Las orejas de Tío Conejo

Caribe · Mestizo

Las orejas de Tío Conejo

Conejo pide un cuerpo mayor y recibe pruebas peligrosas; su ingenio le consigue orejas largas, pero no el tamaño que deseaba.

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El relato

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Le habían dado un cuerpo chiquito para el espíritu que le cabía adentro, y eso Tío Conejo no lo perdonaba. Andaba disgustado con papá Dios y lo decía donde lo oyeran: que el reparto había estado mal hecho, que a otros con la mitad de cabeza les habían dado el doble de cuerpo. De tanto repetir la queja, un día subió a reclamar en persona.

Papá Dios lo escuchó entero y no le discutió. Le puso una prueba.

—La pluma mayor del ala de Gallinazo, las lágrimas de Tía Tigra, la uña de Perro y una Avispa. Si me traes todas estas cosas aquí, te estiro el cuerpo.

Conejo bajó contento, que era lo que quería oír.

Lo primero que hizo fue tenderse en el camino con las patas tiesas y la lengua afuera. Los goleros huelen la muerte de lejos y no tardó en bajar Tío Gallinazo, con su vuelo de rueda, a ver qué había. Se le acercó, estiró el cuello y ¡pau!: Conejo le arrancó la pluma mayor de un tirón y salió corriendo con ella.

Después se fue donde Tía Tigra, con la cara larga y el sombrero en la mano.

—Le doy mi pésame por la muerte de Tío Tigre, a quien acaban de matar en la cantina.

La Tigra se puso a llorar y a dar gritos, y mientras ella lloraba él le fue recogiendo las lágrimas en un frasquito, despacio, para no perder ninguna.

Con Perro usó el orgullo. Había cortado un rumero de leña con el hacha y lo dejó a la vista.

—A que tú no arrancas leña con las uñas como yo lo hice con este guayacán.

Perro miró el montón, se lo creyó y fue a clavar las uñas en el tronco. Se le partió una. Conejo la recogió del suelo antes de que el otro se repusiera.

Quedaba la Avispa. Se puso a jugar delante de ella con un calabazo, metiendo y sacando el dedo por el hoyo, hasta que la otra quiso probar. Apenas estuvo dentro, Conejo tapó el hoyo.

Y así se presentó arriba, con las cuatro cosas.

Papá Dios miró la pluma, el frasco, la uña y el calabazo, y reconoció que había cumplido.

—Cierra los ojos.

Conejo los cerró. Sintió que tiraban de él hacia arriba, con fuerza, y por un momento se creyó del tamaño de un tigre. Cuando abrió los ojos era grande, sí: lo habían hecho grande estirándole las orejas.

Las orejas de Tío Conejo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una promesa cumplida al pie de la letra puede dejar peor que una promesa negada.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato entra y sale dentro de la página 259 de «Tradición oral y conducta en Córdoba», de Manuel Zapata Olivella: veinte líneas justas, entre un intercambio de coplas sobre gurupera y galápago y el cuento de los plátanos, que empieza ya en la hoja siguiente. Es de las pocas piezas largas del bloque que no se desbordan de página.

Lo que la fuente aporta y las paráfrasis suelen invertir está en las dos puntas del cuento. En la primera, Conejo no pide: reclama. El texto dice que «andaba disgustado con papá Dios» y que «se fue a reclamarle», de modo que la prueba no es una concesión a un ruego sino la respuesta a una queja. En la segunda, la promesa se cumple: papá Dios «lo hizo grande estirándole las orejas». No le niega el tamaño, se lo da por donde no era. El cuento es sobre una palabra cumplida al pie de la letra, no sobre un deseo frustrado.

Los cuatro encargos son un inventario de la fauna doméstica y del monte sinuano —gallinazo, tigra, perro y avispa—, y ninguno se resuelve con valor: se resuelven fingiendo muerte, inventando una viudez, picando el orgullo ajeno y proponiendo un juego. La forma «papá Dios» es la del habla costeña y el libro la conserva.

Este cuento existe además en dos campañas distintas, y no muchos del repertorio pueden decir lo mismo. Cuatro años antes de la recolección cordobesa, que fue entre 1969 y 1970, George List había grabado el mismo argumento en Bolívar con un narrador de nombre conocido, y allí ocupa ocho páginas en lugar de veinte líneas.

Resonancias con otros mitos

El paralelo documentado más sólido es el segundo registro del propio argumento: «Las orejas de Tío Conejo», pieza número 20 de «Animal Tales from the Caribbean» (Indiana University Press, 2017, pp. 230-237), grabada por George List en el departamento de Bolívar el 21 de marzo de 1965 a Manuel Jerónimo Pérez Petro y conservada en la colección 65-291-F del Archives of Traditional Music. Dos campañas independientes, dos departamentos y cuatro años de diferencia registran el mismo cuento con el mismo título.

