Xixaraca, Michua y los Tamaracas

Andina · Ansermas

Xixaraca, Michua y los Tamaracas

Xixaraca contiene bajo Opiramá a los Tamaracas, mientras Michua desciende con rayos para proteger los cultivos de Guacuma.

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El relato

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Guacuma es la tierra que queda entre los cerros, la que hoy se llama Quinchía. Karambá es la piedra alta y dura desde donde se la vigila. Desde arriba se ven los filos, las quebradas y los caminos por donde puede venir alguien, y desde arriba protegía Michua, diosa del valor y de la guerra. Con ella estaba Xixaraca, que sostenía lo demás.

Los Tamaracas querían acabar con ese territorio. No eran una sola cosa y no tenían una sola forma: eran potencias enemigas, y por eso cada vez podían presentarse de otra manera. Una vez llegaron como nube de langostas y se comieron lo sembrado, y la abundancia se volvió hambre en pocos días. Otra vez llegaron a pie, armados, con barbas y con caballos, hablando una lengua que nadie había oído, y esa vez no se fueron.

Contra los que devoraban los cultivos bajaba Michua con tormenta. Convertía los ríos en sangre y destrozaba con rayos a los enemigos de su pueblo. El agua cambiaba delante de todos y el cielo se ponía de parte del maíz. Xixaraca sostenía lo que no se defiende con rayos: que la siembra volviera, que los caminos pudieran andarse, que la gente pudiera quedarse donde estaba.

Ninguna de esas victorias quedó hecha para siempre. Los Tamaracas vuelven, y vuelven con otra cara. Lo que una generación aprendió a reconocer, a la siguiente le llega cambiado, y hay que volver a aprender a mirar: primero al cultivo, después al camino, después a lo que hay debajo.

Porque ahora vienen por el oro del cerro, y no traen langostas ni lanzas sino papeles, permisos y máquinas. La forma es nueva y el daño es el mismo: que Guacuma deje de dar de comer y que la gente tenga que irse.

Por eso la protección no se cuenta como una batalla ganada sino como un oficio que no termina. No consiste en vencer una vez. Consiste en reconocer la figura nueva de lo de siempre y volver a poner el límite antes de que se extienda por toda la tierra.

Xixaraca, Michua y los Tamaracas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El daño que vuelve con otra cara exige aprender a mirar de nuevo cada generación.”

Territorio

Andina · Ansermas

Andina · Ansermas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Ansermas
Referencia
5.31826° · -75.7509°

Ficha del relato

Contexto histórico

La formulación más clara y citable de este ciclo la publicó el Instituto de Estudios Socioculturales y Problemática Ambiental de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira, el 17 de agosto de 2020: «Michua la diosa Anserma del valor y de la guerra protegía desde el cerro Karambá al actual territorio de Quinchía, llamado Guacuma. Los Tamaracas como dioses enemigos han querido acabar con el territorio […] convirtiéndose en diversos enemigos […] langostas, conquistadores españoles». La nota cita a Cardona, 1987, y cierra diciendo que con Xixaraca el territorio aún intenta defenderse de la minería transnacional. Es decir: no es un relato cerrado en el pasado, sino uno que se está usando.

Los atributos de las dos divinidades tienen fuente indexada. Alfredo Cardona Tobón, en «Las huellas ancestrales», Ánfora 1(1), 1993, página 78, escribe que de las creencias de las tribus de la familia Anserma queda el recuerdo de «Xixaraca, Dios supremo» y de «Michua, la diosa del valor y de la guerra que convertía los ríos en sangre y destrozaba con rayos a los enemigos de sus pueblos».

El nombre Tamaraca, en cambio, viene de más atrás y significaba otra cosa. Pedro Cieza de León, en el capítulo XVI de la primera parte de su crónica, impresa en 1553, escribe de los pueblos vecinos a la villa de Ancerma: «Llaman al diablo Xixarama, y a los españoles, tamaraca». Tamaraca era la palabra con que esa gente nombraba a los invasores. Que cuatro siglos después designe a las potencias que quieren acabar con el territorio no es una coincidencia: es la historia del propio término.

