Las brujas

Andina · Mestizo

Las brujas

Rodrigo Jiménez Mejía narra una visita a la casa de Clementina, en el camino de Salamina a Pácora, y revela su archivo de temores.

Leer el relato
Las brujas: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 2 min

Hace unos diez años conocí en Salamina a una bruja auténtica. Con ella se cumplió el dicho: no hay que creer en brujas, pero que las hay, las hay.

Se llamaba Clementina. Vivía donde la carretera de Salamina a Pácora se cruza con el camino de la falda de La Candelaria, veinte pasos después de la quebrada de El Palo. Su refugio, destartalado, quedaba pocos metros encima de la carretera, perdido entre la maleza. Allá me llevó Camilo Ángel Echeverri, mi condiscípulo, que ya murió.

Clementina nos explicó toda su magia. Nos contó, en un lenguaje muy pintoresco, el misterioso asesinato de Orrego, su marido. Después nos mostró una serie de baúles donde velaba los retratos de hombres y mujeres a los que tenía sometidos a maleficio. Los retratos tenían alfileres clavados en el corazón y en los ojos, estaban alumbrados con velas de sebo y rodeados de vasijas de agua mezclada con esencias de hojas y de flores, entre ramas de muchas clases. Nos mostró también las escobas en que salía de excursión por las noches.

Vivía de los denarios que le daban los campesinos por todos esos oficios.

Nos recitó fórmulas y oraciones extraordinarias de su liturgia. Años después, cuando llegó a mis manos un manual de brujería del folclor, encontré en él algunas oraciones y recetas iguales a las que le oí a Clementina. Una era la fórmula del quereme, para amañar a una persona: raspado de uña de la gran bestia, del colmillo del caimán y de la muela del morrocoy; los tres raspados se juntan con una covalonga criolla bien curada, se les añade por tres veces lo que se coja en el canto de una uña de raspado de jarete, y para perfumar el compuesto se le pone una flor de naranjo dulce. Se guarda en una caja de lata y de ahí se va echando en la comida o la bebida de la persona que uno quiere amañar.

La otra era para guardar las fuerzas de los recién casados, y sólo servía para la luna de miel: la cabeza y el corazón de una tórtola cogida a las cinco de la tarde, sangre de mico marimondo para la agilidad, y sangre de palomo y de león para el aguante.

Las brujas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La fama de bruja también puede ser un oficio del que se vive en la orilla de un camino.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.47511° · -75.60265°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato está en el capítulo «Las Brujas» de Mitos, espantos y leyendas de Caldas, de Fabio Vélez Correa (1.ª ed., Imprenta Departamental de Caldas, Manizales, 1997; se lee la edición ampliada, posterior a 2007, en El Libro Total), bajo el subtítulo «Una bruja salamineña». Vélez lo transcribe entre comillas de Rodrigo Jiménez Mejía, Tierrabuena, un libro de evocaciones que el Banco de la República publicó en la edición conmemorativa del sesquicentenario de Salamina (1827-1977).

Quien habla es el propio Jiménez Mejía, salamineño nacido en 1904, abogado y dirigente de su pueblo, a quien la prensa de Manizales recordaba todavía en 2016 como «autor de Tierrabuena». Cuenta una visita hecha unos diez años antes de escribir, con su condiscípulo Camilo Ángel Echeverri, y da el lugar con precisión de vecino: el cruce de la carretera a Pácora con el camino de La Candelaria, pasando la quebrada de El Palo. El texto no da el año de la visita, que por la fecha del libro queda hacia fines de los años sesenta.

El capítulo de Vélez enmarca a Clementina en lo que se cree de las brujas en Caldas: que hacen pacto con el diablo, que aprenden a volar gritando desde el techo una fórmula herética, que hay «volantonas» y «hechiceras», según Julián Bueno. Jiménez Mejía no cuenta nada de eso: cuenta una mujer que vive de sus oficios, guarda retratos con alfileres y recita recetas. Él mismo las compara después con las del manual de brujería de Arturo Escobar Uribe y las encuentra iguales.

Resonancias con otros mitos

La bruja que se echa encima del hombre dormido, la de Manzanares en el libro del SENA de 2022, es la misma volantona que Julián Bueno describe en el occidente caldense, citado por Vélez. Clementina está en el otro extremo: no vuela ni ahoga a nadie, sino que prepara filtros y vela retratos. Las dos clases de Bueno, volantonas y hechiceras, caben en el mismo capítulo y separan el espanto de la vecina que presta un servicio.

La narrativa caldense tiene una bruja más famosa en la novela La bruja de las minas, de Gregorio Sánchez Gómez, ambientada en Marmato. El ensayo de Andrés Arroyave en la revista 070 de la Universidad de los Andes (2026) la lee como precursora del gótico andino: allí la bruja está ligada a la minería y a la llegada de una compañía extranjera. En el relato de Salamina no hay tragedia ni terror; hay una mujer con baúles, escobas y recetas, contada con humor por un visitante que la respeta.

Las fórmulas de Clementina, con uñas, colmillos, sangres y flores, tienen su espejo en el manual de brujería de Escobar Uribe que el propio narrador cita. Es la prueba de que la magia de la ladera salamineña circulaba por Antioquia y Caldas con las mismas palabras.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Dentro del libro de Vélez, Clementina es la única bruja con nombre, casa y oficio. Las demás del capítulo son figuras de la creencia: las volantonas de Julián Bueno, que no dejan dormir a una familia o se echan encima del hombre que les gusta; las que se inician en el cementerio con una escoba negra, según una investigación del Instituto Caro y Cuervo que cita María Luisa Rodríguez; las que se reúnen en el Patio de Brujas de La Merced a parrandear con el diablo, oliendo a albahaca.

  2. Jiménez Mejía no la presenta como espanto sino como una vecina que ejerce un oficio y cobra por él. Las recetas que da, con su ortografía de habla campesina en el original, son, según él mismo, las que encontró después en el manual de folclor de brujería de Escobar Uribe.

  3. En el alto oriente caldense, el libro del SENA de 2022 recoge otra bruja, la que se echa encima de los hombres dormidos, y dos maneras de descubrirla que cuentan en Manzanares: regar una libra de linaza en la pieza, porque la bruja amanece recogiéndola grano por grano, o ponerse un cuchillo en el pecho para que se ensarte al acostarse encima.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
Referencias
4
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Capítulo «Las Brujas», con el apartado «Una bruja salamineña», que transcribe entre comillas a Rodrigo Jiménez Mejía, Tierrabuena: Clementina, el cruce de la carretera a Pácora, los baúles con retratos, las escobas y las fórmulas del quereme y de los recién casados; y las volantonas y hechiceras de Julián Bueno.

  2. Salamina repasa el legado de Rodrigo Jiménez Mejía

    archivo.lapatria.com

    Nota de La Patria sobre Rodrigo Jiménez Mejía, «autor de Tierrabuena», nacido en Salamina en 1904, líder salamineño.

  3. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Recoge en Manzanares la bruja que se echa encima de los hombres dormidos y las formas de descubrirla, la linaza y el cuchillo en el pecho (pp. 28-29).

Contraste y contexto · 1 referencia

  1. Brujas, minería y transnacionales: la precursora del gótico andino en Colombia

    cerosetenta.uniandes.edu.co

    Ensayo de Andrés Arroyave sobre La bruja de las minas, de Gregorio Sánchez Gómez, novela ambientada en Marmato, que Similitudes cita.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Las brujas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Las brujas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Las brujas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.