mayo de 1925, el perro se negó a comer tres días y durante años volvió cada mañana y cada tarde a esperarlo a la estación de Shibuya. Es el caso documentado más parecido a las visitas diarias de Encuentro a la tumba y a sus días sin comer ni beber.

  4. Cuentos y mitos

    eltiempo.com

    Nota del lanzamiento del libro en Yopal, con patrocinio del Corpes de la Orinoquia. Entre los títulos que menciona está «Los tres luceros», el otro relato del volumen en que Saúl convierte a sus muertos en luceros, como hace aquí con el cazador y su perro. Presenta al autor como oriundo de Támara y presidente de la Academia de Historia de Casanare.

  5. Los mitos del Llano

    eltiempo.com

    Reseña de la segunda edición del libro (Impreandes), publicada en enero de 1997,: lo describe como cuentos «de auténtico sabor llanero» en los que el autor resume en su propio lenguaje el amor del llanero por su tierra. Es el marco de recepción de un relato que mezcla una fábula libresca con un caso de hato.

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«Leal hasta la muerte» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Leal hasta la muerte» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Leal hasta la muerte» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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