El cerro y el topónimo están documentados aparte. «Entre cerros y montañas», publicado en 2020 por la Universidad Tecnológica de Pereira, registra el cerro de Batero o de Karambá como «piedra alta y dura» y llama a los oriundos habitantes de la tierra de Guacuma.

Resonancias con otros mitos

El paralelo documentado más directo está en la misma comarca y en la primera fuente escrita. Cieza describe en el capítulo XV que los indios vecinos de Ancerma adoraban figuras talladas —«la figura del demonio, muy fiera, de manera humana, y otros ídolos y figuras de gatos»— y que «cuando tienen necesidad de agua o de sol para cultivar sus tierras, piden ayuda a estos sus dioses». Divinidades a las que se les pide el clima que necesita la siembra: ésa es exactamente la función que Michua y Xixaraca siguen cumpliendo en la versión del siglo XX, con la lluvia convertida en arma.

El segundo paralelo está en la palabra misma. En 1553 tamaraca nombra al español recién llegado; en 2020 nombra a la minería transnacional. El trayecto de un término que cambia de referente pero conserva su función —nombrar lo que viene de afuera a acabar con el territorio— está documentado aquí de punta a punta, con cuatro siglos y medio entre los dos extremos. Pocos nombres míticos colombianos permiten seguir ese recorrido con fuentes en las dos puntas.

Las potencias contenidas que escapan por ciclos y vuelven convertidas en plaga aparecen en relatos agrícolas de muchas regiones, y el motivo sirve para explicar por qué el daño regresa. La semejanza es formal: no permite fechar ninguna plaga concreta ni identificar una especie.

Y el cerro tutelar desde el cual una divinidad vigila los caminos de acceso es figura frecuente en territorios de montaña. Aquí conviene no generalizar: Karambá es también el nombre de una parcialidad embera viva en Quinchía, de modo que el cerro no es sólo un motivo narrativo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La fuente universitaria enumera tres formas de los Tamaracas: langostas, conquistadores españoles e «indígenas Chocoes». Esta edición conserva las dos primeras y no reproduce la tercera. Identificar a un pueblo vecino vivo con la potencia del mal es un residuo de conflictos regionales entre comunidades y de la manera en que la memoria de una guerra se hereda, y publicarlo hoy haría daño sin aportar nada al relato. Se registra aquí, en la capa de variantes, para que no parezca que la fuente dice menos de lo que dice.

  2. El cerro donde estarían encerrados los Tamaracas tampoco se sostiene igual en todas partes. La ficha anterior los ponía bajo el cerro Opiramá, y esa localización procede de un blog personal. En «Entre cerros y montañas», Opiramá es un río del que bajan las quebradas hacia el Cauca; en Víctor Zuluaga Gómez, Opirama es el nombre de un cacique, hijo y heredero de la cacica de Andica, capturado en la represión de 1557 junto con Tuzarma y Aytamara, caciques de Mapura. Río, cacique y cerro no son la misma cosa, y esta revisión no elige entre ellos.

  3. Cambia también el año de la fuente que todos citan. La nota universitaria remite a «Cardona, 1987»; el sitio venía citando un texto de 2011 y el libro «Quinchía mestizo» de 1989. No se ha podido determinar cuál de las tres publicaciones contiene el ciclo completo.

  4. Y cambia la naturaleza de Xixaraca según quién hable: dios supremo en el ensayo de 1993, «el diablo» en la traducción del cronista de 1553, y cacique y símbolo de la resistencia embera en el libro de memorias de 2020.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ansermas · Risaralda · Andina
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Michua

    iespautp.com

    Es la formulación citable del ciclo entero: «Michua la diosa Anserma del valor y de la guerra protegía desde el cerro Karambá al actual territorio de Quinchía, llamado Guacuma. Los Tamaracas como dioses enemigos han querido acabar con el territorio […] convirtiéndose en diversos enemigos […] langostas, conquistadores españoles», y cierra diciendo que con su dios protector Xixaraca el territorio aún intenta defenderse de la minería transnacional. De aquí salen las dos formas de los Tamaracas que la ficha narra y el uso contemporáneo del relato.

