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Las brujas

Explora la fascinante habilidad de volar y dominio sobrenatural de las brujas en Colombia, desde las Volantonas hasta las Hechiceras.

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Ilustración de Las brujas

En los valles escondidos y montañas altivas de Colombia, donde el viento sopla susurrando secretos antiguos, las brujas aún danzan en la memoria colectiva de sus gentes. En un tiempo que parece suspendido entre lo terrenal y lo fantástico, la habilidad de volar y el dominio sobre lo sobrenatural distinguen a ciertas mujeres, a aquellas que el mundo ha designado con el inquietante nombre de "bruja".

En las noches oscuras del occidente caldense, dos tipos de brujas se manifiestan: las "Volantonas", que transforman la vida en una vigilia turbulenta, y las "Hechiceras", cuyas artes seductoras cautivan y emboban a los hombres. Las Volantonas, de espíritu travieso y capaz de desdoblarse, se deslizan por los hogares invisibles, burlándose de las leyes del caos y el orden. Un hogar, que apenas el día anterior era un campo de batalla, en la mañana siguiente, nada recuerda la trifulca nocturna: cada cosa en su lugar, como si las paredes mismas se hubiesen prestado para una ilusión colectiva.

Para las mujeres, acción en la que son especializadas, las Volantonas desatan travesuras sin fin, cruzándose en el mismo aliento y transformándose en aves invisibles, garras imposibles, peinados improbables, signos del poder que acaricia la locura. Los hombres, en cambio, conocen de estas brujas por la experiencia del asedio nocturno: dormidos o quizás eso creen, son aferrados por caricias que devienen en garras que marcan la piel con morados y ruinas.

Profundamente arraigado el mito, se dice que las Hechiceras, al contrario, son maestras de la persuasión. Con filtros y fórmulas, colocan maleficios que entrampan el alma, obligando al pobre destino de un hombre a seguirlas, sumiso y embelesado, sin fuerza para oponerse a sus caprichos cruelmente disfrazados de seducción.

Los mitos sobre los ritos de iniciación brujeril habitan las leyendas. A una hora macabra, cuando la luna es el único testigo, las aspirantes encaran su destino en oscuros cementerios: con escobas negras que se arropan de esperanzas prohibidas, en un acto de desafío gritan "¡Sin Dios y sin Santa María!" y se lanzan al abismo, un salto que reclama el derecho de infundir miedo a las sombras. Las más hábiles se elevan, guerreras del aire; otras, testigos de su debilidad, conocen la tierra con infortunio.

A lo largo de la geografía, en Riosucio, academias informales se alzan, refugios de conocimiento oscuro y compartido, donde una bruja mayor conduce ceremonias de aprendizaje fervoroso: el vuelo, el arte de lo desconocido. Al lado de fuegos titilantes, páginas de un libro maldito se despliegan, lleno de diabluras dibujadas, del que manan conocimientos que burlan lo sagrado. Las jóvenes aprendices, atraídas por un deseo insano de libertad e imposibilidad, claman lealtad a diabólicas fuerzas en sutiles rituales que trascenderán sus cuerpos mortales.

Volamos entonces hacia Marmato, un lugar donde las minas resguardan lágrimas de historia y oro maldito, donde una figura erguida desafía al mismo viento. Aspasia, alguna vez conocida como Cecilia Barbosa, se tornó bruja cuando la injusticia del poder armado le arrebató un amor, y el fuego de la venganza encendió en ella un destino sombrío. En su vivienda cavada en la roca, de las sombras extrae ungüentos que sanan y maldiciones que atormentan. Si la fiebre ahoga al minero, Aspasia susurra plegarias tan viejas como el tiempo, despliega artefactos de otra era y conjura el espíritu mismo de la medicina y el mal.

En Anserma, una anciana de leyenda, de inmensa longevidad y aspecto humilde, es señalada como la autora de pesadillas invisibles que reposan a la vera de los relatos. Cuántas historias, cuántas noches insomnes ha invocado Barbarita con su mirada sabia y esas palabras ambiguas que nunca revelan, pero tampoco niegan.

Por San Cancio, Pepita y Lola, en el umbral de la (niñez) travesura y la existencia mágica, provocaron el miedo que antaño servía de pasatiempo a las almas de la región. Con espíritu indómito, bordaron leyendas sobre la tela de las noches, saltando cercos y despertando el pánico que corre con el alba.

Mientras más adentramos en el caserío, los rumores de brujas que danzan en caballos invisibles, cáscaras vacías o incluso montones de paja, se deslizan en el aire. En Salamina, Clementina, mujer de misterios y secretos, guarda sus fragmentos de almas en retratos recluidos, de ojos apagados por alfileres.

Las tierras de Marulanda relatan la transformación de aquellos que danzan entre el día y la noche, desdoblándose en formas animales: perros, gatos, y conejos que se escurren por senderos que ellos mismos ciegan con oscuridad. En cada rincón, las risas y lamentos del humano hechizado colorean el aire. Teresa García, "La Duenda", encarna lo que se temían las sombras: una mujer que se apropió de la noche, seductora con su vestido de negro absoluto.

Con el correr del tiempo, los relatos se mezclan en los umbrales de lo real y lo irreal. Como un bosquejo entrelazado de sonidos y susurros, cada historia refleja un prisma de tradición pasada por las generaciones, un recordatorio de lo invisible que nos rodea, atravesando el velo de la lógica con la misma certeza de las estrellas que persisten tras el telón del día. Como si en todas esas brujas, aquellas que nunca serán, se entrelazarán las hebras de ser femenino e indomable que desafía las prohibiciones del mundo, recordándonos, tal vez, que en el alma de cada mujer residen al menos seis alas, un secreto y una máscara.

Historia

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Versiones

Las diferentes versiones del mito de las brujas en las historias presentadas exhiben una amplia gama de percepciones y prácticas asociadas a la brujería en diversas regiones y épocas. En la primera versión, las brujas se clasifican principalmente en dos tipos: "Volantonas" y "Hechiceras", con un enfoque detallado en sus travesuras y rituales de iniciación, como los pactos con el diablo y el uso de escobas en cementerios. Esta versión se sumerge en los elaborados rituales de iniciación y el conjuro necesario para volar, mientras enfatiza el desdoblamiento y los métodos para atacar a sus víctimas, además de subrayar que los hombres no suelen ser brujos debido a su incapacidad para volar, recalando en la idea de brujas como figuras jóvenes y coquetas, no siempre asociadas al estereotipo de ancianas malvadas.

En contraste, las otras versiones narran historias más locales y específicas sobre brujas individuales como Aspasia en Marmato y relatos de brujas en regiones como San Cancio y Marulanda. Estas historias tienden a centrarse en leyendas folklóricas más personalizadas, con brujas que impactan a sus comunidades en maneras tangibles, como robar niños o interferir en las vidas cotidianas de sus vecinos. Se destacan las formas en las que estas brujas adoptan diversas figuras de animales y realizan maleficios, con un enfoque en los conjuros y remedios locales para protegerse de ellas. Estas narraciones suelen humanizar a las brujas al relatar sus motivaciones personales y destinos, como la conversión y arrepentimiento final de Teresa "La Duenda". En contraste con la sistematización y ritualización más elaborada de la primera versión, estos relatos son más narrativos y anecdóticos, reflejando las creencias populares y la vida cotidiana de las comunidades descritas.

Lección

El poder y la libertad a menudo desafían las normas establecidas.

Similitudes

Se asemeja a los mitos de brujas en la mitología europea, como las brujas de Macbeth en la mitología escocesa, que también exploran temas de poder y lo sobrenatural.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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