El segundo paralelo está dentro del libro cordobés y es de técnica, no de argumento: en «Tío Conejo y los plátanos» (Zapata Olivella, «Tradición oral y conducta en Córdoba», p. 260) el mismo personaje vuelve a usar el fingimiento de muerte como herramienta de trabajo, ahora repetido tres veces en el mismo camino. Entre las dos piezas se ve que hacerse el muerto era un recurso fijo del repertorio y no una ocurrencia de un solo cuento.

Un tercer punto de apoyo, de la propia obra, es la lectura que el recopilador hace de estos cuentos en la página 237: sostiene allí que las alusiones a reyes, cortes y figuras superiores encarnaban simbólicamente al señor ante quien se contaban los cuentos, «como Esopo frente a su amo». Este relato es el caso más claro de la sección, porque el trato desigual se negocia directamente con la autoridad más alta y el subordinado sale con menos de lo que pidió y sin poder reclamar.

Hasan M. El-Shamy tipificó los veintiún cuentos de List, incluido éste, en las páginas 103 a 132 del mismo volumen; el capítulo está tras muro de pago y no se consultó.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay dos registros del argumento y la diferencia de escala entre ellos es lo primero que salta.

  2. El cordobés es el de Zapata Olivella, página 259: veinte líneas, cuatro encargos despachados en una frase cada uno y un remate de dos palabras. Es una transcripción de cuento contado a buen ritmo, sin digresiones.

  3. El bolivarense es la pieza número 20 de «Animal Tales from the Caribbean», de George List (Indiana University Press, 2017), titulada también «Las orejas de Tío Conejo», en las páginas 230 a 237 de la sección en español. Lo narró Manuel Jerónimo Pérez Petro el 21 de marzo de 1965 y la grabación está en la colección 65-291-F del Archives of Traditional Music de Indiana University, donde el catálogo la declara como cuento. Ocho páginas frente a veinte líneas: es, con mucho, la versión más extensa de este argumento en los dos corpus, y la más larga de cuantas aparecen a la vez en los dos libros.

  4. El catálogo del archivo escribe el nombre del narrador como «Manuel Gerónimo Pérez Petro», con ge; aquí se sigue la grafía del libro, que es la edición crítica preparada por John Holmes McDowell y Juan Sebastián Rojas E. El mismo narrador grabó ese día otros tres cuentos para List, de modo que era un contador reconocido en su comunidad.

  5. El texto bolivarense no se pudo leer, porque el volumen está tras muro de pago, así que no consta cuáles de sus ocho páginas amplían los encargos, ni si son los mismos cuatro, ni cómo termina.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
11
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el registro que fija este relato y la fuente que corrige las dos puntas que las paráfrasis invierten. El cuento entra y sale dentro de la página 259 de la tercera edición, en veinte líneas, entre el intercambio de coplas sobre gurupera y galápago y el cuento de los plátanos, que empieza en la hoja siguiente. La página dice que Conejo «andaba disgustado con papá Dios» y que «se fue a reclamarle», de modo que la prueba no responde a un ruego sino a una queja; y dice que papá Dios «lo hizo grande estirándole las orejas», es decir, que cumple la promesa y no la niega. De ahí salen también los cuatro encargos —la pluma mayor del Gallinazo, las lágrimas de Tía Tigra, la uña de Perro y una Avispa— y el hecho de que ninguno se resuelva con valor.

  2. Animal Tales from the Caribbean

    muse.jhu.edu

    Es el segundo registro del argumento, el que trae narrador con nombre y el que hace visible la diferencia de escala que abre `versiones`. La pieza número 20 del volumen se titula igual que la cordobesa, «Las orejas de Tío Conejo», y ocupa las páginas 230 a 237 de la sección en español: ocho páginas frente a veinte líneas, la versión más extensa de este argumento en los dos corpus y la más larga de cuantas aparecen a la vez en los dos libros. La narró Manuel Jerónimo Pérez Petro, que ese mismo día grabó otras tres piezas para List, de modo que era un contador reconocido. En este volumen está además el capítulo de tipología de Hasan M. El-Shamy, páginas 103 a 132, que `similitudes` nombra como la comparativa pertinente.

  3. Archives of Traditional Music, colección 65-291-F «Colombia, Dept. Bolívar, 1964» (catálogo en línea, copia archivada)

    web.archive.org

    Pone fecha, soporte y género al registro bolivarense de este cuento: la grabación de «Las orejas de Tío Conejo» a Manuel Gerónimo Pérez Petro el 21 de marzo de 1965, declarada como cuento y no como chiste. El mismo catálogo muestra que ese 21 de marzo fue una jornada larga con el mismo narrador —cuatro piezas suyas seguidas, entre ellas la del sol que bautiza al hijo del murciélago— y que ésta es la última de las largas: el dato respalda lo que `versiones` afirma sobre un contador con repertorio y no un informante ocasional.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Es lo que prueba con números las dos afirmaciones de escala de esta ficha. El índice sitúa la pieza 20 en las páginas 230 a 237 de la sección española, de donde salen las ocho páginas que se contrastan con las veinte líneas cordobesas; y sitúa el capítulo «Typology and Cultural Analysis» de Hasan M. El-Shamy en las páginas 103 a 132, que es la referencia exacta que `similitudes` da y que sin este índice sería una cita de oídas. Confirma además que Pérez Petro narró cuatro de los veintiún relatos del volumen.