  2. Ensayos: Las huellas ancestrales

    publicaciones.autonoma.edu.co

    Da los atributos de las dos divinidades que la ficha usa, en la página 78: de las creencias de las tribus de la familia Anserma «queda el recuerdo vago de Xixaraca, Dios supremo», y el de «Michua, la diosa del valor y de la guerra que convertía los ríos en sangre y destrozaba con rayos a los enemigos de sus pueblos». De ahí procede la escena de la defensa con tormenta.

  3. La crónica del Perú, primera parte

    archive.org

    El capítulo XVI aporta la clave filológica del nombre de los enemigos: de los pueblos comarcanos a la villa de Ancerma escribe «Llaman al diablo Xixarama, y a los españoles, tamaraca». Tamaraca era la palabra con que esa gente nombraba a los invasores, lo que explica por qué cuatro siglos después designa a las potencias que vienen de afuera a acabar con el territorio. El capítulo XV añade que esos mismos pueblos adoraban ídolos tallados y figuras de gatos, y que «cuando tienen necesidad de agua o de sol para cultivar sus tierras, piden ayuda a estos sus dioses».

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Entre cerros y montañas. Memorias de resistencias en Quinchía, Colombia

    comunicaciones.utp.edu.co

    Confirma los dos topónimos del relato —el cerro de Batero o Karambá como «piedra alta y dura» y la tierra de Guacuma— y aporta una corrección importante: Opiramá aparece allí como río del que bajan las quebradas hacia el Cauca, no como cerro donde estarían encerrados los Tamaracas.

  2. Historia extensa de Pereira

    repositorio.utp.edu.co

    Aporta la tercera acepción de Opiramá y desarma la geografía heredada: entre los caciques de la provincia de Anserma capturados en la represión de 1557 figuran «Opirama, hijo y heredero de la cacica de Andica», «Tuzarma, cacique de Mapura, hoy Quinchía» y «Aytamara, hermano del cacique de Mapura». Opiramá es también nombre de persona, no sólo de accidente geográfico.

  3. Pacificación territorial e insubordinación social en una «Plaza Roja». El caso de Quinchía, Colombia, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 47(2)

    redalyc.org

    Documenta la sucesión de amenazas concretas sobre el territorio de Guacuma en el siglo XX —disolución de los resguardos, despojo de tierras comunales, violencia partidista— que es la serie histórica sobre la que la comunidad proyecta el retorno de los Tamaracas con caras nuevas.

  4. Comentarios al libro de Guillermo Rendón sobre el descubrimiento de indígenas Quimbaya en Riosucio (Caldas), en Ciencia Nueva 2(1), pp. 154-171

    revistas.utp.edu.co

    Impide tratar «los ansermas» como una etnia unificada: muestra que Anserma fue un nombre colonial aplicado a unas treinta parcialidades y advierte contra las reconstrucciones que empalman Umbra, Kirma, Anserma y Quimbaya sin evidencia. De ahí que esta ficha hable de memoria regional y no de una creencia de todo un pueblo.

  5. ¿Es el umbra una lengua chocó?: un primer acercamiento desde la lingüística comparada, en Lengua y Sociedad 24(2)

    scielo.org.pe

    Sirve para no asignar los nombres Tamaraca, Michua y Xixaraca a una familia lingüística concreta: concluye que el umbra no es chocó, que los parecidos con el emberá-chamí son de contacto, y que la relación entre anserma y umbra no puede precisarse con la evidencia disponible.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Xixaraca, Michua y los Tamaracas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Xixaraca, Michua y los Tamaracas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Xixaraca, Michua y los Tamaracas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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