En el corazón de la Pedregosa vieja, un camino empedrado y eterno se extendía como un río petrificado que serpenteaba entre lomas y colinas. Sobre ese río de piedras, don Simón Bolívar, el Libertador, avanzaba inclinado sobre su bestia, mientras el mundo a su alrededor se convertía en un caleidoscopio de vítores y coloridas visiones entrelazadas. A su sombra, como fieles estrellas orbitando un sol de carne y hueso, le seguían Férguson, Lacroix, Oleary, Soublette y Wilson, quienes entablaban un diálogo cósmico que retumbaba en el aire como antiguas melodías.
En la "Puerta del Sol", el aire estaba saturado de arcos, gallardetes y el ondear de banderas ondeantes, como un océano de colores vivos danzando al ritmo de los corazones. Era esa la bienvenida de un pueblo entero, un torbellino de seres humanos que desbordaban las calles ofreciendo manojos de flores como ofrendas a su Libertador. Al pasar Bolívar, el guapo caballo del héroe se detenía, como hechizado, ante una joven de belleza enigmática, que con palabras adornadas de gracia, ofrecía su breve saludo. En aquel momento, las canciones del pueblo se fusionaban, resonando en el aire con una musicalidad que el tiempo mismo olvidaría.
Bolívar, como un río fluyente, avanzaba a paso leve hacia "La Concordia", donde las palmas frescas y hermosas llovían desde el cielo hasta sus pies, arrojadas por manos agradecidas. En "El Siglo XX", las calles resonaban con ecos del pasado y el futuro; era allí donde el presente se presentaba en su forma más pura.
Una casa espaciosa, la más joven de la ciudad, albergó al Libertador. En sus salones y habitaciones, que custodiaban el murmullo de la historia, las nobles damas de la ciudad orquestaban un refugio digno. Muebles de la Colonia, cargados de memorias ancestrales, se transformaban en el escenario de los días de Bolívar. Aquellas columnas y paredes albergaban sus pasos resonantes, que aún danzan entre sus sombras.
Se había organizado un baile en aquella mansión, donde los miriñaques de moda giraban como planetas alrededor del sol. Estampados de crinolinas y cabelleras sueltas se desplegaban con elegancia, como las alas abiertas de aves exóticas. El chocolate espumado de Girón se derramaba en copas, y junto a amasijos, lechón y la clásica arepa, el banquete se ofrecía en honor al Libertador, festividad que los cronicones eternizarían.
Leyendas antiguas habitan cada rincón, murmuran que Bolívar una vez visitó la iglesia, donde al cruzar la puerta de madera tallada se encontró frente a frente con el Padre Valenzuela. Un encuentro de titanes disfrazados de mortales, donde las almas se saludaron en una comunión que desafía las barreras del tiempo. Allí, en la Capilla de los Dolores, Bolívar presenció la misa, envuelto en un silencio profundo, como si el universo entero guardara la respiración.
El día veinticuatro de mayo, el relato se entreteje con un temblor que sacudió incluso los cimientos de la fe. Lacroix narra con pasión ese momento en que la capilla se convirtió en el corazón de un mundo palpitante con las emociones de una nación. Bolívar jugaba tresillo y bailaba en Girón, en Piedecuesta, y se refrescaba en las aguas de Floridablanca, como si el mismo río de la vida confluyera en cada uno de sus pasos. Vislumbró la algarabía de las fiestas de plaza en Rionegro y se enamoró de una muchacha, cuya belleza parecía mural de otro mundo, y que ahora, murmuran susurros celestiales, acompaña a Bolívar desde las alturas.
Las viejas casas de la ciudad, con sus paredes cargadas de historias, se convertían en guardianas de secretos. Al caminar frente a la antigua morada de Bolívar, todavía se escucha el eco de sus pasos y el murmullo de su voz, que resuena entre las piezas anchas, como si el tiempo mismo se retorciera para recordarnos su paso inmortal por este mundo terrenal. En aquel rincón de eternidad, los pasos del Libertador no son solo un eco; son la resonancia perpetua de un mito que, como el río de piedras, nunca se detendrá.
Historia
El mito se basa en una serie de eventos y anécdotas sobre Simón Bolívar durante su visita a ciertas localidades. La narrativa describe la marcha de Bolívar por el camino empedrado, la recepción festiva por parte de las comunidades locales con arcos, gallardetes, y flores, así como su interacción con el Padre Valenzuela. Incluye también eventos sociales como bailes, banquetes, y su presencia en misa en la Capilla de los Dolores, seguidos de actividades recreativas y románticas en lugares como Girón, Piedecuesta, Floridablanca, y Rionegro. Este mito se origina, por lo tanto, de historias y leyendas locales, posiblemente entretejidas con hechos históricos, que exaltan y romantizan la figura de Bolívar en su paso por dichas regiones.
Versiones
En el análisis del mito que involucra a Simón Bolívar, se observa una única versión que ofrece un recorrido detallado por su visita a una ciudad, resaltando no sólo los eventos principales, sino también la atmósfera social y cultural de la época. Este relato se centra en la llegada de Bolívar y su séquito, recibiendo honores con arcos y gallardetes, simbolizando el respeto y admiración por su figura. Se destaca la interacción con la gente, especialmente mujeres, lo que subraya su carisma personal y su papel prominente como líder. La narración también profundiza en las actividades cotidianas y ceremoniales, como los banquetes, los bailes y las ceremonias religiosas, retratando a Bolívar no solo como un héroe militar, sino también como una figura central en la vida social y cultural.
A pesar de que solo se presenta una versión detallada, lo que se resalta es el entrelazado simbólico de Bolívar con el espacio físico y humano. Este relato sugiere una iconografía rica y constructiva, vinculando elementos históricos con toques de leyenda, como la supuesta interacción entre Bolívar y el sacerdote Padre Valenzuela; así como eventos cotidianos que le humanizan mientras se le celebran, como el baile y el juego. La narrativa abunda en detalles sobre sus actividades vsitas casi como rituales de integración social y cultural, ofreciendo una imagen de Bolívar que trasciende su papel de libertador para incluir lo festivo y lo humano, integrándose en la memoria colectiva a través de encuentros interpersonales significativos y de lugares específicos que guardan memoria de su paso.
Lección
La figura de Bolívar trasciende lo militar, integrándose en la vida cultural y social.
Similitudes
Se asemeja a los mitos griegos de héroes como Hércules, que combinan hazañas heroicas con interacciones humanas.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