  2. George List Colombia Collections

    libraries.indiana.edu

    Describe la situación de escucha que explica por qué la versión bolivarense de este cuento puede durar ocho páginas y la cordobesa veinte líneas. El fondo documenta más de ciento veinte cintas grabadas en el Caribe colombiano entre 1964 y 1970 y sitúa los relatos en velorios y patios, de noche, junto a chistes y juegos cantados: una sesión de esa clase admite que un contador reconocido despliegue los cuatro encargos uno por uno, mientras que una transcripción de cuento dicho a buen ritmo los despacha en una frase cada uno. Declara además el número de acceso 65-291-F, que es el de esta grabación, y el trabajo de List con Winston Caballero y con los hermanos Zapata Olivella.

  3. Los cuentos de tío Conejo (Letras, n.º 34, pp. 5-41)

    dialnet.unirioja.es

    Es la única fuente localizada que clasifica el argumento exacto de este cuento. Bajo el título «Por qué tío Conejo tiene las orejas tan largas», Cantillano identifica el episodio central con el tipo **74X del índice de Terence Hansen para Cuba, Puerto Rico, la República Dominicana e Hispanoamérica, y lo describe así: el conejo se queja ante el Señor por su tamaño, éste le manda conseguir una pluma de águila, un diente de león y un huevo de serpiente, el conejo cumple las tareas y el Señor le responde que si siendo tan pequeño puede tanto, grande sería peligroso, y sólo le agranda las orejas. Es la mecánica del cordobés pieza por pieza, incluida la respuesta del que cumple la promesa por donde no era.

  4. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Ofrece el marco que permite sostener a la vez las dos cosas que la ficha afirma: que el cuento pertenece a una familia internacional de tareas imposibles impuestas por una divinidad y que su forma cordobesa —papá Dios, el gallinazo, la tigra, la avispa del monte sinuano— es propia y no una copia degradada. El artículo muestra cómo un argumento grecolatino se reescribe en la tradición oral campesina colombiana hasta divergir del original, y propone llamar topologías a esas reescrituras en vez de versiones defectuosas de un modelo.

  5. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Sostiene la lectura que `similitudes` hace de la página 237, donde Zapata compara a Tío Conejo con «Esopo frente a su amo» y dice que las alusiones a reyes y cortes encarnan al señor ante quien se contaba el cuento. Garcés González reconstruye las conclusiones de la encuesta del libro sobre los patrones moralizante, individualista, sexual y de apreciación del trabajo, y describe una Córdoba con el 55,36 % de analfabetismo, agitación estudiantil y campesinos invadiendo tierras. En ese cuadro, un relato en que el subordinado negocia directamente con la autoridad más alta, cumple lo pactado y sale con menos de lo que pidió tiene un referente social y no sólo un antecedente esópico.

  6. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta que los cuatro encargos de este cuento no son un bestiario de fantasía sino un inventario del patio y del monte sinuano. El artículo describe la fauna y la economía doméstica de las planicies y humedales del Sinú y el San Jorge, donde el perro es animal de casa y de trabajo, el gallinazo es carroñero cotidiano sobre los animales muertos y las avispas y el felino del monte forman parte del riesgo ordinario. La lista que papá Dios le impone a Conejo recorre de menor a mayor esa escala de peligro local, y no la de un catálogo exótico.

  7. Manuel Zapata Olivella en el folclor y la radio pública

    senalmemoria.co

    Documenta que el interés por los dos departamentos donde este cuento quedó registrado es anterior a los dos registros. El artículo publica los audios de las conferencias que la Radiodifusora Nacional grabó a Zapata Olivella en julio de 1956, y la segunda trató precisamente sobre la literatura tradicional de Córdoba y Bolívar, con el conferenciante lamentando la falta de estudios sobre esa materia. Nueve años antes de que List grabara en Bolívar la versión larga y trece antes de que empezara la campaña cordobesa, el mismo hombre ya había definido ese territorio doble como un vacío por llenar.

  8. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Sirve aquí para situar quién decidió publicar en veinte líneas un cuento que en Bolívar duraba ocho páginas: un médico y antropólogo nacido en Lorica, en el bajo Sinú, que trabajaba por encargo de un instituto estatal de reforma agraria y cuyo criterio de transcripción fue el de dejar el cuento dicho a su ritmo, sin glosar ni ampliar. La ficha reúne su doble condición de hombre de la región y de profesional del registro, que es la que explica la diferencia de tratamiento entre los dos corpus.

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«Las orejas de Tío Conejo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Las orejas de Tío Conejo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Las orejas de Tío Conejo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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