En aquellos tiempos en que el mundo aún era joven y las sombras danzaban a la luz del sol, Tío Conejo moraba en la tierra con un espíritu tan grande que apenas cabía en su diminuto cuerpo. Su descontento era tan vasto como el cielo estrellado que decoraba las noches, pues sentía que la envoltura que le había otorgado papá Dios era insuficiente para contener su esencia indómita y audaz.
Un día, motivado por su inconformidad, Tío Conejo emprendió el camino hacia la morada celestial. La brisa del atardecer le susurraba al oído y las nubes le ofrecían sus esponjosos lomos como peldaños en su ascenso. Cuando al fin llegó al umbral del cielo, fue recibido por la imponente presencia de papá Dios, cuya mirada contemplaba con comprensión tanto al infinito como al ínfimo.
“Tío Conejo”, dijo papá Dios con voz que resonaba desde las entrañas de la creación misma, “tan grande es tu espíritu que clama por acciones valientes. Para que compruebes el tamaño de tu alma, te encomiendo una tarea singular: busca la pluma mayor del ala de Gallinazo, las lágrimas de Tía Tigra, la uña de Perro y una avispa. Si traes todas estas cosas aquí, alisaré tu espíritu en un cuerpo que lo corresponda”.
Con un ánimo renovado por la promesa divina, Conejo regresó a la tierra, su mente vibrando con la intriga y la astucia que le caracterizaba. Como un fantasma en la neblina de las mañanas, emprendió su misión.
Primero, fingió su propio deceso. Se tumbó en el camino de Tío Gallinazo, quien, guiado por el olor del supuesto cadáver, se acercó en un vuelo lento y plomizo. Con el brillo de un relámpago en sus ojos, Conejo despertó de su embuste y, en un movimiento rápido como la caída de una estrella, arrancó la pluma mayor del aterrado Gallinazo, quien, asombrado ante la disoluta astucia del pequeño ser, alzó el vuelo dejando una estela de plumas y desconcierto.
Portando la pluma, Tío Conejo se encaminó hacia las profundidades de la selva, donde Tía Tigra, fiera y nostálgica, rondaba. Con voz melodiosa y semblante solemne, Conejo le dijo: “Mis condolencias por la muerte de Tío Tigre, a quien han asesinado en la cantina”. Al oír estas palabras, Tía Tigra lanzó un rugido de lamento tan profundo que las montañas lo devolvieron en ecos infinitos, y mientras sus lágrimas torrenciales regaban la tierra, Tío Conejo las recogió en un pequeño frasco de cristal que cintilaba con cada gota.
Satisfecho con su travesura, prosiguió hasta encontrarse con Tío Perro, quien excavaba la tierra con sus vigorosas patas. “A que tú no arrancas leña con las uñas como yo lo hice con este guayacán”, desafió Conejo, señalando un rumero de leña que en realidad había cortado con un hacha. Tío Perro, impulsado por el reto, trató de imitar el engaño y, al intentarlo, partió una de sus uñas contra la dura corteza del guayacán. Conejo, siempre ágil, recogió el pedazo desprendido antes de que el dolor se transformara en comprensión en los ojos de Perro.
Por último, llegó el turno de Tía Avispa, cuya inquieta laboriosidad llenaba el bosque del zumbido incontenible de su pequeña tribu. “Haz lo que yo hago”, le propuso Conejo, metiendo y sacando un dedo por el agujero de un calabozo improvisado. Tía Avispa, confiando en su perspicacia, se introdujo en su interior, momento que aprovechó Tío Conejo para sellar la entrada con una hoja de higuera, sellando su última victoria.
Con todos los elementos solicitados, regresó al cielo con el pecho hinchado de orgullo y el frasquito, la pluma, la uña y la presa en sus patas. Papá Dios, maravillado por la inteligencia y determinación de Conejo, le sonrió con la sonrisa de quien comprende los secretos del universo. “Cierra los ojos”, ordenó, y mientras Tío Conejo los cerraba, pudo sentir cómo su cuerpo se estiraba, no en altura ni corpulencia, sino en aquellas partes que habían siempre atestiguado su naturaleza: las largas orejas que ahora se estiraron como si aspiraran a tocar los confines del viento.
Desde aquel día, Tío Conejo habita la tierra con orejas que danzan al compás del viento y al ritmo de su intrépido corazón, recordando a todos que no es la piel que nos envuelve sino el espíritu intrépido que eleva nuestra verdadera estatura. Así, con su misión celeste completada, se fundió en la eternidad de las leyendas, tejido para siempre en el tapiz del mundo.
Historia
Este mito parece tener sus orígenes en una narrativa sobre Tío Conejo, un personaje que, a pesar de su tamaño pequeño, tiene un gran espíritu y astucia. Insatisfecho con su cuerpo pequeño, decide reclamar a papá Dios, quien le pone un reto para demostrar su valía. Tío Conejo debe reunir diversos objetos: una pluma de gallinazo, lágrimas de Tía Tigra, la uña de Perro y una avispa. Usando su ingenio, Tío Conejo logra engañar a los animales y recolectar los objetos necesarios. Finalmente, papá Dios cumple su promesa, aunque en lugar de hacerlo grande en estatura, le alarga las orejas, que es una característica común de los conejos. Este relato destaca el tema de la astucia y el ingenio de los más pequeños para superar las expectativas.
Versiones
El mito presentado describe al ingenioso Tío Conejo enfrentándose a un desafío impuesto por papá Dios para poder cambiar su pequeño cuerpo. En esta versión, Tío Conejo utiliza su astucia para cumplir con las difíciles tareas, recolectando la pluma de Tío Gallinazo mediante el engaño de hacerse el muerto, usando una mentira para provocar las lágrimas de Tía Tigra, engañando a Tío Perro para obtener una uña rota y finalmente atrapando a Tía Avispa en un calabozo. Cada uno de estos actos refleja la astucia característica del arquetipo del trickster. El mito culmina con el aumento de tamaño de Tío Conejo al estirar sus orejas, lo que sirve como un giro irónico y muestra la literalidad de la astucia.
En comparación con otras versiones del mito, donde Tío Conejo puede enfrentarse a desafíos diferentes o recurrir a otros trucos, esta secuenciación en particular subraya un relato elaborado de engaños múltiples, cada uno diseñado para subvertir las expectativas de los otros animales. Mientras que en algunas variaciones el foco puede estar en la relación entre Conejo y la divinidad, esta versión pone énfasis en el carácter ingenioso de Conejo y su habilidad para aprovechar las debilidades o creencias de otros. El resultado final de ser "estirado" pero de manera humorísticamente impar podría variar según otras narrativas, destacando las diferentes formas en que se resuelve su deseo de un cuerpo acorde a su gran espíritu.
Lección
La astucia puede superar las limitaciones físicas.
Similitudes
Se asemeja a los mitos de tricksters como Loki en la mitología nórdica y Anansi en la mitología africana.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



