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La sombra creadora

La creación de figuras humanas en la cultura muzo destaca el papel del agua como principio vital, reflejando creencias autóctonas y filosofía antigua.

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Ilustración de La sombra creadora

En un tiempo inalterable, entre la enmarañada espesura de la selva y el fluir impetuoso del río Magdalena, emergía una gran sombra cargada de antiguos misterios y mudas leyendas. Esta sombra, que los muzos en su lengua ancestral llamaban Are, se tendía sobre la tierra con la solemnidad de los dioses que conocen los secretos del cosmos. La tierra temblaba y reverberaba a su paso con la vibrante energía de la creación.

Durante días incontables, Are, el espectro creador, se dedicaba a un arduo y arcano trabajo. De la madera extraída de los taciturnos árboles circundantes, modelaba formas humanas, cuidado tras cuidado, delicadamente esculpía cada figura hasta que parecían acariciadas por la vida misma. Los muzos, en el lenguaje rico y sonoro del bosque, aseguraban que la sombra cuidaba cada detalle, desde la curva de las cejas hasta la suavidad de las manos que parecían capaces de sostener toda la vida del nuevo mundo.

A medida que las figuras se amontonaban junto al río, la sombra Are murmuraba palabras ininteligibles, un canto antiguo que hacía que los árboles inclinaran sus copas en reverencia, y el río detuviera por un momento su eterno fluir. Entonces, en un gesto lleno de significado, lanzó las estatuas al abrazo del río Magdalena. Las aguas, espejo del cielo y el hogar del hálito vital, absorbieron las formas aun inertes y, en un hechizo que solo la naturaleza podía comprender, devolvieron al mundo hombres y mujeres, jóvenes y resplandecientes.

Los recién nacidos del agua emergieron uno a uno, sacudiéndose los reflejos del río que aun brillaban en sus cuerpos. Los ojos, hasta entonces vacíos, se abrieron iluminados por una consciencia nueva, mientras una luz desconocida parecía arder en sus corazones. Se movían torpes al principio, como renacidos de una larga noche, pero con cada aliento se volvían más seguros, más vibrantes bajo el inclemente sol que los bautizaba.

La sombra, una vez más adquirió su forma etérea y los contempló con una mirada que, aunque sin ojos, contenía la dulzura de la creación. Con movimientos que parecían danzas dictadas por el viento, distribuyó a estos primogénitos en parejas, uniendo almas que al sol del atardecer ya se reconocían y confiando en su capacidad de hacer brotar de la tierra cuanto nuevas generaciones habrían de necesitar.

Y al haber dado esta última dádiva, Are, la sombra, se disolvió en el aire que la había traído, desvaneciéndose entre el murmullo de las hojas y el canto lejano de las aves. Así, los muzos surgieron del río, al igual que los chibchas, con los secretos acuosos de la vida bajo su piel, destinados a fundar legados que resonarían a través de los tiempos.

Grandes pensadores, tiempos después, meditarían sobre el origen acuoso de estos mortales hechos de madera viva. Tales de Mileto, observando el vasto océano y sintiendo el soplo fresco de la sabiduría, afirmaría que el agua era la esencia de todas las cosas, que en su abrazo nacían las ideas que tejen el universo. Cicerón cantaría su canto, anotando que Dios, inteligencia suprema, había formado del agua las maravillas que danzan en la creación.

No muy distante, Anaximandro, hijo del polvo de las estrellas, soñaría con la transformación perpetua, avivando aún más la llama de la creación en su mente inquieta. Así, el relato de Are conjugaría a sabios y filósofos en torno al realismo mágico que fluye como el río, recordando que desde el principio de los tiempos, la vida y sus secretos están tejidos con hilos invisibles de agua, madera y sombra. En ese rincón del mundo, la vida renacía con cada cuento repetido bajo la sombra de la selva, mientras los ecos de la creación resonaban eternamente en la memoria de la tierra.

Historia

El origen del mito proporcionado en la versión se presenta a través de la narración de los muzos, un pueblo aborigen que atribuía un origen autóctono a su existencia. Según el relato del obispo de Piedrahita, los muzos creían que, al principio del mundo, apareció una gran sombra con forma humana en la tierra, cerca del río Magdalena. Esta sombra, llamada Are por los muzos, creó figuras de hombres y mujeres a partir de madera. Al llevarlas a la orilla del río, las figuras cobraron vida, convirtiéndose en hombres y mujeres. Luego, estos primeros seres fueron distribuidos en parejas para cultivarla tierra. Tras cumplir su papel, la sombra desapareció. La versión también menciona la conexión entre este mito y la idea filosófica de que el agua es el principio y la esencia de todas las cosas, como sostenía Tales de Mileto.

Este mito puede indicar una conexión entre las creencias autóctonas de los pueblos muzos y los planteamientos filosóficos antiguos respecto al agua como origen de la vida.

Versiones

En el mito presentado por los muzos, se describe la creación de los primeros humanos a través de una intervención sobrenatural, donde una gran sombra llamada Are da vida a figuras de madera al colocarlas junto al río Magdalena. Este relato, enraizado en las tradiciones y paisaje locales, resalta una narrativa en la que la vida emerge directamente del acto creador de esta entidad mística, otorgando movimiento y vitalidad a las figuras previamente inanimadas. El enfoque se centra en un agente externo poderoso que organiza y dispersa a los primeros progenitores para un propósito específico, el cultivo de la tierra, sugiriendo una visión más mitológica y menos científica de la generación de vida.

Por otro lado, el análisis posterior inserta este mito en un contexto filosófico más amplio, relacionado con las teorías de los pensadores griegos como Tales de Mileto y su discípulo Anaximandro. Estas teorías emplean una explicación más naturalista y materialista, proponiendo que el agua es el principio fundamental de la vida. La transición de figuras inanimadas a seres vivos en el mito de los muzos se conecta, de manera analítica, con la ideología de Tales, que ve el agua como el origen de todas las cosas, y con la idea transformista de Anaximandro, que sugiere un proceso evolutivo. La clave aquí es la reinterpretación del mito: mientras que el relato original describe un acto creador singular y concreto, la reelaboración filosófica propone una evolución continua y natural, estableciendo una convergencia entre mitología y filosofía presocrática.

Lección

La vida surge de la unión de elementos naturales y fuerzas sobrenaturales.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Prometeo, quien modeló a los humanos del barro, y a la creación de Pangu en la mitología china.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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